Se preguntaran amigos míos ¿cuál es la perla que he encontrado, será, por así decirlo, la perla que nuestro Señor Jesús hace mención en los santos Evangelios para ponerla como ejemplo al comparar el Reino de los Cielos? Pues bien esto y mucho más es lo que el Señor en su inmensa Misericordia me ha mostrado un tiempo después de mi conversión espiritual. Podría revelar muchísimas cosas que he recibido de nuestro Divino Maestro, sin embargo hoy sólo deseo traerles un hermoso testimonio basado en acontecimientos reales, con personajes tan vividos como son los personajes de mi propia familia.

Formación cristiana en la liturgia reformada. Tibieza

Nací en una época donde ya la nueva misa había sido implementada, por tanto recibí todos los sacramentos en la misma, mi formación cristiana. Después, mi bautismo fue dentro de la nueva misa o Novus ordo Missae, siendo tan pequeña era imposible para mí tomar decisiones como la mayoría de los niños pequeños que son formados en las familias cristianas católicas. Mis padres eran católicos practicantes, especialmente mi madre que con sus profundas raíces católicas me guió en mi espiritualidad desde que tenía uso de razón, mi abuela a la que recuerdo con tanto cariño, que me infundio un tremendo amor y respeto hacia nuestra fe católica, especialmente al rezo del santo Rosario. A reconocer siempre que faltar a la Santa Misa los días Domingos era pecado mortal y, por no ir demasiado lejos, a considerar cada dogma que nuestra Madre Iglesia nos ha enseñado desde siempre.

Recuerdo que siempre que asistíamos a la Santa Misa, como días de precepto, fiestas de guardar y demás, el ruido que yo experimentaba era perturbador. Recuerdo, en mis años de juventud, que eso me hacía sentir un malestar muy grande, sin embargo no lograba comprender por qué. Como comprenderán fui formada de esta manera desde mi niñez, mi juventud, y luego en mi vida de adulta, incluso mis hijos fueron formados de acuerdo a las mismas celebraciones litúrgicas. Creía que todo estaba bien y que no pasaba nada, que quizá era mi propio yo que estaba cayendo en una exagerada forma de querer ver que los demás se comportaran dentro del templo como debían de comportarse, y con esto pensaba que estaba cayendo en un grave pecado de soberbia. Soberbia, porque consideraba que estaba mal que las personas se comportaran como si nada estuviera pasando en el templo, y como si no fuera nada lo que estaba ocurriendo en la Santa Misa.

Para ser honesta, fui arrastrada durante muchos años a caer en una profunda tibieza por no saber exactamente lo que estaba ocurriendo en el Santo Sacrificio, por no saber que era Cristo mismo que se hacía sacrificio en el altar de una manera viva y real, por no saber que éramos todos trasladados al Calvario junto a Jesús en su Pasión y junto a su Santísima Madre, de igual manera, junto con los Ángeles y todo el Cielo mismo. Como comprenderán, ese Misterio aún no se me había revelado, y así transcurrieron muchos años.

La perla preciosa. La Santa Misa Tradicional

Serian incontables los acontecimientos y detalles que me llevaron a mi conversión personal, de los que ya en mi artículo anterior les he dado pleno testimonio; sin embargo, Dios, por medio de su Gracia, de su Amor infinito y de su inmensa Misericordia, me ha concedido el regalo del que comencé hablando en este escrito, de la preciosa Perla que Él me ha concedido, la tercera gracia después de mi bautismo y conversión.

La Perla más preciada la que no cambiaría por nada del mundo, la que estoy dispuesta a defender por encima de todo, la Perla uno de mis grandes tesoros que me ha sido concedido, después del regalo de la Redención en nuestro Señor, la Perla de la Santa Misa Tradicional.

La Misa moderna se convirtió en un momento doloroso

Después de mi conversión asistía a la Santa Misa con mucho más amor que antes, con mucha más entrega, donde he recibido del Señor gracias incalculables, no por ser buena o porque me lo merezco, sino porque Dios es Bueno y porque nos ama tanto que sólo quiere llenarnos de su Amor. Porque un día fijo su mirada en mi y posó en mi alma su amor compasivo, sin embargo había algo que aún me hacía sentir que Dios no era amado, que Jesús es maltratado y continua siéndolo; y que la mayoría no se dan de cuenta que Jesús, nuestro Señor, no es una cosa sino un Alguien, el más santo, el más puro, el ser más amoroso y misericordioso; la presencia de la segunda Persona de la Santísima Trinidad, encarnada en el vientre virginal de su Madre María, que quiso bajar del Cielo en su forma humana para hacerse semejante a nosotros los mortales pero que por su divinidad es Dios mismo con nosotros.

Cuánto dolor el contemplar en cada Santa Misa el desamor y frialdad con que se le trata, el darme cuenta de que muy pocos, incluyendo a muy pocos santos sacerdotes que le eleven con amor y que le toman como el Tesoro más preciado en sus manos y que a la misma vez junto con los ángeles y santos del cielo le alaban, le adoran y le dan la reverencia como es debido porque es Dios.

