fbpx

Muerte pésima de una joven pecadora

Meditación XIII

Composición de lugar. Contempla una joven pecadora ¡infeliz! En su última agonía.

Petición. Muera yo, oh Jesús mío, la muerte de los justos.

Punto primero. Ven conmigo, hija mía, unos momentos a hacer una meditación provechosísima con poco trabajo, aplicando tus sentidos. Cobra ánimo, ten valor y no desmayes, porque es una escena desgarradora que cada día pasa, y pasa, no obstante, desapercibida a todo el mundo… Entra conmigo en la habitación de una joven liviana moribunda, y acércate al lecho del dolor. ¿Qué ves? Una joven pecadora, ayer admiración del mundo por su hermosura… hoy postrada en el lecho y olvidada de todos, objeto de dolor y llanto… sus manos trémulas y torpes nada pueden estrechar ni sostener… Sus ojos apagados y amortecidos, desencajados y tristes, apenas pueden dar más que miradas lánguidas y moribundas… sus labios fríos y balbucientes… no pueden pronunciar palabra… su cara pálida y amoratada… sus cabellos erizados y bañados del sudor frío de la muerte… su cuerpo todo estremeciéndose en convulsiones horrendas…toda anegada en un mar de angustias, sin que encuentre lenitivo a su dolor… Entretanto las fuerzas se agotan, los dolores van en aumento, su congoja es mortal… Las amigas, tristes, le dan el último adiós… los parientes, conmovidos, se retiran… todos la desamparan, porque nadie ni nada le puede valer… ¡Infeliz! ¿por qué con tiempo no buscaba amigos fieles que la pudiesen ayudar en este trance fatal? Ahora todos la abandonan… ¡infeliz! Mejor le fuera no haber nacido.

Punto segundo. Penetremos en su corazón, hija mía… Si tan aflictivo es el estado de su cuerpo, ¿cuánto más lo será el de su alma? Recuerda su juventud pasada en la liviandad y el pecado, y se llena de confusión y vergüenza… mira los pecados de su edad adulta, y se estremece… mira su porvenir y se desespera… Mira los pecados de su edad adulta, y se estremece… mira su porvenir y se desespera… mira a lo alto, y ve la espada de la divina justicia que va a descargar sobre su cabeza… mira a lo profundo, y ve el sepulcro abierto para recibir su cuerpo… el infierno abierto para tragar su alma… mira a un lado y se le representan todos sus pecados clara y distintamente, que le dicen: “¿Nos conoces? Somos obra tuya; te seguiremos eternamente donde te vayas.” Mira a otro lado, y ve al demonio, que sólo espera la permisión de Dios, la última boqueada, para arrebatarle el alma, que es suya… mira dentro de sí y oye la voz de su conciencia que le dice: “Has errado el camino de la verdad… sólo te resta el sepulcro y el infierno… marcha, maldita, a la casa de tu eternidad, que te has fabricado con tus pecados…” Y entre convulsiones espantosas, agonía violentísima, visajes horrendos, congojas, furores y desesperación inexplicables expira la pobreza pecadora… ¡Oh, que verdaderamente es pésima la muerte de los réprobos!…

Punto tercero. Luego arrojan su cuerpo a la sepultura… parece su memoria con la muerte… el mundo sigue divirtiéndose… y esta alma infeliz es abrasada en las eternas llamas… He ahí el fin de la gloria del mundo… aquí acaba su vanidad y soberbia, aquí su insensatez y delirios… Más aún. Contempla con horror el cuerpo muerto… antes tan hermoso y tan idolatrado, es pasto de gusanos y sabandijas, que se ceban en él… los ratones taladran la mortaja que le envuelve… juegan con el cabello… entran en la boca… registran pacíficamente, allá comen sin que nadie les estorbe su destrozo, ni les dispute su presa… enjambres de gusanos pululan por todas partes… la carne desaparece toda devorada por ellos… mueren también los gusanos… y sólo quedan unos huesos descarnados, negruzcos y calcinados que también se encargarán de destruir el tiempo… así se acaba la comedia de la vida, sus pompas, sus vanidades, sus castillos de aire… Eso mismo pasará, hija mía, a tu cuerpo que tanto regalas y que por regalarlo tanto pecas. ¡Qué insensatez! ¡qué locura! Conviértete.

Padre nuestro y la Oración final.

Fruto. Castigaré mi cuerpo y lo sujetaré al yugo de la ley del Señor, para librarle de la perdición eterna

San Enrique de Ossó




Artículo anteriorMuerte
Artículo siguienteRidiculización de la piedad
Meditación
Meditación
Meditaciones diarias de los misterios de nuestra Santa Fe y de la vida de Cristo Nuestro Señor y de los Santos.

Del mismo autor

De la ley de Dios y el deseo de aprovechar

Meditación para el lunes de la decimoséptima semana PUNTO PRIMERO. Considera cómo...

Últimos Artículos

Pastor con olor a ovejas…de la ONU

Es admirable la capacidad del Papa Francisco...

Meditación sobre la Dolorosa

El 15 de septiembre la Iglesia celebró...