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La herejía del indiferentismo en el 51º Congreso Eucarístico

Los congresos eucarísticos nacieron en la Iglesia Católica como manifestaciones públicas destinadas a fomentar entre los fieles todas las formas de adoración al Santísimo Sacramento, a vencer el respeto humano, y a proclamar solemnemente la Realeza Social de Cristo, impugnada por los partidarios del laicismo, y para recordar que la Eucaristía, al mismo tiempo que objeto de culto, es esencialmente un alimento.

Entre el 24 y 31 de enero pasado, en Cebú, Filipinas, se verificó la 51º versión de los congresos eucarísticos internacionales. Las reflexiones teológicas y pastorales preparatorias 1, además de otorgarle al mismo connotaciones ecológicas, siguiendo la moda del siglo, señalan que «en su diálogo con la realidad multi-religiosa de Asia, la Iglesia asume una actitud de profundo respeto y reverencia hacia las otras creencias y religiones, reconociendo, de algún modo, que han contribuido a acercar a Dios la humanidad».

En ese contexto, circuló junto al logotipo oficial, otro, que en un círculo (¿hostia?), sincretiza una gama de religiones y espiritualidades, colocando la Fe Católica como una más del abanico: «el cristianismo es un grandioso sincretismo».2

Lucifer quiso destronar a Dios después de haber sido creado para ser uno de los más perfectos ángeles. Fue separado de Su presencia, y desde entonces sigue maquinando para convertirse en el dios de la tierra. Ha estado buscando esta gloria desde la creación del hombre, lo sigue intentando con más intensidad en nuestra época.

El Pueblo Escogido de la Antigua Alianza, tuvo un gran problema con la idolatría, cayó en ella, y aunque se arrepentía volvía a caer una y otra vez.

«En estos últimos siglos (el enemigo) trató de realizar la disgregación intelectual, moral y social de la unidad del organismo misterioso de Cristo. Quiso la naturaleza sin la gracia; la razón sin la fe; la libertad sin la autoridad; a veces, la autoridad sin la libertad. Es un “enemigo” que se volvió cada vez más concreto, con una ausencia de escrúpulos que todavía sorprende».3

Una de esas demoníacas trampas consiste en hacernos creer que «todas las religiones son buenas». La promesa del Tentador de ser como dioses (Génesis 3, 5), se reinventa una y otra vez, en una metamorfosis de múltiples cabezas de cultos a los modernos Baal y Astarté. La Sagrada Escritura nos pone de aviso que esa forma pagana de vivir es incompatible con el Dios Verdadero (cf. Éxodo 34,13; Sirácides 48,1; 1 Reyes 18, 21), y la Carta a los Hebreos nos advierte que habrán tiempos en los que la verdadera doctrina será rechazada, despreciada, y los que la sigan perseguidos (cf. Heb 13, 9).

El indiferentismo se expresa con generalidad en las siguientes afirmaciones: «No importa qué religión tenga uno, todas tienen igual valor. Uno puede salvarse en cualquiera de ellas. Ninguna religión posee la verdad total. Lo que vale frente a Dios es la sinceridad».

El indiferentismo religioso ha sido condenado rotunda y claramente por el Magisterio de la Iglesia, como «aquella perversa teoría extendida por doquier (…) que enseña que puede conseguirse la vida eterna en cualquier religión, con tal que haya rectitud y honradez en las costumbres».4

«De esa cenagosa fuente del indiferentismo mana aquella absurda y errónea sentencia o, mejor dicho, locura, que afirma y defiende a toda costa y para todos, la libertad de conciencia. Este pestilente error se abre paso, escudado en la inmoderada libertad de opiniones que, para ruina de la sociedad religiosa y de la civil, se extiende cada día más por todas partes, llegando la impudencia de algunos a asegurar que de ella se sigue gran provecho para la causa de la religión. ¡Y qué peor muerte para el alma que la libertad del error! decía San Agustín».5

¿Todas las religiones son iguales? ¿En qué son iguales? Por supuesto que no son iguales en su origen, ni en su organización, doctrina o culto, «y si se pregunta cuál es la religión que hay que seguir entre tantas religiones opuestas entre sí, la respuesta la dan al unísono la razón y la naturaleza: la religión que Dios ha mandado, y que es fácilmente reconocible por medio de ciertas notas exteriores con las que la divina Providencia ha querido distinguirla».6

En la Iglesia Católica está la verdad completa y la gracia abundante, y por lo tanto la mayor facilidad y probabilidad de salvarse: «Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad» (1 Tim, 2, 4), luego, no es posible que existan varias religiones auténticamente reveladas por Dios, todo hombre tiene el deber de no contentarse con «algún conocimiento de la verdad», sino que ha de tratar de adquirir «el conocimiento cabal de la verdad», luego, ¿puede uno salvarse en cualquier religión? En cualquier religión sí, pero por cualquier religión no. Los miembros de una religión falsa, que viven inconscientes de su error, se salvarán a lo más por medio de los parciales elementos de verdad que habrá en aquella religión.

«Quién sin culpa, es decir, de buena fe, se hallase fuera de la Iglesia y hubiese recibido el bautismo o, a lo menos, tuviese el deseo implícito de recibirlo y buscase, además, sinceramente la verdad y cumpliese la voluntad de Dios lo mejor que pudiese, este tal, aunque separado del cuerpo de la Iglesia, estaría unido al alma de ella y, por consiguiente, en camino de salvación».7

El Papa Pío XI definió como «ignominiosa» la colocación de la religión verdadera de Jesucristo «en el mismo nivel de las falsas religiones».8

Santo Tomás en la Summa Theologiae afrontando el significado del término religio afirmó: «A la religión corresponde luego el cometido de rendir reverencia al único Dios, según la razón única, en cuanto es claramente el primer principio de la creación y del gobierno de las cosas».

