“Escuchad y atended, ovejas de Dios: El Señor reclama sus ovejas a los malos pastores y les pide cuenta de haberlas llevado a la muerte”  (San Agustín)

Esta semana recibía un mensaje en mi teléfono, “Sonia, ¿Has leído lo que dice el Papa de las divorciadas?” Mi pregunta a la persona que me lo envió fue: “¿Y qué dice el Papa?” Por lo visto el Romano Pontífice expuso en una audiencia que “los divorciados no están excomulgados” y la gente, por lo que me ha parecido entender, interpreta que “los divorciados pueden Comulgar”. Esta frase ha ocupado todos los titulares de prensa.

Como ya han salido inmediatamente los “lava caras” vaticanistas a explicar lo que dijo, lo que quería decir, lo que no dijo y lo que no quiso decir, centrémonos en lo verdaderamente importante, toda esta confusión y estos mensajes ambiguos, ¿No serán una trampa del maligno? Nunca un Papa necesitó tantos intérpretes y eso que dice la gente que “a este Papa, se le entiende muy bien”, menos mal. Pues si esto sucede en una audiencia preparada en la que no se improvisa ni un punto ni una coma, es normal el “lío” que se monta a diario ante discursos improvisados. Supongo que a todos nosotros, lo que de verdad nos agrada, es que el Santo Padre nos hable de la vida de Gracia y de lo que tenemos que hacer para salvar nuestra almas, en vez de presentarnos a diario a los pecadores públicos como los grandes arrepentidos de la historia, cuando una inmensa mayoría no acuden ni siquiera los domingos a la Santa Misa y si lo hacen, Comulgan sin ningún tipo de temor y sin estar en Gracia de Dios. Creo que no incurro en ninguna falsedad al decir algo que es de dominio público, no tienen más que abrir cualquier revista del corazón y ahí están las fotos para ilustrarnos en lo que acabo de comentar. Personas con nombre y apellido, separadas y amancebadas, Comulgando. Eso es pecado mortal público y si alguien piensa que decir esto es “falta de caridad”, es que no ha profundizado en el significado de las virtudes teologales.

No sé a Vds. pero a mí, sinceramente, si algo contradice el Magisterio de la Iglesia, me da igual que lo diga el Papa o el Obispo de Cádiz, nuestro lema debe ser “fieles a Jesucristo”. Acaso si mañana el Santo Padre dijera que podemos pegarle un pistoletazo al que nos mire mal, ¿Vds. lo harían? O si nos dijera que debemos beber sin control para sobrellevar las desgracias, ¿Considerarían obedecer? Pues esto mismo es trasladable a todo lo demás. Los pecados no los define el hombre a su gusto y conveniencia. Obviamente son ejemplos hipotéticos…o no, vayan Vd. a saber. Pero observen todo lo que ha acontecido estos días con relación a nuestra Iglesia, les hablo una vez más del padrino transexual. Lo importante no es lo que sea o deje de ser este señor, sino los hechos. Un Obispo da carta blanca al pecado mortal público, así de sencillo. No necesita interpretación ni nada, esto es lo que ha ocurrido, el pecado mortal es premiado, el triunfo del demonio dentro de nuestra Iglesia, faltaba la granada en el Altar, pero ya ha reventado: “Los heterosexuales, transexuales y homosexuales que lleven una vida congruente con la fe encontrarán abiertas las puertas de la Iglesia”. Resulta que nacer mujer, operarte, hormonarte y decir que estás orgulloso de ser un hombre es “llevar una vida congruente a la fe”. No obstante, en último caso, ahora han salido los Presbíteros Obisperos, apoyándose en el Código de Derecho Canónico para recordarnos que está bien que los haya, pero que no es obligatorio llevar padrinos de bautizo. Ya ven las opciones que nos presenta la Santa Madre Iglesia, o prescindir de padrino o llevar uno no apto, es de risa. Es normal que no haya niños en las Iglesias, con el ejemplo que reciben sería completamente extraño.

