Los perversos difícilmente se corrigen y el número de los necios es infinito (Eclesiastés 1:15)

El Mundo Feliz de Aldous Huxley se nos ha quedado pequeño. Ahora, bajo la guía del infame Obama, de las corrompidísimas Naciones Unidas, de la más corrompida Unión Europea, del putrefacto Fondo Monetario Internacional y del pestilente Banco mundial, contemplado todo ello por la autoridad eclesial con mirada blanda, vamos de cabeza a convertir el mundo en un manicomio.

Esos graciosos chistes de locos (¿Y éste por qué está aquí? Porque va diciendo que es Napoleón y se lo cree. Está loco el pobre. ¡Napoleón soy yo!); esos chistes se nos quedan ingenuos frente al chiste en que todos esos malvados están convirtiendo el mundo. Cada uno puede creerse lo que le dé la gana (eso sí, sólo a efectos de comportamiento sexual) y con las delirantes leyes que dictan toda esa chusma, impondrán esas creencias a todos los demás. Vale creerse hombre la mujer, mujer el hombre, niña el niño, y niño la niña. Y vale sentirse hermafrodita y transloquesea. Y la Seguridad Social estará obligada a operarme según mi sentimiento. Pero las legislaciones más avanzadas ya no exigen que se opere el sujeto ni que se cambie el D.N.I. Bastará que el aparente caballero se declare lo que le dé la gana dondequiera que fuere, para que a nadie se le ocurra cuestionar su derecho a infiltrarse en los baños de las damas (también aparentes, claro, que la cosa no es tan simple), si no quiere ser acusado de noséquéfobo. Lo que no vale aún es sentirse gallo y sentir gallinas todo lo que pilles por ahí, o sentirse perro, gato o simio. De momento sólo se puede elegir el género (masculino-femenino). Pero tiempo al tiempo, y hasta nos dejarán elegir especie. Nos están fabricando el manicomio feliz.

Vi hace tan sólo tres años uno de esos videos conspiranoicos que explicaba que estamos en manos de psiquiatras (vulgo, loqueros): que son ellos los que mandan en la OMS, y que desde ella han asumido el diseño del Nuevo Orden Mundial. Me pareció aberrante y delirante, así que pasé del tema. Pero visto lo visto, y vista sobre todo la tremenda aceleración que le han impreso a su plan, no me queda más remedio que creérmelo. Hay un plan diabólico y hay evidentemente unos planificadores que se han propuesto darle la vuelta a la humanidad y diseñarla a su gusto. Y aunque suene espeluznante, lo peor no es la transexualidad, sino la transcerebralidad. Si aceptamos que las personas no somos lo que somos, sino lo que nos inventemos al son de las conveniencias de cada momento, se acabó nuestra capacidad de discernimiento. Ya no nos vale lo que ven nuestros ojos ni lo que palpan nuestras manos ni lo que percibe nuestro sentido común, sino lo que nos dicten nuestros gobernantes; que al final de los finales, de eso se trata: de gobernar no sólo nuestros dineros, sino también nuestra conciencia, nuestra moral y nuestra mente. Todo empezó diciéndonos que cuando la hembra humana queda embarazada, lo que gesta no es un ser humano, y que por tanto, mientras esté ahí dentro es de libre disposición de la gestante: propietaria única y exclusiva de la cosa. ¿Y las ecografías? Peligrosas bobadas. ¿Y en las demás especies? En las demás especies, la evidencia es la evidencia.  

