DSC_1222

La reciente sesión del Sínodo sobre la Familia ha sido comparada no pocas veces por los analistas como un intento de un mini-Vaticano III. Y esta apelación tiene cierta validez, ya que durante el último año o más, se ha visto la reaparición de personajes tales como Hans Küng (aunque no en forma vigorosa), Gustavo Gutiérrez, y, al menos en espíritu, Karl Rahner, y, en persona, el incansable cardenal Kasper, todos ellos ejemplos de aquellos que parecían estar decepcionados de que el Vaticano III no se realizó cercanamente al Concilio Vaticano II, con el fin de tratar los asuntos pendientes: conseguir que la Iglesia siguiera firmemente en el mismo camino del “chu-chu” del tren de la post-Ilustración; el secularismo moderno y post-moderno, cuyo “combustible” es el anti-dogmatismo y el individualismo radical.

Parecería que Kasper y sus secuaces – y Kasper ciertamente creía que el Papa los apoyaba – pensaban que mientras que podría haber algunos obstáculos en el camino, lo que ellos querían en términos de cambiar la práctica pastoral con respecto a los católicos divorciados vueltos a casar y con respecto a las uniones civiles y las uniones homosexuales sería al final fácil de lograr. ¿Sobre qué basaron su optimismo? Tal vez su optimismo disparatado fue basado en cierta medida en su creencia de que estaban respaldados por Francisco. Pero incluso si esto no fuera cierto, estaban apostando a las tácticas utilizadas en el Concilio Vaticano II, donde los principales frutos de ese Concilio fueron traídos por la astucia de los “directores de escena”, aquellos encargados de las cuestiones de procedimiento, que alegremente hablaron sobre sus logros después del Concilio. Y una vez que esos frutos se habían incorporado en los documentos oficiales elaborados en la ambigüedad, fueron difundidos a través de la prensa que en aquel tiempo – como la prensa actual – se regocijaba en la idea de que la Iglesia Católica había visto la luz del Mundo moderno liberal. Aquellos de nosotros que somos de cierta edad recordamos la serie de artículos en el New Yorker durante el Concilio Vaticano II que fueron escritos por un sacerdote que firmaba como Xavier Rynne, un seudónimo con clase para un sacerdote Redentorista que filtró cuidadosamente lo que estaba pasando en el Concilio a través de su propia lente, una lente que refractaría los hechos de una manera que él sabía iba a complacer a los lectores de ese periódico sofisticado y mundano. A él se le atribuye ser el primero en utilizar los términos “conservador” y “liberal” para definir esas fuerzas opuestas en la Iglesia que fueron evidentes en los debates. Eso no es un buen legado para dejar atrás.

Por lo tanto, parecía evidente a Kasper y a los demás, que podrían hacer el mismo tipo de cosa con el Sínodo. Tenían los directores de escena, pero resultaron no ser tan celosos y astutos como los que estuvieron en lo que el cardenal Marx llamó “El Concilio”. Pero hay tres diferencias importantes en la Iglesia y en el mundo de 1968 y en el del 2014 que no tomaron en cuenta, y no lo hicieron debido a su miopía severa que los deja fuera la realidad, incluso dentro de la Iglesia.

El primer factor de diferenciación es que la mayoría de los Obispos y los Cardenales presentes en el Sínodo eran los descendientes de San Juan Pablo II. Ellos fueron moldeados en la imagen del Papa Polaco que estaba decidido a regresar, después de la confusión post-conciliar, a la continuidad doctrinal y a limpiar la enseñanza, al menos por parte del Papado, dentro de la Iglesia, una tarea que fue llevada a cuestas por su Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Joseph Ratzinger. Los directores de escena y el propio Kasper, a través de su peculiar visión de la realidad, asumieron que todos los obispos estaban irritados por la mano dura de Juan Pablo II y Benedicto XVI y fueron justo a la espera de una oportunidad para mostrar sus verdaderos Colores del Concilio y terminar lo que el Concilio Vaticano II había comenzado. Pero en muchos casos, tal vez incluso en la mayoría de los casos, obviamente eso no fue verdad. Muchos de estos hombres realmente creen en la enseñanza de la Iglesia que se encarna en su Tradición. Y se opusieron decididamente. Pero, como se ha señalado acertadamente por un número de comentaristas del Sínodo, queda el hecho deprimente que más del 50 por ciento de los obispos no se opuso al intento de cambiar la enseñanza de la Iglesia por la puerta trasera pastoral.

