ADELANTE LA FE

A Setién le parece excesivo comparar aborto y terrorismo

Nos tiene mal acostumbrados la jerarquía eclesiástica. Cuando parece que dan testimonio de la fe, cuando la fuerza del Espíritu parece hacerles vencer los respetos humanos y los pactos de no agresión, reculan, rectifican y piden “perdón” al establishment político-abortista, representado en este caso por el pijo-separatista Josep Mª Espinás.

El vetustísimo anciano se escandalizó en un artículo en El Periódico por las declaraciones de D. Juan José Omella en la cadena SER. La periodista espetaba al prelado que si la Iglesia defiende la vida no nacida de una manera tan absoluta, incluso en casos de violación, se estaba interfiriendo el derecho a decidir, a lo que Omella contestó: Si se acepta el principio de decidir sobre una vida humana, también deberíamos justificar el terrorismo. Puff, ¡hasta ahí podíamos llegar! A estos curas no se les debe dejar pasar ni una. Y menos todavía si pertenecen a la cadena de mando. Hay que atarlos corto. Y Espinás gimió: Comparar violación y terrorismo me parece excesivo. Me escandaliza que alguien se atreva a poner en el mismo saco un hecho personal y un hecho colectivo, una decisión privada y una bélica operación generalizada. ¡Ah, claro! Es que “matar” podría ser “no matar”, si lo exigen las circunstancias. La violación es una patente de corso que permite hacer pagar al inocente no nacido la culpa del criminal violador…

Pero no se trata de eso sólo. El oráculo de la progresía jurásica va más allá: Hacer este paralelismo es lamentable. La mujer que tiene que abortar -ahora ya se refiere al aborto en general- padece un dolor. El terrorista obliga a sufrir la muerte a todo tipo de personas. El arzobispo pues, ha hecho una comparación no solo desafortunada sino también ofensiva. ¡Por supuesto! La muerte no es muerte, el asesinato no es asesinato porque la mujer que tiene que abortar padece un dolor. ¿Y el no nacido? ¡Que le den! Que no es comparable, hombre. Lo trocean, lo aspiran, lo escaldan, lo asfixian… pero aquí sólo hay un dolor: el que Josep Mª Espinás diga. ¡No se pueden comparar! Se trata de deshumanizar al no nacido y así victimizar a su verdugo. Ya puestos, podría hablar también del tremendo dolor del terrorista que mata muy a su pesar, porque se lo exige la causa, ¡no porque disfrute matando! ¿Acaso no le duele? El dolor hermana al verdugo y a su víctima. ¿Será por dolor?

Lo que a mí sí me escandaliza es comparar la pusilanimidad de D. Juan José Omella, asustado de su propia valentía, pidiendo perdón a Espinás y a todo el progre-separatismo por decir una verdad como un campanario. Y frente a la cobardía del obispo “defensor de la vida”, el valor de Mons. José Mª Setién, el obispo “defensor de los terroristas”, que no tuvo el menor empacho en comparar la transgresión del “no matarás” del aborto, con la transgresión de ese mismo “no matarás” por parte de los terroristas. ¿Así que esa cuadrilla de hipócritas que se rasgan las vestiduras por los asesinatos que cometen los terroristas -razonaba Setién-, viene ahora a levantar el veto del “no matarás”, si se trata matar abortando? ¿Matar disparando no, y matar abortando sí? ¿Qué guasa es ésa? Vean, vean lo de Mons. Setién comparando aborto y terrorismo (¡y sin desdecirse, claro!)

En 1982, recién despenalizado el aborto por el PSOE, el Obispo de San Sebastián, respondía al “escándalo” que habían producido los últimos atentados terroristas con el siguiente razonamiento: La reacción colectiva que en gran parte se ha provocado en nuestro pueblo frente a las agresiones violentas de los atentados contra la vida y la libertad de las personas, carecería de soporte ético y de fuerza convincente si la sociedad permitiera matar unas veces, abortando, para reaccionar irritada otras, según los intereses personales o colectivos de cada momento. Y continuaba: Sólo en un absoluto y coherente no matarás puede establecerse la base fundamental de una sociedad que se dice defensora de los derechos inalienables de la persona humana y de los pueblos.

