Nos divorciamos, me dijo el otro día una amiga a la cual hacía tiempo que no veía, cuando le pregunté que tal estaba su marido. Por un momento, vino a mi cabeza el día de su boda y la alegría que ellos manifestaban en la Iglesia, ante Dios y ante todos los que estábamos celebrando aquel maravilloso acontecimiento, un día inolvidable. Le expresé mi pesar por lo que a mi me parece tan triste situación, pero me sorprendió enormemente su respuesta, “estoy feliz sin él, totalmente liberada, empiezo una nueva etapa”. Realmente me quedé perpleja, nos educamos en la misma Parroquia y más que de un Sacramento, parecía que estuviera hablando de un contrato de arrendamiento, finalizado el plazo, finiquitado el convenio. Después de escucharla detenidamente percibí que lo que les había llevado a esta situación, era simplemente que él, seguía siendo el mismo que cuando se casaron y no el hombre que ella hubiera pretendido que fuera. Es decir, las separaciones, generalizando un poco, en bastantes ocasiones vienen motivadas porque no cambiamos a las personas a nuestro antojo, no conseguimos que sean como nosotros las habíamos soñado. El que era un vago o una vaga, después de veinte años lo sigue siendo, el que prefería el fútbol al cine, no ha variado sus gustos y el que era un dechado de virtudes, ahora lo es de vicios. Resumen de la situación en el lenguaje actual: “desgaste de la relación”, que se concluye finalizando esta y empezando otra hasta que se vuelva a desgastar y así, “todos los días de nuestra vida”, utilizando la frase del ritual del Matrimonio, pero, obviamente, en sentido contrario al Magisterio de la Iglesia. ¿Tiene fecha de caducidad el Matrimonio Cristiano?

“ El Matrimonio es un sacramento instituido por nuestro Señor Jesucristo, que establece una santa e indisoluble unión entre el hombre y la mujer y les da gracia para amarse uno a otro santamente y educar cristianamente a los hijos” (Catecismo Mayor S Pío X).

Por contraposición, pensaba en mis padres y en otros matrimonios de su generación, que ya han cumplido sus bodas de oro, es decir, llevan cincuenta años juntos… ¿Qué tenemos que pensar, qué se soportan por qué no les queda más remedio, que son de una materia especial  no desgastable? No es esa la respuesta. En mis padres, en mis abuelos y en tantos matrimonios de edad avanzada que me rodean, he visto un gran ejemplo, o sencillamente un ejemplo de lo que es el matrimonio Cristiano. Entre otros aspectos, tenían claro el principal, la búsqueda de la Santidad, ¿Para qué se casa uno, si no es para buscar este fin con la persona que está a nuestro lado? Recuerdo cuando era adolescente y soñaba con formar mi propia familia, mi madre con firmeza, entre otras cosas, siempre me decía,  “recuerda que es para toda la vida”. Incluso mi padre, bromeaba en nuestras pedidas de mano, diciendo que “no admitía devoluciones”

“el matrimonio rato y consumado no puede ser disuelto por ningún poder humano, ni por ninguna causa fuera de la muerte” (Canon 1141).

Y hoy en día, en vez de pensar en la pureza de la unión entre un hombre y una mujer, lo que escuchamos en nuestros ambientes no son más que conversaciones sobre cómo solicitar la nulidad eclesiástica y sobre si los divorciados en situación irregular podrán Comulgar. No es ese el discurso que debe imperar, queremos que nos hablen de las bondades del Sacramento del Matrimonio. Precisamente decía el Santo Padre en la audiencia de este miércoles, que cada vez son menos las personas que se casan  y que en muchos países aumenta el número de separaciones y disminuye el número de hijos, “hay una cultura de lo provisional”, decía y es posible, pero en lo concerniente a los Católicos, lo que hay es una incultura de algo tan básico como es el Catecismo.

Resulta sorprendente como en los cursos prematrimoniales que se imparten en las Diócesis, se habla de todo, menos del Sacramento. Un médico, un profesor de filosofía, el Sacerdote haciendo propuestas sobre la música a elegir y las lecturas recomendadas y sin embargo, los aspectos más importantes y destacables, ni se mencionan. ¿Es que acaso es necesario estar una semana formándonos para seleccionar unas Lecturas que el mismo Sacerdote puede elegir sin necesidad de ayuda de personas, generalmente carentes de esa formación? Lo referente a la Liturgia no es algo que tengan que decidir los contrayentes, sin embargo, sí es importante que se enseñen los aspectos fundamentales del Magisterio y del Catecismo de la Iglesia Católica, que serán la vitamina necesaria en el día a día. Se habla de los días fértiles de la mujer y de métodos anticonceptivos sin ningún tipo de pudor, pero no se habla de la castidad dentro del matrimonio, ni de acoger con amor a los hijos que Dios nos envíe. Para eso se lleva  un médico, un matrimonio y un cura. ¡Todo muy Católico, si señor! ¿Es que desconocemos que la utilización de métodos anticonceptivos es pecado mortal? Es una ofensa a Dios. Los Presbíteros deben informar sin reticencias sobre estos temas, las charlas, cursos y homilías, están para eso. Somos personas, tenemos un alma, no hay nada más hermoso que construir una autopista al cielo con la persona a la que amas y ese camino se construye con la frecuencia de los Sacramentos, con oración conjunta y con la pureza de nuestros sentimientos.

