Una definición

No apreciamos los bienes hasta que los perdemos. Y si no queremos perderlos debemos apreciar plenamente su valor.

La familia es un bien que estamos perdiendo. Hay que empezar por esta evidencia. En Europa y en Occidente la familia atraviesa una profunda crisis. Los sociólogos relativistas no quieren hablar de crisis, porque esta palabra contiene, según ellos, un juicio moral sobre el fenómeno en cuestión. Hablan más bien de transformar los modelos de familia, o de evolución de las formas de familia. Ahora bien, estas palabras contienen por su parte en sí un juicio moral. Desde la perspectiva relativista, todo lo que sucede en la historia y en la sociedad es bueno. El bien absoluto es representado por el cambio, y el mal por la estabilidad y la permanencia del ser. Esta moral relativista se basa en una cosmología evolucionista, que pretende ser científica sin serlo. El evolucionismo es una falsa filosofía que se apoya en una falsa ciencia y, al mismo tiempo, es una pseudociencia que se apoya en una opción filosófica errónea. Por esta razón, el tema de la familia, como todo tema, debe empezar por definir los términos y conceptos relativos a aquello de lo queremos hablar.

La familia es una verdadera sociedad jurídica y moral cimentada en el matrimonio y destinada a la perpetuación de la vida y la educación de los hijos. El fin primario al que está ordenado el matrimonio por la naturaleza desde sus orígenes es la procreación. La familia y el matrimonio tienen su origen en la naturaleza humana. El niño no nace por decisión propia ni es autosuficiente. La ley de su nacimiento y crecimiento es la dependencia. Y la dependencia es la ley de la humanidad constituida en sociedad. Todo depende de algo, nada se autodetermina. El principio de causalidad rige el universo. Esta regla pertenece a los principios primeros e indemostrables que Aristóteles ya había entendido en la realidad 1 . Este principio presupone la primacía filosófica del ser, a la que la cultura moderna opone la del devenir, que es la negación de toda realidad inmutable y permanente.

La familia a lo largo de la historia

La familia es una sociedad cuyo principal objeto es transmitir la vida y educar a los hijos. Precisamente por ser fuente de vida y de nuevas relaciones humanas constituye la célula fundamental e insustituible de la sociedad. Todos los filósofos y pensadores políticos lo han afirmado, y la historia lo confirma. Mucho antes del cristianismo, en la antigua Roma, la familia era la célula de la civitas, y el matrimonio garantizaba la estabilidad social, constituyendo, como certeramente lo definió Cicerón, el seminarium rei publicae 2, el modelo de toda la sociedad, que nace y se expande a partir de la familia.

El cristianismo elevó el matrimonio a la categoría de sacramento, y cuando el Imperio Romano se desmoronó ante el avance arrollador de los bárbaros, la única realidad que sobrevivió y sentó la bases de la sociedad que nacía fue la familia. El surgimiento de las naciones europeas al alborear del año 1000 coincide con el desarrollo de la institución familiar. La propia etimología de la palabra nación, por otra parte, no tiene que ver con una elección sino con el nacimiento, y se refiere a un conjunto de hombres que tienen un origen común y están vinculados por lazos de sangre. El territorio sobre el que ejercen su respectiva autoridad en la sociedad medieval –ya se trate de un cabeza de familia, un señor feudal o un rey– se denomina uniformemente en los documentos patria, esto es, el dominio del padre 3 .

Tal concepto de familia, que sobrevivió hasta después de la Revolución Francesa, parte de la idea de que el hombre nace dentro de una determinada circunstancia histórica; que tiene unos límites que no se pueden transponer, empezando por la muerte; que existe una naturaleza objetiva e inmodificable; que dicha naturaleza tiene su origen en Dios, Creador del orden del universo. La Iglesia Católica ha confirmado siempre en su doctrina este concepto del hombre y de la sociedad 4 .

