“Fiesta de la Sagrada Familia”

Nos encontramos en una situación en la que, como miembros de la Iglesia a la que pertenecemos, muchos cristianos sufren escándalo y sienten tambalear su fe, como consecuencia de la grave crisis que ella está sufriendo. Estamos en tiempos de persecución a los cristianos, persecución que es mayor que la de los primeros tiempos. El ambiente que nos rodea es claramente pagano y anticristiano. Pero la persecución actual tiene unas peculiaridades propias, pues viene también desde dentro de la misma Iglesia. Ello está haciendo tambalear la fe de muchos; pero queridos hermanos, no tenemos razón para ello. Tenemos suficiente doctrina y medios dados por el mismo Jesucristo para que nuestra fe no se tambalee. Todo es cuestión de serenarse y de poner las cosas en su sitio.

Cristo ya había previsto toda esta persecución; es más, también nos había dicho que en los últimos tiempos esta persecución se acrecentaría. En la Iglesia siempre hubo buenos y malos pastores. El Nuevo Testamento nos da muchos avisos y consejos para protegernos de los malos pastores y falsos profetas:
“Porque hay muchos que sólo hablan de las cosas del mundo, por eso el mundo les oye” (San Juan). Y San Pablo nos dice: “Llegará un momentos en el que surgirán falsos profetas que seducirán a muchos, y en lugar de sana doctrina, enseñarán fábulas”.

La Iglesia siempre ha sido zarandeada. Recordemos lo que ocurrió el s. IV con el arrianismo, y como el defensor de la Iglesia, San Atanasio, fue echado, encarcelado…, pero a pesar de todo, la Iglesia siguió adelante. Nunca podrán hundir la barca de Pedro, pues tenemos la promesa de Cristo.

Abusos de poder siempre hubo en la Iglesia. Recordemos el caso de Pablo VI cuando “eliminó” la Misa de siempre para instaurar la Misa del Novus Ordo. Recordemos también, cómo Benedicto XVI dijo que esa Misa nunca podía ser eliminada. El papa Benedicto XVI en el Motu proprio de todos conocido, dio libertad a los sacerdotes para celebrar esa Misa sin necesidad de tener ningún permiso especial de su obispo. Aunque también conocemos la oposición frontal de la gran mayoría de los obispos para que esa Misa se celebre en sus diócesis. A éstos, tenemos que recordarles lo que dijo Trento: “Si alguno dice que la Misa solamente se debe celebrar en lengua vernácula, sea anatema”. Es por ello, que si un obispo se opone a que esa Misa se celebre cae en el anatema de Trento. Esto es un abuso de autoridad de los obispos sobre los fieles.

¿Cuál ha de ser pues, la reacción del fiel cuando los pastores enseñan doctrinas falsas ajenas al Magisterio de la Iglesia de siempre? Primero, no están obligados a seguirlas. Y segundo, y muy importante, han de mantener el respeto a las autoridades. Malos papas, e incluso papas herejes, ya los hubo en la Iglesia; pero no corresponde al simple fiel, ni a un grupo de fieles o institución, condenar al papa como hereje o decir que la sede está vacante. Es la misma Iglesia Oficial la que los tiene que juzgar. Nosotros hemos de mantener al mismo tiempo nuestra fe y el respecto a la jerarquía. Tu fe no se fundamenta en lo que pueda decir este papa, obispo, párroco o visionario de turno. Tu fe se fundamenta en Cristo, en lo que el Magisterio de la siempre nos ha enseñado. Nuestra fe es un don que viene de arriba.

Recordemos las quejas de Cristo, cuando los apóstoles se atemorizan y dudan cuando la barca es zarandeada por la tempestad. ¿Por qué habéis dudado? ¿Acaso yo no estaba con vosotros? ¿Acaso no tenemos la promesa de Cristo? La Esposa de Cristo es santa y no puede ser destruida por el mal. Entonces, ¿por qué vacilamos? Hermanos, ¡esta es la victoria que vence al mundo, nuestra fe! Nuestra fe vencerá al mundo a pesar del poder del mal.
Recordemos también las palabras de Cristo que nos dan plena confianza en nuestro triunfo: “Tened confianza, porque yo he vencido al mundo”. O estas otras de San Pablo: “¿Quién nos podrá separar del amor de Cristo…?
Así pues, seamos conscientes de que estamos en una época muy difícil, pero tengamos al mismo tiempo la convicción de que tenemos armas más que suficientes para mantener la paz del corazón. Y recordemos siempre que “Cristo es nuestra paz” o esta otra frase: “Yo estaré con vosotros para siempre hasta el fin del mundo”. O esta otra: “Yo os daré una alegría que nadie os podrá quitar”.

Confiemos pues en Jesús, Él no cambia; pues Él es el mismo ayer, hoy y siempre. Si amamos de verdad a Jesús confiaremos en Él, y nada nos podrá hacer tambalear o perder nuestra fe. “En este mundo sufriremos tribulación, pero recordad, yo he vencido al mundo”.

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Padre Alfonso Gálvez
Nació en 1932. Licenciado en Derecho. Se ordenó de sacerdote en Murcia en 1956. Entre otros destinos ha estado en Cuenca (Ecuador), Barquisimeto (Venezuela) y Murcia. Es Fundador de la Sociedad de Jesucristo Sacerdote, aprobada en 1980. Desde 1982 reside en El Pedregal (Mazarrón-Murcia). A lo largo de su vida ha alternado las labores pastorales con un importante trabajo redaccional. Ha publicado Comentarios al Cantar de los Cantares (dos volúmenes), La Fiesta del hombre y la Fiesta de Dios, La oración, El Amigo Inoportuno, Apuntes sobre la espiritualidad de la Sociedad de Jesucristo Sacerdote, Esperando a Don Quijote, Homilías, Siete Cartas a Siete Obispos, El Invierno Eclesial, Los Cantos Perdidos y El Misterio de la Oración. Para información adicional visite su web http://www.alfonsogalvez.com