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“Francisco no quiere la trata de novicias”

Grandeza de la vida contemplativa

El profeta Ezequiel cuenta su diálogo con Yahvé en el que Dios le pone las dificultades de su misión, a la que debe someterse pues se ha consagrado. Dice Yahvé: te envío a los hijos de Israel, a esos gentiles apóstatas que se han rebelado contra Mí. Ellos y sus padres han pecado contra Mí, hasta este mismo día. Hijos de rostro duro y de corazón obstinado son aquellos a quienes te envío y les dirás: «Así dice Yahvé el Señor.» Te oigan o no te oigan —porque son una casa rebelde— por lo menos han de conocer que hay un profeta en medio de ellos. Tú, pues, oh hijo de hombre, no los temas, ni tengas miedo de sus palabras, aunque ellos son cardos y espinas para contigo y tú habitas en medio de escorpiones. No temas sus palabras, ni tengas miedo de sus rostros; porque son una casa rebelde.[1]

Dios no elige a sus consagrados para exhibirles en un escaparate entre damascos y almohadones, a todos exigirá la prueba de su verdadero amor, mediante las renuncias más absolutas. Al que mucho exige, también Dios da mucho. A Jeremías que siente terror por su elección, Yahvé le asegura:

«Anda a dondequiera que Yo te enviare, y habla todo cuanto Yo te dijere. No tengas miedo delante de ellos, porque Yo estoy contigo para librarte».[2]

Cristo llama a todos sus discípulos a la santidad, la perfección de la vida cristiana, sea cual sea su estado de vida:

«Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto».[3]

Las palabras de Nuestro Señor Jesucristo «si quieres ser perfecto, ve, vende tus bienes y dalos a los pobres, y tendrás un tesoro en el cielo, ven y sígueme»,  resonaron en los cristianos ávidos de santidad, abandonando las ciudades paganas, saliendo como Cristo al desierto en busca de la perfecta vida evangélica.

«La configuración con Cristo es la finalidad misma de nuestra vida cristiana en orden a nuestra santificación e incluso mirando a la glorificación de Dios, finalidad última y absoluta de la Creación».[4]

Desde los primeros tiempos de la Iglesia comienza a diseñarse la vida monástica, sus primeros indicios se encuentran ya en el siglo III. Las vírgenes consagradas a una vida de oración y abnegación, entregándose al cuidado de los pobres y enfermos son la tradición temprana de la que proceden las monjas.

La tradición monacal masculina halla sus orígenes en San Pablo de Tebas, y sobre todo, en San Antonio de Egipto, o del Desierto, el cual vivió entre los siglos III y IV, haciéndose eremita se retiró al desierto buscando la perfección espiritual, y atrayendo con su ejemplo a millares de personas. Según estimó L. Hertling en el siglo IV hay en Egipto unos 100.000 monjes y 200.000 monjas. La hermana de San Antonio era asimismo una virgen consagrada que vivía en comunidad.

«Con Antonio, el monacato se asoma  personalmente a la historia», ha escrito J. Gibromont. «Buscad primero el reino de los cielos, y todo se os dará por añadidura»: ésta es, la historia de los monjes expresada de una forma simple.

«La vida religiosa constituye un estado de perfección en el sentido teológico y canónico de la palabra».[5]

Los monjes salvaron Europa

Cuando en 476 cayó el Imperio Romano de Occidente, la imagen que ofrecía la Europa post romana era desoladora, dejaron de practicarse las artes y los oficios.

El Papa Pío XI vislumbrando este panorama, afirmó que humanamente hablando, el Cristianismo llegó a tener el cariz de una causa perdida. Era como otro Viernes Santo, evocación de aquel en que Cristo pareció causa perdida.

Ahí tenemos a los Monjes de Occidente –como los llama Montalambert- con San Brendan y San Columbano, éstos se desparramaron desde la pequeña isla de Irlanda por las vastas superficies del continente. Invadieron casi todos sus rincones. Reconstruyeron la fe perdida, y le dieron una construcción mejor que antes, pues otra vez se apoyaba en la convicción y no en la ayuda del estado. Puede decirse que aquellos monjes fueron los iniciadores de un nuevo catolicismo.

Difícilmente puede encontrarse en los anales de la fe otro grupo apostólico, después de los Doce, cuya contribución haya sido tan variada, significativa e indispensable, como lo fue la de los monjes de occidente cuando el Imperio Romano había sucumbido y se instaló en su lugar el barbarismo.

Tomaron en serio las palabras que el Señor pronunció antes de la Ascensión, iban a cumplir la orden de Jesús. Fueron en busca de almas respondiendo incondicionalmente al mandado del Maestro, y también ese otro: «Si alguien quiere seguirme que se niegue a sí mismo, que tome su cruz de cada día y me siga».[6]

Vultum Dei quaerere

Recientemente el 22 de julio, fechada 29 de junio de 2016, sin previo aviso, y un día antes de la inauguración de la Jornada Mundial de la Juventud en Cracovia, Francisco ha promulgado la Constitución Apostólica Vultum Dei Quaerere, sobre la vida contemplativa femenina[7],en sustitución de la anterior «Sponsa Christi» de 1950 «con el fin de actualizar la vida religiosa contemplativa».

Uno se queda sin palabras al leer expresiones torpes, tales como trata de novicias e inseminación artificial. Una bofetada, esta vez, al conjunto de la vida contemplativa femenina de la Iglesia, malicia que la masa muerta no asimila.

