La Misa es lo que importa. Un estudio sobre la resistencia fiel

Unos años atrás escuché una historia extraordinaria de un amigo que vivió durante un tiempo en el extremo norte del país, en un remoto y hermoso valle en el medio de los Alpes, el Valle de Ossola. En síntesis, al publicarse Summorum Pontificum, tres sacerdotes dijeron a su Obispo un día que no continuarían celebrando la misa según el nuevo rito  y adoptaron la misa tridentina. Y a pesar de una enorme presión y meses de lucha, no volvieron a hacerlo.

Hasta ahora la historia tuvo un final feliz; los sacerdotes continúan celebrando exclusivamente la misa tridentina predicando y enseñando la santa y antigua fe mientras conservan el respeto en su diócesis, incluso avanzado el período Bergogliano.

No sé si ha ocurrido en otro lado, pero de ser así no lo he oído. Los sacerdotes simplemente se negaron, hicieron paro, según dijeron los periódicos. Dijeron que jamás celebrarían la nueva misa de Pablo VI, y desde entonces han predicando abierta y fuertemente contra el nuevo paradigma del Vaticano Segundo, sin que nadie los detenga. ¿Su poder? ¿Acaso saben dónde han enterrado los cuerpos? ¿Tienen fotos incriminatorias? No. Simplemente se negaron a ceder y, de igual manera, se negaron a renunciar. Frente a su tranquila, plácida, pero inflexible posición, ninguno en su diócesis –hombres todos de la nueva Iglesia Novus Ordo – supo qué hacer con ellos salvo dejarlos seguir.

Ha habido altibajos, idas y vueltas, y no menos importante, un nuevo Papa con la manía de aplastar a la resistencia. Pero a pesar de todo, han continuado hacia adelante serenamente. Considero que la historia es fascinante porque es un testimonio del increíble poder del sacramento del orden sagrado, cuando esta gracia es abrazada por completo y sin temor. Seguramente ha habido una batalla, pero ninguno se rebajó a gritos vulgares, acusaciones a la prensa o, peor aún, casos judiciales. Simplemente anunciaron que, en el marco de sus derechos como sacerdotes, celebrarían únicamente la misa de todos los tiempos, y eso fue todo.

Vale la pena contar la historia ahora porque en las últimas semanas han soportado – y aparentemente triunfado – sobre otro ataque. Entonces, para demostrar lo que los hombres pueden hacer cuando actúan de pura caridad y con el poder de la gracia de su estado de vida…

Érase una vez, en las alturas de los bellísimos Alpes italianos, tres buenos sacerdotes llamados Don Alberto Secci, Don Stefano Coggiola y Don Marco Pizzocchi, quienes querían servir a Dios y a su rebaño con paz y felicidad dentro de sus parroquias. Pero una oscuridad se extendía a través de la Iglesia y del mundo, y estos tres sacerdotes sabían que debían responder.

Después de muchos años, cada uno se había dado cuenta que el nuevo rito de la misa y los sacramentos, instaurados en la Iglesia hacía varias décadas, no eran buenos. Llegaron a la conclusión, tras muchos años de observación experimental, que era una “fabricación, un producto impulsivo y banal”, según la conocida frase de otro sacerdote, y vieron que no generaba el efecto prometido. En síntesis, no se estaban llenando los bancos, los conventos, ni los seminarios; no convertía a nadie en santo, y definitivamente no promovía la conversión de los protestantes a la fe (de hecho, bastante escasa en ese sector) o de los comunistas (tal vez representada en mayor número).

Pero tuvieron el mismo problema de todos los buenos sacerdotes de nuestro tiempo; el Vetus Ordo fue efectivamente, si no explícitamente, prohibido. Los humildes sacerdotes parroquiales, dependientes de la buena fe de sus obispos y de los sacerdotes nacidos en la posguerra, no podían resolver el problema por su cuenta. Y el clero más anciano, los del Vaticano II, cuyo odio hacia los ritos tradicionales solo se igualaba con su costumbre de tomar represalias vengativas, eran con frecuencia sus obispos. ¿Qué hacer cuando aquello que definía su ministerio, la misa, parecía ser lo que minaba la fe de su rebaño, y volver al antiguo rito resultaría sin duda en una suspensión o algo peor?

Una nación y un mundo gimiendo en agonía por la falta de fe

Fuente: ISTAT. Las cosas se ven lúgubres en el norte de Italia.

