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De la vocación de Dios a su Iglesia y servicio

Meditación para el lunes diecinueve

Punto Primero. considera que, como dice San Gregorio sobre este evangelio, estas bodas de que habla aquí Cristo es su Iglesia a la cual llamo a los de su pueblo, y no queriendo venir llamo a los gentiles, los cuales le obedecieron y llenaron su Iglesia, y poblaron el reino de los cielos. Considera la merced que Dios te ha hecho en llamarte a ella y en traerte a su conocimiento y no dejarte en las tinieblas de la infidelidad como a otros innumerables; dale muchas gracias por ello, y mira como le has de servir por este tan señalado beneficio.

Punto II. Considera la vocación de esta gente y su rebeldía, haciéndose sordos a sus voces y maltratando a sus criados, y el castigo que les vino por su delito: mira cuantas voces te ha dado Dios, y cuantas inspiraciones has muerto en tu alma, haciéndote sordo y desentendido; y ruega a la Divina Majestad que te perdone y no descargue sobre ti su ira, como lo mereces, sino que te espere la penitencia, haciéndola en delante de los pecados cometidos y ofreciéndote con fervor a su santo servicio.

Punto III. Considera como mando llamar el rey a los pobres y despreciados, y llenar de ellos sus mesas, los cuales obedecieron sin excusas y gozaron de su convite; de lo cual has de sacas dos cosas: la primera que Dios no es aceptador de personas, ni mira a la corteza exterior de lo que brilla en los ojos del mundo, ahora sea la riqueza, ahora la nobleza o el entendimiento o ciencia de este siglo, son a la virtud interior y a la guarda de sus mandamientos, por lo cual antepuso los pobres que le obedecieron, a los ricos que no quisieron venir, honrándose más con aquellos que con estos. ¡Oh cuantos pobres humildes son estimados y regalados de Dios por su virtud, los cuales son despreciados del mundo!. Y al contrario, ¡cuántos ricos son muy venerados en el siglo, y son despreciados por Dios por  altivos, soberbios y desobediencia a su voz! Aprende a quien has de estimar, y mira no le faltaran a Dios muchos que vengan en tu lugar a gozar de sus bodas: abre los ojos y mira los que vinieron en lugar de los que faltaron, hallaras que fueron muchos más de los que estaban convidados; y tiembla en delante de hacerte sordo a la voz de Dios, porque no reciba otro su corona-

Punto IV. Considera como los que no quisieron venir, perdieron las bodas, y juntamente las posesiones y riquezas, porque las dejaron; por cuanto les que dejan a Dios por el mundo, lo pierden todo, y ni gozan uno ni otro; y los que le obedecen despreciando al mundo por su servicio, lo logran todo, tiende los ojos al mundo por su servicio, lo logran todo, tiende los ojos por el mundo, mira que raros son los que cuidan de lo eterno, y cuando sordos tienen los negocios terrenos a los hombres para oír la voz de Dios, que los llama a las bodas celestiales: llora su ceguedad, pues tan presto lo han de perder todo, y no seas tú de los muchos que siguen sus apetitos, sino de los pocos que anhelan lo eterno, que nunca se ha de acabar. Oye a Dios, si sigue su llamamiento, no te aprisione aprisione ni detenga lo temporal, y Dios te dará lo temporal y lo eterno.

Padre Alonso de Andrade, S.J




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Meditaciones diarias de los misterios de nuestra Santa Fe y de la vida de Cristo Nuestro Señor y de los Santos.

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