Acabo de leer en infovaticana con cierto estupor las palabras de Francisco a una comisión de la Iglesia luterana, en ellas, entre otras cuestiones, afirma:

“El diálogo ecuménico hoy no puede estar separado de la realidad y de la vida de nuestras Iglesias. En el 2017 los cristianos luteranos y los católicos conmemoraremos conjuntamente el quinto centenario de la Reforma. En esta ocasión, luteranos y católicos tendrán la posibilidad por primera vez de compartir la misma celebración ecuménica en todo el mundo, no en la forma de una celebración triunfalista, sino como profesión de nuestra fe común en Dios Uno y Trino”.

Realmente me pregunto, qué tenemos que conmemorar los católicos de tan lamentable cisma que ha perdido a millones de almas y corrompido hasta la médula la Fe católica.

Si el discurso ecuménico fuera congruente, imagino que, siguiendo su óptica y forma de pensar, que veían y ven a Mons. Lefebvre y su obra como cismática, en breve oiremos algo así:

“El diálogo ecuménico hoy no puede estar separado de la realidad y de la vida de nuestras Iglesias. En el 2018 conmemoramos conjuntamente a los católicos afectos a Mons. Lefebvre  el treinta aniversario de las Consagraciones episcopales que marcaron nuestra división. En esta ocasión ambos tendremos la posibilidad por primera vez de compartir la misma celebración ecuménica en todo el mundo, no en la forma de una celebración triunfalista, sino como profesión de nuestra fe común en Dios, Uno y Trino”.

O todos moros, o todos cristianos. ¿No les parece?

Miguel Angel Yáñez