Numerosos documentos promulgados por la Iglesia en los últimos dos siglos ponen de relieve esta enseñanza, pero los más detallados y claros son las encíclicas de León XIII Arcanum, del 10 de febrero de 1880 5 , y Casti connubii, de Pío XI, del 31 de diciembre de 1930 6 . Esta enseñanza será confirmada en muchos documentos di Pío XII y en la exhortación apostólica Familiaris consortio de Juan Pablo II del 22 de noviembre de 1981 7 .

La ofensiva contra la familia

El ataque más virulento contra la familia que se haya conocido en Occidente se da con la revolución cultural del 68: una revolución contra la familia realizada en nombre de la liberación sexual. Pero el odio a la familia caracteriza todas las sectas heréticas que han aparecido a lo largo de la historia y constituye un elemento fundamental, aunque no siempre explícito, de la Revolución que desde hace más de cinco siglos ataca a la Iglesia y la civilización cristiana 8 .

El odio anticristiano pone la mira en el acto de la procreación, porque este declara que el hombre tiene un fin que lo trasciende. Negar la procreación trastorna la moral cristiana y afirma un principio metafísico gnóstico: que el sexo es el fin último del hombre, parte integral de la propia inmanencia.

Una de las sectas más destacadas del Medievo fue la de los Hermanos del Libreo Espíritu. Sus adeptos estaban convencidos de haber alcanzado una perfección tan absoluta que eran incapaces de pecar: «De hecho, se puede estar tan unidos a Dios que no sea posible pecar se haga lo que se haga» 9 . El punto focal de la ideología del Libre Espíritu no era Dios, sino el hombre divinizado, que se ha liberado del sentimiento del propio pecado y se yergue al centro de la creación.

En el siglo XV, los taboritas predicaron, al igual que los Hermanos del Libre Espíritu, el retorno al estado adamítico, que se expresaba mediante el nudismo y la promiscuidad sexual. Basándose en la afirmación de Cristo a propósito de las prostitutas y los publicanos (Mat. 21, 31), declaraban que los castos eran indignos de entrar en el reino mesiánico. El desnudismo cobraba el mismo valor de liberación de todos los frenos de la ley y la moralidad que tiene el amor libre en nuestros tiempos. Lo espiritual se emancipa de toda limitación moral: su voluntad se identifica con la de Dios y el pecado pierde todo significado para ellos.

El antinomismo luterano

Ahora bien. el proceso de disolución de la familia tuvo su primer momento decisivo en la revolución protestante.

En Wittenberg, la ciudad en la que el 31 de octubre de 1517 clavó Lutero sus célebres tesis en la puerta de la catedral, la revolución religiosa estalló en poco tiempo con toda su virulencia. Mientras Lutero estuvo protegido por el elector de Sajonia en el castillo de Wartburg, sus secuaces llevaron las ideas al extremo de la coherencia. Entre ellos se encontraba Andreas Bodenstein, llamado Karlstadt (1480 ca.-1541), que el día de Navidad de 1521 celebró vestido de civil la primera misa evangélica de la Reforma, omitiendo la elevación de la Hostia y toda alusión al sacrificio 10 , y Johannes Schneider, llamado Agrícola (1494-1566), que propugnaba la abolición de la antigua ley mosaica. Lutero combatió a Agrícola y acuñó la palabra antinomismo para referirse a su negación de la ley moral, que los griegos llamaban nomos, que literalmente significa “dividido en parte” y evoca ante todo la idea de la distinción primaria entre el bien y el mal. Con todo, Agrícola era un discípulo suyo que demostraba coherencia con el principio luterano de la sola fe. Lutero efectivamente había dicho que el hombre, radicalmente corrompido por el pecado, es incapaz de observar la ley y sólo puede salvarse mediante la fe sin realizar obras buenas. El aforismo pecca fortiter, crede fortius 11 sintetiza la teología moral luterana. Lo que vale no es el pecado, que es inevitable, sino la confianza en la misericordia de Dios que debe tener el creyente después de pecar. Para los antinomianos, como para los gnósticos de los primeros siglos, el hombre espiritual es incapaz de pecar: Dios actúa en él y todas sus acciones, sean buenas o malas, se convierten acciones divinas.

