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Me duele el alma por la música en nuestras iglesias

¿Reconocen el Salmo 137?: “Junto a los ríos de Babilonia allí nos sentábamos y llorábamos, acordándonos de Sión”. Este salmo me lleva a pensar en el alma del músico que entrega su vida a Dios, así nos encontramos actualmente muchos de nosotros, deportados en tierra extraña, entonando cantos más propios de una discoteca que de la casa del Señor y aunque no existiera la prohibición de muchos Presbíteros hacia el latín, ¿Cómo cantar gregoriano en medio de una Misa con aire pentecostal o ecuménica?

Mientras escribo este artículo, tengo delante de mi, cientos de folletos de celebraciones litúrgicas, ya que estoy haciendo limpieza y como tengo por costumbre guardar todo, me he encontrado esta colección, digna de un museo friki. Lean y cojan el pañuelo para secarse las lágrimas

“Semana de oración por la unidad de los cristianos, cantos para la celebración ecuménica:

Somos uno en Jesús

Vivo en otra nación pero soy de Jesús.

Soy de otra denominación pero vivo en la Luz,

Quién ha puesto barrera para el amor que el señor nos regala,

solo hay una bandera y ha sido Dios quien la puso en mi alma.

Quizás yo no entiendo bien pero sé que el Señor, no, no fue

Quien fraccionó alguna vez su nación, aún estamos a tiempo,

Toma valor y derribemos los muros, y demostremos al mundo y

a nuestro Dios que por Él somos UNO….

Creo que con este fragmento es suficiente para que veamos el tipo de letras que se cantan en nuestros Templos, esto tendría que estar penado con cárcel. Con relación a la música que puede acompañar este texto, ¿Qué más da que sea movida o lenta, si sólo la letra, es un despropósito indigno de todo oído? ¿Se puede añadir más fricción a una letra más propia de una revolución comunera, que de unos fieles que se reúnen en la casa de Dios? ¡Esto es una barbarie!

Me preguntan muchas veces que por qué no escribo más sobre música litúrgica y hoy, les voy a desvelar el por qué…porque me duele el alma, así de sencillo y permítanme que me remita otra vez al Salmo, “Junto a los ríos de Babilonia allí nos sentábamos y llorábamos, acordándonos de Sión”…Acordándonos de cuando la música era capaz de transportarnos, cuando al escuchar las melodías sagradas, el alma se elevaba al mismo cielo.

Hay canciones que pueden ser apropiadas para cantar en nuestra casa, en una excursión parroquial, mientras limpiamos nuestro hogar, etc., pero son indignas de ser cantadas en el Templo. “¡Es que son muy bonitas!”, sensiblerías de almas flojas, acordes a los tiempos actuales, en los que nos movemos por sentimientos, vaciedad del alma total y absoluta.

Pese a que hay quien se empeña en defender que el Concilio Vaticano II es muy claro en el aspecto musical, podemos determinar sin miedo a incurrir en temeridad, que al igual que en la totalidad de sus textos, es ambiguo  y mortífero, es decir, deja la puerta abierta para que cada uno haga lo que le de la gana, una casa sin normas, y ¿saben a qué conduce esto? A una anarquía en la que cada Sacerdote marca su propio criterio y así se lo infunde a su comunidad parroquial. Les recuerdo una vez más que la relación con el Párroco, es horizontal, salvo en los puntos que es vertical.

El Concilio abrió la puerta a que cada uno cante lo que considere más apropiado y más “santo” según su criterio personal:

La música sacra, será tanto más santa, cuánto más íntimamente esté unida a la acción litúrgica” (Sacrosantum Concilium)

Si Vds. se fijan bien, esta lapidaria frase lo dice todo, viene a decir que se admiten todo tipo de ritmos y textos, es decir, por ejemplo, en una celebración del Camino Neocatecumenal, la música que estos grupos utilizan, para ellos, está “íntimamente unida” a su celebración litúrgica, por lo tanto, su música es santa. Este mismo ejemplo lo pueden extrapolar a cualquier carisma o a cualquier gusto personal del Sacerdote de turno.

