Los hermanos de Jesús


Adelante la Fe tiene la bendición de publicar para el mundo hispanohablante la que nos parece la mejor y más completa explicación hasta ahora de la cuestión de quiénes son los hermanos de Jesús mencionados en los Evangelios. Siempre se suele explicar que la palabra hermanos se entendía en Palestina en un sentido más amplio que incluía primos y otros familiares cercanos (como, por cierto sigue siendo actualmente en el arameo y el árabe que se hablan en el Cercano Oriente, ya que se trata de sociedades tribales) y el episodio en que Jesús encomienda a su Madre al cuidado de San Juan. Pero el siguiente artículo de Investigatore biblico amplía esos argumentos presentando otros aspectos y aporta más detalles para completar el rompecabezas y disponer de un buen arsenal con que dejar sin argumentos a los protestantes y responder a todo el que nos pida razón de nuestra fe (cf. 1 Pe. 3,15).


Los hermanos de Jesús

De Investigatore Biblico

1. La disputa hermenéutica sobre el término ἀδελφός

En el ámbito de la controversia teológica entre tradición católica y protestantismo evangélico, la cuestión de la identidad de los llamados hermanos de Jesús es una cuestión ideológica fundamental. La interpretación protestante actual insiste en traducir la voz griega ἀδελφός (adelfós; plural ἀδελφοί, adelfo͡i; feminino ἀδελφή, adelfḗ) exclusivamente en el sentido de hijos biológicos nacidos de una misma unión matrimonial entre María y José después del nacimiento virginal de Cristo. Según dicho esquema, en la casa de Nazaret habrían convivido con Jesús al menos cuatro hermanos varones y varias hermanas, entendiendo con ello una familia numerosa y convencional.

La doctrina católica, corroborada por la tradición patrística desde sus orígines, sostiene por el contrario el dogma de la perpetua virginidad de María (ἀειπάρθενος, Aeipárzenos), interpretando las diversas menciones a los hermanos en el contexto semítico de la lengua bíblica, en el que el mencionado sustantivo indica parientes carnales, primos y consanguíneos. El presente estudio se propone hacer un riguroso experimento mental: hacer una reductio ad absurdum de la proposición protestante y verificar si se sostiene ante la totalidad del corpus neotestamentario. Un análisis sistemático de las Escrituras demuestra que la hipótesis de que María y José tuvieran seis o siete hijos biológicos después de Jesús conduce a contrasentidos históricos, morales y exegéticos irresolubles que convertirían a la Sagrada Familia en la peor institución educativa de toda la historia bíblica.

2. Experimento mental: la familia de Nazaret según la tesis protestante

Supongamos por un momento que la interpretación evangélica sea correcta. En ese caso, José y María habrían criado a una numerosa prole integrada por al menos cuatro hijos varones –(Santiago, José, Simón y Judas (Mt.13,55)–, y como mínimo dos o tres hijas. Estaríamos ante una familia compuesta por ocho personas o más y dirigida por unos padres que habrían sido testigos de unas manifestaciones directamente divinas de un alcance incalculable.

A pesar de ello, al examinar el comportamiento de esos presuntos hijos menores durante la vida pública de Jesús, nos toparíamos con un dato desconcertante: un porcentaje de incredulidad equivalente al 100%. Ninguno de los presuntos hijos biológicos creyó en la misión mesiánica de Jesús durante su ministerio terrenal (Jn. 7,5), e incluso llegaron a considerar que había perdido el juicio (Mc. 3,21).

Aporía pedagógica del modelo protestante: si los presuntos hermanos hubieran sido hijos de María y José y criados bajo un mismo techo, nos veríamos ante el más estrepitoso fracaso educativo de todas las Escrituras. Los hijos habrían rechazado el testimonio directo de una Madre que concibió virginalmente por obra del Espíritu Santo y la formación impartida por un padre justo (δίκαιος) instruido por varias visiones angélicas –Análisis exegético comparado.

