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Homilía: El oropel y la realidad

Domingo de Ramos
Mt 21: 1-9

El evangelio de hoy nos muestra la entrada triunfal de Jesucristo en la ciudad de Jerusalén; una entrada que no es como la que hacían los emperadores romanos después de triunfar en una batalla. En este caso, Jesucristo lo hace cabalgando sobre un borrico.

La verdadera grandeza del hombre no va de fuera hacia adentro sino al revés. El cristianismo no es una religión donde brille el fasto, el ruido, la gloria humana. La vida de Cristo es la mejor muestra: nace pobremente en un estado, vive en pobreza y muere en una cruz. El cristianismo siempre ha sido contrario al modo de pensar y proceder del mundo.

San Pablo nos recuerda también un camino similar: “Considerad hermanos vuestra vocación, porque no hay entre vosotros muchos sabios y entendidos según el mundo… sino que Dios escogió la necedad del mundo para confundir a los sabios.

O cuando el mismo Jesucristo, dirigiéndose al Padre dice: “Yo te alabo Padre Santo porque has ocultado todas estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a los humildes…”.

La gloria del mundo no es sino oropel; es decir oro falso. Bella apariencia por fuera, pero ahí queda todo. Por dentro no hay más que podredumbre, como en el caso de los fariseos.

El mundo, y en muchas ocasiones también la Iglesia actual, lo único que busca es el boato y el oropel. Estamos tan acostumbrados ya a ello, que la farsa y la mentira nos parece lo normal y auténtico. ¿Qué pecado hemos cometido para que Dios nos haya castigado así?

En Satanás, que es el padre de la mentira, todo es farsa y oropel. Él es el maestro del disfraz, pues nunca nos muestra su auténtica cara. Como nos dice San Pablo en 2 Cor 11: “…los falsos apóstoles, que se disfrazan de apóstoles de Cristo y que nada tiene de extraño, pues el mismo Satanás de disfraza de ángel de luz”.
El mundo de hoy y nuestra amada Iglesia están cubiertos de un velo de mentiras y falsedades y que sólo engañan a los que se dejan engañar. Hay muchos ejemplos de todas estas falsas doctrinas que hoy están engañando a muchos.

Como por ejemplo cuando se nos dice que es misericordioso, pero se oculta que también es justo. Dios no puede perdonar si no hay arrepentimiento. O cuando se nos dice que para confesar no hay que acusarse de los pecados. Los pecados son la materia del sacramento, y no hay sacramento si no se conjuntan la materia y la forma; en el caso de la confesión, la acusación de los pecados (materia) y la absolución por parte del sacerdote (forma). O cuando se nos dice que lo mismo es Cristo que Buda. Y olvidamos lo que nos dijo San Pedro (Hech 4:12): “En ningún otro está la salvación; porque no existe otro nombre bajo el cielo por el que podamos ser salvados”.

Se repiten todas estas mentiras y la actitud de la gran mayoría es de indiferencia. Nos hemos dejado narcotizar, amordazar.

¿Hemos considerado alguna vez la campaña feroz que se está haciendo hoy día contra la familia y los niños? Aborto, matrimonio homosexual, adopción de niños por homosexual, adoctrinamiento que reciben los niños en los colegios (ya sean públicos o religiosos)…

El evangelio de hoy termina con una situación de contraste. Jesús es aclamado a la entrada de Jerusalén; pero al final del evangelio vemos a Jesús llorando y diciendo: “Oh Jerusalén.. cómo te quise cobijar como gallina sobre sus alas, pero no te dejaste… Vendrán días en que tus enemigos te arrasarán”. Este final es la justa consecuencia de las malas conductas humanas. Dios no puede dejar de hacer justicia. Pero también sabemos, pues Él mismo nos lo dijo: “Cuando ocurran todas estas cosas, levantad vuestras cabezas porque se acerca vuestra liberación”.




Padre Alfonso Gálvez
Padre Alfonso Gálvezhttp://www.alfonsogalvez.org/
Nació en 1932. Licenciado en Derecho. Se ordenó de sacerdote en Murcia en 1956. Entre otros destinos ha estado en Cuenca (Ecuador), Barquisimeto (Venezuela) y Murcia. Es Fundador de la Sociedad de Jesucristo Sacerdote, aprobada en 1980. Desde 1982 reside en El Pedregal (Mazarrón-Murcia). A lo largo de su vida ha alternado las labores pastorales con un importante trabajo redaccional. Ha publicado Comentarios al Cantar de los Cantares (dos volúmenes), La Fiesta del hombre y la Fiesta de Dios, La oración, El Amigo Inoportuno, Apuntes sobre la espiritualidad de la Sociedad de Jesucristo Sacerdote, Esperando a Don Quijote, Homilías, Siete Cartas a Siete Obispos, El Invierno Eclesial, Los Cantos Perdidos y El Misterio de la Oración. Para información adicional visite su web http://www.alfonsogalvez.com

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