Podría objetarse que Agrícola fue una figura marginal en la revolución protestante, pero no puede decirse lo mismo del anabaptismo, que es una de las más señeras expresiones del ala izquierda de la Reforma protestante. Los anabaptistas no se limitaron a exponer ideas antinomiistas: las practicaron en 1534-35 en Münster 12 , que consideraban la Nueva Jerusalén del Apocalipsis, donde el sastre holandés Jan Bockelson, más conocido como Juan de Leyden (1509-1536), se hizo con el poder, y el tapicero Bernhard Knipperdolling (1500 ca.-1536) fue nombrado burgomaestre. Münster se convirtió en una especie de ciudad santa de los «hijos de Jacob» que debían ayudar a Dios a castigar a los «hijos de Esaú» a fin de establecer su reino. En un clima de terror, se abolió la posesión privada del dinero y se instituyeron la propiedad colectiva de los bienes y la poligamia obligatoria. Para simbolizar la ruptura con el pasado, todos los libros que había en la ciudad con la excepción de la Biblia fueron amontonados en la plaza de catedral y destruidos en una hoguera. Las orgías y el libertinaje sexual más abyecto fueron presentados como un «bautismo de fuego» que habría de sustituir al del agua. Juan de Leyden se convirtió en rey de la «ciudad santa», mientras Knipperdolling, armado de una imponente espada, administraba la «justicia» decapitando a los recalcitrantes.

La comuna anabapttista fue reconquistada a hierro y fuego por una alianza de católicos y luteranos, pero la utopía no desapareció. El protestantismo «moderado» rechaza como herética la vía violenta y extremista que siguieron los anabaptistas de Münster. Lo que en realidad se rechazó no fue la sustancia de la doctrina, sino el trágico fracaso de la experiencia. Münster siguió siendo para muchos protestantes una especie de sueño traicionado, análogo a lo que fue para los socialistas la Comuna de París en el siglo XIX.

En Emden (Frisia oriental) surgió poco después de 1540 otra secta anabaptista, la de los familistas, fundada por Hendryck Niclaes 13 (1502-1580ca). Reunió en torno a sí con el nombre de Familia charitatis (familia de amor) o Huis der Liefde (casa del amor) una comunidad, organizada clandestinamente en la que se profesaba un panteísmo ecuménico y se practicaban la comunidad de bienes y el amor libre. Niclaes se basaba en el principio de la unión mística con Dios llevada hasta la identificación absoluta de la criatura con el Creador, y de este principio metafísico deducía que el pecado no existe en el corazón de los regenerados. Sostenía ser el tercero y último gran profeta después de Moisés y Jesús. Su misión consistía en revelar la plenitud del amor, obra del Espíritu.

En Inglaterra, la misma cosmovisión encontró su expresión en las sectas panteístas y libertinas que en el siglo XVI representaron la extrema izquierda puritana y fueron conocidos por el mote de Ranters 14 (protestones vociferantes) . Contra los ranters, los libertinos y los «blasfemos», el parlamento inglés promulgó el 9 de agosto de 1650 la célebre Ley antiblasfemia, por la cual todos los que sostenían que los actos de «homicidio, adulterio, incesto, fornicación y sodomía» no pecaban, pero, sancionados por el propio Dios, incurrirían en el rigor de la ley 15 .

La promiscuidad sexual, el nudismo y el amor libre adquirieron en estas sectas un fundamento ritual. Gracias a la iluminación interna, el hombre se deifica y recupera la integridad adánica, o sea el estado de inocencia que gozaban Adán y Eva antes de la caída. En este sentido, la promiscuidad sexual y el tener en común a las mujeres son, como ha señalado el teólogo François Vernet, un punto fundamental de las doctrinas anabaptistas 16 .

La Revolución Francesa

La utopía pansexualista acompaña el proceso revolucionario también cuando, en 1789, pasa del plano religioso al político. La fecha fatídica de la Revolución Francesa es el 14 de julio de 1789, día en que se tomó la Bastilla, fortaleza que los revolucionarios creían rebosante de presos políticos, y donde por el contrario no había recluidos más de siete presos comunes, entre ellos el marqués Alphonse-François de Sade (1740-1814).