Como sacerdotes de la diócesis de Novara, en las alturas de la provincia montañosa de Verbano-Cusio-Ossola, cercana a la frontera con Suiza, solo podrían observar con impotencia mientras la Iglesia palidecía: congregaciones achicándose y envejeciendo, menor cantidad de bodas e incluso de bautismos, y más y más funerales.

Mapa de las tasas de suicidio en Italia por millón de habitantes, del artículo, “Prevención del Suicidio: una larga tradición italiana: hacia un entendimiento de la mente suicida,” M. Pompili. Departamento de Neurociencias, Salud Mental y Funciones Sensoriales, Centro de Prevención del Suicidio del Hospital Sant’Andrea, Universidad de Sapienza, Roma. La provincia de Verbano-Cusio-Ossola está marcada arriba con un círculo.

Es más, mientras la situación general de Italia descendía hacia el abismo demográfico, en el norte rico e industrializado era aún peor el insidioso malestar de la desesperanza. Las tasas de suicidio, aborto y divorcio eran mucho más altas que el promedio italiano. El número de doctores dispuestos a realizar abortos era más alto en el norte, así como también el apoyo político para la eutanasia legalizada. En resumen, el culto a la muerte del mundo secular moderno globalista era más alto en la región donde servían estos sacerdotes, y la Iglesia del nuevo paradigma del Vaticano Segundo no podía detenerlo, o en definitiva se había vuelto reticente a intentarlo.

Don Alberto Secci celebrando la misa tridentina

2007, comienza la batalla: Summorum Pontificum

Pero algo iba a ocurrir en Roma que iba a cambiar la situación de estos tres, y potencialmente de todos los sacerdotes del mundo. En julio de 2007, el Papa emitió un decreto personal por el cual el antiguo rito quedaba liberado del mito de haber sido suprimido o prohibido en la década de 1960, y los sacerdotes podían celebrarlo, sobre todo, sin necesidad de pedir permiso a sus obispos.

Regocijándose ante este inesperado signo de esperanza, en septiembre de dicho año los sacerdotes informaron a su Obispo, Renato Corti, que no volverían a celebrar la misa de Pablo VI – jamás, en ningún lado, y por la razón que fuese – nuevamente, de acuerdo a lo escrito en la nueva ley. Había un solo problema; los obispos en general, especialmente en Italia y a lo largo de Europa, estaban profundamente comprometidos con la revolución postconciliar y se iban a rehusar a obedecer la ley. Los tres sacerdotes de Novara se encontraron de pronto en colisión con todo el peso de la revolución. Y lo peor era que, por el interés de la prensa, todos los ojos de Roma y del resto del episcopado de Italia se posaron sobre la diócesis de Novara. Su situación se había vuelto un foco de tensión y de prueba.

No obstante, con santa confianza (y sin duda cierta turbación natural) comenzaron a celebrar exclusivamente la misa tridentina en sus parroquias. Lo que no podían haber sabido era lo larga que iba a ser la guerra, y cuánto de sus vidas iba a estar dedicado a la restauración de la tradición en la Iglesia.

Tan inusitada era esta relativamente joven “rebelión” en favor de la tradición dentro de la Iglesia italiana, que la prensa expresó con total asombro: “La diócesis de Novara tiene un récord en relación a las diócesis italianas; es la única en la cual tres sacerdotes parroquiales (todos menores de 45 años) han decidido celebrar únicamente la misa según el rito tridentino.” El periódico local, Tribuna Novarese, citó a un sacerdote “mayor” quien expresó un total desconcierto: “Estaba perplejo ante esta elección… [diciendo] que fue tomada por sacerdotes jóvenes que jamás habían celebrado la misa según ese rito y que, tal vez, ni siquiera la recuerdan. ‘Si hubiese sido alguno de mi edad lo habría comprendido, pero ninguno de nosotros ha tenido jamás la idea de retornar a esa celebración.’”

Crecimiento evidente no solo de la asistencia a misa, sino de la vida cultural católica en el área. Procesión por la fiesta de San Rocco, patrono del pueblo.

El imperio intenta contraatacar. Fracasa.

