Los siete Sacramentos: Bautismo, Confirmación, Eucaristía, Penitencia, Extremaunción, Orden Sagrado, Matrimonio. Hasta la fecha, esto es lo que enseña la Santa Madre Iglesia, ¿Ha variado y no nos hemos enterado? O quizás, además de cambiar, ¿Ya no tienen validez? Vivimos un momento crítico en la historia de la Iglesia, se desconoce lo elemental y fundamental.

Estos días, cuando iba paseando, me encontré con una persona con un “cargo diocesano”, es decir, laico/a implicado que tiene tiempo libre para ejercer el uso y el abuso de los parroquianos. Nuestra conversación giró en torno a un tema que todos los años en primavera está de plena actualidad en las diócesis españolas, “celebración comunitaria de la unción de los enfermos”, fiesta cheli.

Tras una conversación de media hora, me quedó claro lo que se pretende con esta banalización de los Sacramentos. Desde el Concilio Vaticano II, que finalizó en el año 1965, aunque algunos se piensen que lo clausuró San Pedro, los Sacramentos están siendo pisoteados, tal es así, que pretenden presentarlos a la feligresía, como “sacramentales”, tal cual plasmó Lutero.

“Comenzaré por negar la existencia de siete sacramentos, y, por el momento, propondré sólo tres: el bautismo, la penitencia y el pan. Todos ellos se han reducido por obra y gracia de la curia romana a una mísera cautividad, y la iglesia ha sido totalmente despojada de su libertad. Aquilatando mis palabras al uso de la Escritura, en realidad tendría que decir que no admito más que un sacramento y tres signos sacramentales” (Lutero, la cautividad Babilónica de la Iglesia)

Contra esto, el Concilio de Trento se manifestó abiertamente:

“Si alguien dijera que la Extremaunción no es verdadera y propiamente un Sacramento instituido por Cristo nuestro Señor, y promulgado por el bienaventurado Apóstol Santiago, sino que solo es una ceremonia o una ficción de los hombres, sea excomulgado” (Concilio de Trento)

¿Qué se hace hoy en día en las Parroquias? En vez de manifestarse abiertamente como lo hizo Lutero, se hace de manera más capciosa. En palabras de mi interlocutor/a: “el Sacramento de la unción no es lo mismo que la Extremaunción”, ¡ya ven!. Mi pregunta fue si es que los Sacramentos habían aumentado de siete a ocho y no se había hecho oficialmente. Parece ser que sí, porque ahora, hay uno que se subdivide en dos. No se rían, yo aguanté con el semblante serio media hora de explicación sobre este tema. Según tan alto interlocutor, la unción de los enfermos se pone cuando uno está bien, para tener fuerzas para ir a la tienda, para aguantar al vecino, al cónyuge, es como una aspirina, un calmante o un tranquilizante y lo mejor de todo, renovable todos los años en primavera. ¿Qué les parece? ¿Están escandalizados? No me extraña. Lo asombroso de estos buenos samaritanos, es que cuando el enfermo está en el lecho de muerte, no van a su casa a recordarle que ese, precisamente ese,  es el momento en el que deben de llamar al Sacerdote, ¿Pastoral de qué?

Así manipulan a los fieles descaradamente en las diócesis, aprovechándose en muchos casos, de su avanzada edad y de que sus facultades están mermadas. ¡Señor danos una Santa vejez! Para concluir y rematar tanta cultura adquirida en medio de mi ignorancia, por lo visto “preconciliar”, me dieron la bendición final con esta frase: “consúltale a un Sacerdote, porque estás muy equivocada”. Así que como pobre ignorante que soy, me he remitido a las fuentes de la sabiduría, ni más ni menos que al Doctor Angélico y por lo visto, mi pobre visión coincide con lo que el plasmó en su obra cumbre.

