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El Vaticano se replantea la estrategia de comunicaciones para hacer frente al “impredecible” Francisco

Estos días, en los medios, se habla mucho y emocionalmente sobre el Papa. La gente habla de una revolución en las relaciones públicas del Vaticano. Algunos lo describen como una transformación y señalan los optimistas resultados del Papa Francisco y sus hagiográficas notas de prensa.

Al parecer, y reforzando la hipérbole, los cambios están hechos en la operación de medios del Vaticano, aunque la palabra “operación” -sugiriendo una táctica de métodos clínicos- puede ser engañosa cuando se aplica a las comunicaciones del Vaticano y a la trayectoria de sus relaciones públicas.

Para dar una idea de lo que es este extenso y desorganizado caos, hay que tener en cuenta que, actualmente, se despliega en no menos de nueve oficina separadas entre sí: el Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales; la Oficina de Prensa del Vaticano; la Oficina de Internet del Vaticano; Radio Vaticana; el estudio de producción de la televisión del Vaticano (CTV); L’Osservatore Romano, el periódico del Vaticano; la imprenta del Vaticano; el Servicio de Fotografía del Vaticano y la Librería Editrice Vaticana, editorial del Vaticano.

En palabras de Russell Shaw, ex director de la Conferencia Estadounidense de Obispos Católicos: “Las comunicaciones del Vaticano están al límite de lo caótico”. El caos y el desorden de comunicaciones del Vaticano llegaron a su punto más bajo hacia el final del pontificado de Benedicto XVI, que parecía marcado por una avalancha interminable de malas historias y comentarios hostiles.

Los ojos expertos, podían identificar las declaraciones falsas acerca de la Iglesia y del Papa que los chivatos colaban bajo cobertura, pero éstos también formulaban sus propias preguntas acerca de las comunicaciones del Vaticano. ¿Por qué los encargados de prensa del Vaticano no estaban pendientes de estas historias, contactando con los editores y exigiendo correcciones?

“Una de las razones es que no había suficientes personas para hacer el trabajo, incluso si se les hubiera ocurrido hacerlo”, explica Shaw.

“Aquellos quienes, por la descripción de su trabajo podrían hacerlo, eran exactamente dos: el director y director adjunto de la Sala Stampa (Oficina de Prensa del Vaticano). La Sala Stampa se comprometió a hacer el trabajo de vez en cuando -metafóricamente hablando, cuando algo particularmente escandaloso se arrojara sobre los muros del Vaticano-; mas, de todos modos, no podían esperar mantenerse al corriente con todas las cosas desagradables que se dicen por muchas personas y en muchos países. Para hacerlo adecuadamente, habrían necesitado pequeñas oficinas dedicadas a este fin no sólo en Roma, sino en Berlín, París, Londres, Nueva York, Los Ángeles y otros lugares”.

La falta de recursos, combinada con la descentralización de facto de la Iglesia, hizo imposible que el Vaticano realizara cualquier esfuerzo, dice Shaw. A nivel nacional, las conferencias episcopales a menudo carecían de dinero y personal capacitado, así como  estómago para la lucha, añade.

Comentario: El punto de vista de un periodista

El manejo de las comunicaciones en el Vaticano ha sido, durante mucho tiempo, un caos. Durante el Sínodo, los cambios de procedimiento, aparentemente para permitir más apertura, significaron la dependencia de los medios de la Oficina de Prensa para obtener información. Era casi imposible cubrir el acto y uno dependía de los informes de media docena de funcionarios que retransmitían la información a los periodistas. Esto se obstaculizaba por los informes en lengua inglesa de los funcionarios, que a menudo estaban claramente sesgados en favor del modernismo en los procedimientos.

Los retos son de dos tipos, en primer lugar es una operación de comunicación peligrosa que necesitará reestructura. En segundo lugar, el comportamiento impredecible y la falta de voluntad del Papa Francisco para comunicarse con las personas más cercanas a él, hacen que sea difícil que funcione cualquier estrategia de comunicaciones.

Son preocupantes las llamadas inesperadas a personas y su tendencia a revelar informaciones importantes a las personas con las que se reúne, antes que a los funcionarios. En el lado positivo, el Papa Francisco es un gran comunicador y requiere poca ayuda de los funcionarios de comunicación del Vaticano.

Edward Pentin, corresponsal en Roma, National Catholic Registe

Revisión exhaustiva

Todo el mundo sabía que no se podía seguir así. Así, en julio de 2014, Lord Patten -ex-presidente de la BBC Trust, quién cubrió la visita del Papa Benedicto al Reino Unido en 2010-, fue designado Presidente de un comité para revisar el funcionamiento de los medios de la Santa Sede y proponer reformas. Los objetivos eran: “Adaptar los medios de la Santa Sede al cambio de tendencias en el consumo de los medios; mejorar la coordinación y lograr, progresiva y sensiblemente un sustancial ahorro financiero”.

Recomendó un primer paso obvio: fusionar los servicios de los medios en una sola estructura unificada de gobierno y gestión. Esto sería responsabilidad de una Junta Externa con representantes de las Secretarías de Estado y Economía; las Conferencias Episcopales; las organizaciones de medios católicos y expertos en medios audiovisuales. Supervisaría el trabajo de cinco departamentos diferentes: un departamento de pastoral; un departamento administrativo; un departamento comercial; un departamento de tecnología y un departamento de operaciones en los medios. Este último llevaría la reestructuración de las principales actividades de los medios de la Santa Sede, asumiendo la responsabilidad de la relación con los medios, producción de contenidos y distribución.

