Quotidie morior

“todos los días muero un poco” (San Pablo)

 Desde niña, recuerdo que mi madre me llevaba con ella, cuando fallecía algún familiar o conocido, a dar el pésame en nombre de nuestra familia. Es infrecuente que esto suceda actualmente, apenas se ven niños en los velatorios. Si nos descuidamos, pronto ni siquiera se verán adultos, ya que es una realidad de la que queremos escapar. La única cosa que sabemos a ciencia cierta que va a suceder en nuestra vida, es eso, la muerte y nos pasamos nuestros días evitando cualquier cosa, conversación o acontecimiento que nos lo recuerde. El otro día en casa de una amiga, me llamó la atención la película que estaban viendo a las dos de la tarde sus hijos, no recuerdo el título, pero si me impresionó la crueldad de los hechos. Por lo visto es una serie que transcurre en un hospital. Sin entrar en más detalle, me pregunto como a un padre le puede parecer normal que su hijo vea estas películas y sin embargo, le parezca poco apropiado que esté en un Tanatorio. ¡Peculiaridades del ser humano! Es decir, puedes ver como degollan, violan o torturan a un ser humano, pero no puedes acompañar a una familia en la pérdida de un ser querido. Y es que una caja fúnebre tiene más carga emocional, que esas sádicas películas, por lo visto y los niños se pueden traumatizar. ¡Qué se lo digan a las mamás de antes, qué te ponían en seguida en circulación!

El groso de mi trabajo son funerales, así que mi vida transcurre en aras a la normalidad, a la muerte. Esto, entre otras cosas, además de permitirme hacer una continua oración por las Benditas Almas del Purgatorio, a veces, tan olvidadas, me posibilita el poder escuchar distintas conversaciones sobre cual puede ser, la mejor manera de morir. La gente no se para tanto a pensar en el dolor de la familia o en rezar por el difunto, NO, lo interesante es dilucidar si el finado, sufrió o no en el momento de abandonar este mundo y si fue mejor así o como le pasó al vecino del quinto, que estuvo cinco días en agonía. ¡Qué mediocre es nuestra vida de Católicos!…¿La mejor manera de morir?…Sin lugar a dudas: EN GRACIA DE DIOS.

Es curioso como planificamos un viaje, con que cuidado preparamos las maletas para no sobrecargarlas. Escogemos cada traje pensando en los eventos a los que vamos a acudir, si vamos a estar todo el día en la playa, si ahorramos más yendo por autopista o por carretera, etc. y el gran viaje de nuestra vida, nos coge siempre, o casi siempre, por sorpresa. Me comentaba, muy acertadamente, un amigo Sacerdote, que el Viático, puede ser la Comunión de ese día en la Santa Misa. Quería decir, que no siempre da tiempo a llamar al cura, a Confesarse a Comulgar y después a expirar. Eso, sucede pocas veces, sobre todo hoy en día, que aunque uno fallezca en la cama y por una larga enfermedad, se llama al Sacerdote, cuando ya estás prácticamente muerto, o incluso muerto total y ya no puedes recibir ningún Sacramento. ¿No deberíamos preparar nuestra alma a diario, al igual que cuidamos nuestro cuerpo todos los días? ¿Quién no come, quién no se ducha? Entonces, ¿Por qué no acudimos a los Sacramentos frecuentemente? ¿Es más importante el cuerpo que el alma? Quizás cuando queramos responder a esta pregunta, ya sea tarde para retroceder.