No mucho tiempo después, y in duda bajo la presión de sus hermanos obispos, el obispo Corti informó a los tres rebeldes que debían continuar celebrando la misa Novus Ordo o ser relevados de sus parroquias. En una carta de noviembre 2007, Corti escribió que el Vetus Ordo podía ser celebrado si era solicitado por los fieles, pero este “no debía reemplazar las misas en la ‘forma ordinaria,’ destinadas a toda la comunidad parroquial. Por lo tanto, de parte de los sacerdotes parroquiales, la ‘forma ordinaria’ de la celebración eucarística debía estar garantizada, especialmente en días de fiesta y domingo.”

Sin embargo, los tres sacerdotes permanecieron inflexibles: “Comunicamos a nuestro Obispo que no celebraríamos la misa de Pablo VI,” dijeron a la prensa. El domingo posterior a la publicación de la carta, el vicario zonal de la diócesis fue enviado a una de las parroquias y descubrió que los fieles, que normalmente llenaban la Iglesia, habían levantado campamento. La Stampa reportó que el sacerdote de reemplazo “solo encontró a tres mujeres dentro de la Iglesia.” (Según se dice, las tres mujeres aprovecharon la oportunidad para reprender al pobre hombre sobre la falta de interés episcopal en los remotos rincones del norte de la diócesis.)

Don Alberto Secci dijo a Tribuna Novarese, “No estamos jugando, dado que somos sacerdotes parroquiales responsables que no desean escandalizar a los fieles. Nos hemos suspendido a nosotros mismos en forma prudencial para la celebración de la misa festiva [domingo]. Obviamente, todos celebramos la misa diaria, pero no queremos utilizar el misal de Pablo VI.”

“Sabemos que el Obispo recibe mucha presión, así como también sabemos que hay un documento en el episcopado piamontés que dice que los sacerdotes que celebran la misa de San Pío V están sobrepasados en número.”

Don Marco Pizzocchi dijo, “Sé que el Obispo tiene en su escritorio la firma de 130 personas que han pedido la misa en el antiguo rito. A esta altura uno incluso podría pensar en abrir una iglesia para la adoración tridentina, pero no creo que sea posible.”

En diciembre 2007, la oficina de comunicación social de la diócesis pidió a los sacerdotes en una carta que “no reemplacen las misas en la forma ordinaria (en italiano) destinadas a toda la comunidad parroquial. La forma ordinaria debe estar garantizada, especialmente en días de fiesta y domingos.” Los tres sacerdotes se plantaron, respondiendo “No somos sacerdotes de rocola, que hoy dicen la misa de una manera y mañana de otra.”

En febrero de 2008, el Obispo visitó las parroquias y dijo a los feligreses que la celebración ordinaria de la misa requiere del rito en italiano. Estas reuniones generaron tensiones, con una en la parroquia de Nibbiola, según reportó La Stampa, que terminó “con un signo de resistencia” cuando un grupo de fieles abandonó la Iglesia en forma de protesta.

En marzo de 2008, la diócesis lo intentó nuevamente, diciendo que los tres sacerdotes debían rendirse o serían “invitados” a abandonar sus parroquias “voluntariamente”. Esto resultó en protestas por parte de los fieles, quienes lanzaron una campaña escribiendo cartas al cardenal Castrillón Hoyos y una petición de 600 firmas (impactante para una pequeña y remota diócesis provincial de la montaña), así como también más atención de la prensa. Mientras continuaba el “diálogo”, la diócesis envió sacerdotes a decir la misa Novus Ordo en las cuatro parroquias, pero según reportó La Stampa, fueron recibidos como “rompehuelgas” por parte de los feligreses. Tras ser desplazados de las misas de domingo, los sacerdotes continuaron con la misa tridentina en semana.

Los feligreses escribieron a los oficiales diocesanos acusándolos de generar una “irritante campaña difamatoria” contra los tres sacerdotes. “Esta es la Iglesia moderna… Es la Iglesia de los sillones, las oficinas, los números, los sacerdotes burocráticos que confunden el Evangelio con el libro contable. La Iglesia se esconde detrás de la palabra cambio, pero no lo desea porque no le trae ganancias.”

A comienzos de junio golpeó el hacha diocesana: los sacerdotes iban a ser removidos de sus parroquias y de sus clases de religión en las escuelas secundarias. Las noticias no fueron bien recibidas, e incluso generaron protestas por parte de los alcaldes. El consejo municipal del pueblo de Vocogno, donde Don Alberto había sido párroco de Santa María Maggiore, escribió a la diócesis quejándose de la inestabilidad creada por el cierre constante de la Iglesia parroquial, diciendo que castigaba a los fieles, incluyendo a los niños que esperaban recibir la confirmación y la comunión. Dijeron que el Obispo nunca les contestó.

