El Pueblo Escogido incomprendido por sus vecinos, perseguido y aplastado por otros reinos más poderosos y pobremente guiado hasta por sus mismos pastores religiosos, grababa a fuego las sentencias de Yahvé, de su Dios, también buriladas por los profetas.

Sea por la influencia de la doctrina de Israel, sea por su propio itinerario lógico, los grandes filósofos no judíos, destacan Aristóteles, Platón y Sócrates, sentían la necesidad de una liberación moral de la humanidad, y adivinaban la llegada de un ser superior, sólo Él capaz de realizar la elevación del ser humano a la categoría que merecía por sus facultades especiales.

Por el profeta Isaías, ya siete siglos antes, Dios había señalado a Israel el papel preponderante de orientación salvadora que tenía para toda la humanidad. Así dice con nitidez Isaías, describiendo el mandato divino: “Te he formado y llevado de la mano, te he destinado para que unas a mi pueblo, y seas luz para todas las naciones, para abrir los ojos a los cielos, para sacar a los presos de la cárcel y del calabozo a los que estaban en la oscuridad”.

La expectativa del Mesías es universal, no sólo es ambición de sociedades, naciones y religiones, sino apasionada búsqueda de cada persona, que siente la opresión de sus cadenas inferiores.

Y este clamor de toda la humanidad, tiene una respuesta positiva: es la Navidad, la aparición del ansiado Redentor, la ruptura con el enemigo, la adhesión personal al Verdadero Dios.

Junto al acto de la creación del mundo, la Navidad es el acontecimiento cumbre de la historia de la humanidad, puesto que todas las maravillas que Dios obrará en adelante partirán del eje de la aparición de Jesús en Belén.

Protagonistas

Nos son familiares. La Navidad tiene sus intérpretes, pero hay que presentarlos antes del drama, para que comprendamos la función peculiar de cada uno.

El primero es Jesús, es el Salvador esperado. Ya lo promete Dios, tras el fracaso del Paraíso. Toda persona vivirá el drama de su debilidad ante la tentación, sufrirá la humillación de sus pecados, y deseará al Mesías, y Dios enviará un Salvador, al que describen los profetas con rasgos firmes.

Hasta señalan el lugar en que ha de aparecer. No es un simple profeta, ni un patriarca, es un personaje que no se ha de repetir, ya que es igualmente Dios y hombre, y viene a salvar, no a gozar torpemente de la vida, como Él mismo lo manifestará: “No he venido a ser servido, sino a servir, a dar la vida por todos” (Mt 20, 28), señalando las características de su misión de Mesías.

Gustará de tratar con enfermos, mendigos y pecadores, despreciados olímpicamente por sus paisanos, los grandes de Israel, enseñará con la palabra y el ejemplo, el camino de la felicidad interna, aún en medio de los sufrimientos, y de la felicidad externa permanente.

Inyectará esperanza al prometer un Reino de gloria y felicidad a quienes sean fieles a su doctrina, y terminará por dar su vida entre tormentos voluntariamente con tal de salvar para toda una eternidad a todos los que de verdad lo deseen.

Y en Navidad surge el milagro de los milagros. Un Dios poderosísimo hecho niño necesitadísimo, no podía haber realizado mayor portento para poder ganarse la estimación del hombre, hoy Navidad comienza su vida de Maestro, de amigo de todos, de curador de enfermos, de resucitador de muertos, para demostrarnos su categoría.

Verdaderamente que la Navidad es el comienzo de un nuevo mundo, de una nueva sociedad.

Segundo personaje: María.

Es su Madre. Aunque pudo elegirla entre la nobleza de Israel, la buscó en una aldea desconocida. Una doncella normal, de corazón generoso y creyente, vive en la pobreza, terminará en la pobreza, no mantendrá relaciones sexuales con ningún varón y sólo la intervención del Espíritu Santo, ejercerá su poder de crear una nueva vida, sin intervención de hombre alguno, se considerará meramente una esclava del Señor cuyos planes aún los más difíciles y trágicos aceptará, y cumplirá con generosidad y gozo.

Acompañará a su hijo por los arduos senderos del apostolado, asistirá valientemente a la horrorosa crucifixión y muerte de Jesús, y sentirá el gozo inmenso de la resurrección y del triunfo definitivo de quien es a su vez su Hijo y su Dios y Redentor.