Hace unos años, se comentaba en tono jocoso, cuántas personas se morían en los viajes del Inserso (viajes para la tercera edad), se rumoreaba que era por la cantidad de actividades extra a las que se les sometía: baile, playa, excursiones sin fin… Si lo pensamos, tampoco es nada extraño que el corazón de una persona reviente ante tanta diversión ficticia, sobre todo, a determinadas edades, no vamos a vivir eternamente y aunque hoy, no es infrecuente que cuando alguien se muere con 80 años, se escuche que era joven, atendiendo a la realidad, esa, empieza a ser una edad óptima para tener en cuenta que la muerte puede estar más próxima que lejana. No sería una mala propuesta, antes de todo este despendole, pasar por el Confesionario. Sin embargo, menos Sacramentos, entra de todo en la planificación de nuestra agenda y es que me decía un día una señora, “para lo que queda, hay que disfrutar, a vivir que son dos días, menos beaterías y más algarabías”… ¡Católicos Firmes en su Fe! A preparar el bañador y el daikiri y con la maleta…AL PARAÍSO…pero no al celestial, a ese, como decía el canto “que te lleven los ángeles”.

¡La mejor manera de morir!…”Luis estuvo diez días en agonía, eso si que fue tremendo”

¡La mejor manera de morir!…”María, tuvo un accidente de tráfico y afortunadamente murió en el acto”

¡La mejor manera de morir!…”Le dio un infarto fulminante, fue mejor así, para el y para la familia”

¡La mejor manera de morir!…”Estuvo un año con un tratamiento horrible, para total, al final, morir”

Y así podríamos seguir con la larga lista de conjeturas humanas. Permítanme que lo repita, la mejor manera de morir; EN GRACIA DE DIOS.

Recuerdo la visita a un amigo que se encontraba ingresado en un hospital, cuando llegué allí, me pidió que me sentara y me dijo “me estoy muriendo, me quedan dos o tres meses de vida y estoy ultimando todo, ya he hablado con los Sacerdotes y me gustaría que preparáramos tú yo juntos, los cantos del funeral”. Sin duda, un zarpazo te da en el corazón, hasta Nuestro Señor lloró por Lázaro, es humano el dolor ante una pérdida inminente, pero afrontado el momento inicial de sufrimiento, para mi, fue una gran catequesis en mi vida de cómo debemos prepararnos para bien morir. Qué contraposición con lo que se escucha tantas veces, “si supiera cuanto me queda de vida, me iba de crucero”.

¿Y qué quiere decir morir en Gracia de Dios? Morir en Gracia de Dios, es vivir en Gracia de Dios. Sacramentos y oración, es la fórmula para que cuando llegue nuestro momento, independientemente de que sea de repente o con previo aviso, nos coja preparados, bien dispuestos. Si lo pensamos con calma, en esta empresa, siempre es con pre aviso, lo sabemos en el mismo momento de nuestro nacimiento, que después nos hagamos los despistados, es punto y aparte.

La verdad, es que estamos tan instalados en este mundo de falsos placeres, que nadie quiere marchar, aquello de Santa Teresa de “vivo sin vivir en mí y tan alta vida espero”, ha pasado a ser mera literatura, es difícil encontrar a alguien con tan altas expectativas. De hecho, en los funerales de exequias, ¿De qué se habla en las homilías? De lo bueno que fue fulano y de que ya está en el cielo, con lo cual, ¿Para que perder el tiempo todos los días en prepararte? Independientemente de que uno fuera Católico o ateo, el cielo es un lugar con jornadas de puertas abiertas.

Nada que nos hable de la muerte y de la posibilidad de condenarnos…El Sacerdote que predique “que todos somos Santos por el mero hecho de nacer”, el Tanatorio que nos quite al difunto cuanto antes de la vista y que lo esparza por donde quiera y a vivir que son dos días y ojala el tercero, nos coja EN GRACIA DE DIOS, que es la mejor manera de morir, ¿No creen Vds.?

“Pero, la muerte, vendrá, sin falta, en el momento que Dios nuestro Señor ha fijado para nosotros desde toda la eternidad: tanto si pensamos en ella como si dejamos de pensar. Y como resulta que ese momento es el más importante de nuestra existencia, porque es el momento decisivo del que depende nada menos que nuestra eternidad, vale la pena dejar a un lado sentimentalismos absurdos y plantearse con seriedad este tremendo problema de la transición al más allá” (Royo Marín)

Sonia Vázquez