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Los débiles y el castigo divino

(Néstor Martínez, InfoCatólica – 31 de marzo 2020) Dice la Nota de la Pontificia Academia para la Vida, “Pandemia y Fraternidad Universal. Sobre la emergencia covid-19”, del 30 de marzo de 2020:

“También esta última consideración, sobre la mayor penalización a la que están sometidos los más frágiles, nos insta a prestar mucha atención a la forma en que hablamos de la acción de Dios en esta situación históricaNo podemos interpretar los sufrimientos por los que pasa la humanidad en el crudo esquema que establece una correspondencia entre la “majestad herida” de lo divino y la “represalia sagrada” emprendida por Dios. Si consideramos entonces, que de esta manera serían los más débiles los más castigados, precisamente aquellos por los que Él se preocupa y con los que Se identifica (Mt 25,40-45), vemos cuan equivocada es esta perspectiva. Escuchar las Escrituras y el cumplimiento de la promesa de Jesús nos muestra que estar del lado de la vida, como Dios nos enseña, se concretiza en gestos de humanidad hacia el otro. Gestos que, como hemos visto, no faltan en el momento actual.”

http://www.academyforlife.va/content/dam/pav/documenti%20pdf/2020/Nota%20Covid19/Nota%20sobre%20la%20emergencia%20Covid-19_ESP_.pdf

Obviamente que no tenemos revelación divina especial sobre el tema, pero de todos modos, nos parece que se nos puede excusar si no podemos dejar de hacer algunas observaciones, dado lo que hemos estado viviendo últimamente todos nosotros.

Al menos a nivel terminológico, es contradictorio hablar de “penalización” y negar que haya un “castigo”. Igualmente en ese plano terminológico, no se ve porqué usar el concepto que incluso parece sarcástico de “represalia sagrada” en vez del más normal y teológico de “castigo divino”. Igualmente, el recurso al término “majestad herida” parece querer dificultar, en forma algo demagógica, la comprensión de eso muy básico y sencillo que es el carácter de “ofensa a Dios” que hay en todo pecado.

Pero en definitiva, el argumento es que no se puede hablar de un castigo divino en una situación en la cual una gran cantidad de los que sufren son débiles y desamparados.

Ahora bien: ¿es bíblica esa forma de pensar? ¿Qué porcentaje de los habitantes de Sodoma y Gomorra era menor de edad, o pobre, o anciano, o enfermo, desvalido, etc.? ¿Cuáles eran esos mismos porcentajes entre las víctimas del Diluvio? ¿Y cuando el Reino del Norte cayó ante los asirios, o el del Sur ante los babilonios? ¿Qué nos dicen las Lamentaciones del profeta Jeremías? ¿Dicen que la mayor parte de los exterminados por Nabucodonosor eran ricos y poderosos?

Más bien la Escritura enseña que cuando se ha ofendido gravemente a Dios, como sin duda se ha estado haciendo últimamente, no se puede tomar como rehenes a los pobres y los débiles para ampararse con ellos ante la justa retribución divina.

Por otra parte, si esto que está pasando ahora no es un castigo de Dios ¿entonces qué es? ¿No se ha enterado el Señor de lo que está pasando en la Tierra? ¿Y la Omnisciencia? ¿O es que no lo ha podido evitar? ¿Y la Omnipotencia, entonces?

Porque, sí, concedamos que metafísicamente es posible que Dios permita el mal sin que ello sea un castigo, y que además, no todo mal que se sufre en esta vida es simplemente un castigo por el pecado.

Pero ¿y el contexto actual, extra e intraeclesial?

¿Alguna vez se había presenciado tal cúmulo de desastres, moralmente hablando, claro, en el mundo y en la Iglesia? ¿Verdad que no? ¿Qué es lo que cabía razonablemente esperar? ¿Premios, recompensas, palmadas en la espalda, elogios, “sigan así”?

Es decir, si en un contexto así aparece algo como el coronavirus ¿qué podrá ser? ¿Podrá ser un castigo? ¿Podrá, más bien, no ser un castigo?

¿Podemos sinceramente creer que esto, para el mundo y la Iglesia, o al menos, sólo para la Iglesia, no es más que una “prueba” destinada al crecimiento y perfeccionamiento en la virtud, para que el testimonio cristiano brille más esplendorosamente aún de lo que brilla actualmente en la Iglesia?

¿Hemos leído las noticias eclesiales de los últimos meses o años?

Para decir nada más que una cosa: ¿se puede adorar ídolos en el Vaticano y extrañarse luego de oír mencionar la palabra “castigo”? ¿Es eso lo que se desprende de la lectura de la Sagrada Escritura?

Y no mencionemos la red homosexual clerical y la crisis de abusos con la que indudablemente está conectada.

Y también está la magnitud de lo que estamos viviendo hoy día, sin comparación en el pasado de la humanidad y de la Iglesia. El planeta parado, los fieles en la mayor parte del mismo sin poder asistir a Misa y con dificultades para recibir los Sacramentos.

¿Es eso una teoría conspiranoica, o son hechos?

¿O será acaso la parte fundamentalista de la realidad?

En el supuesto de un castigo divino ¿qué más tendría que hacer el Señor para que nos enterásemos de que nos estaba castigando?

¿No hay que saber leer los signos de los tiempos?

Como dice Nuestro Señor en el Apocalipsis, cap. 3, 14 – 19:

“Y escribe al ángel de la iglesia en Laodicea: He aquí el Amén, el testigo fiel y verdadero, el principio de la creación de Dios, dice esto: Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca. Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo. Por tanto, yo te aconsejo que de mí compres oro refinado en fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas para vestirte, y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veasYo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete.”