Parroquia de Santa Catalina, Vocogno di Craveggia

2008: compromiso y paz, por un rato

Pero las protestas nunca cesaron, y los sacerdotes nunca desistieron en su decisión de no realizar jamás el nuevo rito. Entonces se convirtió en el juego de quién cederá primero.  Los sacerdotes estaban bajo presión, pero también lo estaba el Obispo. El Obispo de una diócesis que había pasado de 610 sacerdotes con 419.500 fieles en 1950 a 388 sacerdotes – muchos ancianos – con 545.000 fieles en 2004, no puede darse el lujo de dejar ir a tres jóvenes capaces y dispuestos a servir. Frente a los feligreses enfurecidos y el motu proprio del Papa, se llegó a un acuerdo.

Don Alberto Secci fue nombrado administrador de la Iglesia de Santa Catalina de Vocogno, una iglesia parroquial. No es el sacerdote parroquial oficial, sino que se hizo de facto. Don Stefano Coggiola obtuvo el permiso para dar misa en la Iglesia Madonna del Buon Consiglio en Crevoladossola. Fue posteriormente movido a la capilla del Hospital de San Biagio en la vecina Domodossola.1

Y hasta este mes, la situación permaneció estable. Los dos sacerdotes continuaron celebrando solo la misa tridentina a una congregación en crecimiento. En 2011 establecieron una peregrinación anual a la Basílica de San Sebastiano de Biella, un evento dedicado a la oración para la restauración de la Iglesia. Crearon un sitio en internet que tiene vínculos a su canal de YouTube donde se publican las misas grabadas y homilías.

En el transcurso de los años, tanto Don Alberto como Don Stefano compraron una propiedad en Vocogno, en donde viven. Continuaron celebrando la misa diaria y enseñando religión en la escuela local de Domodossola. Este acuerdo con el Obispo continuó con el nuevo Obispo, Franco Giulio Brambilla, instalado para reemplazar a Corti in 2012. El fenómeno de los sacerdotes diocesanos diciendo únicamente misa tridentina siguió siendo tolerado, tal vez porque los sacerdotes estaban en la cima de los Alpes, lejos del candelero en el extremo norte de la diócesis, y tal vez porque la cancillería había aprendido que era más problemático intentar detenerlos.

El obispo Brambilla de Novara celebrando la misa Novus Ordo en YouTube, en italiano, con otro sacerdote concelebrando.

El Imperio lo vuelve a intentar.

«Ya hemos defendido la fe y a nuestros párrocos antes, y no dudaríamos en hacerlo nuevamente,” dijeron los feligreses en una carta enviada al periódico local en noviembre de este año, luego que la diócesis anunciara que la misa tridentina dejaría de celebrarse en Vocogno y en la capilla del hospital de San Biagio. “La mayor amargura es tener que hacerlo contra aquellos que debieran guiarnos.”

El 1 de noviembre de 2022, la diócesis de Novara, tras catorce años en paz, tiró otra bomba: a partir del primer domingo de Adviento, 27 de noviembre de 2022, “el grupo del hospital de Domodossola se unirá al grupo de la Iglesia de Vocogno”. Este grupo fusionado sería movido al santuario de un pueblo aún más pequeño y remoto llamado Re.

Es más, probablemente bajo la presión de Roma, el Obispo anunció que ningún sacerdote tendría permitido celebrar la misa tridentina en la diócesis de Novara hasta haber declarado su apoyo al Novus Ordo:

"El Obispo otorgará la facultad de celebrarla solo a los presbíteros ((art. 5 of Traditionis custodes) que hayan reconocido explícitamente la validez, legitimidad y fecundidad del rito celebrado con el Missale Romanum, Editio Typica Tertia de 2002, y prometa asegurarse que los fieles participen en el rito celebrado de según el Missale Romanum (1962) no con un espíritu alternativo a la forma actual de la misa romana".

Validez, tal vez. ¿Pero “fecundidad”? ¿Cuál es el término en italiano para “ni en sus sueños”? El Obispo propuso enviar a tal sacerdote a celebrar la misa en latín en la nueva ubicación. “En la parroquia de Vocogno, la misa dominical se reactivará en italiano.”

