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Santos del Antiguo Testamento: San Sofonías

(imagen: El Rey Josías obedece la llamada del Espíritu Santo urgiéndole a limpiar la tierra de falsas religiones)

Sólo dos días después de la conmemoración del profeta Nahúm, el Martirologio Romano tradicional ofrece para nuestra veneración otro de los sagrados profetas del Antiguo Testamento, San Sofonías, cuyo libro se incluye entre los de los llamados Profetas Menores. Diciembre y Septiembre muestran un número mayor de lo usual de días dedicados a santos del Antiguo Testamento. San Sofonías mantiene un lugar de honor como segundo de la lista de santos del Martirologio en este día, inmediatamente después del gran apóstol de Oriente

En este día, tercero de Diciembre

San francisco Javier, confesor, de la Sociedad de Jesús, que murió en el segundo de este mes.

En Judá, el santo profeta Sofonías.

El primer verso del libro de Sofonías nos sitúa en el contexto histórico de su ministerio profético, el reinado del reformador sagrado Josías de Judá, en la segunda parte del siglo VII A.C. En Hebreo su nombre-Tsephanyah ó Zephaniah- significa “el Señor Protege,” con el sentido de proteger por la vía del ocultamiento. Sofonías resulta inusual por el hecho de identificarse no solo dando el nombre de su padre, o de su padre y abuelo. Sofonías se remonta a cuatro generaciones: “Sofonías hijo de Kusí, hijo de Gedalyah, hijo de Amaryah, hijo de Ezequías”. El hecho de que esta singular genealogía se cierre con el nombre de Ezequías ha llevado a muchos a especular que San Sofonías era un vástago de la casa real, un descendiente del rey Ezequías. Aún cuando sea imposible confirmar lo anterior, cuanto menos se puede decir que es una hipótesis que parece factible a la vista de la referencia genealógica. Con todo, la más antigua tradición extra bíblica conocida, la Vida de los Prófetas, contradice el supuesto linaje real:

“Era de la tribu de Simeón, de la zona de Sabaratha. Profetizó sobre la ciudad, y también sobre el final de las naciones y la confusión de los impíos. A su muerte fue enterrado en un campo de su propiedad.”

Como en el caso del libro de Nahúm, este libro profético consta también, tan solo, de tres capítulos. El mensaje que Dios dio a Sofonías para ser transmitido era primordialmente una profecía sobre la ira divina como castigo por la idolatría de sus compatriotas judíos. Sofonías pronunció su profecía durante la juventud del Rey Josías, antes de que este se embarcara en su programa de reforma y purificación. En el capítulo primero prevé la destrucción de Jerusalén y el Exilio Babilónico  por el cual Dios, desinteresado por el diálogo interreligioso, purificará Tierra Santa de la corrupción de la falsa religión. Pero en su visión, Sofonías también ve el Juicio Final y el fin del mundo, utilizando un lenguaje e imágenes adoptado posteriormente para la secuencia de la Misa de Requiem Dies Irae:Aquél día será de ira, día de tribulación y aprieto, día de devastación y desolación, día de tinieblas y oscuridad, día de nubes y tornado…” ( Sof.: 1:15). De este modo, las calamidades que sobrevinieron a Judá y a Jerusalén en el 587/6 A.C. alegóricamente prefiguran los trances del Juicio Final.

Después de denunciar la maldad de Judá y predecir la inminente ira de Dios, en el capítulo dos Sofonías también pronuncia juicio de Dios sobre las naciones gentiles circundantes, incluida Asiría, cuya caída fue predicha por Nahúm, y ocurrió cerca del final del reinado de Josías. En el capítulo final, sin embargo, Sofonías pasa del juicio a la consolación y la esperanza, terminando su libro con una visión de la restauración de Israel, del retorno de de los judíos de la cautividad, la liberación de los elegidos de Dios de sus enemigos y opresores, y el establecimiento del reino de Dios en y sobre Israel.

“el Resto de Israel ya no cometerá injusticias, ni dirá mentiras, ya no ocultará su boca una lengua embustera. Se apacentarán y reposarán sin que nadie los turbe.

¡Grita alborozada, Sión, lanza clamores, Israel, celébralo alegre de todo corazón, ciudad de Jerusalén!  Que Yahvé ha anulado tu sentencia, ha alejado a tu enemigo. ¡Yahvé, Rey de Israel, está en medio de ti, ya no temerás mal alguno!”

Sagrados patriarcas y profetas todos,

¡Orad por nosotros!

(Traducción de Guillermo Visedo. Artículo original)

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