La solemnidad de San Pedro y San Pablo, el 29 de junio, nos propone hacer profesión de fe en la Iglesia una, santa, católica y apostólica. El Día del Papa, es ante todo una fiesta de la catolicidad.

Hay una frase muy empleada en la teología y en la liturgia: confesión de Pedro, cuando se la cita, se refiere al acto en el que el Apóstol manifiesta que Jesús es el Mesías. Es una página básica para entender la grandeza de Jesús, según un hijo del pueblo sencillo, el pescador Pedro, cuando, para comprender cómo premia Jesús, las confesiones de fe pública, ya que en esta ocasión constituyó a Pedro al frente de su Iglesia a fundar, cabeza de sus apóstoles y Pastor Supremo de una innumerable grey que ya entonces comenzaba a animar los pasos de Jesús.

Tras preguntar a los apóstoles, quién creía el pueblo que era Cristo, les pregunta la opinión de sus discípulos predilectos. Simón Pedro contesta: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo. Jesús le respondió: Bienaventurado eres, Simón Bar-Yoná, porque carne y sangre no te lo reveló, sino mi Padre celestial. Y yo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del abismo no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del reino de los cielos, lo que atares sobre la tierra, estará atado en los cielos (Mateo 16, 13-19).[1]

Ahí está la confesión de Pedro, su reconocimiento de que Cristo es el Mesías, el enviado especial de Dios para la redención del mundo, y que es al mismo tiempo Dios.

Pero le manifiesta con toda seguridad humana, como si patentizara una verdad que tiene varias raíces en su mente y en su corazón.

Como lo testificará Jesús mismo, la confesión de Pedro no es consecuencia de una enseñanza aprendida sabiamente en las aulas de la ciencia humana, sino la contestación luminosa con que el Espíritu Santo enriquece a este varón seguidor de Jesús, siempre humilde y dispuesto a aprender de Dios y a difundir su mensaje.

Abraham, el padre de la fe, es por su fe la roca que retiene el caos, el diluvio primordial embiste en destrucción, y así sostiene la creación. Simón, el primero en confesar a Jesús como el Cristo y el primer testigo de la Resurrección, se convierte ahora en virtud de la fe  de Abraham, que se renueva en Cristo, en la roca que está en contra de la marea impura de la incredulidad y la destrucción del hombre. [2]

Pedro mostrará su carácter especial de firme y pronta decisión en ocasión en que tras la predicación del Pan Eucarístico, que será su propio Cuerpo, se escandalizan hartos de los que escuchan a Jesús, y dice el Evangelista Juan: Muchos de sus discípulos dieron un paso atrás y dejaron de seguir a Jesús (Juan 6, 66).

Es un momento delicado, parece que también los apóstoles dudan de seguir a Jesús o abandonarlo, como tantos de sus compañeros. Pero Jesús les pregunta a sus apóstoles: ¿También ustedes quieren abandonarme? Pedro contestó: Señor, ¿a quién iríamos entonces? Sólo tú tienes palabras de vida eterna. Nosotros creemos y sabemos que Tú eres el Santo de Dios (Juan 6, 67-69).

Una doble confesión de Pedro. Sólo él se atreve a confesarle en dos momentos decisivos, que invitan a sus compañeros, a que también ellos reconozcan la excepcional grandeza de Jesús.

Quien lea los Hechos de los Apóstoles, admirará la valentía y la firmeza con que Pedro confiesa a Jesús, en su predicación aún a  costa de cercano peligro de ejecución por parte de sus enemigos.

Es evidente la preeminencia de San Pedro, primer Papa sobre los Doce: los apóstoles Pedro, Santiago y Juan son escogidos por el Señor, de entre los demás discípulos, para presenciar la Transfiguración [3] y acompañar a Cristo al monte de los Olivos. [4] En cada evento se destaca San Pedro, la Roca. En el Monte de los Olivos, Cristo encuentra dormidos a los tres, pero es a San Pedro a quien se dirige. Durante la Transfiguración, es San Pedro el que habla en nombre de los discípulos. En el Evangelio de San Lucas (5, 1-11), Cristo llama a sus primeros discípulos, y el primero de ellos es Simón Pedro. Según Joseph Ratzinger, el llamado de Pedro aparece como el modelo original de la vocación apostólica por excelencia[5] Cada vez que se enumera a los apóstoles, San Pedro aparece en primer lugar. [6] Por otra parte, al referirse a los discípulos, a veces, sólo San Pedro es mencionado por su nombre, por ejemplo: Simón y los que estaban con él, y Pedro y los que estaban con él[7] San Pedro es el único que trata de caminar sobre las aguas (Mateo 14, 28 y ss) y él es quien nos lleva a la famosa pregunta de cuántas veces debemos perdonar. [8]

La conexión entre Pedro y el papado es sacrosanta.

Germán Mazuelo-Leytón

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[1] Biblia comentada Straubinger.

[2] Llamados a la comunión, Joseph Ratzinger.

[3] Marcos 9, 2-8.

[4] Marcos 14, 33.

[5] Llamados a la comunión, Joseph Ratzinger.

[6] Mateo 10, 2-4; Marcos 3, 16-19; Lucas 6, 14-16; Hechos 1, 13.

[7] Marcos 1, 36; Lucas 9, 32.

[8] Mateo 18, 21.

Germán Mazuelo-Leytón
Es conocido por su defensa enérgica de los valores católicos e incansable actividad de servicio. Ha sido desde los 9 años miembro de la Legión de María, movimiento que en 1981 lo nombró «Extensionista» en Bolivia, y posteriormente «Enviado» a Chile. Ha sido también catequista de Comunión y Confirmación y profesor de Religión y Moral. Desde 1994 es Pionero de Abstinencia Total, Director Nacional en Bolivia de esa asociación eclesial, actualmente delegado de Central y Sud América ante el Consejo Central Pionero. Difunde la consagración a Jesús por las manos de María de Montfort, y otros apostolados afines