3. Examen sistemático de dieciocho pasajes bíblicos clave

Para captar la inconsistencia de la tesis de los hermanos biológicos, es necesario concatenar y analizar dieciocho textos fundamentales del Antiguo y el Nuevo Testamento, ordenados en cuatro esquemas narrativos y doctrinales.


Esquema 1: La devoción excepcional y la fe de la casa de Nazaret


Lc.1,30-31: El arcángel Gabriel anuncia a María la concepción virginal del Mesías. María recibe una vocación única e irrepetible entre todas las madres de la historia sagrada.

Mt.1, 19-20: José es calificado de justo (δίκαιος, díkaios), y obedece enseguida e incondicionalmente toda orden divina.

Lc. 1,43: Llena del Espíritu Santo, Isabel proclama a María «Madre de mi Señor» (ἡ μήτηρ τοῦ κυρίου μου), demostrando con ello que la revelación sobre la naturaleza divina del Niño era conocida y compartida dentro del círculo familiar.

Lc. 2,34-35: El profeta Simeón bendice a la familia y predice a María que una espada (ῥομφαία) le traspasará el alma, profetizando así su íntima participación en el sacrificio del Hijo.


Lc. 2,41: El evangelista señala que José y María iban «cada año» a Jerusalén para celebrar la fiesta de la Pascua. Esta precisión da fe de una piedad y una observancia escrupulosa de la Torá.


Lc. 2, 49 y 51: Ya con doce años, Jesús declara que tiene que ocuparse de los asuntos de su Padre, y luego regresa a Nazaret y está sometido a sus padres mientras María meditaba todas estas cosas en su corazón.


Jn. 1,29: Juan el Bautista, pariente de Jesús por parte de Madre, lo reconoce públicamente en el Jordán, y afirma que es el «Cordero de Dios» (ὁ ἀμνὸς τοῦ θεοῦ).


Esquema 2: Incredulidad y hostilidad de los presuntos hermanos

Mt. 13, 55 (Mc. 6,3): el pueblo de Nazaret enumera a los presuntos hermanos: «¿No es Éste el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María, y sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas? ¿Y sus hermanas no están todas entre nosotros?»


Jn. 7,5: El evangelista declara tajante: «Ni sus mismos hermanos creían en Él» (οὐδὲ γὰρ οἱ ἀδελφοὶ αὐτοῦ ἐπίστευον εἰς αὐτόν). Eso quiere decir que si fueran hijos de los mismos padres y se hubieran criado en la misma casa, durante más de treinta años no habrían creído ni a su propia Madre ni a su padre José.




Mc. 3, 21 y 31: Los parientes de Jesús salen para apoderarse de Él, porque decían: «Ha perdido el juicio». Llegan con su madre y se quedan fuera y lo llaman.


Esquema 3: La Cruz y el procedimiento de sepultura


Jn.19, 25-27: Junto a la Cruz están su Madre, la hermana de su Madre (María de Cleofás), María Magdalena y Juan, el discípulo amado. No está presente ninguno de los supuestos hermanos biológicos. Y Jesús le dice a su Madre: «¡He ahí a tu hijo!», y al discípulo: «¡He ahí a tu Madre!» Y desde aquel momento el discípulo la recibió consigo (εἰς τὰ ἴδια). De haber tenido María seis o siete hijos vivos, habría sido jurídica y moralmente incomprensible confiarla a alguien que no fuera de su misma sangre, además de un incumplimiento de las normas judías.


Mc. 15,43 (Mt. 27,60): Ninguno de los presuntos hermanos de sangre reclamó el Cuerpo de Jesús. Lo hizo José de Arimatea, distinguido miembro del Sanedrín, que lo puso en una tumba propia que hacía poco había mandado excavar.


Mc. 16, 1: A embalsamar con aromas el Cuerpo de Jesús fueron María Magdalena, María la Madre de Santiago, y Salomé. Ninguna de las presuntas hermanas biológicas intervino para cumplir sus deberes funerarios para con su hermano.


