Los pasajes más importantes están resaltados en negritas. Todos los textos se presentan como son publicados en el sitio web vaticano. El discurso en el “Mall of Asia Arena”, como de hecho fue dado, fue una mezcla del texto preparado en inglés con comentarios improvisados en inglés y mayormente en español, mientras que la traducción simultánea fue llevada a cabo por Monseñor Mark Miles. El sitio web vaticano, no obstante, proporciona una traducción de las interpolaciones en idioma español.

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Aquí me gustaría decir una palabra especial a los sacerdotes jóvenes, religiosos y seminaristas presentes entre nosotros. Les pido que compartan la alegría y el entusiasmo de su amor por Cristo y la Iglesia con todos, pero especialmente con sus pares. Estén presentes para la gente joven que puede estar confundida y desalentada, pero que continúan viendo a la Iglesia como su amiga en el viaje y como fuente de esperanza. Estén presentes para quienes, viviendo en medio de una sociedad cargada con el peso de la pobreza y la corrupción, están rotos en su espíritu, tentados a renunciar, dejar la escuela y vivir en las calles. Proclamen la belleza y verdad del mensaje cristiano a una sociedad tentada por presentaciones confusas de la sexualidad, del matrimonio y de la familia. Como saben, estas realidades están siendo atacadas cada vez más por fuerzas poderosas que amenazan con desfigurar el plan de Dios para la creación y traicionan los mismos valores que han inspirado y dado forma a todo lo que es mejor en su cultura.

Así como el regalo de la Sagrada Familia fue confiado a San José, así el regalo de la familia y su lugar en el plan de Dios se nos ha confiado a nosotros. Como San José. El regalo de la Sagrada Familia fue confiado a San José para que él pudiera cuidar de ella. Cada uno de ustedes, cada uno de nosotros – porque yo también soy parte de una familia – está encargado de cuidar el plan de Dios. El ángel del Señor reveló a José los peligros que amenazaban a Jesús y María, forzándolos a huir a Egipto y establecerse en Nazaret. Así también, en nuestro tiempo, Dios nos llama a reconocer los peligros que amenazan a nuestras propias familias y protegerlas de los daños.

Estemos en guardia en contra de la colonización de las nuevas ideologías. Hay formas de colonización ideológica que están afuera y buscan destruir la familia. No proceden de sueños, de oraciones, de la cercanía con Dios o de la misión que Dios no dio; ellas provienen de afuera, y por esa razón digo que son formas de colonización. No perdamos la libertad de la misión que Dios nos ha dado, la misión de la familia. Como nuestros pueblos, en un cierto momento de su historia, fueron lo suficientemente maduros para decir “no” a todas las formas de colonización política, así también en nuestras familias necesitamos ser muy sabios, muy astutos, muy fuertes, para poder decir “no” a todos los intentos de colonización ideológica de nuestras familias. Necesitamos pedir a San José, el amigo del ángel, nos envié la inspiración para saber cuándo podemos decir “sí” y cuándo tenemos que decir “no”.

Las presiones sobre la vida de la familia hoy en día son muchas. Aquí en Las Filipinas, innumerables familias aún están sufriendo por los efectos de los desastres naturales. La situación económica ha causado que las familias se separen por la migración y la búsqueda de empleo; los problemas financieros presionan muchos hogares. Mientras que demasiadas personas viven en extrema pobreza, otras se ven envueltas por el materialismo y estilos de vida destructivos de la vida familiar y de las exigencias más básicas de la moralidad cristiana. Estas son formas de colonización ideológica. La familia también es amenazada por los esfuerzos crecientes de parte de algunos para redefinir la institución misma del matrimonio, por el relativismo, por la cultura de lo efímero, por la falta de apertura a la vida.

