La verdadera fidelidad al Papa

Leemos en el evangelio de san Mateo 16,23 la siguiente y durísima corrección de Nuestro Señor Jesucristo dirige al apóstol san Pedro: “Apártate de mí satanas, me eres tropiezo, porque no piensas como Dios sino como los hombres”. Esto sucede poco después de la confesión en Cesarea de Filipo cuando Nuestro Señor dice a Simón que “a partir de hoy serás Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia” (Mateo 16, 13). Jesús nombra a Pedro primer Papa de la Iglesia y, al compartir con los discípulos el anuncio de su próxima pasión, es el mismo Pedro quien pretende disuadirle y en seguida es corregido de esa forma tan firme por el Redentor. La cuestión es: siendo Pedro el Papa y pretendiendo que Jesús no realizara la redención según el mismísimo plan Divino, ¿era infalible Pedro por el solo hecho de ser Papa? ¿los discípulos tendrían que haberse posicionado en favor de la pretensión de Pedro?

Leemos en los evangelios de Mateo, Marcos y Lucas el relato de la triple negación de san Pedro en la madrugada de la pasión de Nuestro Señor. En la última cena un voluntarioso Pedro prometió fidelidad hasta la muerte al Redentor y unas horas después, presa del pánico, lo negó hasta el punto de afirmar que ni siquiera lo conocía. Más tarde se arrepentiría y lloraría su pecado hasta que el mismo quedaría lavado de forma abundante y llegaría a ser un gran santo. Todos conocemos la historia. Pero en el monte calvario, al pié de la cruz, y en compañía de la siempre fiel Santa María, allí estaba Juan junto a Jesús mientras Pedro seguía escondido lleno de temor humano y sin haberse arrepentido plenamente. Ahora la cuestión es: siendo Pedro el Papa y estando lejos del calvario, ¿hizo mal Juan quedándose al pié de la cruz y sin acompañar a Pedro en esas horas del viernes santo?

Quisiera que estas cuestiones realizadas a la luz de la Palabra de Dios sirvieran de reflexión sosegada y profunda a aquellos que, dentro de la Iglesia, hacen gala de una absoluta fidelidad a TODOS los actos, gestos y palabras del Papa por el simple hecho de que “es el Papa”. A los que no admiten, ni en la más mínima posibilidad, que el Papa, como ser humano que es, puede equivocarse y no entienden que solo es totalmente infalible  cuando se expresa  “ex cathedra” al definir dogma de fe y/o expresar doctrina definitiva que procede del derecho divino. La última vez que un Papa definió un dogma de fe fue en 1950 (Asunción de María Santísima por parte de Pío XII) y la última vez que expresó doctrina definitiva en relación al “sacerdocio femenino” fue en 1994 por parte de Juan Pablo II. Desde esa fecha jamás un Papa se ha expresado en modo infalible. Desde ahí: el respeto debido al Papa no está reñido con la posibilidad de una pregunta de duda (llamada “dubia”) y/o una corrección fraterna que puede ser hasta de tono muy fuerte como la que desde su humildad y santidad de vida formulaba santa Catalina de Siena a la vez que mostraba todo su amor y respeto hacia el vicario de Cristo.

Por ello me sorprende que, sobre todo desde los llamados movimientos “conservadores” de la Iglesia (nacidos sobre todo en el siglo XX) existe una especie de defensa a ultranza de todo lo que diga, gesticule o haga el Santo Padre sin dejar opción ni siquiera a la sorpresa o perplejidad ante determinados documentos o praxis (pastorales o sacramentales) que deriven de los mismos. Da la impresión, desde una óptica de psicología elemental, que existe como una tendencia a no querer admitir la realidad y desde un esfuerzo inmenso de “quiero y no puedo” pretender expresar una “realidad” ficticia que solo de mostrarla revela con frecuencia comportamientos muy artificiales desde una “alegría” no creíble unida a una actitud de lealtad más de postura externa que de pensamiento interno. Podría bien compararse a la actitud de los ciudadanos que por miedo se someten a una dictadura fingiendo alabanza al gobernante, o la del tipo de mujer maltratada que, en dependencia afectiva de su verdugo, ni siquiera admite la realidad del maltrato o de la infidelidad conyugal.

Para terminar con cita evangélica: leemos también que ante el anuncio de la resurrección de Jesús acuden Juan y Pedro hacia el sepulcro para constatar que está vacío. Juan es más joven y corre más rápido y llegará antes pero NO entra al mismo. Espera que sea Pedro quien, llega más tarde, entre primero. En lógica humana merecía Juan entrar antes pero por respeto a Pedro, a quien detenta una autoridad mayor en la Iglesia, detiene su impulso y da un ejemplo inmenso de humildad verdadera. Juan había sido fiel y Pedro no; pero Pedro era el elegido de Jesús para ser Roca de la Iglesia. Por tanto san Juan ofrece a los cristianos de todos los tiempos el equilibrio exacto entre respeto al Papa y fidelidad a Cristo: no se quedó con Pedro cuando éste negó a Cristo pero lo dejó pasar antes al sepulcro en virtud del respeto a su potestad. Creo sinceramente que desde el ejemplo de san Juan se pueden derivar e inspirar las mejores actitudes de los cristianos cuando sucedan los momentos de mayor perplejidad.

Padre Ildefonso de Asís
Padre Ildefonso de Asís
Sacerdote tradicional sin complejos y con olor a pastor

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