Hoy en REMNANT TV: Los Sermones Dominicales desde San Pablo del Sur (domingo, 14 de febrero de 2016) (Transcripción del vídeo)

El padre nos cuenta la historia del padre Maximiliano Kolbe y del hombre cuya vida salvó. A partir de esto, dibuja un paralelismo sorprendente con el nombre de Jesucristo y de que manera todos, desde políticos hasta papas, se están avergonzando de pronunciarlo.

Uno de los sermones más poderosos del padre, hasta este momento.

“En el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Recordad que aquí en San Agustín, a partir de este sábado y en adelante, la misa matutina de las 8 será Tridentina, seguida de las confesiones. Así es que, para aquellos de ustedes para quienes sería conveniente y para tener una nueva oportunidad, de ahora en adelante, todas las misas matutinas de los sábados, a las 8, serán Tridentinas.

Tras la misa, están cordialmente invitados a unirse abajo para tomar un café o un té y unas pastas, así podemos confraternizar un poco. Puede que hayan juegos y actividades para los más jóvenes. Y puede que les pidamos a algunas personas que se suscriban, quizá para febrero, para el primer domingo. Por favor, únanse a nosotros tras la misa, para conocer las caras nuevas y las ya familiares, les damos la bienvenida a todos, incluso a algunas personas venidas de Eastville; bienvenidos de nuevo, quienes se han unido a nosotros para esta misa.

En el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo….

Hace unos 25 años, iba escuchando la radio en el coche que conducía y escuché a un hombre que era superviviente de Auschwitz, durante el período del holocausto nazi en la Segunda Guerra Mundial., que era entrevistado en el programa. Su historia era increíble. Habló sobre Auschwitz, de las terribles condiciones, la amenaza constante y la realidad del a muerte en manos de los nazis.

Habló de una fuga aparente; en última instancia, ni siquiera fue una fuga: simplemente, uno de los prisioneros del campo había muerto. Y habló sobre una fuga cuyo castigo fue la ejecución de 10 prisioneros inocentes. Era la práctica normal y la política de la Gestapo y de los nazis en Auschwitz.

Así que, juntaron a todos los prisioneros y los pusieron en fila; el comandante, aparentemente al azar, iba señalando a cada uno de los 10 que iban a morir. Y el comandante señaló a este hombre, él iba a ser uno de ellos. Y gritó: “Por mi mujer, por mis hijos, por favor, ¡no!”. Y, en ese momento, otro prisionero dio un paso al frente, lo cual era increíblemente audaz bajo esas circunstancias y dijo: “Yo soy sacerdote. No tengo familia. No tengo esposa ni hijos. Por favor, elíjame en lugar de este hombre; por su familia”.

El comandante dudó. De hecho era probable que, bajo esas circunstancias, el sacerdote fuera añadido a los 10, así serían 11 los que morirían. Pero, sin duda, la Divina Providencia estaba trabajando; así, el comandante permitió que este pobre padre de familia regresara a la fila y tomó al padre Maximiliano Kolbe, a San Maximiliano Kolbe como le conocemos hoy, en lugar de aquel hombre afortunado.

En el transcurso de los días aquellos 10 prisioneros, lentamente, murieron de hambre. Y San Maximiliano Kolbe les animaba continuamente, rezaba con ellos y sostenía sus espíritus. Les ayudó asegurándoles la salvación de su alma en aquellos días y en el momento de la agonía.

El padre Kolbe fue el último en morir… Al final, por misericordia, un médico nazi le suministró una inyección de veneno; al ver su sufrimiento, sintió lastima por él.

Este hombre, 45 años más tarde, estaba en la radio contando su historia… Es una historia que nunca me he cansado de repetir. Este hombre sobrevivió a Auschwitz. Se fue a casa con su esposa, tuvo hijos y nietos y vivió más de 50 años, tras esta aproximación tan increíble a la muerte.

Pero, lo que encontré increíblemente alentador y reconfortante de lo que dijo en la entrevista fue esto: “Nunca he olvidado lo que ese hombre hizo por mi. Él murió para que yo viviese. ¡Y nunca dejaré de contarle a quién pueda, el nombre de ese hombre ni lo que hizo por mi!”

El hombre cumplió con su palabra. Durante los 53 años que vivió, después de esa experiencia, hasta que murió en 1995, dijo el nombre de San Maximiliano Kolbe a cada oportunidad que tuvo y contó la historia sobre cómo ese hombre murió para que él viviera.

