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Hoy se reunieron de las 11am a las 13pm el superior de la Fraternidad San Pío X, el obispo Bernard Fellay, y el cardenal Gerhard Ludwig Müller, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe y presidente de la Comisión Ecclesia Dei, el ente que se ocupa del diálogo con los lefebvrianos. Durante las dos horas del encuentro hablaron sobre problemas de «orden territorial y canónico», para poder llegar a la plena comunión. Se trata de la primera vez que Fellay dialoga cara a cara con Müller desde que este último fue nombrado prefecto de la congregación doctrinal.

El comunicado indica que la entrevista estuvo caracterizada por un «clima de cordialidad». Acompañaban a Müller los arzobispos Luis Ladaria y Augustine Di Noia, respectivamente Secretario y Secretario adjunto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, además de Guido Pozzo, secretario de la comisión Ecclesia Dei. El obispo Fellay iba en compañía de dos asistentes de la Fraternidad San Pío X, los sacerdotes Nikolas Pfluger y Alain-Marc Nély.

«Durante el encuentro se han examinado algunos problemas de orden doctrinal y canónico y se ha acordado proceder gradualmente y dentro de un tiempo razonable para superar las dificultades y alcanzar la deseada reconciliación plena», indica el comunicado de la Santa Sede. Estas palabras son muy significativas y demuestran que los canales de comunicación entre ambas partes siguen estando abiertos. En el Vaticano y dentro de la Congregación para la Doctrina de la Fe había habido algunas voces que sugerían una decisión drástica para marcar una nueva ruptura, pero el Papa Francisco no pretende cerrar ninguna puerta.

Como se recordará, el 13 de junio de 2012, el entonces Prefecto, el cardenal William Levada, había entregado a Fellay un preámbulo doctrinal para que lo suscribiera. El superior de los Lefebvrianos, cuatro días después, le escribió una carta al Papa Benedicto en la que le comunicaba que no le era posible suscribir aquel documento. Benedicto XVI respondió el 30 de junio, diciéndose dolido y pidiendo nuevamente a los lefebvrianos que aceptaran el «magisterio como intérprete auténtico de la tradición apostólica»; el «Concilio Vaticano II como parte integral de dicha tradición», sin eliminar la posibilidad de una legítima discusión «sobre la formulación de puntos particulares de los documentos conciliares»; y, finalmente la validez del Novus Ordo Missae, es decir el rito romano de la reforma litúrgica post-.conciliar.