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Ridiculización de la piedad

1. Nunca hubo –escribe Paul Allard- nadie que, con sufrimientos y muerte voluntariamente aceptados, diera testimonio de la verdad de las religiones paganas. Los cultos paganos, a lo más, produjeron fanáticos, como los galos, que se hacían incisiones en los brazos, y hasta se mutilaban lamentablemente en honor de Cibeles.

Es preciso llegar a Jesucristo para encontrar el pensamiento, la voluntad declarada de hacer de los hombres testigos y como fiadores de una religión.

«Vosotros –dijo Jesús- seréis testigos (mártires) de estas cosas» (Lc 24, 48). Más aún: «Vosotros seréis mis testigos en Jerusalén, Judea y Samaría, hasta los últimos confines de la tierra» (Hch 1, 8).

Los discípulos del Señor han recorrido ese camino doloroso desde el primer día de la historia del Cristianismo: «Su fe es tachada de fanatismo, su irradiación es proselitismo, su rectitud es reproche».[1]

Una de las pruebas más duras que habían de sufrir los mártires de todos los tiempos eran los sufrimientos de aquellos que se veían en la alternativa de guardarse fieles a Cristo o de ceder a los reclamos de la propia familia, llenos de amor y de angustia.

Dice San Agustín: «cuántos fieles, a la hora de confesar a Cristo, flaquearon a causa de los abrazos de sus parientes».[2]

Y el rumor, el antiguo método denigratorio que los enemigos de Dios han empleado siempre: «Entonces le trajeron un endemoniado ciego y mudo, y lo sanó, de modo que hablaba y veía. Y todas las multitudes quedaron estupefactas y dijeron: “¿Será éste el Hijo de David?” Mas los fariseos, oyendo esto, dijeron: “Él no echa los demonios sino por Beelzebul, el príncipe de los demonios”» (Mt 15, 24).

El insulto y la burla rodearon siempre a los fieles a Cristo, también la calumnia, que Voltaire acuñó en su célebre frase «Miente, miente que algo queda», y, que posteriormente Goebbels, hizo suya.

2. Empero hoy, se ha instalado una cultura de la burla en contra de la piedad cristiana, misma que también se da al interior de la Iglesia Católica, en contra de los fieles que defienden la sana doctrina, que no es reciente, pero que en los últimos años se ha intensificado.

Tiempos singulares en la historia de la Iglesia en los que «teólogos» dura y largamente enfrentados con el bimilenario Magisterio apostólico son considerados por muchos como los mejores.

¿Cómo está la Iglesia –se preguntaba el P. José María Iraburu- allí donde un grupo de laicos que crea en la doctrina católica sobre Jesucristo, la Virgen, los ángeles, la Providencia, la anticoncepción, el Diablo, etc., y se atreva incluso a «defender» estas verdades agredidas por otros, sea marginado, perseguido y tenido por integrista? [3]

Hoy por hoy, ni qué se diga de aquellos seglares que no reciben la Sagrada Comunión en la mano, o que se arrodillan para recibirla, son la mofa hasta de los mismos sacerdotes, y generalmente primero de ellos, y enseguida de los demás.

«La llamada contradicción de los buenos, es una de las contradicciones más desconcertantes que pueden sufrir los hombres de Dios, porque proviene del interior de la propia Iglesia y la llevan a cabo personas de fe, convencidas habitualmente de la bondan de sus actuaciones».[4]

Lo que está en juego para un cristiano es «ser de Cristo o ser del mundo… Está en juego el lugar de la Cruz en la vida cristiana, la función real del primado de Pedro, el arraigamiento de la moral católica en la tradición de la Iglesia y en el Magisterio apostólico, la fuerza vinculante de las normas morales, la oración y los sacramentos como condiciones necesarias para vivir según el Espíritu, la consideración de esta vida presente, tan breve, como una preparación grandiosa para la vida eterna».[5]

3. ¿Acaso no afirma el catecismo que, el mundo con el demonio y la carne, es un enemigo feroz del hombre?