La reacción fue furibunda: La comparación -qué manía con no poder comparar- es desafortunada y totalmente rechazable porque sitúa a la misma altura planos ético-juridícos totalmente distintos. Porque ellos, PSOE, Izquierda Unida y ahora el PP, lo dicen y punto: No tiene nada que ver un supuesto con otro porque en muchos países del mundo el aborto está regulado y no tienen ETA ni bandas terroristas. Y ahora que los van a perdonar y conceder una magnifica pensión no contributiva, con mucha más razón todavía. Eppur si muove, que diría Galileo. Pero matar es matar, tanto si son pequeñines (“pequeñines no”, dicen si son peces) como si son enemigos de la “patria vasca”.

La única y significativa diferencia es que Setién, con todos sus defectos -y tenía muchos-,  no rectificó. Porque hay que arrepentirse sólo de los pecados, nunca de lo que uno hace bien. Y D. Juan José Omella ha cedido miserable y cobardemente a una pequeñísima presión incomparable -ahora sí- a la que sufrió José Mª Setién en aquel momento.

¡Pobre D. Juan José! Además de arrepentirse de una comparación, tan evidente como cierta, remacha su rendición incondicional con una cartita al Espinás: La Iglesia también respeta y valora las decisiones tomadas en conciencia, tal y como defiende la Amoris Laetitia, siempre y cuando no se decidan, interfieran o lesionen los derechos fundamentales de otros. Y frena en seco. Las decisiones tomadas en conciencia…. ¿También el aborto, D. Juan José? ¿Acaso no ha visto nunca una ecografía, monseñor, para darse cuenta de que ahí hay OTRO, cuyo derecho fundamental (¿hay alguno más fundamental que la vida?) se vulnera con el aborto? ¿Cuáles son esos derechos fundamentales que impiden decidir sobre ellos? Silencio. Bueno… no. Algunas afirmaciones generales sobre el valor y la defensa de la vida. Pero lo prioritario ya está hecho. Prioritario es que la sociedad civil no se cabree con un obispo intransigente. No vayamos a liarla otra vez. La carta de rectificación es para apagar el incendio, no para reavivarlo. No hay principio innegociable que valga cuando está en juego la convivencia institucional. Y el aborto es ese principio inamovible, ese derecho irrenunciable sobre el que estamos construyendo nuestro Estado de Bienestar. ¡Menudos cimientos para un edificio de carroña!

Dejémoslo ya. Voluntad firme de amar, proteger y salvar la vida humana, sí, pero sin comparaciones odiosas ni fanatismos. Al fin y al cabo, los que se quejan siempre serán los vivos, los nacidos, los que no han sido abortados. Esos, los abortados… no hay remedio para ellos. ¿Vamos a romper la baraja? Nos convertiremos en leprosos apestados, si insistimos en el tema y ponemos en evidencia la hipocresía de un sistema corrupto en lo moral, y por derivación en lo político y en lo económico. ¡Aquí paz y después gloria! Omella ya ha dicho lo que piensa que debía decir con el menor coste posible, que es de lo que se trataba. Que pague Cristo en su Cruz y que a nosotros nos salga gratis.

En cambio, no le salió gratis a San Esteban cuando juzgado en el tribunal de Jerusalén afirmó: ¡Duros de cerviz, e incircuncisos de corazón y de oídos! Vosotros resistís siempre al Espíritu Santo; como vuestros padres, así también vosotros. Comparación odiosa también, pero con resultados distintos. Por ella, Esteban murió apedreado. En cambio, la “humildad” de Omella pidiendo perdón al Sanedrín del mundo, recibirá el aplauso de aquellos que tanto trabajan por tener a la Iglesia amordazada y sumisa.

Alguno se consolará pensando que D. Juan José Omella tiene miedo… Que lea al P. Jerzy Popielusko que decía, poco antes de ser asesinado por la Gestapo polaco-comunista: Superamos el miedo en el momento en que acordamos perder algo en nombre de valores más altos. Si la Verdad se convierte en un valor por el que vale la pena luchar, por el que vale la pena correr el riesgo, entonces superaremos el miedo de caer en la esclavitud. Decir la Verdad con coraje es el camino que lleva directamente a la libertad. Un hombre que dice la Verdad es libre a pesar de la esclavitud externa, de la prisión o la tortura. Libre como Cristo, claro, como el cura polaco… a los dos los mataron. Son otros los que quieren vivir… y muy bien además.

Gerásimo Fillat Bistuer