Esquema 4: La Iglesia naciente y los deberes morales para con la Madre viuda


Hch. 1, 14: Después de la Resurrección y la Ascensión, los hermanos de Jesús están en el Cenáculo rezando con María y los Apóstoles. Ya creen.


Ex. 20,12 (Cf. Efe. 6,2-3): El Decálogo manda honrar al padre y a la madre. En la cultura hebrea del siglo I, el hijo varón creyente tenía la obligación concreta, legal y religiosa, de recibir en su casa y mantener a la Madre que se había quedado viuda.


Jn. 1,27: Santiago (identificado en la tesis protestante como hermano de sangre de Jesús) escribe en su epístola que la religión pura e inmaculada consiste en «visitar [asistir] a los huérfanos y a las viudas en su tribulación». Entonces, si hubiera sido hijo de María, ¿por qué se habría ido Ella a vivir a casa de San Juan en vez de quedarse en la suya?


1 Tim. 5,4: San Pablo manda a la Iglesia: «Si una viuda tiene hijos o nietos, aprendan éstos primero a mostrar la piedad para con su propia casa y a dar en retorno lo que deben a sus mayores».

1 Tim. 5,8: El Apóstol añade un juicio severísimo: «Si alguien no tiene providencia para los suyos, y particularmente para los de su propia casa, ha negado la fe y es peor que un incrédulo».

Síntesis de los textos y de las aporías de la tesis protestantes

Pasaje de las EscriturasContenidoevangélico / epistolarAporías dela tesis protestante
Lc. 1,30-31; Mt 1,19-20Anunciación a María y revelaciones en sueños a JoséUnos padres santos y obedientes habrían criado unos hijos totalmente incrédulos.
Lc. 2,41; Jn. 1,29Piedad familiar perfecta y testimonio de Juan BautistaLos presuntos hermanos no sabrían nada de décadas de devoción y milagros en su familia.
Mt. 13,55; Jn. 7,5Mención de los hermanos y su total incredulidad inicialTodos los hijos menores rechazan hasta la Resurrección lo que sus padres les enseñan sobre Jesús.
Mc. 3,21.31Tentativa de los parientes de capturar a Jesús pensando que ha perdido el juicio.Los hijos de María habrían considerado a su hermano primogénito un loco de atar.
Jn. 19,25-27Jesús encomienda a María a San Juan al pie de la CruzAusencia total de hijos biológicos; incumplimiento de las leyes de sucesión y cuidado familiar.
Mc, 15,43; 16,1Sepultura por parte de José de Arimatea y visita de las mujeresNinguno de los presuntos hermanos pide el cadáver ni interviene en el embalsamamiento.
Hch. 1,14; Stg. 1,27Hermanos en el Cenáculo; Santiago prescribe los deberes para con las viudasAun cuando ya creen, los hermanos a la madre viuda en casa de San Juan durante un periodo de 12 a 15 años.
1 Tim. 5,4,8Quien no mantiene a los suyos es «peor que un incrédulo»Santiago y los otros hermanos incurrirían en la condena apostólica por abandono de su madre.


4. Fundamentos filológicos, patrísticos y magisteriales


La solución exegética a estas patentes contradicciones radica en el correcto entendimiento del sustrato lingüístico semítico que subyace el griego neotestamentario. En el mundo judaico y arameo no existía una palabra concreta para distinguir a un primo de cualquier otro pariente próximo. El hebreo antiguo se servía del término אָח (‘āḥ), cuyo campo semántico abarcaba hermanos de sangre, primos, sobrinos y otros miembros de la tribu familiar.


Los traductores de la Septuaginta, la versión griega del Antiguo Testamento que utilizaron los evangelistas, tradujeron por norma el hebreo אָח por el griego ἀδελφός. Veamos dos ejemplos emblemáticos:

Jn. 13,8: Abrahán le dice a Lot: «Que no haya contienda entre los dos, pues somos hermanos». Pero Abrahán era tío de Lot, que era hijo de su hermano Harán.