Castigados por ser muy católicos

La página tradicionalista UnaVox comentó, “En Vocogno no hay un ‘grupo,’ es toda la comunidad parroquial la que asiste a la misa tridentina y disfruta de los sacramentos según el rito tradicional. Sin mencionar que en verano muchos de los fieles que van allí de vacaciones se unen a los fieles; y sin mencionar el hecho de que muchos fieles de la provincia de Verbano-Cusio-Ossola y provincias vecinas van a Vocogno y Domodossola. Y esto es así porque muchos fieles eligen deliberadamente seguir la liturgia tradicional en lugar de la moderna.”

Lo cual parece ser el foco de la objeción de la diócesis. Quizás sea el entusiasmo por la fe de los fieles que asisten a esas misas, en gran contraste con la condición agonizante de los demás lugares, aquello que ha encendido el fuego. No pueden tolerar que estas dos situaciones tan distintas insinúan que de hecho existen en la práctica dos religiones completamente diferentes en la diócesis de Novara, y que solo una de ellas tiene un éxito rotundo.

“El Obispo habla deliberada y ambiguamente de un ‘grupo’ en Vocogno para ocultar el hecho, evidente desde hace años, de que miles de fieles quieren permanecer unidos a la liturgia tradicional,” continuó Unavox.

Es tal vez comprensible que, habiendo visitado escasas veces en el lugar, el Obispo Brambilla no estuviera preparado para la respuesta. Su oficina se vio inundada por cartas y correos electrónicos, de los cuales una selección fue publicada por el periodista católico Aldo Maria Valli.

Laura, de 40 años de edad, “felizmente casada y madre de seis niños y con otro en camino” le dijo a su Obispo2, “Su decisión me entristece, y hemos estado todos rezando desde hace tiempo en familia para que cambie de parecer lo antes posible.»

“Después de tantos años de asistir a misa los domingos y días de semana, con la sensación de estar exiliada en mi propia parroquia y también en otras porque sentía estar participando de un gran espectáculo donde reinaban por sobre todo el ruido, la confusión y la prisa…”

Tras encontrar la parroquia de Vocogno, “nos sentimos inmediatamente como en casa. Laura escribe, “Finalmente una liturgia silenciosa que nos ayuda a rememorar… un orden y un decoro que nos conducen directamente a lo sagrado y sobrenatural.” Sacerdotes “que oran en la Iglesia” y hacen una genuflexión frente el sagrario, que predican la doctrina católica “sin miedo de nombrar a Jesucristo y a los santos, que todavía hablan de eternidad, de la salvación de las almas, de la muerte, el infierno y el cielo, y los mandamientos.” Y que están “siempre disponibles para la confesión, antes y después de misa, en el confesionario y sin turno previo.”

“En resumen, todo lo que hoy escasea: el sacerdote que es sacerdote, una santa misa celebrada con todo lo necesario, simple, silenciosa sin necesidad de alboroto, lo que mi corazón había estado buscando por años.”

Una portavoz del grupo del hospital, Silvana Pirazzi, dijo a Ossola News, “con este rito hemos aumentado nuestra fe; sin él, muchos de nosotros podría arriesgarse a volver a la indiferencia.”

La misa tridentina diaria, escribió al Obispo, le había “permitido a nuestra pequeña comunidad de fieles crecer en número y en gracia, acercando a muchos que estábamos lejos de Cristo. Nuestra preocupación es tangible y crece día a día…ahora corremos el riesgo de perder el cuidado pastoral, con la ausencia de nuestros dos sacerdotes, es evidente  que nuestra preocupación es considerable.”

Un feligrés contó a Valli que había escrito al Obispo para informarle sobre la “comunidad global” que la parroquia había atraído a través de su canal de YouTube. Los videos de 12 minutos con las homilías de Don Alberto reciben entre 2000 y 4000 visualizaciones cada una: “desde todas partes del globo nosotros también somos una parte activa, en comunión de oración con la comunidad piamontesa.”

Una semana antes de la fecha límite, Giovanni, de 30 años – quien a los seis años comenzó como monaguillo en la parroquia – escribió a Aldo Maria Valli, “A partir del próximo domingo la parroquia permanecerá abierta, pero vacía. Los fieles no tendrán permiso para entrar: serán arrojados a la calle; incluyendo muchos niños, ancianos y embarazadas, quienes estoy seguro continuarán siendo fieles al lugar. Y ahora, el invierno ha llegado con inclemencia en las montañas del Piamonte.”