Sobre los instrumentos, el Concilio es completamente aperturista, hagamos de la Misa un concierto de la orquesta sinfónica:

Téngase en gran estima el órgano de tubos, como instrumento musical tradicional, cuyo sonido puede aportar un esplendor notable a las ceremonias eclesiásticas y levantar poderosamente las almas hacia Dios y hacia las realidades celestiales”.

“En el culto divino se pueden admitir otros instrumentos, a juicio y con el consentimiento de la autoridad eclesiástica, siempre que sean aptos”(Sacrosantum Concilium).

¿Qué quiere decir? Traducción: Muy bonito el órgano, no le den una patada, déjenlo como elemento decorativo, pero que cada uno toque el instrumento que más le guste o le inspire, léase, guitarra, pandereta, bongós, etc, cuánto más ruidoso, mejor.

En estos textos, como se puede leer, no se prohíbe absolutamente nada, incluso, podemos decir que son como un golpe de ánimo para añadir todo tipo de variedades musicales, “se puede admitir otros instrumentos”, supongamos el siguiente diálogo:

-Don Carlos (nombre ficticio), es que estoy aprendiendo a tocar la batería, ¿Podría tocarla en Misa?

-Hmmmm, sí, ¿Por qué no? Qué bonito, Ángelito, nos quedará la Misa preciosa cuántos más instrumentos pongamos (y así contentamos a Angelito, a su mamá y a la abuelita)

Y de esta manera, hacemos de la Santa, Misa un espectáculo en el que cual, el protagonista es cualquiera, menos Dios.

Me llama la atención que de un tiempo a esta parte en todas las “formaciones diocesanas”, ha habido un claro intento por menospreciar uno de los cantos míticos de la época postconcilio, el top ten “el pescador de hombres” de Gabarain. Curiosamente se intenta subestimar un canto, sin lugar a dudas de gran pobreza musical pero bien intencionado por parte del “compositor”, a favor de nuevas melodías de la misma calidad o incluso peor, sólo que en vez de compuestas por un Sacerdote del año 1970, son compuestas por el presbítero de turno, que se considera el nuevo Bach del siglo XXI. Y te encuentras frente a ti a un Sacerdote mofándose del bueno de Gabarain para promocionar nuestra música Diocesana, nuestro cantoral litúrgico nacional y demás variantes aberrantes.

Bien, si me sigo adentrando en el tema por este camino, lo único que voy a conseguir es meterme en gustos personales de cada uno y por lo tanto, el que tenga un criterio similar al mío se sentirá satisfecho leyendo este artículo y al que le entusiasme el cantoral litúrgico nacional, gallego, euskera, etc, se sentirá menospreciado por mis palabras. Como esa no es la intención, sigamos ahondando en cuál debe ser la música que tiene que acompañar nuestras Celebraciones.

Felizmente parece que en más de un lugar la gente ha retornado a costumbres menos bárbaras. Entonces, si uno quiere cantar, está sujeto a las producciones de los organismos oficiales especializados en la música de iglesia” (Monseñor Marcel Lefebvre, carta abierta a los Católicos perplejos)

Sin lugar a dudas, la música es uno de los grandes milagros de Dios, no hay ninguna duda de que en el cielo, nos deleitaremos con la música de los ángeles. El otro día acudí a una interesante conferencia, en la que nos comentaban que ni más ni menos que si a los 7.000.000.000 de personas que viven en el planeta les preguntasen si les gusta la música, todos, absolutamente todos, responderían, SI. La curiosidad total es que de esa cantidad 70.000.000 son sordomudos y responden lo mismo, SI y nos decía hábilmente el conferenciante, que eso es porque la música, se siente. Partiendo de esta realidad tan absoluta, se puede entender por qué en muchas ocasiones cuando finalizo mi trabajo, se acerca alguna persona para decirme que le ha gustado tal o cual canción y que le ha hecho pensar. ¿Podemos hablar de una conversión en nuestros días, escuchando “Yo también quiero resucitar” de Elezcano? Dudoso, no obstante, es el Señor el que toca el interior, pero sin duda, podemos colaborar con nuestra música, en ese gran milagro de acercar las almas a Dios. Si a uno persona ese canto le sugiere algo, piensen Vds. entonces, que si escucha el Dies Irae, caerá de rodillas e irá directo al confesonario a pedir perdón por sus pecados y a empezar de cero. No cantemos cualquier letra absurda, vayamos a los textos sagrados.