En su conferencia del Día Mundial de las Comunicaciones, el pasado mayo, Patten explicó: “Las relaciones con los medios implicaría el fortalecimiento de la oficina de prensa, que sería el punto central de contacto para todos los medios externos y estaría involucrada en la distribución de las declaraciones oficiales, la organización de conferencias de prensa, la acreditación de los medios de comunicación y la evaluación de proyectos de medios de comunicación; la planificación de la gestión de los principales eventos de comunicación y de la formación de portavoces autorizados y especializados.

»La oficina de prensa tendría que ser capaz de ofrecer sus servicios en una gama adecuada de idiomas y operar de acuerdo con los ciclos de noticias internacionales”.

Patten también hizo hincapié en que: “el proceso de reunir a las diferentes entidades requerirá tiempo”.

Se asignaron cuatro años para la revisión general de las comunicaciones y el progreso, hasta la fecha, ha sido modesto. Por lo que se dice en la órbita de los noticias internacionales, la oficina de prensa continúa cerrando cada día a las 15 horas y las comunicaciones internas parecen variar entre caóticas e inexistentes. “Incluso el padre Lombardi, un profesional muy competente y concienzudo, reconoce que, a menudo, no sabe que está pasando”, comenta Shaw. (Ver: Una audiencia con el hombre de las relaciones públicas del Papa, el padre Federico Lombardi[i]).

[mks_pullquote align=”left” width=”300″ size=”21″ bg_color=”#000000″ txt_color=”#ffffff”]”El reto es mantener la unidad mientras se presiona por los cambios.”

Rusell Shaw, Ex-director de la Conferencia Estadounidense de Obispos Católicos

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En la revisión del balance, se ha establecido una Secretaría de Comunicaciones y, justo antes de Navidad, llegó el anuncio de que, algunas figuras clave, se moverían en el tablero de las comunicaciones del Vaticano.

El Reverendo Paul Tighe, anteriormente secretario en el Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales -donde fue secretario de comité de medios de Patten- ha sido nombrado secretario adjunto en el Consejo Pontificio de la Cultura.

Greg Burke, ex periodista de Fox News y, últimamente, un guardián y alto asesor de comunicaciones en la Secretaría de Estado -donde estuvo a cargo de la estrategia de comunicación de la Santa Sede- ha sido nombrado director adjunto de la oficina de prensa de la Santa Sede, reemplazando el padre Ciro Benedettini.

La especulación es que Burke, que en su papel en la Secretaría de Estado ayudó a poner en marcha la cuenta de Twitter del Papa en 2012, con el tiempo reemplazará al padre Federico Lombardi, de 73 años de edad, director de la Oficina de Prensa.

Shaw dice que, aunque el mismo Francisco es un comunicador talentoso y carismático, que ha introducido su propia innovación en forma de ruedas de prensa en pleno vuelo, esto difícilmente puede calificarse como una revolución de las relaciones públicas. “Este pontificado no es una revolución de las relaciones públicas, si por “revolución” se entiende algo institucional y sistémico.  Nada de eso ha sucedido, y la reorganización de entidades de comunicación del Vaticano en curso es difícilmente revolucionaria.  La reorganización en curso puede ayudar, pero eso no es visible todavía”.

¿Cómo explicar entonces la marcada diferencia en el tratamiento de prensa concedida a Francisco en comparación con la de su predecesor? La respuesta está en el corazón de la importancia de la reputación.

“El Papa Benedicto llegó al Papado después de más de dos décadas, durante las cuales había sido atacado sistemáticamente por sus enemigos dentro la Iglesia”, señala Shaw. “En contraste, el Papa Francisco llegó al Papado siendo prácticamente desconocido, pero con un cuerpo integrado de seguidores; muchos pensaron que no todos los miembros de la Orden Jesuita, pero que estaban dispuestos a hablar en su nombre”.

Entonces, la transformación de las relaciones públicas del Vaticano depende de la persona del Papa; en palabras de Lord Patten: “Una mezcla de gracia y autoridad (…) Sin las trabas de una distante formalidad o la pompa eclesiástica”.

Sin embargo, hay un aguijón en la cola. Un desafío nada despreciable para las relaciones públicas y las comunicaciones se acerca rápidamente en forma de la exhortación apostólica de Francisco (informe post- sinodal) sobre el tema de la familia. Dependiendo de si, y en que medida, se parta de la Doctrina Católica, las tensiones en la Iglesia podrían agudizarse hasta estallar. Una comunicación eficaz es mucho más difícil si una organización está en crisis.

“El mayor reto es mantener la unidad de la Iglesia mientras se piden con insistencia cambios polémicos, -dice Shaw-. El Sínodo de octubre pasado parecía estar al borde de una fea división y si esta situación persiste y se extiende el Pontificado y la Iglesia podrían tener una seria crisis en sus manos”.

El Vaticano declinó hacer declaraciones cuando PRWeek contactó con ellos.

Catherine Lafferty

[Traducción de Rocío Salas. Artículo original]

[mks_separator style=”solid” height=”5″ ]

[i] http://www.prweek.com/article/1226025/audience-popes-pr-man-father-federico-lombardi




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