El Papa Pío XI, el 6 de enero de 1928 recordaba cuál es el verdadero ecumenismo (llevar a las almas al único redil: la Iglesia católica) y condenaba el ecumenismo moderno que busca relativizar la fe católica para acercarse mejor a los hermanos separados: ―la unión de los cristianos no se puede fomentar de otro modo que procurando el retorno de los disidentes a la única y verdadera Iglesia de Cristo, de la cual un día desdichadamente se alejaron. El ejercicio de la caridad no puede hacerse callando y perjudicando la fe: ―Podrá parecer que dichos “pan-cristianos“, tan atentos a unir las iglesias, persiguen el fin nobilísimo de fomentar la caridad entre todos los cristianos. Pero, ¿cómo es posible que la caridad redunde en daño de la fe? (…) Siendo, pues, la fe íntegra y sincera, como fundamento y raíz de la caridad, necesario es que los discípulos de Cristo estén unidos principalmente con el vínculo de la unidad de fe. La verdad revelada no puede ―rendirse y entrar en transacciones‖ con el error. Tampoco se puede fomentar y presenciar reuniones y asambleas interreligiosas –―multicolores– ya que tales encuentros suponen ―la falsa opinión de los que piensan que todas las religiones son, con poca diferencia, buenas y laudables.9

«La menor atención que en ocasiones se ha prestado al culto del Santísimo Sacramento es indicio y causa del oscurecimiento del sentido cristiano del misterio, como sucede cuando en la santa misa ya no aparece como preeminente y operante Jesús, sino una comunidad atareada en muchas cosas en vez de estar recogida y de dejarse atraer a lo único necesario: su Señor (…) Si en la liturgia no destacase la figura de Cristo, que es su principio y está realmente presente para hacerla válida, ya no tendríamos la liturgia cristiana, totalmente dependiente del Señor y sostenida por su presencia creadora.

¡Qué lejos están de todo esto quienes, en nombre de la inculturación, caen en el sincretismo introduciendo en la celebración de la santa misa ritos tomados de otras religiones o particularismos culturales! (cf. Redemptionis Sacramentum, 79).»10

No se mide el valor de una religión solamente por la sinceridad de su iniciador o de sus prosélitos. Se puede ser sincero en el error, basta una información mala e insuficiente.

El Pueblo Escogido adoró becerros de oro, hoy Satanás busca desviar hacia él, la debida adoración a Dios de una forma sumamente refinada y diabólicamente manipulada, por ejemplo a través de la Teología de la Liberación, para la cual, la Eucaristía consiste en «celebrar las luchas del pueblo», también «celebrar la esperanza repartiendo luchas», «pues las luchas de hoy son señales de que el Reino está próximo», luchas para «vencer el sistema que causa la marginalización, que no permite que el pan sea repartido».

«Es anatema en estos congresos cualquier reconocimiento del hecho que la Iglesia Católica es la única religión verdadera establecida y querida por Dios, y que todas las otras religiones son falsas, sistemas hechos por el hombre, cuyos adherentes creen en falsos dioses. Como tales, estas religiones constituyen un pecado mortal objetivo contra el Primer Mandamiento: “Yo soy el Señor tu Dios, no tendrás dioses extraños ante Mi”. Los falsos dioses del Budismo, del Hinduismo y del Islam son “dioses extraños” a los que el Primer Mandamiento prohíbe a toda la humanidad rendir culto».11

El logotipo pseudo eucarístico del 51 Congreso Internacional de la Eucaristía en Filipinas es una afrenta al Santísimo Sacramento, ya que «la tolerancia igualitaria de todas las religiones es lo mismo que ateísmo».12

Germán Mazuelo-Leytón

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2 BOFF, LEONARDO, Iglesia, carisma y poder, pág. 170.

3 PIO XII, 12-10-1952.

4 GREGORIO XVI, Encíclica Mirari Vos, nº 9.

5 Ibíd., nº 10.

6 PAPA LEÓN XIII, Encíclica Libertas praestantissimum, nº 15.

7 SAN PÍO X, Catecismo Mayor, nº 172.

8 PÍO XI, Encíclica Quas Primas.

9 PÍO XI, Encíclica Mortalium Animos.

10 BENEDICTO XVI, A los obispos de la región Norte 2 de la Conferencia episcopal de Brasil, 15-04-2010.

11 VENNARI, JOHN, ¿Fátima se convierte en Santuario Interreligioso?

12 LEÓN XIII, Encíclica Immortale Dei.




Germán Mazuelo-Leytón
Germán Mazuelo-Leytón
Es conocido por su defensa enérgica de los valores católicos e incansable actividad de servicio. Ha sido desde los 9 años miembro de la Legión de María, movimiento que en 1981 lo nombró «Extensionista» en Bolivia, y posteriormente «Enviado» a Chile. Ha sido también catequista de Comunión y Confirmación y profesor de Religión y Moral. Desde 1994 es Pionero de Abstinencia Total, Director Nacional en Bolivia de esa asociación eclesial, actualmente delegado de Central y Sud América ante el Consejo Central Pionero. Difunde la consagración a Jesús por las manos de María de Montfort, y otros apostolados afines

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