Lo importante y preocupante de esta situación es lo que sucede en nuestras almas, en la del feligrés medio, como Vds. y como yo, que nos esforzamos en nuestra vida de piedad, en vivir en Gracia de Dios, que luchamos contra las faltas diarias y por ello acudimos frecuentemente al Sacramento de la Confesión y a la Santa Misa diaria, ¿Qué tenemos que pensar? ¿Toda esta inmundicia nos hace tambalearnos en nuestra Fe? Pues agarren fuertemente el corazón al pecho porque posiblemente habrá más sufrimiento y más hechos que nos dejarán perplejos. El demonio ha entrado por la puerta grande y fíjense Vds., las almas que anhela son las que no tiene, las que aún no ha conseguido. Aquel que Comulga en pecado mortal, ya es reo de su pecado por lo tanto ya está en brazos del maligno y no es un alma que él ansíe, el objetivo son las almas puras, las que luchan por la Santidad, las que pertenecen fieles al Magisterio, esas son las que verdaderamente le interesan, las otras ya las ganó hace tiempo y ¿Cómo conseguirlas? Tan sencillo como esto, presentándonos el pecado mortal como algo bueno ante la sociedad, ante el mundo, nuestros Pastores vitoreando al pecador, de esta manera las faltas y pecados veniales ¿A quién le van a preocupar? Esta semana leía un artículo de un Sacerdote y teólogo de moda, en el que hacía una semblanza del político fallecido recientemente, el Sr. Zerolo. Si un Presbítero ante un pecado que clama al cielo aplaude y lo celebra, ¿Qué le dirá en Confesión al que se acusa de una falta leve? Supongo que este señor es de los que no se sientan a escuchar los pecados de nadie, es obvio y evidente y casi es mejor que sea así.

“Son muy pocas las ovejas bien alimentadas y sanas, es decir, aquellas a quienes no falta el sólido manjar de la verdad y se apacientan abundantemente con los dones de Dios. Pero los malos pastores ni a éstas perdonan; les parece poco descuidar a las enfermas y errantes, a las débiles y descarriadas, y llegan incluso a dar muerte a las que están fuertes y sanas” (San Agustín)

Estos días me decía una señora, “¿Y qué vamos a confesarnos? No seas tonta, si nosotros no matamos ni andamos en todas esas guarrindongadas de las que se habla en la tele”. Aquí tienen el resultado y muchos Santos Párrocos desbordados por las miles de preguntas de sus feligreses, porque algunos Obispos en vez de dar ejemplo, son un contra ejemplo. Esto ya no lo para nadie, es un holocausto de almas.

Esta semana cuando acudía a confesarme, delante de mí entró una señora de unos 90 años, la conozco de vista, acude todos los días a la Santa Misa, es una mujer piadosa y uno puede pensar, frente a toda la bazofia que vemos a diario, ¿Qué irá a contar esta buena mujer al Confesor? La Confesión frecuente, nos fortalece, nos purifica y nos ayuda a luchar contra el pecado mortal. Tenemos que cuidar el alma.

Sólo se habla de divorcios, de amancebamientos de hijos de un matrimonio, de otro matrimonio, pero no se recuerda que tras una separación matrimonial existe la posibilidad de vivir en Gracia de Dios, con un alma pura y en castidad, ¿Por qué no se recuerdan estas cosas? El otro día comentaba una persona en las redes sociales la vida de su tía, que estuvo 40 años sin Comulgar, aunque acudía a la Santa Misa, pero no recibía al Señor porque vivía con un hombre sin estar casada y se preguntaba él, qué pensaría la pobre señora si viviera y viera todo esto. Pues no hay nada que pensar, en el juicio daremos cuenta de lo nuestro no de los pecados ajenos, eso es lo que tenemos que tener claro. Y el que se condene lo hará libremente, no sabemos en que momento nos podemos morir y si lo hacemos con el equipaje que algunos nos quieren poner, tengan por seguro que no nos salvará nadie de ir al infierno, ni la misericordia divina de la que tan alegremente se habla. ¿Es qué nuestros Pastores no nos quieren mostrar el camino al cielo? ¿Qué interés oculto pueden tener en que nos condenemos? ¿Son mercenarios? Si algo tengo que agradecer a los Santos Sacerdotes que me han conducido a la vida de Gracia y me han apartado del mal camino, es eso, hacerme aborrecer el pecado y anhelar el poder ver un día, cara a cara, a nuestro Buen Dios. Es para estremecerse de pena cuando escuchas a nuestros jerarcas negar el pecado y doblegarse a los intereses mundanos, el maligno ha tocado esos corazones y si nos dejamos arrastrar, hará lo mismo con los nuestros.

No se trata de condenar al pecador, pero sí que hay que señalar el pecado y ayudar a la salvación del mundo. Recapacitemos, el Magisterio de la Iglesia es inalterable, no lo cambia ni el Santo Padre ni el Obispo de ninguna Diócesis porque es totalmente imposible, nada ni nadie está por encima de la Ley de Dios.

“¡Ay de los pastores que pierden y dispersan las ovejas de mi majada!-oráculo del Señor- Por eso, así dice el Señor, Dios de Israel, acerca de los pastores que apacientan a mi pueblo:  vosotros habéis dispersado mis ovejas, las habéis ahuyentado, no habéis cuidado de ellas. Mirad que Yo mismo me ocuparé de castigar la maldad de vuestras obras – oráculo del Señor” (Jeremías 23:2)

Sonia Vázquez