Pienso en el Beato Pablo VI. En una época en que el problema del crecimiento poblacional estaba siendo tratado, él tuvo el coraje para defender la apertura a la vida en las familias. Sabía de las dificultades que hay en cada familia, por lo que en su Encíclica fue muy misericordioso en casos particulares y pidió a los confesores ser muy misericordiosos y comprensivos al tratar casos particulares. Pero también tuvo una visión más amplia: el observó a los pueblos de la tierra y vio la amenaza de las familias que son destruidas por la falta de hijos. Pablo VI fue valiente, fue un buen pastor y advirtió a su rebaño de los lobos que se aproximaban. Desde su lugar en el cielo, él nos bendiga en esta tarde.

¡Nuestro mundo necesita familias fuertes y buenas para derrotar estas amenazas! Filipinas necesita familias santas y amorosas para proteger la belleza y verdad de la familia en el Plan de Dios y ser apoyo y ejemplo para otras familias. Cada amenaza a la familia es una amenaza a la sociedad misma. El futuro de la humanidad, como San Juan Pablo II frecuentemente decía, pasa por la familia. (cf. Familiaris Consortio, 85). El futuro pasa por la familia. ¡Así que protejan a sus familias! ¡Protejan a sus familias! Vean en ellas el tesoro más grande de su pueblo y nútranlas siempre con la oración y la gracia de los sacramentos. Las familias siempre tendrán sus pruebas, pero que nunca sean ustedes una más de ellas. Por el contrario, sean ejemplos vivos de amor, perdón y protección. Sean santuarios del respeto a la vida, proclamando la sacralidad de cada vida humana desde su concepción hasta su muerte natural. ¡Que regalo sería este para la sociedad, si cada familia cristiana viviera plenamente su noble vocación!. Así que levántense con Jesús y María y emprendan el camino que el Señor trace para cada uno de ustedes.

Finalmente, el Evangelio que hemos escuchado nos recuerda nuestro deber cristiano de ser voces proféticas en medio de nuestras comunidades. José escuchó al ángel del Señor y respondió al llamado de Dios para cuidar de Jesús y María. De este modo, el interpretó su papel en el Plan de Dios, y se convirtió en bendición no sólo para la Sagrada Familia, sino en bendición para toda la humanidad. Con María, José sirvió de modelo para el niño Jesús conforme crecía en sabiduría, edad y gracia (cf. Lc 2, 52). Cuando las familias traen hijos al mundo, los forman en la fe y en valores sólidos y les enseñan a contribuir con la sociedad, ellos se convierten en bendición para el mundo. ¡Las familias pueden convertirse en bendición para toda la humanidad! El amor de Dios se hace presente y activo por la forma en que amamos y por las buenas obras que hacemos. Extendamos el reinado de Cristo en este mundo. Al hacer esto, probamos ser fieles a la misión profética que hemos recibido en el bautismo.

El Cristo Niño es el protector de este gran país. Cuando él vino al mundo, su propia vida fue amenazada por un rey corrupto. Jesús mismo necesitó ser protegido. El tuvo un protector terrenal: San José. El tuvo una familia terrenal, la Sagrada Familia de Nazaret. Así que él nos recuerda la importancia de proteger a nuestras familias y esas familias más grandes que son la Iglesia, la familia de Dios, y el mundo, nuestra familia humana. Tristemente, en nuestros días, la familia con demasiada frecuencia necesita ser protegida en contra de los insidiosos ataques y programas contrarios a todo lo que tenemos por verdadero y sagrado, a lo que es más bello y noble en nuestra cultura.

En el Evangelio, Jesús recibe a los niños, los abraza y bendice (Mc 10, 16). Nosotros también necesitamos proteger, guiar y animar a nuestros jóvenes, ayudándoles a construir una sociedad merecedora de su gran herencia cultural y espiritual. Específicamente, necesitamos ver a cada niño como un regalo que debe recibirse, cuidarse y protegerse. Y necesitamos cuidar a nuestros jóvenes, no permitiendo que se les prive de esperanza y condenándolos a una vida en las calles.

[Traducido por Ramses Gaona. Artículo original]