Es difícil definir qué es el mundo «por su misma complejidad. Es, en último análisis, el ambiente anticristiano que respira entre las gentes que viven completamente olvidadas de Dios y entregadas por completo a las cosas de la tierra. Este ambiente malsano se constituye y manifiesta en cuatro formas principales:

  1. Falsas máximas.
  2. Placeres y diversiones cada vez más abundantes.
  3. Escándalos y malos ejemplos casi continuos.
  4. Burlas y persecuciones contra la vida de piedad.

Contra los vestidos decentes y honestos; contra los espectáculos morales, que califica de ridículos y aburridos; contra la delicadeza de conciencia en los negocios; contra las leyes santas del matrimonio, que juzga anticuadas e imposibles de practicar; contra la vida cristiana del hogar; contra la sumisión y obediencia de la juventud, a la que proclama omnímodamente libre para saltar por encima de todos los frenos y barreras, etc., etc.» [6]

«Cuando aludimos al mundo como enemigo del hombre, no nos referimos al hermoso planeta que habitamos ni a todo el conjunto del universo, sino a ese ambiente malsano y pecaminoso que se respira entre las gentes que viven completamente olvidadas de Dios y no piensan sino en divertirse y entregarse a toda clase de placeres lícitos e ilícitos. El ambiente de frivolidad y de pecado que forman esas personas es lo que constituye el mundo en cuanto enemigo de nuestra alma».[7]

El mismo Jesús presentó su doctrina como radicalmente opuesta a la que estimaba y defendía la sociedad de su tiempo: condena la ley del talión «ojo por ojo, diente por diente» sustituyéndola por algo muy diverso: «Amarás a tus enemigos y rogarás por ellos».

Esta sociedad materializada, sedienta de placeres -aunque se consigan contra la Ley de Dios- tiene su propia filosofía, sus fórmulas prácticas de vida; quien las acepte y trate de cumplirlas será enemigo declarado de Jesús y pondrá en peligro su salvación.

4. La cultura occidental promueve un estilo de vida facilón y superficial pero devastador. La vida cómoda conlleva muchos problemas que no percibimos a simple vista. Principalmente la comodidad afecta a la voluntad, lo que causa estragos en todas las áreas de la vida.

¿Cuáles son las fórmulas del mundo, dignas de reprobación? Las oye usted diariamente ya que constituyen la norma pasional de vida de muchos ciudadanos, aún cristianos. Algunos ejemplos:

1)  Goza cuanto puedas de todo, ya que la vida es muy corta.

2)  Felices los ricos porque ellos pueden conseguir todos los deleites que hacen dichosos a los hombres.

3)  La juventud tiene sus derechos y sus exigencias, y no se deben coartar, ya que luego le llegará la ancianidad en la que no podrá gozar de nada.

4)  Lo principal es el negocio, la abundancia, el triunfo en la sociedad; lo que vendrá después poco importa.

5)  Ya tendrás tiempo de pensar en el cielo y en el infierno; ahora no te molestes con esas monsergas.

6)  ¿Quién sabe si existe el más allá, porque ¿acaso ha venido alguno del cielo o del infierno para revelarnos lo que hay tras ese misterio?

Estas y otras similares fórmulas racionalistas son el motor de la mayoría de las almas. Y son las fórmulas, las burlas contra la Verdadera Fe, la piedad y la vida religiosa los escándalos de personas públicas que viven en contradicción con su fe; las pasiones bajas desatadas como canes e incitadas a través de los medios de comunicación social; los chistes contra las personas sagradas y contra quienes deseen vivir el Evangelio con integridad; los insultos a Dios y las realidades sagradas que aparecen en anuncios y publicaciones.

