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Hiper-Magdalenismo

Están llegando a las parroquias los avisos con la documentación pertinente para la celebración litúrgica de Santa María Magdalena, que, desde este año, por voluntad de PP Franciscus, pasa de ‘memoria obligatoria’ a ‘fiesta’. Lo que podría considerarse una sutileza litúrgica patentiza la voluntad de complacer al lobby feminista-católico a costa de la liturgia y el santoral. Subiendo el rango celebrativo de la Magdalena se pretende dignificar el status de lo femenino, con una serie de implicaciones que sólo se explican razonablemente considerando toda la presión sociológico-mediática del activismo feminista.

El decreto de la Congregación para el Culto Divino y los Sacramentos se publicó el pasado 3 de Junio, Solemnidad del Corazón de Jesús (ver aquí). El arzobispo secretario de la Congregación, expone el sentido de la nueva fiesta, recalcando la expresa voluntad de PP Franciscus (leer aquí).

Como la memoria, tal y como se celebraba hasta ahora, tenía textos propios en el Misal, Oficio y Leccionario, las novedades serán pocas: Añadir el rezo del Gloria en la Misa y el Tedeum al Oficio. La novedad mayor es un nuevo prefacio, compuesto expresamente para la nueva fiesta. Formalmente, el texto latino, está bastante bien medido, es muy eufónico, suena muy romano (aquí el original en latín); esta es la versión en español:


Prefacio

APÓSTOL DE LOS APÓSTOLES

V/. El Señor esté con vosotros.
R/. Y con tu espíritu.
V/. Levantemos el corazón.
R/. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V/. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R/. Es justo y necesario.

En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación,
aclamarte siempre,
Padre todopoderoso,
de quien la misericordia
no es menor que el poder,
por Cristo, Señor nuestro.

El cual se apareció visiblemente en el huerto
a María Magdalena,
pues ella lo había amado en vida,
lo había visto morir en la cruz,
lo buscaba yacente en el sepulcro,
y fue la primera en adorarlo
resucitado de entre los muertos;
y él la honró ante los apóstoles
con el oficio del apostolado

para que la buena noticia de la vida nueva
llegase hasta los confines del mundo.

Por eso, Señor,
nosotros, llenos de alegría,
te aclamamos con los ángeles y con todos los santos, diciendo:

Santo, Santo, Santo…

(texto CEE)

Sin entrar a comentar los versículos ‘lo había amado en vida’ y siguientes, tan mal expresados, para quien tenga activa la sensibilidad católica, el nuevo prefacio contiene dos afirmaciones en extremo chirriantes, contrarias a la tradición, la piedad y la razón católicas. Son estas dos:

“…prima adoráverat ex mórtuis resurgéntem
et eam apostolátus offício coram apóstolis honoravit…”

1- fue la primera en adorarlo resucitado de entre los muertos;

2- y Él la honró ante los apóstoles con el oficio del apostolado

A lo primero hay que responder (y mantener) que la tradición y la piedad mariana cristiana enseñan y predican que la primera aparición del Señor resucitado, congruentemente, fue a su Madre Santísima, que por eso fue la primera en regocijarse y adorarle resucitado y glorificado.

A lo segundo hay que decir que – no obstante lo dicho por Tomás de Aquino o Rabano Mauro – llamar ‘apóstol‘ a la Magdalena es absolutamente impropio, porque la Magdalena nunca fue apóstol, ni tampoco recibió ‘oficio de apóstol’ en esas escenas de los Evangelios de la Resurrección. Como tampoco fueron‘apóstoles’ los Ángeles de la Resurrección, aun siendo ellos, verdaderamente, los primeros que proclaman y anuncian la Resurrección de Cristo. La dignidad del ministerio apostólico está muy bien descrita y expuesta en los SS. Evangelios y demás escritos del Nuevo Testamento, con toda precisión: Fueron Doce, elegidos y nombrados expresamente por Cristo, ninguno fue mujer; por Judas, el traidor, se eligió a San Matías, y ni la Magdalena ni ninguna mujer fue nunca ‘apóstola’. Que así la llamen Tomás de Aquino y Rabano Mauro, es explicable como expansión fervorosa, más o menos alegórica, pero absolutamente impropio. Por tanto, incluir la expresión en el prefacio de la Magdalena es una impropiedad que se presta (y se prestará) a la confusión.

Un injustificado e indiscreto exceso de fervor puede lesionar la recta doctrina. Y también la fe.

[Fuente: Ex Orbe]




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