Giovanni dijo que los feligreses no tardaron en observar que fue su adhesión a la antigua religión, no solo la antigua misa, lo que atraía la persecución de Roma a través del Obispo.

“¿Qué nos falta para ser considerados católicos con pleno derecho como los demás? No lo sé… ¿Entonces, tal vez nos hemos vuelto incómodos precisamente porque somos católicos?” Giovanni señala que aún después de todos estos años, incluso siendo profesor en Milán, conduce alegremente los 280 kilómetros hasta Vocogno para asistir a la misa cada domingo.

Agrega, “hemos inundado la diócesis con cartas para llamar la atención del Obispo: nadie ha respondido. Nadie. Fuimos personalmente a la curia para pedir explicaciones por su decisión: fuimos arrastrados literalmente hasta la puerta.”

El imperio se rinde. Otra vez.

El 23 de noviembre, Aldo Maria Valli anunció que el Obispo “había desandado sus pasos”. La diócesis publicó un comunicado de prensa diciendo simplemente, “Estas son las Iglesias donde la celebración eucarística se realizará según el misal romano promulgado por San Juan XXIII en 1962 y los sacerdotes que presidirán esas misas”.

“En Ossola, en la Iglesia de Santa Catalina de Vocogno en lugar del santuario de Re, como se comunicó inicialmente.”

Un nuevo “administrador parroquial” ha sido designado para Vocogno, quien “ha manifestado su voluntad de recibir en la Iglesia de Santa Catalina a los grupos de fieles que celebraban en Ossola según el misal de 1962…También se asegurará de la celebración eucarística festiva [domingo] para la comunidad parroquial según el misal romano de Pablo VI.” El Obispo luego nombró tanto a Don Alberto Secci como a Don Stefano Coggiola entre aquellos con autorización para celebrar misa según el antiguo rito.

La diócesis no incluyó información sobre la misa diaria en la capilla del hospital de Domodossola, pero la aplicación con los horarios de las misas DinDonDon todavía muestra las misas diarias en “Forma Straordinaria”.

Sin duda, no será la última vez que la máquina Bergogliana se mueva contra esta pequeña isla alpina de la antigua fe. Claramente, el obispo Brambilla se inclina bajo presión, y el ojo de Roma, que no duerme, se posará ahora en la diócesis. Pero la historia sin duda muestra el poder de mantener la antigua fe católica, pase lo que pase y negándose a ceder. Los dos sacerdotes han previsto ataques a futuro. Fuentes internas me aseguraron que no van a echarse atrás, sabiendo aparentemente mejor que sus Obispos lo que está en juego.

Por sobre todo, esta historia puede mostrar a otros lo que puede hacerse simplemente por no entregarse, no inmutarse. No requiere de canonistas o intervenciones; solo de un sacerdote con agallas.

Un bloguero católico italiano describió su experiencia en el pueblo de Vocogno diciendo, “¿Tal vez alguno lo considere una cosa imposible, anacrónica, visionaria y exaltada, una opción para las cultas elites adineradas con, como mínimo, un clásico título de escuela secundaria?

Todo lo que tiene que hacer es pasar un domingo en este pequeño pueblo común. Aquí, gracias a la conciencia decidida y valiente de un párroco verdaderamente contracorriente, atento a los signos de los tiempos, en cercana colaboración con el igualmente resuelto capellán del hospital de Domodossola, cualquier católico, joven o viejo, puede beber con simplicidad cada día de la saludable fuente de la liturgia y la doctrina de todos los tiempos.
Una isla geográfica, pero también histórica, que parece estar inmersa en otros tiempos en que las Iglesias se llenaban y la devoción se aprendía desde temprana edad.

1 Don Marco Pizzocchi es el único de los tres que se mantuvo de “forma independiente”. Se unió al grupo de sedeprivacionismo, el Instituto Mater Boni Consilii y luego declaró la postura de sede vacante, negando la legitimidad de todos los Papas posteriores a Pío XII. El Obispo actual de Novara, Franco Giulio Brambilla, ha publicado un decreto formal de excomunión.

2 La carta era demasiado larga como para reproducirla en su totalidad, pero vale la pena leerla. Abrirla en el buscador de Chrome para una traducción automática.

Traducido por Marilina Manteiga. Fuente: https://remnantnewspaper.com/web/index.php/articles/item/6312-it-s-the-mass-that-matters-a-study-in-faithful-resistance

Hilary White
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