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Giro en la Corte Suprema norteamericana después de la elección de Amy Barrett

En la tarde del 26 de octubre el Senado norteamericano confirmó el nombramiento de Amy Coney Barrett para la Corte Suprema[1], cuyos componentes son todos de por vida. Al término de una maratón de treinta horas, la mayoría que se pronunció a favor del nombramiento, con 52 votos contra 48, se formó según estrictos lineamientos de partido, siendo que la Senadora Collins del Maine la única exponente de la mayoría Republicana de los 53 senadores que votó en contra (por motivos de procedimiento, no substanciales). El nombramiento y la confirmación son muy significativos por cuanto debe ser el quinto voto de una sólida mayoría conservadora en la Corte, que por lo tanto podría prescindir del Presidente Roberts, quien, aunque nombrado por el G. W. Bush, se reveló un voto incoherente en temas candentes ante el máximo organismo judicial.

Los progresistas están de tal manera abrumados con este desarrollo de los acontecimientos que muchos de ellos sustentan abiertamente (y Biden, candidato Democrático a la presidencia, no lo desmiente) que, si en las elecciones de la próxima semana reconquistara el poder tanto en la Presidencia como en el Congreso, los Demócratas (basándose en su principio inspirador de que el fin justifica los medios) deberán “empaquetar la Corte” (pack the Court), aumentando a través de leyes ordinarias el número necesario de sus miembros para lograr decisiones que estén de acuerdo con sus diktat políticos[2]. Del otro lado de la barricada, los conservadores están extasiados. Trump, que se reveló el Presidente más pro-vida de la reciente historia política norteamericana, ha realizado su tarea con rapidez y gran perspicacia, eligiendo de su lista los tres jueces de la Corte Suprema (ya que desde la época de Nixon un Presidente no había tenido la ocasión de nombrar tres jueces durante su primer mandato) de la lista de candidatos dada a conocer con antelación [3]. De acuerdo con el entusiasmo de Trump, tanto Graham, quien preside la Comisión de Justicia del Senado, como Mc Connell, líder de los senadores Republicanos se movieron rápidamente, sin dejarse impresionar por las tácticas obstruccionistas de los Demócratas [4], y por la violencia de los habituales delincuentes de profesión.

Además, el nuevo juez obtuvo el consenso unánime de los conservadores. Entre ellos se destacó Barrett, una madre de siete hijos (dos de los cuales adoptados y uno con discapacidad), con calificaciones jurídicas impecables, profesora durante años en la facultad de abogacía de la Universidad de Notre Dame en Indiana y, desde el 2017, jueza de una de las cortes de apelaciones federales. Durante las audiencias en el Senado [5], los Demócratas intentaron repetidamente pero en vano, obligarla a revelar como votaría en los temas de aborto, salud pública y “matrimonio” homosexual. Apelando a una práctica ya consolidad en las audiencias de los nuevos jueces, Barrett declinó hacer cualquier comentario sobre la base del principio de que no sería propio de un juez anticipar sus decisiones sobre casos concretos.

Otra táctica, utilizada por los Demócratas sobretodo en el 2017, durante las audiencias de Barrett para la confirmación de su nombramiento como Jueza de apelaciones, fue la de atacar directamente su catolicidad. Obviamente, los hechos demuestran que no existe mínimamente una “cuestión católica” en la Corte Suprema: si se tiene en cuenta también al Gorsuch (que, no obstante sus prácticas con su familia episcopaliana, creció en la fe católica), los jueces católicos son siete sobre nueve (los otros dos son hebreos). Y, de hecho, durante las audiencias de los candidatos abortistas, ningún Senador Demócrata jamás habría soñado en levantar la cuestión de su fe. Pero, en el caso de una católica practicante que también escribió contra el aborto, ¡ábrete cielo! La Senadora Feinstein fue más allá al punto de decir a Barrett: «El dogma parece que comienza a emerger en usted». En respuesta a semejante observación se habría podido objetar que la cuestión es totalmente irrelevante en virtud de la misma Constitución norteamericana, que veta referirse a la profesión de fe de toda persona que desempeñe cargos públicos [6]. O, se habría podido observar que el dogma, como expresión de la Verdad que es Cristo, es un baluarte de la libertad con relación a los condicionamientos terrenales, dado que es propio de la libertad hacernos libres. Entonces, ¡bienvenidos los jueces que observan los dogmas!