“Los matrimonios disfrutarán de una plácida y quieta estabilidad si los cónyuges informan su espíritu y su vida con la virtud de la religión, que da al hombre un ánimo fuerte e invencible y hace que los vicios dado que existieran en ellos, que la diferencia de costumbres y de carácter, que la carga de los cuidados maternales, que la penosa solicitud de la educación de los hijos, que los trabajos propios de la vida y que los contratiempos se soporten no sólo con moderación, sino incluso con agrado” (Encíclica  Arcanum Divinae Sapientiae- Leon XIII)

La educación  que reciban los contrayentes, implica que el día de la Boda, se realice una celebración válida que de sus frutos, que no son otros que la excelencia de la vocación matrimonial. Es importante que se recuerde y se enseñe que convivir juntos, manteniendo relaciones sexuales antes de contraer matrimonio, es pecado mortal. ¡Qué desconocimiento de lo básico! Y curiosamente, nadie habla de esto, ni los padres, ni los catequistas, ni los Sacerdotes… ¿Es qué no se considera un discurso actual hablar de salvaguardar la virginidad hasta el momento de contraer matrimonio? ¿Es más moderno fomentar comportamientos básicos, más propios de los animales que de las personas? Menos mal que estamos en el S XXI, porque, sinceramente, a veces, parece que lo que nos cuentan o nos quieren enseñar, nos sitúa en la época cuaternaria.

Hace poco presencié una boda, con celebración de la Santa Misa incluida, en la cual, ¡Asómbrense Vds.!, no Comulgó absolutamente nadie, ni el novio, ni la novia, ni los padrinos, ni los invitados. ¿Qué clase de formación recibieron esos contrayentes? ¿No se confesaron, no se arrepintieron de sus pecados, sabían lo que implica el Sacramento? Supongo que pensarán lo mismo que yo, ¡Qué incongruencia! ¿Qué está pasando con el Sacramento del Matrimonio? Alguno pensará, mejor que no Comulguen a que lo hagan sin estar en Gracia de Dios, evidentemente, eso sin lugar a dudas, pero la lectura que se quita de esto, es otra y no hace falta ser mal pensado, los hechos saltan a la vista, la gente no sabe a lo que va a la Iglesia, las bodas se han convertido en un mero formalismo, en un día de fiesta y fíjense también, qué clase de contraejemplo se está dando a todas las personas que acuden como invitados a esa boda, pensarán que eso es lo normal y recomendable. Nos reímos de todo, hasta de Nuestros Señor. Lamentable.

Urge que los Presbíteros instruyan en estos aspectos, es decir, en el Sacramento. No es normal que uno se vaya a casar y lo haga en pecado mortal. Hablemos claro, métodos anticonceptivos, inseminaciones artificiales, barrigas de alquiler, etc., todo eso está lejos de representar la bondad del Sacramento, al contrario, hace que los matrimonios vivan en pecado mortal y de ahí derivan las grandes frustraciones e insatisfacciones de la humanidad y esto conlleva, sin lugar a dudas, al siguiente paso, la separación, el divorcio ya que no existe conformidad con la voluntad del Señor, realmente, se vive el matrimonio de espaldas a Dios.

Asentando las bases, mostrando el gran ejemplo a seguir, que no es otro que la familia de Nazaret, y poniendo los cimientos con hormigón, en vez de con arena, construiremos familias sólidas como rocas, en las que el objetivo no será un número determinado de hijos, ni nuestra carrera laboral, o tener un piso mejor, ni el coche más potente del mercado, sino la Santidad de una unión indisoluble que nos llevará a los brazos de Dios.

Sintetizando: Sacramentos, oración y como se hizo toda la vida, pidiéndole ayuda a Dios a través del Sacerdote en el Sacramento de la Confesión. Lo de antes, no falla, así que observemos a esos matrimonios Santos que llevan juntos una eternidad, e intentemos imitarlos, seguro que si lo hacemos así, nuestro grito será “SI QUIERO” y ese SI QUIERO, será para todos los días de nuestra vida

“Como Sacramento, el matrimonio es una acción de Cristo. Un signo que significa y causa la gracia, es decir, no sólo anuncia la gracia sino que la produce: los que se casan son santificados verdaderamente” (Concilio de Trento, Canon 1)

Sonia Vázquez