ADELANTE LA FE

Jorgito aprende con Tolkien

Jorgito se encuentra acostado en la cama, con los ojos bien abiertos y apenas sin respiración. Su hermano mayor, en la litera de arriba, permanece escondido entre las sábanas. Mamá, los viernes por la noche, les lee algún pasaje del Señor de los Anillos. No mucho, pero sí suficiente para mantenerlos en ascuas hasta la siguiente semana:

— “Así que, ¿has venido, Gandalf?”, me dijo gravemente; pero parecía tener una luz blanca en los ojos. Como si ocultara una risa fría en el corazón.

—“Sí, he venido”, dije. “He venido a pedir ayuda, Saruman el Blanco.”

Y me pareció que este título le irritaba.

—“¡Qué me dices, Gandalf el Gris?” se burló. “¿Ayuda? Pocas veces se ha oído que Gandalf el Gris pidiera ayuda, alguien tan astuto y tan sabio, que va de un lado a otro por las tierras, metiéndose en todos los asuntos, le conciernan o no”.

Los niños apenas podían escuchar a mamá. La culpa: sus corazones a punto de estallar; sus latidos casi silencian la narración. Mamá continuaba su relato, despacio y sin prisas, recreándose en las palabras tal como había hecho su padre años atrás:

—Lo miré asombrado.

Pero si no me engaño. Ahora hay cosas que requieren la unión de todas nuestras fuerzas…”

Mientras proseguía el relato, Mamá se sonreía al verlos. “Igual que yo a su edad”. El abuelo de Jorgito tenía un don para contar historias, y, por eso, ella creció junto a la compañía del anillo: Aragon, Frodo, Gimli… Mientras que las niñas de su edad coqueteaban con “Hello Kitty”, ella jugaba a ser Eowyn, la dama de Rohan, enfrentándose al Nazgul. ¡Qué tiempos aquellos…!

Continúo el relato:

– “Un nuevo Poder está apareciendo. Ya no podemos poner nuestras esperanzas en los elfos o el moribundo Númenor. Contra ese poder ya no nos servirán los aliados o los métodos de antes. Hay una sola posibilidad para ti, para nosotros. Tenemos que unirnos a ese Poder. Es el camino de la Prudencia, Gandalf.”

Mamá prosiguió un rato más hasta que cerró el libro con un golpe seco. Se acabó, por hoy era bastante. ¡Qué rabia! Habría que esperar a la semana siguiente; siete largos días. De repente, la cabeza del hermano mayor surgió entre las mantas:

—Mamá, ¿por qué Saruman encerró a Gandalf en la torre de Orthanc?

—¿Tú que crees?

—Le tenía miedo… —respondió Jorgito en una voz apenas audible.

—Puede ser… —dijo mamá.

—¡Lo que yo no entiendo es por qué Saruman, el Blanco (recalcó estas palabras), decide ponerse de parte de Sauron! —destacó el hermano mayor— ¡No lo entiendo!

Mamá meditó unos instantes:

— ¿Os acordáis de por qué Gandalf confió el anillo a los Hobbits?

—Sí —manifestó el hermano mayor—. Porque Sauron jamás sospecharía que algo tan poderoso estuviera en manos de unos personajes tan insignificantes.

—¡Eso es! Sauron, astuto, puso toda su atención en los importantes: los Magos, los Reyes… Si conquistaba a los grandes, caerían los pequeños. Saruman fue sometido a grandes pruebas; Saurón lo atacó duramente; sin piedad. Le dejó creer que la lucha contra él no podía tener éxito. Y sucumbió. Le entró miedo e intentó negociar. El bien y el mal dejaron de estar bien definidos. Y por eso, se despojó de su túnica blanca y pasó a llevar una multicolor.

—¡Sí! —se quejó Jorgito —, pero Gandalf también fue tentado por el anillo, ¡y no cayó!

—Por fortuna, la Tierra Media contaba con un gran guía que supo mantenerse firme a sus ideales. Firme en su Fe. Despertó conciencias aletargadas, alentó la lucha, acompañó en las batallas… Pero, hijos, como veis, la lucha es dura; muy dura. Y cualquiera puede caer (la madre pensaba con amargura en Boromir; sus hijos sufrirían un duro golpe).

Silencio.

