El 4 de enero, 2013, un mes antes de la renuncia del Papa Benedicto XVI, el Banco Central Italiano apagó las luces del Vaticano. El Vaticano quedó sin la capacidad de realizar transacciones financieras electrónicas. Las autoridades Italianas aseguraron que el Vaticano no estaba cumpliendo las leyes internacionales de lavado de activos. Éste era un mensaje claro que ejerció una gran presión sobre el Papa Benedicto. Parte de la presión, como sabemos por registros públicos, se debe a que de hecho existía corrupción financiera y cuentas offshore en poderosos lugares dentro la Iglesia Católica — fuerzas que pudieron estar opuestas a cualquier esfuerzo del Papa Benedicto de limpiarlo todo.

Entre las múltiples revelaciones al público sobre corrupción financiera tras la renuncia de Benedicto, dos destacan como grandes ejemplos. El primero es el procesamiento del presidente del Banco Vaticano por un ardid de lavado de dinero. El presidente del Banco Vaticano fue considerado responsable por pérdidas de más de 62 millones de dólares de ventas de propiedad raíz — supuestamente involucrando la venta de propiedad raíz del Vaticano a precios más bajos que el mercado a compañías extranjeras, permitiendo al presidente del banco Vaticano obtener grandes ganancias de la diferencia.

El segundo ejemplo es que el contador jefe de propiedad raíz del Vaticano fue acusado de usar el Banco Vaticano para lavar dinero de propiedades vaticanas. La policía congeló cuentas y embargó la compañía y dos de los apartamentos del contador del Vaticano por un total de 7,3 millones de dólares. Dicho contador estuvo viviendo en un apartamento de lujo de 17 habitaciones decorado con arte original por un valor de 8,1 millones de dólares. Éste negó las acusaciones de lavado de dinero, diciendo que sus 7,3 millones fueron de dólares llegaron por “donaciones”. La policía dijo que provenían de lavado de dinero ilegal de compañías offshore controladas por sus amigos. La BBC reportó que investigadores norteamericanos aprobados por el Papa Francisco creen que el contador jefe de propiedad raíz del Vaticano quizá no estuvo solo en usar el banco Vaticano para operaciones de lavado de dinero.

Antes de las revelaciones al público sobre la corrupción financiera, el Papa Benedicto XVI había asignado al Cardenal Versaldi — en aquel entonces presidente de la Prefectura de los asuntos económicos de la Santa Sede — a investigar dos de los escándalos financieros más grandes de la Iglesia. La primera asignación fue a los Legionarios de Cristo, cuyo líder, como se reveló más tarde, manejaba personalmente una cuenta offshore en Bermudas, donde se estima que pasaron 300 millones de dólares anuales. La investigación del Cardenal Versaldi comenzó cuando Maciel fue expulsado de su puesto por abuso sexual — incluyendo violación de sus propios hijos y también seminaristas a su cargo. Él también fue conocido por irregularidades financieras, incluyendo el sobornar oficiales vaticanos con sobres llenos de dinero.

La segunda investigación a la cual el Cardenal Versaldi fue asignado por Benedicto XVI, fue la del Hospital Vaticano, el Instituto Dermopatico dell’Immacolata (IDI), donde fue reportado por Crux que hombres con guardaespaldas estaban tomando cajas de zapatos llenas de dinero del Hospital a cuentas offshore. Por último en 2016, las autoridades Italianas acusaron a 40 oficiales y empleados del IDI por 144 casos de fraude de bancarrota, lavado de dinero, y malversación. El IDI ha estado en las noticias recientemente porque la Fundación Papal, que concede subvenciones, iniciada por el ex cardenal McCarrick, le había dado 25 millones de dólares a este hospital con el mando de uno de sus miembros de la mesa directiva, el Cardenal Wuerl de Washington D.C. y por petición de Papa Francisco. Cuando los donantes de la Fundación Papal pidieron que les devolvieran su dinero por los escándalos de lavado de dinero del IDI, el Papa canceló por primera vez su reunión anual con los donantes.

Hubo una conexión en Washington D.C. entre Marcial Maciel y la Fundación Papal. El Cardenal Farrell, un fideicomisario de la Fundación Papal, había trabajado con Maciel y luego que estalló el escándalo de Maciel, Farrell se convirtió en el Obispo Auxiliar del cardenal McCarrick en Washington D.C.