“Los sacramentos están destinados a dos fines: a perfeccionar al hombre en lo que se refiere al culto de Dios practicando la religión cristiana; y a ofrecer un remedio para el pecado. Pues bien, para conseguir ambos fines es oportuno que el número de los sacramentos sea siete” (Suma teológica)

 ¿Quieren saber algo más sobre los efectos de la Extremaunción? No es precisamente para calmarnos en la compra si nos dan los pimientos pasados, no, este Sacramento purifica el alma, da paciencia para sufrir las molestias de la enfermedad, da gracia para vencer las tentaciones del demonio y si conviene al alma, da salud al cuerpo. ¿Se puede pedir algo más cuando uno sufre algún padecimiento? El mismo Dios calmando nuestra enfermedad, esto es lo que hay que explicar a los feligreses, como el Señor acude en nuestra socorro y como no se debe frivolizar con las cosas Santas. Es un Sacramento de enfermos.

“Sabe curioso, que se dice este Sacramento, Extrema-Unción, porque es la última Unción, que recibe el Cristiano en esta vida” (San Agustín)

Toda esta parodia que se lleva a cabo en las Parroquias, se realiza de la siguiente manera, en la Misa del día se ponen unas sillas aparte, para que todo el mundo vea a los candidatos seleccionados y durante la Santa Misa, el Sacerdote se acerca a ellos y los unge, además de departir una pequeña y agradable conversación con cada uno, para tranquilizarles y decirles que es el Sacramento de la felicidad, no de la muerte. Para confirmar que aquí paz y después gloria, al terminar, reciben un aplauso de la comunidad parroquial restante y en torno al altar, todos juntos, con el párroco y el responsable ceremonial, se hacen una foto para la hoja parroquial para la posteridad. Esto último está bien, para que dentro de unos siglos, las generaciones postreras puedan ver lo ridículos, absurdos y analfabetos que éramos en el siglo XXI. Las parroquias más generosas, proponen incluso, un lunch o aperitivo en los locales parroquiales para celebrar un día tan señalado. A esto hemos llegado, a mofarnos de los Sacramentos, que han sido instituidos por el mismo Jesucristo.

“Hoy, nuestra celebración tiene un tono peculiar. Un grupo de miembros de nuestra comunidad, que sufren la enfermedad o la vejez, van a recibir el sacramento de la Unción, el sacramento con el que Jesucristo, por la imposición de las manos y la unción del óleo santo, se acerca a ellos con su fuerza que cura y que salva, para acompañarles, para confortarlos, para llenarlos de vida.” (Monición de entrada de una  celebración comunitaria de la unción de los enfermos)

Lo más importante de este asunto, es conseguir un grupo de unas 10 personas, si consigues 15, ya eres un fiera de las negociaciones, ¿Con qué finalidad? Muy simple, el encargado/a aparecerá a los ojos de su párroco como un nuevo colonizador, un Cristóbal Colón de nuestros días, con un poco de suerte, se lo contarán al Obispo y quizás el próximo año, venga Monseñor en persona, a ungir a los fieles de la Parroquia de San José Obrero (nombre ficticio).

“Vamos a celebrar ahora el sacramento de la Unción, en el que nuestros hermanos recibirán, por la imposición de las manos y la unción con el óleo santo, la fuerza de Jesucristo, que cura y salva. Nuestros hermanos que van a recibir el sacramento de la Unción son los siguientes: (Se leen los nombres de los que recibirán el sacramento)” (Presentación  de de los que van a recibir la unción de los enfermos)

¿Qué les parece? ¿Se imaginan Vds. ahí sentados, escuchando su nombre por la megafonía, como si les hubiera tocado un premio en una tómbola? Todo esto es penoso y lamentable. Aquello de que mamá en la cama, moribunda, nos miraba y nos pedía que llamásemos al cura, mientras junto a su cama, la familia rezaba incesantemente, ha pasado a la historia. Es triste, pero real. Aún recuerdo como uno de los días más entrañables de mi vida, cuando en torno a mi abuela, en la cama pero consciente, el Sacerdote le imponía la Extremaunción, mientras nosotros la acompañábamos en tan Santo momento.

