La verdad que no acabo de entender el empeño que tienen algunos predicadores del mensaje cristiano de edulcorarlo, de modo que sea aceptado por el hombre actual. No deja de ser curioso en la predicación de algunos sacerdotes o al participar en los medios, su deseo de enmendar la Palabra de Dios, para congraciarse con la audiencia, creyendo que de este modo se atraen mejor las almas al recto camino.

Podrían recogerse infinidad de textos de las santas Escrituras que son soslayados, adaptados, olvidados o suprimidos, para no molestar a los que se ponen en contacto con ellos. Molesta su radicalidad y exigencia. No solo en los textos del infierno sino en otros muchos. Lo más correcto será  siempre la fidelidad al texto sagrado. Cito, a modo de ejemplo, tres textos de la liturgia de  la misa, que los sacerdotes  proclamamos en días pasados.

1-“¿No sabéis que sois templos de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros?.Si  alguno destruye el templo de Dios, Dios le destruirá a él, porque el templo de Dios es santo: ese templo sois vosotros”(1ª Cor3,9c11.16-17)
2-“La sabiduría no entra en el alma de mala ley ni habita en cuerpo deudor del pecado”(Sb1,1-7)
3-“Es inevitable que sucedan escándalos; pero ¡ay del que los provoca¡. Al que escandaliza a uno de estos pequeños, más le valdría que le encajaran en el cuello una piedra de molino y lo arrojasen al mar”(Lc 17,1-6)

PADRE MIGUEL RIVILLA SAN MARTIN