Otro miembro de la mesa de directivos de la Fundación Papal (solo hay nueve y otros tienen mala fama) es el Cardenal Maida. (Maida construyó el fallido centro cultural JP II de 74 millones de dólares en D.C.) El Cardenal Maida también ha sido miembro de la mesa directiva de cinco miembros cardenales que controla el Banco Vaticano (IOR). Esto significa que fue parte del panel de cinco miembros a cargo del Banco Vaticano para el Papa. Entre otros poderes que tiene la Comisión de Cardenales es la contratación y despido de empleados del Banco Vaticano y de la junta de laicos que maneja el banco, además de decidir dónde dirigir las ganancias del Banco Vaticano, que el año pasado fueron de 31 millones de dólares.

En el 2000 el Vaticano sacó las Islas Caimán de su Arquidiócesis de Jamaica y la convirtió en una “misión especial”, lo que significa que el Vaticano controla directamente las Caimanes. El Vaticano puso al Cardenal Maida de Detroit a cargo — Detroit está a 2574,950 km de distancia. Se ha reportado que el Vaticano tiene cuentas offshore en las Islas Caimán

Hay un paralelo a las Islas Caimán y las cuentas offshore: dos años antes, en 1998, la “misión especial” de Turcos y Caicos fue pasada al entonces arzobispo de Newark, Nueva Jersey, McCarrick. Hubo una cuenta offshore registrada en las Bahamas llamada “Vatican Estate Corp”. Turcos y Caicos es considerado parte de la cadena de islas de las Bahamas. Las Bahamas no permiten que una entidad privada se represente a si misma incluso en la apariencia de una nación-estado.

La Vatican Estate Corp comenzó en 1999, menos de un año después que McCarrick tomase control de Caicos. Vatican Estate Corp fue disuelta el 31 de Enero de 2001 y McCarrick dejó Newark y fue instalado como Arzobispo de Washington D.C. en enero de 2001. McCarrick no tenía el mismo pedigrí y formación financiera del Cardenal Maida, pero McCarrick era famoso por su capacidad de reunir grandes cantidades de dinero para la Iglesia. Y como Maciel, McCarrick era notorio por pasar sobres llenos de dinero a oficiales vaticanos. McCarrick, en 1999, el mismo año que Vatican Estate Corps fuera formado, puso al actual Arzobispo Baldacchino de Malta a manejar Turcos y Caicos. Turcos y Caicos hasta el día de hoy constituyen una “misión especial” controlada directamente por el Vaticano y todavía en control de la Diócesis de Newark, Nueva Jersey, pero ahora controlada por el Cardenal Tobin. Las Islas Turcos y Caicos están en la lista del Departamento de Estado de Estados Unidos sobre lavado de dinero y problemas de cuentas offshore, incluyendo problemas de tráfico de niños.

Se sabe que en el 2012 el Papa Benedicto XVI nombró al segundo de mando de la Ciudad-Estado Vaticana, el Arzobispo Viganó como embajador en Estados Unidos. Esto pasó casi inmediatamente después que Viganó escribiera una carta a Benedicto informando de corrupción financiera en el Vaticano. Viganò, en su estadía en Washington D.C. como nuncio, expuso detalles del escándalo McCarrick y ahora está escondido temiendo por su vida.

Podría resultar que el último acto oficial de Benedicto XVI fuera asignar al Cardenal Versaldi a investigar el Hospital Vaticano con escándalos que luego recibió una subvención de 25 millones de dólares de la Fundación Papal. Podría parecer como un último acto poco propicio para un Papa. Pero en Enero de 2013, el mes antes que el Papa Benedicto renunciara, cuando el Banco Central Italiano cerrara todas las transacciones electrónicas del Vaticano por fallar en el cumplimiento de las leyes internacionales de lavado de dinero, ese acto poco propicio apuntó a la gran presión que afrontó el Papa Benedicto. Quizá ahora habrá oportunidad de aclararlo todo.

Chris Caldwell

Traducido por Alberto

Enlace original: https://onepeterfive.com/vatican-scandals-follow-money/