Tomás Becquet nació el año 1118 en Londres. Era hijo de un funcionario real. De dotes intelectuales elevadas, transcurrió su juventud entre las instituciones eclesial y estatal haciendo méritos para hacer una exitosa carrera. Tanto los Obispos como el Rey de Inglaterra, Enrique II, admiraban sus cualidades y querían tenerlo a su lado. Educado con los monjes, fue ordenado diácono pero su vida iba más afín a la vanidad y privilegios de la corte real. A los 36 años de edad fue nombrado Canciller (similar a ministro de relaciones exteriores) por el mismo Monarca a quien acompañaba a menudo en su vida disoluta y ajena del todo a la religión. En 1161 murió el Arzobispo de Canterbury y el Rey trazó un astuto plan para que la Iglesia no compitiera con él en el poder sobre Inglaterra. Para anular esa competencia promovió la ordenación episcopal de Tomás Becquet que, al ser su amigo, nunca se opondría a sus planes. Tomás no quiso aceptar, pero  presionado por un Cardenal cercano al Papa Alejandro III, finalmente aceptó. Hubo de ser apresuradamente ordenado sacerdote para después ser Obispo y hacerse cargo de la sede de Canterbury, la más influyente de toda Inglaterra. Esta maniobra diplomática, sin embargo, causó paradójicamente en Tomás un proceso de conversión personal, demostrándose así como Dios escribe derecho con renglones torcidos, con frecuencia.
Tomás ordenado Obispo cambió radicalmente de vida y se dedicó además a liberar la Iglesia de Inglaterra del entramado jurídico al que estaba sujeta a la autoridad civil. El nuevo Obispo defendió que la justicia real
no tuviera acción sobre la jerarquía eclesiástica y/o vida religiosa. Los mismos tribunales de la Iglesia se
ocuparían de juzgar a los religiosos, y nunca lo harían los tribunales civiles. El enfrentamiento con el Rey
fue inmediato, ya que la monarquía pretendía tener una Iglesia dócil al gobierno e independiente de Roma.
 El conflicto del rey con el Arzobispo causó la visita de éste último al Papa para exponerle la situación
creada y rogarle que le dejara retirarse a una Abadía. El Papa aceptó darle el retiro, pero sin que dejara de
ser Arzobispo aunque no residiera en Inglaterra. Se retiró unos años a un Monasterio en Francia, y esa
sorprendente situación se vivió en Inglaterra (una sede episcopal con el Obispo fuera de la nación). Tras ese
paréntesis volvió a Inglaterra e hizo lo posible por hacer entrar en razón al Rey, pero sus esfuerzos fueron
inútiles ya que la monarquía seguía en su afán de dominar a la Iglesia. El desenlace se esperaba próximo: unos sicarios del rey se presentaron ante el Obispo mientras rezaba en la Catedral y le dieron muerte. Tomás sabía que el martirio le vendría, y lo aceptó con valentía y paz interior. Era el año 1170, y solo tres años después Tomás Becquet era canonizado. El mismo Rey hizo penitencia pública para expresar públicamente su arrepentimiento.
En la actualidad muchos gobiernos se oponen a la Iglesia o desean manipularla o silenciarla. Y
se siguen necesitando hombres y mujeres valientes como Tomás Becquet, para obedecer a Dios antes
que a los hombres, para no temer se políticamente incorrectos. Su día es el 29 de diciembre.

           Santo Tomás Becquet, Obispo y Mártir, intercede por nosotros

Padre Santiago González
Nacido en Sevilla, en 1968. Ordenado Sacerdote Diocesano en 2011. Vicario Parroquial de la de Santa María del Alcor (El Viso del Alcor) entre 2011 y 2014. Capellán del Hospital Virgen del Rocío (Sevilla) en 2014. Desde 2014 es Párroco de la del Dulce Nombre de María (Sevilla) y Cuasi-Párroco de la de Santa María (Dos Hermanas). Capellán voluntario de la Unidad de Madres de la Prisión de Sevilla. Fundador de "Adelante la Fe".