El marqués de Sade es conocido como autor de novelas pornográficas, y su nombre está asociado al de una perversión sexual. En realidad, fue un «filósofo» que, una vez puesto en libertad, participó activamente en la Revolución. El 1º de julio de 1790, se convirtió en «ciudadano activo» del sector jacobino de la plaza Vendôme, que pasó a la historia con el siniestro nombre de «sector de las picas». El 3 de septiembre de 1792, mientras daban comienzo las famosas masacres de septiembre, fue nombrado secretario y un año más tarde presidente del grupo. El ciudadano Sade redactó durante la Revolución numerosos escritos políticos, el más conocido de los cuales tiene por título Franceses, un esfuerzo más si queréis ser republicanos 17 . En dicho texto, invita al pueblo galo a llevar hasta su 39 máxima coherencia los principios de le 1789, extirpando las raíces del Cristianismo «Los que tenéis la hoz en la mano, dad el golpe de gracia al árbol de la superstición» 18 ; «Europa está a la espera de que la libréis a la vez del trono y del altar» 19 . La ideología es la misma de 1789. Una vez admitidas la libertad de conciencia y la de prensa –afirma–, es preciso otorgar a todos la libertad de acción. Si todo se puede decir, todo se puede permitir.

Sade teoriza, como una conquista revolucionaria la blasfemia, el robo, el homicidio y toda clase de perversiones sexuales, el incesto, la violación y la sodomía. «La lujuria jamás fue considerada delito por ningún pueblo sabio de la Tierra (…) Todos los filósofos saben muy bien que quienes la han calificado de delito son los impostores cristianos» 20 . Ninguna pasión tiene más necesidad que ésta de una libertad sin restricciones, ninguna es ciertamente tan despótica. Voltaire imagina construir «en todas las ciudades recintos sanos, amplios, debidamente amoblados. En ellos, personas de todo sexo y edad, todas las criaturas, se ofrecerán a los caprichos de los libertinos que acudirán a disfrutar de ellas, y la más completa subyugación será la regla, siendo la más mínima negativa inmediata y arbitrariamente castigada por quienquiera que la sufra» 21 .

Hay que dar rienda suelta a todo impulso y deseo, incluido el coito con animales, dado que el hombre es un animal sin diferencias cualitativas: como animal que es, nace, se reproduce y se corrompe. Para Sade, la vida no es sino materia en movimiento, y la muerte una simple transmutación en cuya base está «el movimiento perpetuo, verdadera esencia de la materia» 22 .

Sade no se limita a proponer el placer como fin último del individuo. Va mucho más allá. Quiere convencernos de que el vicio es una virtud, de que lo horroroso es bello y el tormento placer. En este sentido, su cosmovisión es propiamente satánica; el demonio se disfraza de ángel de luz para hacerse adorar, pero obtendrá su triunfo final cuando consiga hacerse adorar en todo su horror, convenciéndonos de que las penas del infierno son la apoteosis del placer. Esta es la filosofía subyacente a Los 120 días de Sodoma, donde hombres, mujeres, ancianos, niños, padres e hijos se entregan al incesto, la violación, la coprofagia, la necrofilia, etc.

Toda diferencia sexual queda borrada. La aspiración suprema es abolir toda diferencia y desigualdad a fin de restablecer el caos primordial en la sociedad . Noirceul, personaje de Juliette o las prosperidades del vicio, dice: «Deseo casarme dos veces en el mismo día: al las diez de la mañana me vestiré de mujer y me casaré con un hombre; y al mediodía me vestiré de hombre y me casaré con un homosexual travestido de mujer» 23 .

Sade pasó los últimos años de su vida en un manicomio. Su lúcida locura hace de él un profeta de la Reivolución. Erik Kuehnelt-Leddihn lo considera «el santo patrono de todos los movimientos de izquierda» 24 . En los últimos dos siglos se ha cumplido en buena parte su programa. Lo que falta corresponde a nuestro futuro. A nuestro modo de ver, tiene el mérito de no haber dejado en la sombra ninguno de los objetivos de la Revolución 25 .

