Escuchaba hace tiempo, las quejas de unas personas que querían ser ordenados Diáconos Permanentes y el Obispo, no parecía estar por la labor. Es curioso…tanta gente interesada en el Diaconado Permanente, en ser Ministros Extraordinarios de la Comunión y por el contrario, muchos Presbíteros, deseosos de ejercer lo menos posible. La Iglesia del revés, los laicos clericalizados y los Sacerdotes “secularizados”

No sé que piensan Vds., pero yo, si por la razón que fuere, me encontrara en mi casa, enferma o moribunda, desde luego, no desearía la visita de mi vecina la del quinto para traerme a Nuestro Señor, metido en el bolsillo de su chaqueta y con su fría mano, acercarlo a mi boca. Yo, quisiera un Sacerdote y esto es porque ellos, además de traer a Nuestro Señor, nos permiten recibir los Santos Sacramentos, cosa que los Laicos, preparados o sin preparar, comprometidos o sin comprometer, nunca podremos hacer. Esto es extensible al Diacono Permanente, que no puede dar la absolución de los pecados, es decir, Confesar.

Nuestra ignorancia es tal a día de hoy, que parece que nos da todo igual o que no nos enteramos de nada. No hace mucho, escuchaba a unas señoras la siguiente conversación, “no pudo venir el cura y vino el Diácono y nos hizo una Misa muy bonita”… ¿Para reír o para llorar? Y esto, pasaba en una ciudad cosmopolita con una Iglesia cada dos calles y con un surtido de Curas, como para que no haya ninguna Parroquia desasistida. Así está la cosa, a una “liturgia de la palabra”, se le llama “una misa muy bonita”. Analfabetismo puro y duro, no obstante, ¿Quién o quienes son los interesados en que el Pueblo de Dios esté a estos niveles de desinformación o de catetismo?

Hace poco, veía en televisión un penoso reportaje en el que se hablaba de los Ministros Extraordinarios de la comunión. Obviamente, el programa, aunque intentaba dar una imagen de programa serio y de investigación, era una clara ridiculización de nuestra Iglesia, una caricatura y una mofa directa a todas las cosas de Dios. Ciertamente, si los Obispos ejercieran su pastoreo con la responsabilidad que se les supone, llamarían inmediatamente a los Presbíteros responsables de este tipo de aberraciones. En el reportaje se veía abiertamente, algo que no es infrecuente observar hoy en día en cualquier Iglesia, personas sin ninguna formación ni preparación, abriendo y cerrando el Sagrario, como quién abre el cajón de un armario y quita un calcetín. La gran diferencia, es que ahí, está el Señor.

Es normal que hayamos llegado a estos niveles, muchos Sacerdotes brillan más por su ausencia que por su presencia. Confesonarios vacíos, Iglesias cerradas… Llegaremos a un punto en el que Consagrarán una vez al mes y dejarán los Sagrarios llenos para todo el año y cada uno que se sirva. ¿Somos conscientes de que ahí dentro, está Dios mismo? ¿A cuántos Sacerdotes vemos haciendo diariamente oración en el Sagrario y dando ejemplo a su comunidad parroquial? ¿A cuántos?

En vez de promover hacia las vocaciones Sacerdotales, se anima a los laicos a funciones que para nada corresponden a lo que es nuestra misión dentro de la Iglesia. ¿Qué Iglesia conocen Vds. hoy en día en que el Sacerdote necesite ayuda de un laico para dar la Comunión, porque haya tanta gente que la Misa pueda retrasarse media hora? Media hora, simplemente, no digo mas ¿De verdad Vds. conocen algún Templo que tenga tanta gente en la Misa dominical, que no pueda el Cura sólo, realizar esa función? ¡Por favor, nos estamos cachondeando de todo!

¿Saben lo que está sucediendo a la vista de muchos malos pastores, que consienten todo esto? Algo tan sencillo como que la Santa Comunión, está siendo “repartida”, nunca mejor dicho, “REPARTIDA” por muchas personas cuya situación personal es irregular dentro de la Iglesia. Por favor, que nadie se asuste o escandalice, no estoy contando nada que no sea público y que no se comente en la calle y que no suceda delante de nosotros en cualquier Iglesia del orbe. Que exista el caso contrario, el del Católico ejemplar, no justifica en absoluto, nuestra presencia en el altar.