La Santa Misa se comenzó a convertir en un doloroso momento para mí, especialmente en el momento de la Santa Comunión; muchísimas veces he cerrado mis ojos y me he llevado las manos tapando mis ojos para no ver tantos sacrilegios que se cometen en contra de su Cuerpo Santo. Cuantas veces he experimentado el dolor en mi alma de ver que el Amor de los Amores no es amado como nos lo dice San Francisco de Asís.

Asistía a la Misa moderna para reparar

Mis amigos y hermanos en Cristo, serian incontables las vivencias y las palabras que el mismo Maestro ha dirigido a mi alma durante la Santa Misa, sin embargo, si de algo sirve, quisiera que mi testimonio llegara a todas las almas que aún piensan que no pasa nada, que Dios está contento y que nos aprueba cada gesto y el cumplir con este santísimo precepto. Es una pregunta que debemos de hacernos seriamente.

Me entregué, entonces, a la voluntad de Dios Todopoderoso y después de acompañarle por mucho tiempo en este Sacrificio y sufrimiento, tratando, en una lucha sin fin entre el bien y el mal, de no caer en falsos protagonismos y falsos deseos de no mezclar mi fe y mi entrega en medio de una sociedad corrompida por el pecado, incluyendo mi alma misma y la mentira, le pedí al Señor que si Él me quería ahí que me dejara ahí [Misa moderna], lo cual me confirmó como solo Él lo hace.

Continué asistiendo a la Santa Misa como un pedido del mismo Señor, ahí me tuvo por mucho tiempo, el por qué, me lo dio a conocer después. No fue sino hasta hace menos de un mes que el Señor me ha hecho un regalo que no solo ha llenado mi corazón de felicidad, sino de certeza, certeza de que viene de Él, y de que lo anterior [Misa moderna] era necesario para poder reparar de alguna manera en medio de aquel sufrimiento, no únicamente por mis propias faltas, sino por las faltas, herejías y sacrilegios que se cometen día a día de parte de una humanidad que necesita ser rescatada de las garras de la condenación eterna.

Jesús nos ama tanto que se da todo en cada Santa Eucaristía. Si las almas comprendieran que sucede en la Santa Misa entrarían de rodillas al templo del Señor.

La Santa Misa Tradicional es mi vida

Mi experiencia al asistir a la Santa Misa Tradicional no sabría en palabras como describirla, sólo puedo decir que es la Perla, el Tesoro que una vez encontrado no se desea perder jamás por nada en este mundo. Es como tocar el Cielo con las propias manos, es tener el Cielo con nosotros, es estar plenamente unidos a Jesús como pequeñas almas reparadoras en su Santo Sacrificio. Es acompañarle, consolarle como lo hizo nuestra Madre y aquellas santas mujeres y hombres piadosos que le acompañaron y que estuvieron hasta el último momento al pie de su Santa Cruz, hasta que dio el último suspiro. Es besarle sus pies ensangrentados y acariciar con nuestro corazón hinchado de amor su Rostro sacrosanto y su Cabeza maltratada, hasta la muerte, por la Corona de espinas. Es unirse a Él en su Pasión misma, para rogar al Padre por nuestros hermanos y por nuestras propias almas y el perdón de nuestros pecados e infidelidades. Es suplicar Misericordia junto a Él, es amar a nuestros hermanos a todos pidiéndole unidad y el verdadero amor, así como es su deseo, como debe de ser.

Desde la Santa Misa Tradicional me uno al corazón de Jesús Eterno Sacerdote que se ofrece una vez para ser el Cordero que quita el pecado del mundo y que ruega al Padre Eterno por todos mis hermanos; le ruego humildemente a Jesús por nuestro Papa y por todos nuestros sacerdotes así como por todas las necesidades de las almas, por las presentes como por las que ya no están, incluyendo por las que han sido olvidadas por sus amigos a quien la tierra, por el alma de los niños, de nuestros jóvenes, por el terrible genocidio del aborto, por la familia, por nuestros enfermos, por nuestros hermanos cristianos perseguidos en la fe, por las misiones.

Y para terminar quisiera decirles, amigos y hermanos en Cristo, que el poder enseñar a mi hija a unirse a Jesús mismo en su Sacrificio con esa pureza y con ese amor y entrega es lo más maravilloso, es una alegría indescriptible. Mis ruegos al Señor especialmente por nuestros jóvenes, por los niños pequeños, los más queridos por nuestro Señor. Le pido humildemente a Dios Padre para que nos conceda la gracia de mantenernos siempre firmes junto a la verdad que ya se nos ha sido revelada pase lo que pase, ya que todas las gracias vienen de Él y únicamente de Él, sin Él no podemos nada. Sin Él no somos capaces de nada

QUE VIVA CRISTO REY.

Martha Gouveia
FM Toronto Canada.

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