Amigos, hoy es la festividad del Nombre más Santo de Jesucristo. Jesucristo murió para que nosotros pudiéramos vivir. Y yo le pido a Dios que todos nosotros y toda la Iglesia, tengan el fervor de este superviviente de Auschwitz. Para ser decididos, para que nunca dudemos en pronunciar el Nombre de Jesucristo… y que otros sepan lo que Él ha hecho por nosotros. Y lo que haría Él por otros, si se lo pidiesen y se lo permitieran.

El Nombre Más Santo y Poderoso de Jesús. Es por este nombre y por este Poder que la Iglesia Apostólica fue creada y se expandió por todos los confines de la tierra. Fue ese Nombre, el de Jesucristo, que los Apóstoles le invocaban y ejercieron el poder que tenían. El poder de Cristo.

Cuando San Pedro se topó con un cojo, le dijo: “No tengo ni oro ni plata; pero te doy lo que tengo. En el Nombre de Jesucristo, levántate y anda”. Sin la invocación del Nombre de Jesucristo, ya sea explícitamente o durante sus oraciones privadas, los Apóstoles no obraron ningún milagro. Y, cuando querían o necesitaban exorcizar un demonio de los poseídos, no era en su propio nombre que exorcizaban, era el Nombre, el Poderoso Nombre de Jesús. De hecho, los demonios, encuentran detestable el Santo Nombre de Jesús. No sólo no lo pronuncian sino que no soportan escucharlo. Cuando los poseídos se acercaban a Nuestro Señor, como está escrito en los Evangelios, solían gritar: “¡Nosotros sabemos quién eres! ¡Eres el Santo de Dios!”. Por justicia, eran forzados a arrodillarse y reconocerlo, pero no le llamaban por su Nombre.

Un exorcista les puede decir que, por el empleo del Más Santo Nombre de Jesucristo y el de María Su Madre, es por lo que logran hacer los exorcismos. Fue sólo por este Santo Nombre de Jesucristo, por el que se dieron las conversiones, masivas e individuales. Se describe que, al predicar el Nombre de Jesucristo, miles se convirtieron y bautizaron.

El Santo Nombre de Jesús y su Poder, sostuvo el Poder del Espíritu Santo, según los Evangelios, desde sus inicios en Jerusalén hasta los confines de la tierra[i].

Desafortunadamente, en estos tiempos modernos, no oímos suficientemente el Más Santo Nombre de Jesucristo, incluso por parte dela Iglesia Institucional. Parece que sea intencionado, un tipo de política. Para citar sólo un ejemplo: el Papa Francisco de Roma, como todos sabemos, viajó y visitó los Estados Unidos. Se reunió y habló con aquellos que viven en la Casa Blanca; habló ante el Congreso de los Estados Unidos; habló ante la Asamblea de las Naciones Unidas, que representa a los líderes del mundo. Lamentablemente, ni una sola vez, en el transcurso de estos tres discursos públicos, Francisco de Roma pronunció el Nombre de Jesús… Ni una vez.

Amigos, si la Iglesia se vuelve temerosa de predicar a Cristo, el Cristo Crucificado -y éstas son palabras de San Pablo: “yo predico a Cristo y a Cristo Crucificado”-; si la Iglesia, al hablarle al mundo, por miedo, decide no pronunciar el Más Santo Nombre de Jesucristo… Entonces sucederá lo opuesto de lo que ocurrió en tiempos apostólicos; de hecho, ya está sucediendo. En vez de que el Evangelio se esparza hasta los confines dela tierra, la Iglesia empezará a encogerse. Su influencia empezará a minar; perderá cualquier sentido de autoridad religiosa y moral en el mundo. Y esto es, precisamente, lo que ha estado, y está, sucediendo.

En tiempo de los Apóstoles, el Nombre de Jesús era, para los judíos, una piedra en el camino; era, para los gentiles, una tontería y un escándalo. Fue rechazado por una gran parte de los judíos  de los gentiles, como un escándalo o como una tontería. Eso no ha cambiado. Hasta este mismo día de hoy, el Nombre de Jesucristo y lo que representa, continúa siendo una fuente de escándalos, una piedra en el camino para los judíos, quienes no creen, o como una tontería para el mundo secular, que se cree muy sofisticado. Que nunca, nunca, estemos avergonzados de pronunciar el Más Santo Nombre de Jesucristo; de sostenerlo en la más alta estima y que nunca evitemos circunstancia u ocasión en el cual el Nombre de Jesucristo y todo lo que Él representa, esté ante nosotros.

En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.”

Michael Matt
Editor

Traducido por Tina Scislow. Texto original.

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[i]  Esta frase no es muy clara por defectos del audio. (N. de la T.)