El pasado viernes celebraba la Liturgia de la Iglesia la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús y el sábado nos invitó a poner nuestros ojos en el Corazón Inmaculado de María Santísima.

Para no tener una idea parcial e incompleta de lo que es realmente la devoción al Corazón de María hay que considerar su objeto de dos maneras: su objeto material y su objeto formal, sin separarlos nunca.

El elemento material es el mismo Corazón físico, real, palpitante, de la Santísima Virgen. Un Corazón de carne, humano, en todo semejante al de los demás hombres, pero Inmaculado desde su misma Concepción.

Y el otro elemento, el formal, es invisible e inmaterial, y consiste en el Amor, en la Caridad de la Virgen Madre, encerrada y simbolizada en ese Purísimo Corazón.

  1. El Corazón más semejante al de Jesús por la gracia. Desde toda la eternidad, Dios tenía determinado para la salvación de los hombres, que el Verbo se hiciera carne en las entrañas purísimas de la Virgen María.

No habiendo criatura tan unida al Verbo divino como su Madre, tampoco la hay que por la gracia se asemeje a Jesucristo tanto como su Madre. Por eso la primera vez que se menciona en el Evangelio el Corazón de María es para expresar toda la riqueza de su vida interior: «María -escribe San Lucas- guardaba todas estas cosas, ponderándolas en su corazón» (2, 19).

El Corazón de María conservaba como un tesoro todos los acontecimientos de la vida de Cristo, en especial los que rodearon la muerte de su Hijo en la Cruz y las palabras que allí oyó a Jesús. Además, la Virgen nos ama en su Corazón con amor de madre, con el mismo con que amó a Jesús pues Ella es madre nuestra desde el momento en que prestó, mediante su fiat, su colaboración a la salvación de todos los hombres. El suyo es un corazón maternal, atento, vigilante a todo lo que ocurre a sus hijos.

Así como Cristo vino al mundo por María, del mismo modo tienen los hombres que volver a Dios por María; pues habiendo por Ella recibido al Autor de la gracia, por Ella hemos de recibir los frutos de la Redención.

  1. El Corazón más semejante al de Jesús por las virtudes. La humildad, la mansedumbre, la pureza… no hay Corazón más semejante al de su Hijo que el de María.

Al considerar la santidad del Corazón Inmaculado de María, podemos examinar hoy nuestro propio corazón: si somos dóciles a las gracias; si meditamos en él todos los acontecimientos de la vida para sirvan para acercarnos más a Dios; si arrancamos de él todo aquello que nos separa de Dios: el pecado y sus raíces.

Recordemos cómo el papa Pío XII acudió al Inmaculado Corazón de María en un momento especialmente difícil para la vida de la Iglesia y del mundo:

«A Ti, a tu Corazón Inmaculado, en esta hora trágica de la historia humana, nos confiamos y consagramos no sólo en unión de la Santa Iglesia, Cuerpo Místico de tu Jesús, que sufre y sangra por tantas partes y en tantos modos es atribulada, sino también de todo el mundo, destrozado por feroces discordias, abrasado por un incendio de odios, víctima de las propias iniquidades» (31-octubre-1942).

A este purísimo Corazón acudimos también nosotros, a la que es llamada Refugio de los pecadores y Consuelo de los afligidos, para que Dios perdone nuestras culpas y nos socorra en nuestras necesidades materiales y, especialmente, aquellas que se ordenan a la salvación de nuestras almas.

Corazón dulcísimo de María, prepáranos un camino seguro, para que, obedientes siempre a los mandatos de Dios, le amemos sobre todas las cosas y ayudemos a los hermanos en sus necesidades.

«Oh Dios omnipotente y eterno, que has preparado en el Corazón de la Bienaventurada Virgen María una morada digna del Espíritu Santo; concédenos en tu bondad que, celebrando devotamente la fiesta de su Inmaculado Corazón, podamos vivir según el tuyo. Por J. C. N. S» (Misal Romano, ed. 1962, 22-agosto: or. colecta).

Padre Ángel David Martín Rubio
Nacido en Castuera (1969). Ordenado sacerdote en Cáceres (1997). Además de los Estudios Eclesiásticos, es licenciado en Geografía e Historia, en Historia de la Iglesia y en Derecho Canónico y Doctor por la Universidad San Pablo-CEU, en la que fue profesor. Actualmente es Canónigo Archivero de la Catedral de Coria, Vicario Judicial y Profesor. Autor de varios libros y numerosos artículos, buena parte de ellos dedicados a la pérdida de vidas humanas como consecuencia de la Guerra Civil española y de la persecución religiosa. Interviene en jornadas de estudio y medios de comunicación. Coordina las actividades del "Foro Historia en Libertad" y del portal "Desde mi campanario".