Mientras Sade propone el pansexualismo revolucionario, la Revolución Francesa pone en marcha en 1791, con la introducción del divorcio, un proceso de reforma radical de la institución familiar que el Código Napoleónico extenderá a todo el continente 26 .

El socialismo utópico de Sade y de Charles Fourier (1772-1837), que con sus falansterios propugna la liberación desenfrenada de las pasiones para alcanzar la cúspide de la evolución social, es superado por el supuesto «socialismo científico» di Carlos Marx (1818-1883) e Friedrich Engels (1820-1895).

El etnólogo estadounidense Lewis Henry Morgan (1818-1881), basándose en las relaciones familiares existentes entre los indios iroqueses de América del Norte, había concebido una fantasiosa historia de la familia remontando sus orígenes a una horda primitiva en la que las relaciones sexuales habrían sido totalmente promiscuas, sin estar sometidas a ninguna regla. Marx y Engels se adhirieron con entusiasmo a este concepto materialista, que confirmaba las teorías zoológicas de Darwin. El panfleto de Friedrich Engels El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado (1884) es un ataque contra las instituciones básicas de la sociedad, destinado a instaurar la utópica «sociedad sin clases», que es ni más ni menos una sociedad totalmente igualitaria, sin familia, sin propiedad privada, sin Patria y sin Dios.

La Revolución Rusa

La Revolución Soviética fue la culminación de la francesa. En el vagón blindado que llevó en abril de 1917 a San Peterburgo a los revolucionarios de profesión junto a Lenin, Zionoviev y Radek, viajaba Inessa Armand (1874-1920), miembro del comité ejecutivo del partido bolchevique y fundadora de la sección femenina del partido. Una mujer en la que Lenin, de quien fue amante, tenía plena confianza. Murió de cólera en 1920, y tuvo el honor de ser enterrada en el cementerio rojo, en el recinto del Kremlin, entre los principales protagonistas de la Revolución. Su nombre es menos conocido que el de Alejandra Kollontai (1872-1952), pero su influencia sobre Lenin fue tal vez mayor 27 . Inessa Armand y Alexandra Kollontai promovieron públicamente el amor libre, convencidas de que la liberación sexual era una condición necesaria para la implantación de la sociedad socialista. El 17 de diciembre de 1917, pocas semanas después de la conquista del poder por parte de los bolcheviques, se introdujo el divorcio; el aborto fue legalizado en 1920; era la primera vez en el mundo que eso sucedía sin ninguna restricción; la prostitución y la homosexualidad fueron despenalizadas en 1922 28 . Trotsky escribía en 1923: La primera fase de destrucción de la familia está lejos aún de ser alcanzada; pero el proceso de desintegración está en curso». 29

Por su parte, Kollontai había escrito en 1920 en la revista Komunistka: «En lugar de la familia individual y egoísta se irá conformando una gran familia universal de trabajadores, en la que los obreros de ambos sexos serán ante todo camaradas. Así será la relación entre hombres y mujeres en la sociedad comunista. Esa nueva relación garantizará a la humanidad el goce de un amor desconocido en la sociedad comercial, un amor libre y basado en la auténtica igualdad social de los amantes. (…) La bandera roja de la revolución social que ondea sobre Rusia y ya se está izando en otros países proclama la llegada del paraíso terrenal al que aspira la humanidad desde hace siglos.» 30

En la Rusia y la Alemania de los años veinte y treinta del siglo XX se formula el paso de la revolución política a la sexual 31 . En 1922 tiene lugar una reunión en el Instituto Marx-Engels de Moscú, presidida por David Ryazanov (1870-1938), con vistas profundizar en el concepto de la revolución cultural, es decir, una revolución total que transformase al hombre mismo, su naturaleza, sus costumbres y lo más íntimo de su ser.