Todos esos cantos, más mundanos que religiosos, llevan el sello del hombre, no de Dios. ¿A la gente le gusta le música? ¡Bien!, ¡démosles música!, pero, señores, por favor, que sea verdaderamente Santa, no un sucedáneo, convirtamos almas con un pistoletazo gregoriano.

La actual música litúrgica, está basada en nuestros gustos personales, si me gusta Lucien Deiss, si yo prefiero Palazón, Marco Frisina, mi párroco que escribe canciones muy lindas entre Misa y Misa, etc

“Las melodías habituales, siempre las mismas, son de una inspiración muy mediocre. Los trozos más elaborados, ejecutados por coros, se resienten por la influencia profana y excitan la sensibilidad en lugar de penetrar en el alma como el canto llano; la letra inventada con un vocabulario nuevo, como si un diluvio hubiera destruido unos veinte años atrás todos los libros antifonarios en los cuales se podría haber buscado inspiración aun queriendo hacer algo nuevo, adopta el estilo del momento y pasa rápidamente de moda; al cabo de muy breve tiempo ya no es comprensible“ (Monseñor Marcel Lefebvre, carta abierta a los Católicos perplejos).

Para saber el estado musical de nuestras parroquias, no hay más que hacer una grabación, colgarla en youtube y dejar que surjan los comentarios, algunos nos parecerán crueles, pero se ajustan a la realidad. ¿Qué hace un grupo de personas ancianas cantando, por ejemplo, “la misa es una fiesta muy alegre”? Seamos claros, da pena abrir la puerta del Templo y lo que nos encontramos en la mayoría de las ocasiones, gente desafinada, sin ritmo, cantando sin órgano, un Sacerdote que va de showman y se cree Pavarotti, destrozando la Santa Misa. Lo siento si resulta radical o molesta esta afirmación, pero esto es así, destrozando la Misa, arrancándonos hasta la Fe, si eso fuera posible. Cuántas veces estamos pensando “que acabe pronto esta tortura, Señor” o vemos a la gente a codazos, riéndose y no sin falta de criterio, esta es la cuestión, hay que decirlo, muchas veces resulta irrisoria la parte musical, sería mejor una Misa rezada, que padecer un Santo agónico e interminable. Alguno dirá, esto no pasa en todas las Iglesias, pero seamos realistas, en el 90 por ciento, sí.

Con harta frecuencia el clima de las “celebraciones” resulta chocante para el sentido religioso de los católicos. Se ha producido la intrusión de ritmos profanos con toda clase de instrumentos de percusión, guitarras, saxofones. Un músico responsable de música sagrada de una diócesis del norte de Francia escribía con el apoyo de eminentes y numerosas personalidades del mundo musical: “A pesar de las designaciones corrientes, la música de esos cantos no es moderna: ese estilo musical no es nuevo, sino que se practicaba en lugares y medios muy profanos (cabarets, music-halls, a menudo para bailar danzas más o menos lascivas con nombres extranjeros)… y sus ritmos impulsan a menearse o al swing: todo el mundo tiene ganas de agitarse. Esta es ciertamente una expresión corporal extraña a nuestra cultura occidental, poco favorable al recogimiento y cuyos orígenes son bastante turbios… “ (Monseñor Marcel Lefebvre, carta abierta a los Católicos perplejos).

