Sandra es la orangutana de la foto. Nació en Sumatra hace 29 años y desde hace 20 vive en el zoológico de Buenos Aires. Pero no es la protagonista de una reedición de la película “Liberen a Willy”. El cine argentino actual no está para ternuras. Niños, delfines o monos no dan materia para el resentimiento, la vulgaridad y el erotismo. Tampoco se trata, la frase exhortativa, del reclamo de un grupo de nostálgicos del Almirante Isaac Rojas, el arquetipo de los “gorilas argentinos”. Se trata de la conclusión de una sentencia judicial –ese silogismo deductivo que alguna vez se enseñó en las facultades de derecho-.

Una sala de la Cámara Nacional de Casación Penal –el máximo tribunal antes de la Corte Suprema de la Nación- admitió un habeas corpus interpuesto por una ONG defensora de los animales, que consideraba que la orangutana se encontraba privada ilegalmente de su libertad. Será trasladada a Brasil. Uno de los tres jueces firmantes del fallo escribió un tratado de derecho penal con E. Raúl Zaffaroni, juez de la Corte hasta finales del año pasado. La escueta sentencia cita esa obra y otra del ya conocido cortesano, intitulada “La Pachamama y el Humano” (Ed. Colihue, 2012). Para los lectores no argentinos les aclaro que la Pachamama es una creencia pagana ancestral, del norte de nuestro país.

Por si piensan que exagero, veamos un párrafo del libro de Zaffaroni: “…Un pensador de nuestra región- por añadidura teólogo-, que adopta la hipótesis Gaia, Leonardo Boff, precisa su concepto: La Tierra es un organismo vivo; es la Pachamama de nuestros indígenas, la Gaia de los cosmólogos contemporáneos. En una perspectiva evolucionaría, nosotros, seres humanos, nacidos del humus, somos la propia Tierra que llegó a sentir, a pensar, a amar, a venerar y hoy a alarmarse. Tierra y ser humano, somos una única realidad compleja. Entre los seres vivos e inertes, entre la atmósfera, los océanos, las montañas, la superficie terrestre, la biósfera y la antropósfera, rigen interrelaciones. No hay adición de todas estas partes, sino organicidad entre ellas…”. Este libro está citado en un fallo, que declara explícitamente a Sandra como “sujeto de derecho no humano”.

Este desquicio de raíz panteísta no se da por generación espontánea. En su obra “Nueva Crítica Literaria” el Padre Castellani dijo –en 1955- que “…los norteamericanos tienen una gran literatura porque tienen universidades, y por eso también son nación imperial, o independiente por lo menos. Latinoamérica carece de una gran literatura –y de muchas otras cosas- porque no tiene universidades…” (“Literatura y Universidad”, p.227). Durante las últimas décadas se acentuó, en la enseñanza del derecho, el desprecio a la filosofía –particularmente aristotélica-tomista- e incluso se dejó de dar derecho romano.

Luego de casi siglo y medio de vigencia el Código Civil argentino será suplantado por uno nuevo en 2015. En su redacción actuaron los jueces de la Corte Suprema Lorenzetti y Highton. Se mantiene la naturaleza jurídica de “cosa” para los animales (semovientes). Además de lo que pronuncia el fallo sobre la mona, sus abogados –algunos con cartel de destacados constitucionalistas- dijeron que la orangutana era una “persona no humana” o “persona sintiente” en contraposición a “persona pensante”, reservado a los humanos. “Objeto” para la ley civil, “sujeto” para la ley penal, las proposiciones violan el principio de no contradicción. Pero como dijo Don Pío Ducadelia -hace más de 50 años- en “Argentina hay mucha música y poca lógica”.

Aunque enemigos de la escolástica los (in)doctos se apresuraron a distinguir y ordenar, pues el remedio judicial no sería para todos los animales sino para aquellos más evolucionados de la escala zoológica (se encuentra a la espera de una resolución análoga un oso polar mendocino). Con este criterio quedarían fuera de protección legal algunos aberrantes casos, como el de los pececitos del Profesor Maquiaveli (acuñador de la frase “pastores con olor a azafata”). El desaprensivo matemático se fue de vacaciones a la playa y olvidó dejarles alimentación. Los animalitos, famélicos, debieron recurrir a actos de canibalismo. Con el criterio restrictivo de los doctrinarios argentinos, quedarían impunes los actos de los bárbaros que sobrevivieron y la negligencia de su dueño.

Otro dato no menor es que el argumento “ad absurdum”, esgrimido por los contradictores al matrimonio igualitario, puede darse perfectamente en la realidad. Así como el actual término contrayente no permite diferencia entre varón y mujer, nada impediría la unión de dos personas, aunque una de ellas sea “no humana” o “sintiente”. Donde la ley no distingue, no corresponde distinguir.

Los diarios argentinos claman que el fallo es histórico y novedoso en el mundo. La Universidad de Buenos Aires ya creó la cátedra de Derecho Animal. Los cordobeses de la universidad estatal ya le habían ganado de mano dos años antes. Imaginamos que la Católica de Córdoba no le irá en zaga, teniendo a Boff como uno de sus doctores “honoris causa”. No sabemos si la UCA ya incluyó en sus programas la Teología Animal, pero ya se anunció en Inglaterra al Reverendo Dr. Andrew Linzey como el primer profesor de Teología y Bienestar Animal. Ingresaría en la puerta abierta que dejó Francisco, sobre la posibilidad que los animales vayan al cielo.

En fin, mejor dejo en paz a los pobres animalitos. El problema son las animaladas de los hombres, que por falta de buena teología y filosofía puede concluir en los más tremendos absurdos, que ya no se reducen a solitarios diletantes sino a encumbrados juristas, filósofos y teólogos –si es que tal título les cabe-. Concluyo con otras de las profecías del Padre Castellani, en este caso sobre la ausencia de buenas universidades en nuestro país. Dijo en el artículo ya citado: “Nación sin alta vida intelectual es nación descabezada, y una gallina con la cabeza cortada puede disparar bastante en todas direcciones y hasta cacarear, para al fin desangrarse y caer.”

Hildebrando Tittarelli