El Instituto Marx-Engels de Moscú mantenía estrechos vínculos con centros análogos que aparecieron hacia la misma época. En 1919 el doctor Magnus Hirschfeld (1868-1935) había fundado en Berlín el Instituto para el Estudio de la Sexualidad, con el objeto de «normalizar la homosexualidad» 32 . En 1921 Hirschfeld organizó el Primer Congreso por la Reforma Sexual, a raíz del cual se creó la Liga Mundial para la Reforma Sexual sobre Bases Científicas, a fin de coordinar la difusión de los conocimientos y prácticas sexuales en el mundo. Grigory Batkis, director del Instituto de Higiene Sexual de Moscú, llevó una delegación soviética a la primera conferencia de la Liga Mundial para la Reforma Sexual celebrada en Berlín en 921. En 1923, Felix Weil (1898-1975) financió la Primera Semana de trabajo Marxista , en la pequeña ciudad alemana de Limenau. El éxito del encuentro lo llevó a fundar el Instituto de Investigaciones Sociales (Institut für Sozialforschung) de Fráncfort 33 , dirigido entre 1930 y 1958 por Max Horkheimer. El Instituto, que fue germen de la hegeliano-marxista Escuela de Fráncfort, colaboraba con el Instituto de Moscú en la publicación de las obras de Marx y Engels.

En 1929 los dirigentes soviéticos invitaron a un discípulo de Freud, el psicoanalista austriaco Wilhelm Reich (1897-1957), a una serie de conferencias que llevaron a la publicación en Moscú de su ensayo Materialismo dialéctico e psiconálisis, que constituye el texto fundacional del llamado marxixmo-freudismo. En esta y oras obras sucesivas, Reich presenta a la familia, como institución social represiva por excelencia y afirma que el núcleo de la felicidad está en la satisfacción sexual. Por consiguiente, considera necesaria la abolición de la familia y una revolución que lleve de la negación del sexo a su afirmación en la sociedad 34 . Reich dedica la segunda parte de La revolución sexual a la lucha por la nueva vida en la Unión Soviética, era además gran admirador de preescolar experimental de Vera Schmidt (1889-1937), fundado en 1921 en el centro de Moscú, donde los niños eran iniciados en la masturbación y la excitación sexual precoz 35 , y declara que «su obra iba totalmente encaminada a establecer la sexualidad infantil» 36 37 . Trotski apoyaba la obra di Vera Schmidt y las ideas de Wilhelm Reich. La revolución sexual de Reich era parte integral de la revolución permanente de Trotski.

Como toda revolución, la bolchevique también conoció una dialéctica interna. Sus dos principales propulsores fueron Stalin, que aunque no renunció al Terror con tal de mantener el poder se vio obligado a moderar el radicalismo revolucionario, y Trotski, que acusó a Stalin de haber traicionado la Revolución. La derrota de Trotski marcó el fin de la revolución sexual en Rusia, a partir de finales de los años veinte, pero el sucesivo fracaso del estalinismo dio lugar a la victoria del trotskismo, que se implantó en el mundo con la revolución del 68, Las ideas de Reich, repudiadas por Stalin, se difundieron en Occidente y confluyeron con las de la Escuela de Fráncfort, cuyos representantes llegaron a ocupar puestos claves en importantes universidades de EE.UU. como Harvard, Berkeley y San Diego. Herbert Marcuse (1898-1979), investigador del instituto de Horkheimer, en best-sellers como Eros y civilización (1955) y El hombre unidimensional (1964) reduce, como Reich, la naturaleza humana al libre desahogo de los impulsos sexuales. Estas ideas sirvieron de cimiento a una revolución cultural que no ha derramado sangre como las que precedieron, pero ha derramado algo peor: las lágrimas de una generación que no ha perdido sólo el cuerpo sino también el alma.

La del 68 fue más devastadora que toda las revoluciones anteriores, porque al atacar la familia transformó la vida diaria y el modo de ser de la sociedad occidental. Actualmente la dimensión utópica del 68 está caducada y ha dejado por herencia el relativismo postmoderno expresado por intelectuales como Michel Foucault (1926-1984), que expone la importancia del pensamiento de Sade en su Historia de la locura (1961) y en Las palabras y las cosas (1966). Según Thibaud Collin, el pensamiento de Foucault «constituye le fundamento conceptual del lobby gay» 38 .