El segundo factor que los dirigentes no tuvieron en cuenta es la presencia ubicua del Internet. Atrás han quedado los días cuando el secreto podía ser impuesto estrictamente por edicto, cuando la información podía ser impuesta en movimientos cuidadosamente controlados, cuando uno tenía que esperar durante días o incluso semanas para averiguar lo que estaba pasando. Ciertamente sabemos también que el Internet se utiliza frecuentemente de manera negativa con fines reprobables. Pero también es la fuente de información instantánea y el debate interminable sobre todos los temas bajo el sol. No tuvimos que esperar para la siguiente edición del New Yorker para dejar que hombres y mujeres sofisticados supieran, incluso los Católicos, qué es lo que realmente está pasando en los Concilios y los Sínodos. El Internet también está haciendo la Oficina de Prensa del Vaticano cada vez más irrelevante, excepto como en donde uno escucha el sesgo particular de los que están a cargo quieren poner sobre una nota informativa.

El otro factor de diferenciación es menos obvio para muchos Católicos, ya que la mayoría de los Católicos viven en un mundo post-conciliar que asume que todo lo que sucedió en los años posteriores de “El Concilio”, incluyendo y especialmente la vida litúrgica de la Iglesia, debe ser la voluntad de Dios, una actitud engendrada por la constante y creciente invasión del hiper-papismo que supera incluso los sueños ultramontanos del Cardenal Manning en el siglo XIX, y por la muy arraigada tradición de un laicado no pensante. Este segundo factor es que la mayoría de los sacerdotes jóvenes y de los jóvenes que están en el seminario hoy en día así como la mayoría de las y los jóvenes que están en las Órdenes Religiosas con crecimiento, quieren conocer y amar la tradición cada vez más profundamente. Ellos son muy diferentes de los sacerdotes que estaban dispuestos a adoptar cada cambio litúrgico (No por mandato del Concilio) de la era post-conciliar. Nunca derribarían retablos y altares mayores. Nunca arrancarían los comulgatorios. Ellos anhelan cantar algo en la Misa que no sea una ñoña imitación del sacro-pop de los 70s. Y – este es el meollo del asunto – muchos de ellos han descubierto el Rito Romano Tradicional de la Misa, también conocida como la Forma Extraordinaria. Bugnini afirma en alguna parte que para completar la revolución litúrgica, la Misa Tradicional tenía que ser borrada durante dos generaciones enteras. Eso no sucedió, gracias a Benedicto XVI.

El redescubrimiento de la Tradición Católica por los sacerdotes jóvenes y por los jóvenes en su conjunto, especialmente por medio de la Misa Tradicional y por la belleza del arte, de la arquitectura y de la música que ésta dio luz ha pasado casi desapercibido no sólo para aquellos de la generación de Kasper y sus directores de escena contemporáneos sino también para la gran mayoría de los Católicos ordinarios, que se han mantenido en una burbuja de tiempo durante los últimos cincuenta años. Pero es real, y está ahí, y esto a pesar de la oposición de los obispos que están deliberadamente ciegos al poder de la Misa Tradicional y su necesario papel en la Nueva Evangelización de la Iglesia y del mundo. Esto no es, como los detractores nos quieren hacer creer, mero esteticismo o romanticismo o conservadurismo. Porque por el amor a la Tradición siempre lleva al cimiento de la doctrina, la praxis y la fe, lleva a un verdadero amor por la persona de Jesucristo, que luego hace posible a la persona, sacerdote o laico, practicar su fe con amor y misericordia hacia el prójimo.

El Cardenal Burke celebró una Solemne Misa Pontifical en el Rito Latino Tradicional en San Pedro justo la semana pasada, el 25 de Octubre, como parte de la Peregrinación Summorum Pontificum. Hay fotos de la Misa en muchos sitios en Internet. Le sugiero a todo mundo que mire esas fotos. Usted verá bastantes jóvenes sacerdotes y seminaristas presentes, algunos al servicio de la Misa. El coro que cantó la música de la Misa estuvo compuesto por seminaristas del Colegio Norteamericano (North American College), lo cual es casi asombroso. Estos sacerdotes y seminaristas han encontrado una perla de gran valor y, con la ayuda de Dios, van a dar todo lo que tienen para hacer suya esa perla en su ministerio en la Iglesia Católica.

***

La Misa Tradicional no puede ser manipulada. Esta es la raíz de la oposición entre los obispos, sobre todo en Europa. Es la propia Tradición la que dirige la Misa de siempre y cualquiera que celebra esta Misa; ya sea Cardenal, Obispo o Sacerdote, debe someterse a la Misa, debe someterse al Sacrificio que está ofreciendo, y en esa sumisión realiza su ministerio como Sacerdote de Dios.

Fr. Richard G. Cipolla, DPhil

[Tradución: Eduardo Alfaro Robles]

ARTICULO ORIGINAL

RORATE CÆLI
Edición en español del prestigioso blog tradicionalista internacional RORATE CÆLI especializado en noticias y opinión católica. Por política editorial no se permiten comentarios en los artículos