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San José María Escrivá continuó celebrando cara a Dios con el rito tradicional hasta el final de su vida.

 

 

Hay que distinguir -dice la Congregación para el Culto Divino (25 Septiembre 2000)  la orientación física de la espiritual. Cuando el  sacerdote celebra versus populum (cara al pueblo), su orientación espiritual debe ser siempre versus  Deum per Iesum Christum [hacia Dios por Jesucristo]. Desde este apunte previo fundamental escribo:

La Santa Misa es el memorial del Sacrificio de Cristo en la Cruz, de su Resurrección y su Gloriosa Ascensión al Cielo. La Santa Misa se celebra (espiritualmente) CARA A DIOS y no cara a los hombres, y cuando deja de celebrarse cara a Dios comienza a adulterarse con perjuicio para los fieles. Ya fue el Papa Emérito Benedicto XVI quien expresó que el sacerdote nunca ha dado la espalda al pueblo sino que el sacerdote, al celebrar Misa, JUNTO con el pueblo, MIRA y ORA hacia DIOS. Y también hay que reconocer a Benedicto XVI que impulsara, con su propio ejemplo, la colocación del crucifijo en la mesa de Altar, junto a las seis velas, para que de esa manera el sacerdote al celebrar Misa pudiera mantener su mirada en Cristo crucificado ya que es Cristo el ÚNICO SACERDOTE al actuar cualquier presbítero “IN PERSONA CHRISTI”.

Sin embargo, ¿cual es la praxis habitual y más extendida?;  pues es una praxis nacida de la tergiversación aplicada a la Constitución S.C del Vaticano II. Una praxis que comenzó a tomar alas en el posconcilio, sobre todo en los años setenta, y que ya se ha convertido en costumbre supuestamente en línea con el llamado “espíritu conciliar”. Y esa praxis ha sido impulsada desde una concepción neoprotestante de la liturgia (y de la misma fe) que converge con el interés de la masonería internacional en desacralizar el cristianismo y convertirlo en una creencia más de carácter sociológico. Ambas tendencias, sumadas a las influencias de la ideología del “Mayo francés del 68” y el pensamiento débil de Vatimmo (el descompromiso) han vaciado el contenido de “sacrificio” en la praxis litúrgica y a la vez han secularizado (y clericalizado) el resto de los contenidos trascendentes de la Santa Misa. Y estos han sido, y son, los penosos resultados para la defección en la fe del pueblo y la confusión moral de las conciencias:

– La liturgia ha dejado de entenderse como el “ejercicio del sacerdocio de Cristo” (definición magnífica expresada en el Vaticano II) para asumirse como conjunción de originalidades y novedades creadas por el ingenio humano y tendentes a despertar meras emociones psicológicas que “aseguren” la fidelidad de los fieles a Misa. Resultado: Abandono masivo de la Misa dominical en una reducción aproximada del 80% (datos de España, pero similares a otras naciones occidentales). La posmodernidad acoge de buen gusto una Misa cuando es sobre todo “emotiva” y “amena”, pero esa acogida es estéril y no causa la más mínima fidelidad ni siquiera a una Misa adulterada. Y ello es patente en tantas parroquias donde, para dar gusto a los jóvenes sobre todo, se celebran Misas “ligth” a las que acuden muchos jóvenes…si, que van y se van…..pues divierte al inicio y aburre al final. Yo una vez escuché a un sacerdote decir: “ya no se qué hacer en Misa para que vengan los jóvenes, pues he hecho hasta el pino”…..y alguien le respondió: ¿porqué no se limita a celebrar como manda la Iglesia?…….y hubo silencio por respuesta. Es la misma vida.

– El sacerdote ha dejado de valorarse en su actuación “in Persona Christi” para ser impulsado como un agente social de la comunidad que desarrolla una función de “animador litúrgico” o coordinador de esa animación. Resultado: Secularizaciones en masa (sobre todo en los años 70 y 80) y/o secularizaciones internas, ambas nocivas para la salud espiritual del pueblo. Un sacerdote “funcionario” o “agente” no vive con sentido alguno el celibato ni un compromiso ontológico. Incluso aquellos fieles que desean un “sacerdote del pueblo” al final constatan que pierden el sacerdote y ganan un amigo….si….pero como ya tienen otros amigos en su vida, el “amigo cura” para a ser un amigo más que no aporta nada para la conversión personal. Y olvidan que el sacerdote no es un “hombre del pueblo” sino que es”un hombre de Dios” al servicio del pueblo. Olvidan el carácter ontológico del sacramento del orden y en el fondo anhelan tener un sacerdote identificado con Cristo y no mimetizado con el pueblo.

– Enlazado al punto anterior, el sacerdote cae en la tentación de clericalizar la Misa, es decir, celebrar SU Misa y no la MISA de CRISTO. Todo protagonismo personal del cura en una Misa va en detrimento del único protagonismo del Redentor. Y cuando el sacerdote cambia o elimina partes de la liturgia, sobre todo en la Misa, lo que hace es clericalizarla. Resultado: para muchos fieles la Misa se convierte en “pan para hoy y hambre para mañana” ya que va a Misa de “Don xxx” y cuando ese “Don xxx” se marcha, ya no interesa seguir yendo a Misa. En vez de ir a Misa a encontrarse con CRISTO van a encontrarse con ese cura…¡qué pena!

– Convergente a lo dicho, la clericalización llega al laicado. Pues de repente surge una efusión profusa de participar en la liturgia de la Misa pero olvidando que la principal participación del laico en Misa es vivirla en gracia de Dios y con fervor, sin tener como objetivo el armario de la sacristía o la subida al presbiterio para leer preces o moniciones. El fiel laico pierde su identidad espiritual laical y mendiga miguitas clericales para sentirse más en comunión con la Iglesia. Resultado: laicos “medio curas” y curas “medio laicos”. Mezcla extraña que redunda en perjuicio de la vocación a la santidad del laico que se basa sobre todo en el matrimonio, la familia, el trabajo…..todo ello vivido a la luz de la fe.

Concluyo enlazando con el título y párrafo inicial: si volvemos a asumir que la Santa Misa es Santo Sacrificio, y que se celebra cara a Dios (el sacerdote y el pueblo miran todos hacia Dios), podría empezarse a desenredar la madeja y a re-invertir los valores tergiversados, para bien de laicos, de sacerdotes y de todo el Cuerpo Místico de Cristo que es la Iglesia.

Padre Santiago González Alba

Padre Santiago González
Nacido en Sevilla, en 1968. Ordenado Sacerdote Diocesano en 2011. Vicario Parroquial de la de Santa María del Alcor (El Viso del Alcor) entre 2011 y 2014. Capellán del Hospital Virgen del Rocío (Sevilla) en 2014. Desde 2014 es Párroco de la del Dulce Nombre de María (Sevilla) y Cuasi-Párroco de la de Santa María (Dos Hermanas). Capellán voluntario de la Unidad de Madres de la Prisión de Sevilla. Fundador de "Adelante la Fe".