La Relatio Synodi de la III Asamblea general extraordinaria del Sínodo de los Obispos presenta seguramente luces, pero junto con ellas no faltan amplias zonas de sombra. Concentremos nuestra atención sobre lo que dice el documento sinodal en relación con los que han contraído sólo el matrimonio civil, a los divorciados vueltos a casar y a los concubinos.

En el apartado n.º 25 leemos: «Con vistas a una aproximación pastoral hacia las personas que han contraído matrimonio civil, que son divorciados vueltos a casar, o que simplemente conviven, compete a la Iglesia revelarles la pedagogía divina de la gracia en sus vidas y ayudarles a alcanzar la plenitud del plan de Dios en ellas. Siguiendo la mirada de Cristo, cuya luz alumbra a todo hombre (cf. Jn 1,9; Gaudium et Spes, 22), la Iglesia se dirige con amor a aquellos que participan de su vida en modo incompleto reconociendo que la gracia de Dios opera también en sus vidas dándoles el valor para llevar a cabo el bien, para cuidar con amor el uno de la otra, y estar al servicio de la comunidad en la que viven y trabajan». En este apartado, hay al menos dos pasajes problemáticos.

Los padres sinodales nos dicen que «la gracia de Dios opera» también en la vida de estas personas que viven en condiciones gravemente ilícitas bajo el perfil moral. Con bastante probabilidad tales personas viven en estado de pecado mortal (siempre y cuando subsistan también las condiciones de pleno conocimiento y consenso deliberado). Sin embargo, Tomás de Aquino —y toda la tradición doctrinal—nos enseña que «quién se encuentra en pecado mortal es privado de la gracia de Dios» (en 4 Sent. d. 16, q. 2, a. 1, sol. 3). Es verdad que Dios nunca deja de cuidar de los que se encuentran en esa situación para hacerlos “volver al redil”, pero afirmar que viven en gracia de Dios es incorrecto. En efecto, una cosa es la acción salvadora de Dios que actúa desde fuera beneficiando a la persona, y otra cosa es la condición interior de ésta, la cual obviamente se excluye de la gracia divina si no la acepta.

Otro pasaje no del todo límpido: la gracia de Dios ayudaría a los concubinos, los cónyuges sin vínculo sacramental y los divorciados vueltos a casar a «cuidar con amor el uno de la otra». No se comprende como Dios pueda alentar el “amor” de los convivientes, de las personas casadas sólo civilmente y de los divorciados vueltos a casar, porque significaría que Dios quiere confirmar un estado de vida gravemente inmoral, consolidar una relación que a sus ojos es intrínsecamente desordenada.

Hay quien objeta que, por un lado, es cierto que estas personas viven en una situación irregular —aspecto negativo—pero, por el otro —aspecto positivo— se quieren, se aman. Valoricemos entonces al menos este factor positivo. Respuesta: lamentablemente el bien de ese “quererse”, insertado en un contexto de pecado, se convierte en malum. Ese amor no es tal, no es auténtico. Esto aparece en toda su evidencia en el caso de los divorciados vueltos a casar: en este caso, el Sínodo alentaría a amar a otra persona que no es el propio cónyuge y, por tanto, alentaría al adulterio.

Por último, el apartado n.º 45, así se expresa con respecto a las separaciones y los divorcios: «los Padres sinodales han advertido la urgencia de nuevos caminos pastorales, que partan de la realidad efectiva de las fragilidades familiares, sabiendo que, muy a menudo, éstas son más “sufridas” con dolor que elegidas en plena libertad». Limitándonos a la sola realidad italiana, podemos decir que las cosas parecen ser distintas. Según un informe del Istat de 2012, las tres primeras causas de ruptura matrimonial son: la rutina cotidiana (40%), la traición (30%) y la intromisión de los suegros (20%). Excluyendo esta última causa, las otras razones que llevan el matrimonio a la tumba remiten a elecciones hechas en plena libertad y conciencia por parte de los cónyuges y no a calamidades “naturales” que caen sobre la pareja aniquilándola contra su voluntad.

Tommaso Scandroglio

Traducido por María Teresa Moretti para Adelante la Fe. Puede reproducirse la traducción citando la fuente

Fuente Corrispondenzaromana.it