Tercer personaje: José esposo legal de María, padre por matrimonio, de Jesús.

Hasta el punto de que la misma Virgen al dirigirse al Niño Jesús en el Templo le afirma; “Hijo, ¿por qué te has portado así con nosotros? Tu padre y yo te buscábamos muy preocupados”. José parece un comparse insignificante, pero no es así, ya que de parte de Dios, el ángel del Señor se le apareció en sueños a José, y no a María, para participarle que deberían salvar al Niño en peligro, llevándosele a Egipto, cuando termina el peligro para el Niño, el ángel del Señor aparece de nuevo a José y sólo a él.

A sus doce años después de su episodio de diálogo con los sabios de Israel en el Templo de Jerusalén, Jesús retornará a Nazaret con sus padres donde vivirá obedeciéndoles.

José es el jefe de familia, la batuta de las decisiones y las actividades, la autoridad aún para el mismo Cristo. Se le llama justo en la Escritura por su rectitud y desaparece silenciosamente para dejar su protagonismo a María y Jesús.

Es un personaje digno de estudio y de alabanza, por su sumisión, su intrepidez, y su amor a su esposa y al Hijo Divino.

Cuarto protagonista: los pastores.

Gente pobre y que serán los primeros beneficiados de la Navidad, se les confiará el misterio de Dios-Hombre antes que a los sumos sacerdotes y al Sanedrín, el Supremo Tribunal religioso de Israel.

Aceptarán gozosamente la invitación, dejarán todo para acudir inmediatamente a la gruta, y hallaron a María y José y vieron al Niño recién nacido acostado en la pesebrera. Sienten gozo al descubrir a su Dios, es la representación del mundo sufriente, del que ha de sudar diariamente para conquistar su pan, del que ha de depender del mando y del capricho de los demás.

Muy significativa esta revelación de Dios a los desheredados, olvidando expresamente a los soberbios y poderosos.

Quinto protagonista: los Magos.

Llegan desde lejano Oriente, a ellos no los ángeles, sino la estrella, es la portadora del mensaje. Eran astrónomos y entendían mejor el signo de los astros. Abandonan largamente su hogar, su familia, sus negocios, sólo por contemplar a su Dios, aunque no pertenezcan al Pueblo Escogido.

Demuestran interés sobrenatural, paciencia por arrobas, ilusión por el descubrimiento anhelo de darse. Herodes trata de engañarles, pero el Cielo les pone en guardia contra el tirano, y llegan a Belén hallando al Niño que estaba con María su Madre, se postraron para adorarlo y abriendo sus cofres le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. Es interesante la visión sobrenatural de estos paganos.

Dios mismo les inspira para que reconozcan en el Niño su triple realidad: de Dios a quien ofrecen incienso de Rey para el que han traído oro, y de hombre a quien ofrecerán mirra. Personajes misteriosos que son el símbolo de que la Navidad ha desmoronado el muro de siglos de división entre judíos y paganos, ya que el Mesías asoma en Belén para el servicio de todos.

Y sexto protagonista: los ángeles.

Son los alegres portadores de la Navidad, vienen del Cielo para subrayar que el acontecimiento no es solamente humano, sino página del inmenso amor de Dios.

Primero es uno sólo que los rodeó de claridad de la gloria del Señor, y luego una multitud de seres celestiales aparecieron en torno al ángel y cantaban a Dios: “Gloria a Dios en lo más alto del Cielo y en la tierra gracia y paz a los hombres de buena voluntad”. ¿Ricos y pobres? Todos, con tal de que exhiban la buena voluntad.

Germán Mazuelo-Leytón

Germán Mazuelo-Leytón
Es conocido por su defensa enérgica de los valores católicos e incansable actividad de servicio. Ha sido desde los 9 años miembro de la Legión de María, movimiento que en 1981 lo nombró «Extensionista» en Bolivia, y posteriormente «Enviado» a Chile. Ha sido también catequista de Comunión y Confirmación y profesor de Religión y Moral. Desde 1994 es Pionero de Abstinencia Total, Director Nacional en Bolivia de esa asociación eclesial, actualmente delegado de Central y Sud América ante el Consejo Central Pionero. Difunde la consagración a Jesús por las manos de María de Montfort, y otros apostolados afines