“Hay que cantar” ese es el lema de las formaciones músico litúrgicos de nuestras Diócesis. Da igual que sea día de semana que domingo, da igual que la comunidad parroquial esté compuesta por cuatro buenas mujeres con intención pero sin actitudes, da igual todo, lo importante es cantar, destrozar los oídos del que está allí. El colmo del surrealismo es cuando sale al ambón la señora o el señor de turno, como veía el otro día en una Iglesia, un Diácono permanente, ni más ni menos que arrasando con el micrófono…ya ven, estas son las funciones tan importantes que realizan, mover la mano para creerse grandes directores orquestales, cuando no saben ni donde se escribe el Do, cuando cantan como becerros desafinados y se creen los pueri cantores, ¿Somos conscientes de que la Santa Misa es el Sacrificio y no la fiesta de Blas? No se puede decir de otra manera, nuestros Pastores se han vuelto palurdos, ¿Saben lo que quiero decir? Catetos, ignorantes, esa es la definición exacta y nadie les dice nada, ¿Por qué? Porque los mismos Obispos no saben ni cantar un sol. Mandan a los Presbíteros a formarse aquí, allá, Roma, Turín,  y vienen como fueron, sin base, sin saber leer el tetragrama, sin conocer la riqueza de la música litúrgica, por lo tanto, nos traen el mismo plato, sólo que con nombre italiano, como los fetuccini. Nuestros Presbíteros han perdido la finura que confiere el Espíritu Santo, no saben nada sobre música litúrgica.

¡Despertemos! No es el criterio de Don Antonio, de Luis, de Ana o de Sonia, es lo que le agrada al Señor, lo que le da Gloria a Dios, no es nuestros gusto personal. Para servir a Dios, tenemos que desnudarnos de nuestro yo y vestirnos de Cristo, ¿Cómo se hace esto? Viviendo la Tradición de la Iglesia, el Gregoriano, el canto llano es la música de Dios, eso es música religiosa, no hay otra forma ni otra melodía, eso es lo que tiene que sonar en nuestras Iglesias. ¡Por favor, díganselo a su Párroco!

Me decía un día uno de mis alumnos, “es más fácil todo en la Misa Tridentina, no hay que pensar que canto es o que canto podemos poner, ya está todo hecho, sólo hay que mirar el día en el Liber Usualis y listo, ¡es genial!” Así es, Ana. Los niños ven con naturalidad lo que a los adultos se nos escapa. Y dirá alguno, como se suele escuchar, “pero, entonces, en latín, nadie puede cantar”…Oigan, ¿Vds. a que van a Misa, a pasarlo bien, a cantar, a reír, a charlar? No, queridos, vamos a unirnos al Sacrificio, a escuchar y a intervenir cuando tenemos que hacerlo, única y exclusivamente y no hay ninguna norma que obligue al fiel a cantar, el que quiera cantar para entretenerse, la ducha, es el lugar idóneo. Si acuden a los Monasterios, observarán que en las normas, nos invitan a escuchar a los monjes y que, si alguna persona quiere cantar, no sobresalga por encima de ellos. No obstante, si Vds. quieren saber si la gente puede cantar en latín o no, no tienen más que mirar en Internet cualquier vídeo de una Santa Misa Tradicional cantada, sin ir más lejos esta misma en Lourdes, ¿Creen que esto no es posible en nuestras parroquias? Entonces es que nos falta Fe:

Y ahora, ya para finalizar, comparen Vds. estos dos ofertorios:

Ambulate in dilectione, sicut et Christus dilexit no, et tradidit semetipsum pro nobis oblationem, et hostiam Deo in odorem suavitatis. (Andad en el amor, como Cristo nos amó, y se ofreció a sí mismo a Dios en oblación y hostia de olor suavísimo)

“Por los niños que empiezan la vida, por los hombres sin techo ni hogar, por los niños que sufren la guerra, te ofrecemos el vino y el pan”

Sobran las palabras, ¿no? ¿Hace falta comentar algo más? Apliquemos el sentido común.

Mis queridos lectores, a la Santa Misa se va vivir el Sacrificio, se va a escuchar la voz del Señor que nos habla a través de la boca del Sacerdote, a través del cantor y esto es porque lo hace a través de los textos Sagrados del Misal, no a través de la invención del “virtuoso” de turno. En la Santa Misa no necesitamos entretenimientos falaces, sólo queremos escuchar a Dios, así que, por favor, señores Párrocos, permítannos deleitarnos en nuestras Iglesias con la música que se ha compuesto para tal fin y que no es otra que la música Gregoriana. ¿Lo decimos hoy también? ¡Venga!, ¡hagamos lío, queremos gregoriano!

La música tiende a un fin: La Gloria de Dios” (Pío X)

Sonia Vázquez




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