“Extremaunción es el sacramento instituido especialmente para el auxilio espiritual y aun corporal de los enfermos que están en peligro de muerte. Pueden y deben recibir la Extremaunción sólo los fieles que han llegado al uso de razón y están en peligro de muerte a causa de vejez o enfermedad”

Hoy en día, tanto el denominado progresismo como modernismo eclesial, se mofan de los Sacramentos, pretenden pulverizarlos, como hacen con todo, incluida nuestra alma, sino la ponemos a buen recaudo. Me decía una señora que me vino a preguntarme al respecto, “es que antes, se ponía cuando estabas en peligro de muerte, en casa y ahora, todos los años quieren que vayamos a ponerla a la Iglesia, yo ya fui dos años y me niego a volver”. ¡Bravo Pilar! Alguien que recupera el sentido común.

“Es el último remedio de que la Iglesia dispone para preparar al cristiano al ingreso inmediato en la gloria” (Santo Tomás de Aquino)

Terroristas eclesiales, que han conseguido que personas que recibieron una educación recta y piadosa tengan dudas de lo elemental.

“Este Sacramento se puede recibir una sola vez en la misma enfermedad; a no ser que el enfermo, después de haber recibido la Santa Unción, hubiese convalecido y cayere de nuevo en otro peligro de muerte.”

Ante mi indignación por la insistencia sobre que un familiar nuestro debía de acudir a esta celebración, me comentaba el/la responsable diocesano/a que “respetaba mi opinión, pero estaba en la obligación de informar”…Obviamente, nosotros también. Tenemos obligación grave de avisar a nuestros padres, suegros, abuelos, conocidos de que los están manipulando, los están tratando como marionetas, y los mueven hacia donde quieren. Señores Obispos, ¿Vds. como permiten este circo? Demos gracias por tener un medio de comunicación donde denunciar todo este atropello. No nos van a callar.

¿Qué está pasando en nuestra Iglesia? Han asestado un golpe certero en el corazón. Primero, quitaron los Sagrarios del centro, después permitieron la entrada en el presbiterio de hombres y mujeres deseosos de protagonismo, la entrada de movimientos judaizantes, ahora la canonización de Lutero (próximamente en titulares, no lo duden) y con él, llega la destrucción total de los Sacramentos…Oigan, ¿Queda algo Sagrado por cepillarse? Hay Sagrarios, incluso, que están vacíos y no entro en más detalles sobre esto, cada uno piense lo que quiera, pero es real, el Señor no está en muchos de nuestros Templos, se están cometiendo auténticos sacrilegios.

Sería muy sencillo abandonar el barco y decir, yo me quedo con mi fe y cada uno que salve su alma, pero no podemos hacer eso, el Señor nos pedirá cuentas. Me comentaba ayer un amigo muy querido, que venía profundamente apenado de la Misa porque consideraba que lo que allí había sucedido no le permitía ni siquiera cumplir con el precepto. Esto es muy grave. Estamos en una situación insostenible, gobernados por unos déspotas que no aman a Dios y quieren imponer su propia religión, el politeísmo, necesitamos Obispos valientes que se enfrenten a la impiedad. No nos permiten abrir boca, nos tratan como apestados, nos marginan, nos apartan, pero queridos míos, nada ni nadie nos podrá apartar jamás del Amor de Dios. Luchemos sin desfallecer por la restauración del Reino de Cristo.

“Por lo demás, hermanos, confortaos en el Señor y en la fuerza de su poder. Vestíos la armadura de Dios, para poder sosteneros contra los ataques engañosos del diablo. Porque para nosotros la lucha no es contra sangre y carne, sino contra los principados, contra las potestades, contra los poderes mundanos de estas tinieblas, contra los espíritus de la maldad en lo celestial. Tomad, por eso, la armadura de Dios, para que puedas resistir en el día malo y, habiendo cumplido todo, estar en pie. Teneos, pues, firmes, ceñidos los lomos con la verdad y vestidos con la coraza de la justicia, y calzados los pies con la prontitud del Evangelio de la paz. Embrazad en todas las ocasiones el escudo de la fe, con el cual podréis apagar todos los dardos encendidos del Maligno. Recibid asimismo el yelmo de la salud, y la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios; orando siempre en el Espíritu con toda suerte de oración y plegaria” (Efesios)

Sonia Vázquez