Bajo la influencia de Foucault, la estadounidense Judith Butler fue uno de los primeros autores en formular la teoría del género 39 , que supone la última frontera de las ideologías postmodernas. La filosofía subyacente resta el materialismo evolucionista, que considera al hombre una materia fluida privada de naturaleza propia, y que puede ser modelada a placer según los deseos y la voluntad de poder de cada uno. El horizonte final no es otro que el descrito por Sade y Reich.

El Concilio Vaticano II y sus consecuencias

Una sola fuerza habría bastado para contener este proceso de disolución moral: la Iglesia Católica. Pero entre 1962 y 1965 la Iglesia también experimentó su revolución. Fue el Concilio Vaticano II.

En vísperas del Concilio convocado por Juan XXIII, los mejores teólogos católicos habían redactado un excelente esquema sobre la familia 40 , que fue aprobado por el Papa y presentado en el aula conciliar. Dicho esquema subrayaba claramente la finalidad del matrimonio y el papel de la familia en el mundo contemporáneo, condenando los errores del momento en el terreno de la moral. Pero varias semanas después de la apertura del Concilio los esquemas presentados por la comisión preparatoria fueron rechazados por el partido de los obispos y los teólogos de Centroeuropa, la llamada alianza europea 41 . Se reelaboró totalmente de principio a fin, y el esquema sobre la familia fue sustituido por un nuevo documento de trabajo. Este texto, que se convertiría en la Gaudium et Spes, estaba dedicado al mundo contemporáneo, con el que tenía interés por entablar diálogo, en vez de confirmar la doctrina de la Iglesia. La crianza y la educación de los hijos eran relegados a un segundo plano con respecto a las exigencias del amor conyugal. Estas exigencias de los impulsos y deseos, según algunos teólogos, no podían encerrarse en una jaula jurídica pero llegaban a justificar la limitación de nacimientos y la convivencia extramatrimonial. La idea de naturaleza era sustituida por la de persona. La naturaleza remite a lo que es fijo, estable, inmutable; en cambio, la idea de persona a una realidad que se transforma, en continuo devenir. Se empezó a contraponer la fría rigidez de la doctrina al calor y la fluidez de la vida. Haciendo suya la afirmación de Antonio Gramsci (1891-1937) de la primacía de la praxis sobre la teoría, se afirma, también en el terreno teológico, la primacía de la vida sobre la verdad, de la experiencia sobre la doctrina.

La exhortación Amoris laetitia del papa Francisco no surgió de la noche a la mañana. Han sido necesarios cincuenta años, pero las raíces están ahí, en el Concilio Vaticano II. El Concilio no hizo otra cosa que buscar un acuerdo entre la Iglesia y las teorías anticristianas de la revolución cultural moderna.

Lo que está en juego hoy en día no es la institución de la familia, sino la existencia de una ley moral absoluta e inmutable. Cuatro cardenales se han dado cuenta de ello, y han solicitado al papa Francisco que confirme claramente el carácter absoluto, universal y vinculante de las leyes natural y divina. Si se admite que la moral se transgreda en un solo punto, se derrumba todo el edificio de la moral. Y si se derrumba la moral, triunfarán Sade, Reich y los antinomistas de todos los tiempos.

Meditar el concepto divino de familia

La crisis de la familia ha cobrado unas dimensiones aterradoras en las últimas cinco décadas. Esta crisis se cimenta en la idea de que el proceso revolucionario sólo puede llevarse a término mediante la sexualización de la sociedad. Y lo que hace más grave la situación es que los ataques a la familia no son externos, sino que proceden del interior de la Iglesia. El remedio lo prescribió Pío XI en Casti connubii: meditar sobre el concepto divino de la familia y el matrimonio y vivir conforme a este modelo.