Ese es el mundo, como enemigo del hombre: el ambiente humano, el clima de corrupción, la injusticia cabalgante entre nosotros, la mofa contra lo sagrado. Un ambiente que desorienta a la persona, que la corrompe con su mal ejemplo, y que obliga a muchos a abandonar su fe ante la risotada del mundo.

San Pablo nos invita a ofrecer el verdadero culto que es espiritual y transformar nuestra mente «no acomodándonos al siglo» (cf. Rom.12, 1-2), de ahí que la liberación de las idolatrías es un presupuesto vital en la vida cristiana: «En efecto, el hombre que vive como si Dios no existiera, al no poder vivir sin religión, acude a dioses suplementarios a los que no deja de ofrecer el incienso de su secreta adoración. Cuando el hombre no adora a Dios, lo reemplaza por ídolos. Hay, pues, que empezar por liberar al hombre de cualquier idolatría (…) el dios dinero, el dios poder, el dios sexo, el dios técnica… Es la liberación más importante: liberar al hombre del círculo diabólico del egoísmo para abrirlo a la adoración a Dios». [8]

El Libro Sagrado de la Sabiduría, en su capítulo V, describe dramáticamente la sorpresa de los mundanos malvados que verán salvos y felices a quienes tuvieron como mentecatos, mientras ellos admitirán su derrota definitiva: «Anduvimos por desiertos donde no hay caminos, pero no fuimos capaces de conocer el camino de Dios».

«No hay que seguir la costumbre de los hombres, sino la verdad de Dios».[9]

«Dejáos de estos miedos: nunca hagáis caso en cosas semejantes de la opinión del vulgo. Mirad que no son tiempos de creer a todos, sino a los que viéreis van conforme a la vida de Cristo»,[10] escribió Santa Teresa de Avila, quien junto a Santa Teresita de Lisieux, Santa Angela de Foligno, Santa Juana de Arco, Santa María Magdalena, Santa Margarita de Cortona, Santa Isabel de Hungría, Santa Francisca Romana, son entre otros santos, Patronas de las personas ridiculizadas por su piedad.

Digamos con Santa Brígida: «Gloria a Ti, mi Señor Jesucristo, por las burlas que soportaste cuando fuiste revestido de púrpura y coronado con punzantes espinas, y aguantaste con una paciencia inagotable que fuera escupida tu faz gloriosa, que te taparan los ojos y que unas manos brutales golpearan sin piedad tu mejilla y tu cuello».[11]

Germán Mazuelo-Leytón 

[1] HAMMAN, La vida cotidiana de los primeros cristianos.

[2] SAN AGUSTÍN, Sermo 284.

[3] IRABURU, P. JOSÉ MARÍA, Infidelidades en la Iglesia.

[4] SEJAS, JOSÉ MIGUEL, Piedras de escándalo.

[5] IRABURU, JOSÉ MARÍA, De Cristo o del mundo.

[6] ROYO MARIN OP, P. ANTONIO, Teología de la perfección cristiana.

[7] ROYO MARÍN OP, P. ANTONIO, Teología de la salvación.

[8] DE FIORES, STEFANO, Diccionario de espiritualidad montfortiana.

[9] SAN CIPRIANO, Epist. LXIII, 14.

[10] SANTA TERESA, Camino Perf. Esc. 36, 6.

[11] SANTA BRÍGIDA, Canto final a Cristo mártir.




Germán Mazuelo-Leytón
Germán Mazuelo-Leytón
Es conocido por su defensa enérgica de los valores católicos e incansable actividad de servicio. Ha sido desde los 9 años miembro de la Legión de María, movimiento que en 1981 lo nombró «Extensionista» en Bolivia, y posteriormente «Enviado» a Chile. Ha sido también catequista de Comunión y Confirmación y profesor de Religión y Moral. Desde 1994 es Pionero de Abstinencia Total, Director Nacional en Bolivia de esa asociación eclesial, actualmente delegado de Central y Sud América ante el Consejo Central Pionero. Difunde la consagración a Jesús por las manos de María de Montfort, y otros apostolados afines

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