Liturgical-Year-traditional

Un año, el más significativo de los ciclos de la naturaleza. El hombre lo marca con celebraciones, cumpleaños, aniversarios – incluyendo los aniversarios del Nacimiento (Navidad) y la Resurrección (Pascua) del Señor que definen el propio Año Litúrgico. Es reconfortante para nosotros hoy comenzar de nuevo el ciclo del Domingo posterior a la época intensa de Adviento, Navidad y Epifanía con el mismo Evangelio como en todos los añoscomo nuestros antepasados, tanto en Occidente como en Oriente, siempre lo hicieron: un ciclo anual de lecturas para la Misa. Un ciclo de un año, dictado por naturaleza, recibido a través de la Tradición, recordándonos cada año de las grandes Verdades de nuestra Fe.

El primer Domingo del Tiempo después de Epifanía (antes de Septuagésima), que comenzó ayer, es el próximo Domingo, el Segundo después de Epifanía. Es, por supuesto, el Domingo de las Bodas de Caná: es apropiado para comenzar los Domingos posteriores a Epifanía con el primer milagro del Señor. Hay grandes lecciones y recordatorios en el Evangelio del día, pero el Breviario Romano llega aún más claramente con la voz de la Iglesia, a través de San Agustín:

Incluso dejando de lado cualquier interpretación mística, el hecho de que al Señor le agradó ser cuestionado, e ir a un matrimonio, anuncia con suficiente claridad que Él es el Autor y el Bendecidor del matrimonio…A pesar de que leemos en el Evangelio que cuando se le preguntó al Señor: ¿Es lícito al hombre repudiar a su mujer por cualquier causa? Respondió que no era lícito, salvo que sea por causa de fornicación. ¿En qué respuesta queréis recordar que Él usó estas palabras: Lo que Dios juntó, no lo separe el hombre?

En algunas otras palabras de ese sermón, San Agustín explica:

Los que están bien instruidos en la religión Católica saben que Dios es el Autor y el Bendecidor del matrimonio; y que, mientras que unirse en matrimonio es de Dios, el divorcio es del diablo.

Una advertencia terrible para nuestra era. Nuestro más profundo agradecimiento a aquellos que preservaron el ciclo anual Romano de lecturas para nosotros.

[Traducido por Eduardo Alfaro. Artículo original. Posteado por New Catholic]