Meditar sobre el modelo divino de familia significa considerar las verdades que rigen el universo; desbaratar la tesis según la cual la praxis genera la teoría, restablecer la primacía de la doctrina, que es la primacía platónico-aristotélico-tomista de la contemplación sobre la acción; vivir con arreglo a esta verdad. Y frente a los nuevos antinomistas que se han infiltrado en la Iglesia Católica, debemos tener presente que e Magisterio de la Iglesia sólo puede aceptar en su totalidad la Tradición teológica y moral.

La Tradición supone la correcta interpretación de la Sagrada Escritura, y la Sagrada Escritura y la Tradición constituyen las dos fuentes de la única Revelación de Cristo, de la cual no puede cambiar ni una jota (Mat, 5, 18), porque aunque todo lo creado cambie, Dios siempre es el mismo: su Palabra no pasa, su ley no cambia. Esa ley está grabada en nuestro corazón, y debemos pedir a Dios que nuestras palabras sean eco fiel, aunque débil, de las suyas.

Ante todo, es necesario el convencimiento de que la Tradición es un principio vital, mientras que el proceso revolucionario se orienta y no puede menos que estar orientado a la autodestrucción. Negar la procreación conduce a la extinción biológica. La negación de la crianza y educación de los hijos, que es el abandono de los valores tradicionales, conduce a la muerte. Hoy en día Europa se muere. No sólo porque mata a sus propios hijos con el aborto y la anticoncepción, sino porque no es capaz de transmitir a los que nacen los valores que vemos desaparecer día a día.

En Dialéctica de la naturaleza, Engels proclama este principio: Todo lo que nace está destinado a parecer 42 , Para él, el secreto del universo no es la vida, sino la muerte. Según Igor Safarevic, el tema central y el objetivo del socialismo es la muerte de la humanidad 43 . Sade había expresado la misma idea. La sexualización de la sociedad es la muerte de ésta.

La familia, por el contrario, contiene en sí la vida. La vida física, que nace y se multiplica, y la vida espiritual, expresada por padres e hijos unidos en oración a Dios que todo lo puede.

Nuestra Señora anunció en Fátima que Rusia difundiría sus errores por el mundo. el postroskismo anarcolibertario reina actualmente en Occidente, pero el postestalinismo nacionalista que e ha instalado en la Rusia de Putin tienen una misma matriz ideológica. El mensaje de Fátima se opone a toda ideología gnóstica igualitaria, al igual que el comunismo de los siglos XX y XXI.

La última aparición de Fátima el 13 de octubre de 1917, la de la Sagrada Familia, constituye en este sentido un manifiesto que sintetiza todos nuestros principios y se contrapone a todos los errores de nuestro tiempo.

Roberto de Mattei

[Traducido por JEF.]

Roberto de Mattei
Roberto de Mattei enseña Historia Moderna e Historia del Cristianismo en la Universidad Europea de Roma, en la que dirige el área de Ciencias Históricas. Es Presidente de la “Fondazione Lepanto” (http://www.fondazionelepanto.org/); miembro de los Consejos Directivos del “Instituto Histórico Italiano para la Edad Moderna y Contemporánea” y de la “Sociedad Geográfica Italiana”. De 2003 a 2011 ha ocupado el cargo de vice-Presidente del “Consejo Nacional de Investigaciones” italiano, con delega para las áreas de Ciencias Humanas. Entre 2002 y 2006 fue Consejero para los asuntos internacionales del Gobierno de Italia. Y, entre 2005 y 2011, fue también miembro del “Board of Guarantees della Italian Academy” de la Columbia University de Nueva York. Dirige las revistas “Radici Cristiane” (http://www.radicicristiane.it/) y “Nova Historia”, y la Agencia de Información “Corrispondenza Romana” (http://www.corrispondenzaromana.it/). Es autor de muchas obras traducidas a varios idiomas, entre las que recordamos las últimas:La dittatura del relativismo traducido al portugués, polaco y francés), La Turchia in Europa. Beneficio o catastrofe? (traducido al inglés, alemán y polaco), Il Concilio Vaticano II. Una storia mai scritta (traducido al alemán, portugués y próximamente también al español) y Apologia della tradizione.