Ha transcurrido un año desde la publicación del documento del Dicasterio para la Doctrina de la Fe que cuestiona los títulos marianos de Corredentora y Mediadora de todas las gracias, que han sido enseñados por varios papas y santos. El propio León XIV ha recordado que María colaboró de una manera singular en la Redención. De ahí la urgencia de corregir Mater populi fidelis.
El pasado 4 de noviembre se cumplió un año de la publicación de la nota del Dicasterio para la Doctrina de la Fe Mater populi fidelis. Una existencia breve, pero que ya ha sido objeto de amplia controversia desde el primer día. Porque a la presentación del documento, explícitamente mariano, no asistió ni un solo teólogo especialista en mariología. Clara señal de que la nota no fue en modo alguno fruto de una trabajo conjunto o una postura general compartida.
El P. Salvatore Perrella, mariólogo servita de prestigio internacional, que ha sido presidente del Marianum y miembro de la Pontificia Academia Mariana Internacional, concedió una entrevista a los pocos días de la publicación de la nota en la que se distanciaba punto por punto del documento de marras: en particular, al criticar el párrafo 22, en el que el título de Corredentora era declarado de «siempre inoportuno», declaró que él jamás emplearía semejante expresión. Desautorizó además la la nota en general, calificándola de excesivamente monofisita, porque «no ayuda a promover el entendimiento integral y completo de la fe cristiana», y concluyó declarando que Mater populi fidelis desconoce totalmente la historia. Desmonta el documento a todos los efectos, si bien de un modo respetuoso.
El 8 de diciembre de 2025, apenas un mes después de la publicación de Mater populi fidelis, la comisión teológica de la Asociación Mariana Internacional publicó un extenso y detallado análisis uno por uno de todos los errores y lagunas de la nota, pide una respuesta y alberga la esperanza de con el Dicasterio. La mencionada asociación ha vuelto a llamar hoy a la puerta del despacho del cardenal Víctor Manuel Fernández con una carta cuya traducción se puede ver aquí, en la que se le solicita que intervenga personalmente para aclarar unas cuestiones que son de vital importancia para la Fe católica y la devoción de los fieles de todo el mundo. Y además porque mientras tanto se están moviendo en el tablero de ajedrez otras piezas que no avanzan en la misma dirección que Mater populi fidelis.
En el encuentro mariano internacional De Maria nunquam satis que se ha celebrado hace nada en el Instituto Patrístico Agustinianum de Roma, se ha dado un nuevo impulso al título y a la doctrina de la cooperación de María en la obra de la Redención. El cardenal Raymond Leo Burke ha explicado el sentido y recordado que la vocación corredentora de todo cristiano se funda en la primera y singular corredención de una criatura, María Santísima. Por su parte, el cardenal Gerhard Muller ha recordado categóricamente que «cuando la piedad y la teología católica llaman Corredentora a la Virgen no es una atribución desquiciada ni una exageración entusiasta, sino una verdad objetivamente contenida en la Revelación». Por tal razón, dicho título «nunca debe ser silenciado».
La pregunta es franca pero inevitable: ¿hasta cuándo la Santa Sede, a la que se le ha encomendado la misión concreta de confirmar en la Fe seguirá haciendo dejación de funciones? Hace años que unos dubia que no procedían de ninguna grupúsculo extremista, sino de cardenales de la Iglesia Católica, sobre temas de capital importancia para la ortodoxia y la salvación eterna de las almas, duermen en un cajón sin que nadie se haya dignado responder. Ahora se acaba de publicar otro documento que ha suscitado más dudas de las que sostenía resolver, hiriendo en lo vivo la devoción de los fieles a la Santísima Virgen. Y una ves más, el Dicasterio para la Doctrina de la Fe haciendo oídos sordos.
Y eso que se trata de un asunto de vital importancia, no sólo porque por la manera en que lo plantea el Dicasterio crea una sensación de contradicción interna en el Magisterio (y entre el Magisterio reciente y el sensus fidei, que actúa especialmente en los santos), sino porque asesta un golpe a la Maternidad de María a los ojos de la Iglesia y de algunos miembros del Cuerpo Místico de Cristo.
El papa León es agustino. Sabe muy bien que el tema del Cristo total es fundamental en la eclesiología del Doctor de Hipona y es muy útil para captar la profundidad del misterio de la Iglesia. Por eso, en la audiencia general del pasado 13 de mayo hizo hincapié en la verdad de la maternidad de María sobre la Iglesia (tema que desarrollamos aquí), y explicó que dicha maternidad no es un mero título honorífico, sino fruto de su especial cooperación con la Redención, que la convierte en verdadera Madre en el orden de la gracia.
Ahí es donde urge hacer una aclaración: si María, como ha enseñado León XIV, es verdaderamente Madre de la Iglesia y Madre nuestra porque nos ha engendrado cooperando con la Redención de un modo singular, ¿cómo puede ser que una nota del Dicasterio le niegue el título y rechace el contenido de la Corredención? Si es verdadera Madre en el orden de la gracia, ¿cómo es que la misma nota pone en duda que sea Mediadora de todas las gracias? ¿Cómo es posible que se niegue que la Virgen cumple una misión causal en el orden de la gracia cuando, entre otros, Benedicto XVI enseñaba que «no hay fruto de la gracia en la historia de la salvación que no tenga como instrumento necesario la mediación de Nuestra Señora» (homilía del 11 de mayo de 2007)? Es evidente que Mater populi fidelis desentona con el magisterio pontificio. La situación se ha vuelto intolerable.






