Observaba en una hoja parroquial de hace unos meses, como se anunciaba para una Novena, que la predicación correría a cargo de un Diácono Permanente. Sobran las palabras, yo, incluso he sufrido alguna, a cargo de un laico, sin más. Me parece que roza el surrealismo ver a un Sacerdote sentado, mientras predica un Diácono, independientemente de que pueda hacerlo, porque entonces deberíamos preguntarnos ¿Qué pinta el Cura en el Altar? ¿Sólo está para Consagrar?

¿Tenemos que callarnos y tragar con esto? ¿Debemos consentir que el Sagrario sea abierto por cualquier persona? ¿Debemos de mirar para otro lado, cuando alguien está en el Supermercado y puede llevar a nuestro Dios en un bolsillo, porque va a llevar la Comunión al vecino?

Soy consciente de que exponer este tema puede tener sus consecuencias, pero, sinceramente, si a mi padre lo estuvieran maltratando, no me quedaría sentada en una silla y pensando “qué sigan hasta que se lo cepillen”, NO…Pues con cuánta más razón, si se trata de mi Padre, ¿Cómo vamos a seguir con esta actitud de pasotismo y de que todo nos da igual? El problema no es de los Laicos, que se juega con nosotros, se nos deforma, directamente, se oculta o se cambia la información y como esta, viene de la boca de un Sacerdote, creemos encontrarnos en la verdad y acatamos con lo que nos dan. Los documentos son claros al respecto y debemos de conocerlos, leerlos, aplicarlos y explicarlos a quién sea y si es necesario, dirigirnos al Obispo de cada Diócesis para denunciar todas las posibles irregularidades que se cometen a diario.

Los Ministros Extraordinarios de la Comunión, sólo pueden ayudar en caso de que no haya Sacerdote o Diácono o qué habiéndolos no puedan, como por ejemplo por falta de salud, o que haya tanta gente que fuera necesario alargar la Misa y no precisamente, quince minutos. Todo esto, está recogido en la Instrucción “Immensae caritatis”, como no podía ser de otra manera, posterior al Concilio Vaticano II. Con relación al Diácono Permanente, en la Lumen Gentium quedan perfectamente recogidas sus funciones, así como en el Código de Derecho Canónico, donde se especifica que, efectivamente, no es un mero ayudante del Presbítero, pero, tampoco es un sustituto ni debe hacerse pasar por tal.

Conozco Sacerdotes que con siete parroquias, llevan a cabo su Ministerio sin ninguna ayuda, ya que no encuentran ni siquiera un laico comprometido para impartir el catecismo a los niños y lo tienen que hacer ellos mismos y a la vista de todos, está el caso contrario, el que tiene dos parroquias y a vivir que son dos días, qué las atienda el Pueblo de Dios.

Señor, líbranos de los malos pastores

Señor, danos sacerdotes

Señor, danos sacerdotes santos

Señor, danos muchos sacerdotes santo

Señor, danos muchos sacerdotes santos según tu Corazón”

Sonia Vázquez

Referencias:

INSTRUCCIÓN REDEMPTIONIS SACRAMENTUM

151. Solamente por verdadera necesidad se recurra al auxilio de ministros extraordinarios, en la celebración de la Liturgia. Pero esto, no está previsto para asegurar una plena participación a los laicos, sino que, por su naturaleza, es suplementario y provisional.Además, donde por necesidad se recurra al servicio de los ministros extraordinarios, multiplíquense especiales y fervientes peticiones para que el Señor envíe pronto un sacerdote para el servicio de la comunidad y suscite abundantes vocaciones a las sagradas órdenes.

[152.] Por lo tanto, estos ministerios de mera suplencia no deben ser ocasión de una deformación del mismo ministerio de los sacerdotes, de modo que estos descuiden la celebración de la santa Misa por el pueblo que les ha sido confiado, la personal solicitud hacia los enfermos, el cuidado del bautismo de los niños, la asistencia a los matrimonios, o la celebración de las exequias cristianas, que ante todo conciernen a los sacerdotes, ayudados por los diáconos. Así pues, no suceda que los sacerdotes, en las parroquias, cambien indiferentemente con diáconos o laicos las tareas pastorales, confundiendo de esta manera lo específico de cada uno.