En lugar de devolver al emisor sus observaciones descalificatorias sobre el catolicismo, desde la desafortunada elección de Eisenhower de nombrar a Brennan en los años ‘50 (que después sería el inspirador de la infame decisión sobre el aborto en los años 70), más de un candidato de fe católica por desgracia ha tenido salidas con frases absurdas del estilo «no existe obligación de fe superior a la contenida en la Constitución y en las leyes de los Estados Unidos»[7], o con acrobacias verbales orientadas a separar las convicciones personales (¡¿aunque también derivadas de absolutismos morales?!) de las decisiones judiciales. Todos estos no son sino insultos a Cristo, a la moral natural, a las obligaciones de todo católico según el Código de Derecho Canónico y al sentido común referido al equilibrio interior de toda persona, incluido quienquiera que ocupe un cargo público.

  • El hecho es, sin embargo, que detrás de estos intentos torpes de responder de manera convincente en las audiencias, existe un problema de principios. Nadie duda que el Juez Kavanaugh (que ha reemplazado al vacilante Juez Kennedy, partidario del “matrimonio” homosexual y de las demás causas progresistas) y el Juez Barrett (que sustituyó a la Jueza Ginsburg, paladina del aborto, del homosexualismo, de las restricciones a las objeciones de conciencia y de otras causas vergonzosas) harán mejor que sus predecesores. (¡Faltaría más!). Pero en el originalismo en el cual se inspiran (es decir la aplicación de la Constitución como es y no como se quería que fuera) sabrán tratar el derecho como expresión de justicia (ius quia iustum) y no exclusivamente como resultado de procedimientos técnicos [8]? Está aquí el eterno retorno de la cuestión de la conformidad del derecho positivo con el derecho natural: un precedente judicial que condena o promueve el asesinato de millones de víctimas inocente a través del aborto, o que desfigura el mismo sentido del matrimonio ignorando la necesaria complementariedad de los sexos, ¿es verdaderamente un precedente judicial o es en cambio su patética caricatura (lex iniusta non est lex)?

En conclusión, al dar las gracias a la Providencia que los nombramientos de los últimos tres jueces después confirmados por la Corte Suprema hayan sido hecho por Trump y no por Clinton (derrotado en las elecciones presidenciales del 2016), es necesario rezar para que, por el bien común, la nueva Corte acate el verdadero derecho, que es el derecho en su substancia conforme la moral natural y no una imposición arbitraria aunque se ajuste a los procedimientos establecidos.

 

[1] De acuerdo con el Artículo 2.II.2 de la Constitución norteamericana, corresponde al Presidente nombrar los jueces la Corte Suprema, con el consentimiento del Senado.

[2] El número de los jueces de la Corte Suprema no está establecido por la Constitución. Desde el año 1869, los jueces han sido nueve. El Presidente F.D. Roosevelt, desconcertado por las decisiones de la Corte de entonces de obstaculizar su New Deal, concibió en el año 1937 un plan de Court packing, pero no se hizo nada.

[3] Los enlaces a las tres listas de candidatos hechas públicas por Trump en estos años, junto con una cuarta lista de este Estado, están disponibles en https://www.scotusblog.com/2020/09/trump-releases-new-list-of-potential-supreme-court-nominees/.

[4] Una de esta tácticas consistió en argumentos engañosos en el sentido de que el Presidente y el Senado deberían haber esperado el resultado de las próximas elecciones, argumento desmentido por numerosos precedentes de la historia norteamericana, como recordó varias veces el Senador, que es también un distinguido jurista.

[5] Las filmaciones de las audiciones están disponibles en el site https://www.judiciary.senate.gov/hearings; sus respectivas transcripciones están el site https://www.rev.com/blog/transcript-category/congressional-testimony-hearing-transcripts.

[6] Artículo 6: “ninguna profesión de fe religiosa podrá ser exigida para acceder a un empleo o cargo de administración de los Estados Unidos.”.

[7] Página 34 de la transcripción de las audiciones Brennan, 27 de febrero de 1957, disponibles en Internet.

[8] La cuestión surgió, de un modo casi dramático, durante las preguntas y respuestas después de una conferencia dictada en la Gregoriana, en el año 1996, por el Juez (piedra angular de los conservadores en la Corte Suprema desde fines de los años 80 hasta su muerte en el 2016): http://robertaconnor.blogspot.com/2016/03/justice-scalia-at-gregorian-university.html.

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