Mamá se levantó y comenzó a abandonar la habitación:

—Rezad mucho por los Gandalf de este mundo. ¡Los necesitamos más que nunca!

—Y… ¿también por los Saruman? —preguntó Jorgito con timidez.

Mamá sintió una punzada en el corazón: “Por eso fueron los pequeños Hobbits quienes acabaron con el anillo”, se recordó.

—Tienes razón, Jorgito. También, y sobre todo, por los Saruman. Para ellos, el ataque es aún más duro. El demonio sabe que, si caen, sufrimos todos. Rezad mucho, ¡rezad! Porque al final —indica mientras apaga la luz del dormitorio— de eso se trata, chicos. De que, cuando caiga la noche, nos podamos reunir todos en la comarca, alrededor de la lumbre, recordando estas grandes historias.

—Mamá, una última cosa. ¿Al final gana Gandalf, no? ¿Sale de su encierro y vence a Sauron… verdad?—interrogó Jorgito con miedo.

—Bueno, eso no lo sabremos —mamá no estaba por anticipar acontecimientos— hasta el final de la historia.

Monica C. Ars

Mónica C. Ars

Madre de cinco hijos, ocupada en la lucha diaria por llevar a sus hijos a la santidad. Se decidió a escribir como terapia para mantener la cordura en medio de un mundo enloquecido y, desde entonces, va plasmando sus experiencias en los escritos. Católica, esposa, madre y mujer trabajadora, da gracias a Dios por las enormes gracias concedidas en su vida

4 Comments on this post.
  • Jose de Pozuelo
    7 febrero 2015 at 11:20 pm
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    Gracias por el artículo, Mónica. Genial.
    Me ha recordado un texto de Ganivet, sobre la resistencia de España al Imperio francés de Napoleión:

    “En el comienzo de este siglo, España ha atravesado días muy duros; ha tenido que hacer frente a una invasión y los que dieron la cara no fueron en verdad los doctos. Esos pasaron todos el sarampión napoleónico, y en nombre de las ideas nuevas se hubieran dejado rapar como quintos e imponer el imperial uniforme. Los que salvaran a España fueron los ignorantes, los que no sabían leer ni escribir. ¿Quién dio pruebas de mayor robustez cerebral: el que, seducido por ideas brillantes, aún no digeridas, sintió vacilar su fe en su nación, y se dejó invadir por la epidemia que entonces reinaba en toda Europa, o el que con cuatro ideas recibidas por tradición supo mantener su personalidad bien definida ante un Poder tan absorbente y formidable?

    Sabedlo, pues, pedagogos de tres al cuarto, propagandistas de la instrucción gratuita obligatoria: Jeremias de la estadística, que os sofocáis cuando veis en ella que el cincuenta por ciento de los españoles no saben leer ni escribir y pretendéis infundirles conocimientos artifíciales por medio de caprichosos sistemas: el único papel decoroso que España ha representado en la política de Europa en lo que va de siglo no lo habéis representado vosotros o vuestros precursores, sino que lo ha representado ese pueblo ignorante que un artista tan ignorante y genial como él, Goya, ha simbolizado en el cuadro El Dos de Mayo, en aquel hombre o fiera que, con los brazos abiertos, el pecho salido, desafiando con los ojos, ruge delante de las balas que le asesinan.”

    • Mónica C. Ars
      Mónica
      9 febrero 2015 at 8:35 am
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      Estimado Jose,

      Impresionante el texto. Y sí, ha sabido captar muy bien la intención de la mamá de Jorgito. ¡Arriba los Tercios Viejos!

      Un abrazo.

  • Adriana
    6 febrero 2015 at 11:10 pm
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    Genial Mónica, como siempre!!

  • Goffys
    6 febrero 2015 at 5:32 pm
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    Y por todos los Aslan de Nardia, por todos los Sacerdotes del planeta, sus fieles y por sobre todo, por Maria. Sin ella, su Hijo no hubiera hecho su primer milagro.

    por ella, el mundo que cada dia es mas negro como un carbon es mas soportable. Ya que, al final, el carbon se convierte en diamante, despues de un periodo de purificacion (las presiones sobre el carbon), y su inmaculado corazon trunfara, ya que los que la quieren, se conviertiran en diamantes para ella.

    Gracias por las historias de Jorge.

    Saludos.

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