SÍ SÍ NO NO

Amad a vuestros enemigos

No es sólo una paradoja del Evangelio, sino también un mandato del Señor, difícil de poner en práctica, pero que nos hace semejantes a nuestro Padre celestial, el cual “hace salir Su sol sobre malos y buenos, y hace llover sobre justos e injustos”.

En otras palabras, se puede decir que los enemigos – como los pobres – los tendremos siempre con nosotros, durante la vida terrena, y deberemos tratarlos siempre con magnanimidad y caridad hasta el punto de provocar en ellos un interrogante, que suena como una provocación: ¿por qué esta persona enemiga es paciente conmigo y me trata con tanto respeto y con bondad? Es el comportamiento inesperado que desarma al enemigo, tal vez lleno de acritud hacia nosotros, que despierta en él sentimientos de indulgencia y de simpatía, abriendo su corazón al perdón y a la reconciliación.

Vencer el mal con el bien 

El amor que nos esforzamos por ofrecer a nuestros enemigos de fe, de cultura y de civilización, es calculado hoy, especialmente, en base a la acogida de los extra-comunitarios en nuestra casa y más en general en Europa: un problema muy debatido tanto por los políticos como por la Jerarquía católica.

Sobre la inmigración salvaje, esto es, sin límites, surgen grandes problemas en todo el mundo, hasta el punto de suscitar interrogantes, a menudo ignorados por los medios de comunicación, orientados hacia el predominante pensamiento único impuesto por los grandes a las naciones más evolucionadas. Una cosa es, sin embargo, acoger a personas que huyen de la guerra y del hambre para poder continuar viviendo de manera digna, y otra hospedar en masa a poblaciones empobrecidas e indoctrinadas con el fin preciso de obligarlas a expatriarse.

Hoy, aunque pocos hablen de ello, los dueños del mundo están interesados en crear grandes problemas a las poblaciones del continente africano y asiático para provocar las condiciones críticas que obliguen a la inmigración hacia Europa, para mezclar religiones, culturas y razas para contaminar, diluir y dispersar a los cristianos que quedan, para destruir más fácilmente la única Religión verdadera.

Todo se desarrolla bajo nuestra mirada con la indiferencia de los políticos, de los periodistas, de la opinión pública y de tantos hombres de Iglesia, obedientes a la Jerarquía comprometida por el enemigo.

Una duda atroz nos paraliza, implacable y horrenda: ¿y si fueran los dueños del mundo, siervos de Mammona, los que organizaran todo por odio contra la Iglesia de Cristo?

El pequeño resto de católicos, ¿cómo debe comportarse frente a la inmigración salvaje de las poblaciones afro-asiáticas, predominantemente de religión islámica e hinduista?

Toda esta gente, extraña a la civilización cristiana y a Occidente, empujada a emigrar a Europa – más aún, a ocuparla hábilmente – con el fin recóndito de destruir el cristianismo, ¿debemos acogerla benévolamente como hermanos nuestros, que se encuentran en necesidad, según la caridad evangélica, o bien rechazarlos y devolverlos a su país, según un natural residuo de sentido común cristiano?

La respuesta ya ha sido preparada desde hace tiempo: nos la dan los políticos vinculados al grupo del Nuevo Orden Mundial, muy aclamados por las izquierdas, por los ateos, por los post-comunistas, por los radicales, por los relativistas, por los neo-modernistas, por los ecumenistas, etc., que, desde hace mucho tiempo, gobiernan en todo el mundo. Y lo consiguen de manera óptima porque son sostenidos por la banca, por los medios de comunicación, por la masonería y también por importantes personajes de la jerarquía, vendidos al enemigo.

Hoy, en un mundo conquistado por las fuerzas del mal y “próximas” a la proclamación del Nuevo Orden Mundial, guarida del anticristo, ¿deberemos amar a nuestros enemigos, que nos están eliminando lenta pero despiadadamente de la faz de la tierra?

Sí, el mandamiento de Jesús no es para un tiempo determinado: “Amad a vuestros enemigos” es válido en toda circunstancia y en todo tiempo, aunque hoy nos parece tan difícil de practicar. ¡Consideremos por ello que los verdaderos enemigos no son los emigrantes, sino quienes les obligan a emigrar! 

Amar es también orar

En 2017, en una situación casi “apocalíptica” como la actual, ¿a quién podemos recurrir para obtener una ayuda, un consejo, nosotros, pequeño resto del rebaño, divididos acerca de la doctrina y también de la confianza hacia los hombres de la Jerarquía, porque nos sentimos sin un verdadero guía terreno, abandonados y olvidados? ¿Cómo debemos reaccionar?

En esta fase de gran sufrimiento que raya en la angustia para los creyentes, debemos estar seguros de que, aunque todos nos tuvieran que abandonar, Dios no nos abandona jamás, mientras que este aparente silencio suyo es la demostración de que nos está poniendo a prueba, para fortalecer nuestra fe y prepararnos para tiempos más difíciles, quizá a los tiempos del anticristo.