[153.] Además, nunca es lícito a los laicos asumir las funciones o las vestiduras del diácono o del sacerdote, u otras vestiduras similares.

[162.] La Iglesia, en el día que se llama «domingo», se reúne fielmente para conmemorar la resurrección del Señor y todo el misterio pascual, especialmente por la celebración de la Misa.De hecho, «ninguna comunidad cristiana se edifica si no tiene su raíz y quicio en la celebración de la santísima Eucaristía».Por lo que el pueblo cristiano tiene derecho a que sea celebrada la Eucaristía en su favor, los domingos y fiestas de precepto, o cuando concurran otros días festivos importantes, y también diariamente, en cuanto sea posible. Por esto, donde el domingo haya dificultad para la celebración de la Misa, en la iglesia parroquial o en otra comunidad de fieles, el Obispo diocesano busque las soluciones oportunas, juntamente con el presbiterio.Entre las soluciones, las principales serán llamar para esto a otros sacerdotes o que los fieles se trasladen a otra iglesia de un lugar cercano, para participar del misterio eucarístico.

[163.] Todos los sacerdotes, a quienes ha sido entregado el sacerdocio y la Eucaristía «para» los otros,recuerden su encargo para que todos los fieles tengan oportunidad de cumplir con el precepto de participar en la Misa del domingo.Por su parte, los fieles laicos tienen derecho a que ningún sacerdote, a no ser que exista verdadera imposibilidad, rechace nunca celebrar la Misa en favor del pueblo, o que esta sea celebrada por otro sacerdote, si de diverso modo no se puede cumplir el precepto de participar en la Misa, el domingo y los otros días establecidos.

[164.] «Cuando falta el ministro sagrado u otra causa grave hace imposible la participación en la celebración eucarística»,el pueblo cristiano tiene derecho a que el Obispo diocesano, en lo posible, procure que se realice alguna celebración dominical para esa comunidad, bajo su autoridad y conforme a las normas de la Iglesia. Pero esta clase de celebraciones dominicales especiales, deben ser consideradas siempre como absolutamente extraordinarias. Por lo tanto, ya sean diáconos o fieles laicos, todos los que han sido encargados por el Obispo diocesano para tomar parte en este tipo de celebraciones, «considerarán como cometido suyo el mantener viva en la comunidad una verdadera “hambre” de la Eucaristía, que lleve a no perder ocasión alguna de tener la celebración de la Misa, incluso aprovechando la presencia ocasional de un sacerdote que no esté impedido por el derecho de la Iglesia para celebrarla».

[165.] Es necesario evitar, diligentemente, cualquier confusión entre este tipo de reuniones y la celebración eucarística.Los Obispos diocesanos, por lo tanto, valoren con prudencia si se debe distribuir la sagrada Comunión en estas reuniones. Conviene que esto sea determinado, para lograr una mayor coordinación, por la Conferencia de Obispos, de modo que alcanzada la resolución, la presentará a la aprobación de la Sede Apostólica, mediante la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Además, en ausencia del sacerdote y del diácono, será preferible que las diversas partes puedan ser distribuidas entre varios fieles, en vez de que uno sólo de los fieles laicos dirija toda la celebración. No conviene, en ningún caso, que se diga de un fiel laico que «preside» la celebración.

[166.] Así mismo, el Obispo diocesano, a quien solamente corresponde este asunto, no conceda con facilidad que este tipo de celebraciones, sobre todo si en ellas se distribuye la sagrada Comunión, se realicen en los días feriales y, sobretodo en los lugares donde el domingo precedente o siguiente se ha podido o se podrá celebrar la Eucaristía. Se ruega vivamente a los sacerdotes que, a ser posible, celebren diariamente la santa Misa por el pueblo, en una de las iglesias que les han sido encomendadas.

[167.] «De manera parecida, no se puede pensar en reemplazar la santa Misa dominical con celebraciones ecuménicas de la Palabra o con encuentros de oración en común con cristianos miembros de dichas […] comunidades eclesiales, o bien con la participación en su servicio litúrgico».Si por una necesidad urgente, el Obispo diocesano permitiera ad actum la participación de los católicos, vigilen los pastores para que entre los fieles católicos no se produzca confusión sobre la necesidad de participar en la Misa de precepto, también en estas ocasiones, a otra hora del día.