Un aggiornamento del aggiornamento destructor de la vida religiosa en el medio siglo pasado, un nuevo asalto especial a la parte especial de la Iglesia, como lo explana Romano Amerio:

«La decadencia queda demostrada además por las novedades en capítulos reunidos al efecto, todos los institutos religiosos han reformado sus constituciones y reglas de forma a veces temeraria, y siempre con más efectos destructivos que constructivos.

La renovación debería haber supuesto una adaptación ad extra con el objeto de conseguir más eficazmente la santificación, fin general de la Iglesia y fin específico de la vida religiosa. La relación con el mundo estuvo siempre presente en la mente de los fundadores y de los reformadores. Cuando La ley general bajo la cual ocurrieron las reformas postconciliares fue la siguiente: todas las reformas sin excepción se hacen de lo difícil a lo fácil o a lo menos difícil, y jamás por el contrario de lo fácil a lo difícil o a lo más difícil. Esta ley general de las reformas postconciliares es la inversa de la que aparece en la historia de las órdenes religiosas. Todas las reformas nacen de la repugnancia por la dulcificación de la disciplina y del deseo de una vida más espiritual, orante y austera. De los Cluniacenses, por ejemplo, salieron los Cistercienses, y de los Cistercienses los Trapenses. De los Menores, por sucesivas aspiraciones a una mayor severidad, salieron (pasando por alto los Fraticelli) los Observantes y aún después los Reformados y los Capuchinos, siempre con un movimiento ascendente y desmundanizante, y jamás con una tendencia descendiente y mundanizante, como por primera vez ha ocurrido hoy en la Iglesia[8]

Socavamiento de la vida religiosa que ha pesado sin lugar a dudas para la auto-demolición del catolicismo.

Franciscanos de La Inmaculada

Sin lugar a equívoco esta Constitución del Papa Bergoglio, no es un documento surgido de improviso, es el colofón de un proceso gradual en la estrategia y radical en la meta, cuyos prolegómenos arrancan en el tiempo en que Jorge Mario Bergoglio fue arzobispo de Buenos Aires y Presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, durante su visita al Brasil durante la Jornada Mundial de la Juventud de 2013, en su discurso al CELAM, Francisco hizo alusión al tema, sin personalizar la orden a la que se refirió.

Parecería una aversión a las numerosas vocaciones de las órdenes afines a la Tradición[9], como es el caso de los Franciscanos y Franciscanas de la Inmaculada.

Donde Cristo dice ID, el Papa dice PARAD

La vida religiosa en cualquier tiempo ha sido un gran triunfo para Jesús, ya que Él llama continuamente a muchísimos más, ya que las necesidades de la Iglesia son exigentes para que el mensaje de salvación pueda oírse en el mundo entero, pero ya es un triunfo el que en una sociedad materialista y erótica, que conociendo las grandes dificultades del seguimiento de Cristo, abandonen su hogar, a sus padres, sus proyectos de futuro, sus propias preferencias, se acerquen a Jesús y la digan Me has llamado, aquí estoy te seguiré hasta el fin del mundo.

A la aventura fascinante hay que seguirle se cerca y reflexionar que no se trata de una  decisión pasajera sino que se juega el porvenir de toda la vida, en la que el religioso aparece como un ser que ha perdido su personalidad al quedarse en las manos de un Dios que juega con él como lo hizo con sus profetas.

Esta fuerza divina misteriosa, arrolladora es la que ha logrado que millones de hombres y mujeres que dejándolo todo lo más amado se consagrasen incondicionalmente a Dios.

En la Vultum Dei quaerere Francisco añade en una conclusión dispositiva, que:

  • 6. Aunque la constitución de comunidades internacionales y multiculturales ponga de manifiesto la universalidad del carisma, hay que evitar en modo absoluto el reclutamiento de candidatas de otros países con el único fin de salvaguardar la supervivencia del monasterio. Que se elaboren criterios para asegurar que esto se cumpla.

¿Por qué no fortalecer un monasterio con vocaciones de otras latitudes?

Si observamos ese criterio en el Pastor, ¿cuál será el del rebaño? Y aquí tenemos que recordar que el Papa actual ha desestimado la búsqueda de conversiones para la Iglesia, lo que demuestra una triste indiferencia por la salvación de las almas.

Germán Mazuelo-Leytón

[1] Ezequiel 3, 2.

[2] Jeremías 1, 7-8.

[3] San Mateo 5, 48.

[4] ROYO MARÍN, OP, ANTONIO, Teología de la perfección cristiana.

[5] ROYO MARÍN, OP, ANTONIO, La vida religiosa

[6] San Lucas 9, 23.

[7] http://w2.vatican.va/content/francesco/es/apost_constitutions/documents/papa-francesco_costituzione-ap_20160629_vultum-dei-quaerere.html

[8] AMERIO, ROMANO, Iota unum.

[9] MAZUELO-LEYTÓN, GERMÁN, ¿Perseguido el Padre Manelli F.I.? http://infocatolica.com/blog/contracorr.php/1312160255-iperseguido-el-padre-manellinelli




Germán Mazuelo-Leytón
Germán Mazuelo-Leytón
Es conocido por su defensa enérgica de los valores católicos e incansable actividad de servicio. Ha sido desde los 9 años miembro de la Legión de María, movimiento que en 1981 lo nombró «Extensionista» en Bolivia, y posteriormente «Enviado» a Chile. Ha sido también catequista de Comunión y Confirmación y profesor de Religión y Moral. Desde 1994 es Pionero de Abstinencia Total, Director Nacional en Bolivia de esa asociación eclesial, actualmente delegado de Central y Sud América ante el Consejo Central Pionero. Difunde la consagración a Jesús por las manos de María de Montfort, y otros apostolados afines

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