Las vagas promesas de los políticos y el silencio de los obispos no nos deben engañar: los enemigos de Dios en este periodo están venciendo en todos los frentes y se sienten ya cercanos a la victoria decisiva, quizá con la “próxima” entrada en escena del hombre inicuo, que con su breve reinado alterará al mundo e intentará eliminar la Iglesia de Cristo.

Los verdaderos creyentes deben en este periodo ser muy prudentes, porque se verán rodeados de un clima de gran optimismo y de las promesas de los políticos: es la atmósfera adecuada para engañar a la gente para que siga sin estar preparada para afrontar la catástrofe. No debemos olvidar que la política actual está impregnada de apostasía, la realidad más favorable para llevar a la gente al infierno.

No pudiendo hacer otra cosa sino orar, recordemos que la oración del Rosario es el arma más potente que la Madre de Jesús nos ha dado para resolver todo problema y superar toda dificultad: en las Apariciones marianas de los últimos dos siglos, esta potente oración fue propuesta con insistencia como el verdadero remedio para obtener las gracias del Cielo.

También los grandes personajes de la política, de la Jerarquía y de la cultura necesitan nuestras oraciones para que cumplan con su deber y se arrepientan de sus pecados, convirtiéndose al Evangelio: los líderes mundiales tienen, también ellos, un alma inmortal que salvar.

Sorprendió mucho, al comienzo de 2017, recorriendo la prensa religiosa, la noticia de que, contrariamente a la praxis instaurada en todo el mundo, dos naciones católicas, Polonia en Europa y Perú en América Latina, por medio de sus Jefes de Estado, reconocieran en documentos oficiales, con fórmulas diferentes pero concordantes en la sustancia, la Señoría de Cristo sobre sus naciones, confiándole los destinos de sus pueblos.

Un acto valiente y ejemplar en un mundo globalizado e inmerso en la apostasía: la demostración de que todas las demás naciones católicas, por conformismo o por obediencia a los dueños desconocidos han cedido en los principios no negociables desde el punto de vista cristiano, pero también humano.

La verdadera catástrofe mundial de nuestro siglo es que la humanidad está degradándose hacia la bestialidad, sin que ninguna autoridad civil lo advierta.

“No hay Paz para los malvados” (Is 48, 22) 

Esta frase de Isaías no significa sólo que los malvados serán castigados por sus maldades, si no se arrepienten, sino también que se verán en el sufrimiento moral frente al Gran Aviso, previsto por las profecías modernas y que hará convertir a mucha gente frente a la manifestación de la justicia de Dios para salvar mucha gente de todas las razas y de todas las religiones.

Será el último gran signo de la misericordia de Dios contra la prepotencia y el orgullo de los adeptos de satanás, especialmente hacia tantos bautizados que han olvidado a Dios.

No serán las instituciones públicas, religiosas o laicas, las que darán la alarma para ponernos sobre aviso, sino que serán las advertencias sobrenaturales las que, por su dramaticidad, darán a la entera humanidad la prueba de la existencia de un solo Dios, nuestro único Salvador.

Hoy, los malvados que se oponen a Dios son muchos sobre la tierra, ocupando los puestos más prestigiosos en todos los sectores: cada cierto tiempo, sin embargo, también ellos sufren alguna derrota. En el futuro, ¿será la voluntad popular la que dominará el mundo o la voluntad de una clase política ideologizada, condicionada por las finanzas internacionales, la que dicte las leyes que dominan las naciones? ¿Estamos seguros de que los políticos elegidos por el pueblo hacen la voluntad de los electores, o más bien, una vez elegidos, se ven obligados a obedecer a sus superiores desconocidos?

Hemos llegado casi a la hora en que la gente común comience a pensar que la política actual es un modo natural y sencillo para introducir en el mundo político un sujeto “religioso”: el anticristiano. Incluso los creyentes lo esperan con aprensión, porque podría ser el inicio de acontecimientos dolorosos, pero necesarios para liberar a la humanidad de sus enemigos más crueles.

La lectura de la Biblia nos ayude a tener esperanza, paciencia y amor hacia nuestros enemigos: “No esperes para convertirte al Señor / no lo dejes de un día para otro porque de improviso estallará la ira del Señor / y en el tiempo del castigo serás aniquilado” (Sir 5, 7). Y también: “El Señor está a tu derecha, aniquilará a los reyes en el día de su ira” (Sal 109).

Marco

(Traducido por Marianus el eremita/Adelante la Fe)

SÍ SÍ NO NO

Mateo 5,37: "Que vuestro modo de hablar sea sí sí no no, porque todo lo demás viene del maligno". Artículos del quincenal italiano sí sí no no, publicación pionera antimodernista italiana muy conocida en círculos vaticanos. Por política editorial no se permiten comentarios y los artículos van bajo pseudónimo: "No mires quién lo dice, sino atiende a lo que dice" (Kempis, imitación de Cristo)
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