Recuerdo los años en que los aprendices de loqueros, que tomaron al asalto la educación infantil, la primaria y la educación media (la universidad ya no la necesitaban, porque al llegar ahí ya está hecho todo el trabajo), nos obsesionaron con el tremendo conflicto de la lateralidad. Luego se afianzarían en su nueva conquista inventando nuevos problemas (hoy es la hiperactividad: ¡hay que medicarla, claro está!, es una conducta que le crea problemas a la maestra). Lo previsible, decían y demostraban con todo lujo de estudios y estadísticas; lo previsible era que se le desgraciase la vida al pobre zurdo al que se le forzaba a ser diestro. Así que, ¡al asalto! Convirtieron el mito de la lateralidad en la gran cuestión pedagógica. Y el resultado obvio de esa industria (de hecho fue la plataforma de lanzamiento de los psicólogos y los psicopedagogos para adueñarse de la escuela) fue que se reprodujeron los zurdos como setas en otoño. Zurdos inducidos, claro está, porque el inmenso número de zurdos que, ¡pobrecitos!, estaban encerrados y reprimidos en el armario, salieron a la luz gracias a la acción salvadora de estos genios. Pero sobre todo está el hecho de que gracias a esa colosal ¡y superexitosa! operación, se adueñaron de la escuela. ¿Así que liberaron a esas decenas de miles de zurdos de la opresión que ejercían sobre ellos los diestros? Pues no: la realidad es que “fabricaron” esas enormes masas de zurdos para demostrarle al sistema que ellos eran los salvadores de la infancia.

Y lo más aleccionador fue que la “opresión” que sufrían los zurdos por ser obligados a ser diestros, se multiplicó por mil al obligar a infinidad de diestros a ser zurdos. Eso se hizo a base de persuasión pedagógica, desde la enorme superioridad del profesional.

Y si les salió tan fabulosa la conquista de la sociedad a través de la escuela con el tema de la lateralidad, ¿por qué no iban a emprender una campaña de transformación mucho más profunda de la sociedad a través de la sexualidad? Pues en eso están. Ayer crearon en los niños el conflicto de la lateralidad. Todos estaban obligados por el sistema (para eso estaban los psicopedagogos en la escuela) a someterse a pruebas para determinar si su lateralidad era la propia y espontánea, o estaba inducida por una educación forzada que era preciso superar. Y les funcionó de maravilla: multiplicaron por más de mil el número de zurdos funcionales. Y hoy ya ha empezado el asalto ¡a la escuela primaria!, para crearles a los niños y niñas (¡y resolverles de forma exitosa!) el conflicto de la identidad sexual. Incluyendo en la resolución del conflicto, el derecho a la cirugía de cambio de sexo a cargo de la Seguridad Social. ¡Son unos fenómenos!

Y frente a esta descomunal y monstruosa ingeniería social (que ha puesto su acento en la ingeniería sexual), ¿que estamos haciendo los únicos guardianes que le quedan a la civilización cristiano-occidental? ¿Que qué estamos haciendo los curas y obispos sobre todo? En el mejor de los casos, estamos haciendo el tonto, estamos amodorrados, narcotizados por las pocas prebendas públicas que nos quedan. Y en el peor de los casos, nos hemos metido a colaboracionistas con el sistema: unas veces callando redomadamente y mirando hacia otras cuestiones que nos son mucho más propias… que nos dan imagen y que no nos crean conflictos: los pobres, la ecología y ¿quiénes somos nosotros para impartir doctrina sobre esas cosas?… Otras, flirteando descaradamente con esas ingenierías cuando no aplaudiendo con las dos orejas… Y muchas veces traicionando y entregando al enemigo a los rebeldes que todavía resisten.

La táctica es no maldecir, no condenar, no estigmatizar. Nadar y guardar la ropa y evitar así males mayores. Es decir, vivir y dejar vivir…Y aprovechar hasta el menor resquicio para bendecir aunque sea musitando, el imparable progreso sexual: que hoy el progreso ya no es social, sino sexual. Y la Iglesia de hoy (no la esposa de Cristo, claro está -a esa no la podrán destruir-, sino esa que han querido diseñar en el laboratorio del último Sínodo) lo último de que toleraría ser acusada esta Iglesia es de emplearse a fondo en obstaculizar el progreso y de chocar frontalmente con la nueva ingeniería social que se nos impone desde el progresismo rampante. ¿Una Iglesia conservadora? ¿Retrógrada? Vade retro!

Custodio Ballester Bielsa, pbro.