Jn. 29,15: Le dice Labán a Jacob: «¿Acaso por ser mi hermano has de servirme de balde?» Y en realidad Labán era tío materno de Jacob.

Ya en el siglo IV d.C. San Jerónimo, en su célebre tratado De Perpetua Virginitate Beatæ Mariæ Adversum Helvidium (383 d.C.), refutó definitivamente la herejía de Elvidio demostrando que los presuntos hermanos de Jesús citados en el Evangelio eran en realidad primos suyos, hijos de María de Cleofás (hermana o cuñada de la Virgen) y de Alfeo.


Testimonio de la Tradición y de los reformadores protestantes


La doctrina de la perpetua virginidad de María fue definida solemnemente por la Iglesia en el II Concilio de Constantinopla (553 d.C.) y el de Letrán (6649 d.C., convocado por el papa Martín I), y es constantemente reiterada en el Catecismo de la Iglesia Católica (CIC 499-501).


Para el apologista, es vital señalar que incluso los padres del protestantismo histórico refutaron categóricamente la idea de que María hubiera tenido otros hijos:


En su Comentario al Evangelio de Juan (1537) y en sus sermones sobre el Magnificat, Lutero insiste en que María fue Virgen antes, durante el parto y después de éste (semper virgo), y afirma que el vocablo adelfoi se refiere a los primos en el lenguaje bíblico.


Calvino, en su Comentario a la armonía de los Evangelios (a Mt. 13,55), escribe: «La postura de Elvidio fue necia en extremo al pretender que María tuvo más hijos porque se habla de los hermanos de Cristo […] El término hebreo para hermanos comprendía a todos los parientes consanguíneos».


Por último, Zwinglio declaró en sus exposiciones teológicas: «Creo firmemente que María, según el Evangelio, engendró al Hijo de Dios siendo virgen pura y siguió siéndolo durante el parto y después del mismo, permaneciendo intacta por la eternidad.

Confirmaciones de la crítica protestante clásica: «Incluso autorizados comentaristas protestantes del siglo XIX como Albert Barnes (presbiteriano) y Matthew Henry reconocen la venerable tradición según la cual María vivió en casa del apóstol Juan hasta el final de su vida (unos 11 a 15 años después de la crucifixión). Este dato histórico tira por tierra la hipótesis de que hubiera otros hermanos biológicos, pues habrían estado obligados a cumplir el 4º mandamiento.— Albert Barnes, Notes on the New Testament; Matthew Henry, Commentary on the Whole Bible


5. Conclusión: un cuadro coherente para la apologética


Del análisis exhaustivo de los datos aportados por las Escrituras y la patrística se desprende una clara solución hermenéutica:

Si adoptamos la tesis protestante actual, nos vemos obligados a aceptar la idea de un hogar de Nazaret devastado por el fracaso educativo, en el que San José y María, incapaces de transmitir la fe, engendran hijos incrédulos que abandonan a su Madre en la desgracia y obligan con ello a que Jesús tenga que encomendársela a alguien ajeno a la familia.


En cambio, si aceptamos la enseñanza perenne de la Iglesia Católica y el sentido semítico del griego bíblico, todas las teselas del mosaico encajan a la perfección: María tuvo un Hijo único, el Verbo Encarnado. Los supuestos hermanos eran primos de Jesús. Con la entrega en adopción de María a San Juan, el Primogénito cumple la ley y la piedad filial confirmando la maternidad espiritual de María sobre todos los discípulos. El apologeta católico dispone, como vemos, de una argumentación rigurosa fundada en las Escrituras y en la lógica interna del texto sagrado para defender la belleza y la verdad de la maternidad virginal de María.

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Artículos de opinión y análisis recogidos de otros medios. Adelante la Fe no concuerda necesariamente con todas las opiniones y/o expresiones de los mismos, pero los considera elementos interesantes para el debate y la reflexión.

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