El Señor reprende y castiga a los que ama. Y nos acaban de decir que lo que vivimos no puede ser un castigo de Dios, porque Dios ama a los débiles y ellos serían los más castigados…

Pero además, pensemos en alguien pobre y débil que está en gracia de Dios, al cual el Estado quiere pervertir con la ideología de género, mientras que algún clérigo infiel quiere quitarle su fe enseñándole alguna variante de la herejía modernista. ¿Sería muy malo que el Señor lo llevase a la eterna Felicidad mediante el coronavirus?

¿Sería mejor la suerte de este pobre y débil si se quedase en esta vida para poder seguir presenciando, indefenso humanamente hablando, el avance del mal, que hasta la llegada del coronavirus parecía realmente incontenible?

¿Y si ese pobre y débil no estaba en gracia de Dios, sino en pecado mortal, y la peste actual le ha servido para moverse, gracia de Dios mediante, a la conversión?

Desde el punto de vista de la fe cristiana, ninguno de estos dos débiles podría figurar entre “los más castigados”.

Y si ha rechazado esa gracia ¿sería injusto el castigo divino?

Precisamente el hecho de que no todo mal que se sufre en esta vida pueda ser considerado castigo, porque también hay males que Dios envía para perfeccionamiento de sus fieles o para conversión de los pecadores, invalida el argumento que dice que Dios no puede castigar al mundo y a muchos en la Iglesia porque castigaría a muchos débiles y frágiles.

Dios no castiga a los inocentes en tanto que son realmente inocentes, y no dejará de dar a cada una de las víctimas de esta peste, con nombre y apellido, según sus obras, con Suma Justicia y Suma Misericordia.

Lo anterior nos lleva a otro aspecto de la cuestión: ¿cuánto se ha rezado en la Iglesia últimamente pidiendo que la mano del Señor pusiese fin a la demolición continua que, comenzada hace décadas, estaba llegando a ahora a niveles nunca antes vistos?

¿Nos vamos a sorprender ahora si el Señor responde a esas oraciones de un modo que ciertamente no entraba en los cálculos de nadie, o sea, como suele Él hacer las cosas?

A otra Iglesia le dice el Señor en el Apocalipsis, cap. 3, 1 – 3:

“Escribe al ángel de la iglesia en Sardis: El que tiene los siete espíritus de Dios, y las siete estrellas, dice esto: Yo conozco tus obras, que tienes nombre de que vives, y estás muerto. Sé vigilante, y afirma las otras cosas que están para morir; porque no he hallado tus obras perfectas delante de Dios. Acuérdate, pues, de lo que has recibido y oído; y guárdalo, y arrepiéntete. Pues si no velas, vendré sobre ti como ladrón, y no sabrás a qué hora vendré sobre ti.”

El Señor iba a venir sobre esa Iglesia como un ladrón, si no se arrepentían.  ¿Qué porcentaje de débiles y fuertes habría en esa congregación? Recordar que a los comienzos el cristianismo se extendió más bien entre las clases bajas.

¿De veras creemos que a fuerza de “ilustración” hemos logrado “domesticar” a Dios hasta el punto de que hacerle perder las “crudas” costumbres que manifiesta en la Escritura?

Pero como si todo esto fuese poco ( y saliendo ahora del tema de la Pontificia Academia Pro-Vida), nos encontramos con la siguiente noticia en LifeSiteNews:

https://www.lifesitenews.com/news/vatican-news-calls-coronvirus-an-ally-of-the-earth-because-of-environmental-benefits

Vatican News” ha primero publicado y luego retirado un artículo de un Padre Jesuita en el que se decía que el coronavirus es una especie de “aliado mediambiental” de la Tierra…

Según dice la noticia, el R.P. Benedict Mayaki, S.J., luego de haber dicho solamente que la peste es “un problema global de salud“, ha sostenido que dicha plaga está trayendo inesperados beneficios al planeta, y que la Tierra se está curando a sí misma

Y ha apuntado a un conjunto de signos esperanzadores, como por ejemplo, que los peces han retornado a los canales de Venecia, así como muchas aves migratorias, entre ellas cisnes, han vuelto a esa afortunada ciudad

Las emisiones de carbono e hidrógeno se habrían reducido.

Todo ello debido al constreñimiento, digamos, que rige sobre la actividad humana

Se informa en la noticia que el motivo de la retirada de este artículo luego de su publicación ha sido la gran cantidad de reacciones no del todo favorables que logró cosechar…

¿Será que en el fondo, Dios no puede castigar pero “la Tierra” sí? ¿Es más selectiva Gaia con los débiles y frágiles?

Me parece mucho más probable que precisamente por adorar a esa falsa divinidad telúrica, entre otras cosas, es que el Señor nos está enviando esta clamorosa advertencia.

En definitiva, Cuaresma, tiempo de penitencia y arrepentimiento. Esto al menos podemos decirlo con certeza: hemos pecado y merecemos el castigo de Dios. Y lo maravilloso de nuestra fe, a lo que no deberíamos acostumbrarnos nunca, es la Buena Noticia: Dios en cambio nos quiere perdonar, Dios nos ofrece el perdón mediante su Hijo, hecho hombre, muerto, y resucitado por nosotros.

¿Podemos recibir ese perdón de Dios sin reconocer primero que hemos pecado? No. Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos, dice el Señor, y Él no ha venido a buscar a justos, sino a pecadores.

Que su Santísima Madre interceda por todos nosotros.

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