La “Alegría del Amor” está por estallar sobre el mundo católico, derrocando sin dudas las enseñanzas de Juan Pablo II y Benedicto XVI en línea con la Tradición sobre la imposibilidad de acceder a la Sagrada Comunión para los que viven en estado de constante adulterio. El derrocamiento estará velado por referencias ambiguas al “foro interno”, la “integración”, y el “camino o viaje” que culminan en la admisión a la Sagrada Comunión de acuerdo a la “competencia” del ordinario local o de las “conferencias episcopales” que Pablo VI inventó para comenzar el proceso de fragmentación de la disciplina universal de la Iglesia Universal en el contexto de “reforma litúrgica”. 

En resumen, si lo que parece probable termina ocurriendo, la práctica anulará el dogma de la indisolubilidad matrimonial, burlándose de las propias palabras de Nuestro Señor, las que “La Alegría del Amor” afirmará, por supuesto, con párrafos y párrafos de alabanzas vacías.

La dirigencia neocatólica se rendirá inmediatamente a la última novedad, como hizo con todas las otras en el régimen de novedades post-conciliar, y seguramente denunciará luego la oposición tradicionalista al cambio, emulando la descomposición de las principales iglesias protestantes.  

Los que liderarán el camino hacia un nuevo compromiso destructivo de la integridad de la Iglesia serán prelados neocatólicos como el Cardenal Timothy (“bravo” por los homosexuales) Dolan. Dolan nos dirá que no hay nada para entusiasmarse. De hecho, ya nos lo está diciendo, incluso antes de haber visto el documento.  

En una entrevista con John Allen publicada hoy, aseguró a las adormecidas masas católicas que “siempre han habido diferentes maneras de ver las cosas… miren la manera ortodoxa, miren las  diferentes teorías dentro de la familia católica. Siempre han habido diferentes maneras de interpretar las cosas, ¿no es cierto?”  

Invocando al siempre confiable “Espíritu Santo” como fuente incuestionable de la última burrada catastrófica, Dolan nos asegura que “la Iglesia, bajo la conducción del Espíritu Santo, está tratando sinceramente ser fiel a la enseñanza atemporal de Jesús, aplicándola al mismo tiempo, de manera misericordiosa, comprensiva, y amable.” Así que deseémosle la mejor de las suertes a la Iglesia este viernes, ¿está bien?

Luego, cuando le preguntaron si habrá “una apertura cautelosa a la comunión para los divorciados vueltos a casar”, Dolan respondió: 

No he dedicado mucho tiempo a eso. Primero, porque yo no creo que vaya a suceder. Segundo, porque de varias maneras ya ha estado sucediendo.

Por supuesto, hay un enfoque conservador a la solución del foro interno que la mayoría de los canonistas y teólogos conservadores siempre defendieron. Sin embargo, creo que el miedo entre muchos de nosotros es que, en todo caso, las cosas se tornaron quizás demasiado laxas.

Si ahora el Papa dice, ‘volvamos a la apertura tradicional de la Iglesia, en la que algunas cosas se pueden resolver según la consciencia’, no es nada nuevo. Regresa a los argumentos de Alfonso de Ligorio y todos los demás. Si dice, ‘Ampliemos eso, de una manera pensada, orada y reflexionada,’ para mí eso no sería revolucionario.

Un pasaje ciertamente difícil. Permítanme desenvolvérselo al lector: Dolan no cree que suceda, pero ya ha sucedido. Podría suceder como un enfoque conservador de “foro interno”, sin embargo el enfoque conservador se tornó demasiado liberal. Pero si Francisco regresa al enfoque conservador, en el que la Sagrada Comunión no estaba permitida a los adúlteros, y lo amplía para permitirlo, no sería revolucionario, porque lo que no sucederá ya está sucediendo según el enfoque conservador, por lo tanto ¿qué es lo revolucionario de todo eso? 

Presento al Cardenal Dolan como ejemplo de la complicidad de la dirigencia neocatólica en la crisis más grave que la Iglesia haya enfrentado jamás.

En cuanto a nosotros, los tradicionalistas, sólo podemos hacer lo que siempre hicimos en medio de la locura post-conciliar: resistir y aferrarnos a lo que nos transmitieron. Tal como escribió el Padre John Hunwicke respecto a la probable debacle del viernes:

¿Tratará el Santo Padre de cortar el nudo gordiano sobre la Sagrada Comunión para los divorciados vueltos a casar, pateando la pelota hacia los altos pastos de las Conferencias Episcopales?…

Nosotros, en la Iglesia de Inglaterra, vimos lo que sucedió cuando se le permitió a la ‘Autonomía Provincial’ pisotear la Doctrina, la Tradición, la Biblia… e incluso el Imperativo Dominical de Unidad. Es una experiencia profundamente triste y desagradable. 

Cualquier intento de introducir en la Iglesia Católica algo remotamente parecido, o algo que pudiera ser el primer paso hacia algo remotamente parecido, debiera ser resistido de todas las maneras posibles de resistencia que los católicos ortodoxos puedan imaginar. 

Habiendo sido anglicano, les advierto: la Iglesia Militante puede pasar por alto las décadas de lucha interna sobre esta cuestión. Durante la mayor parte de mi ministerio en la Iglesia de Inglaterra, esto pendía sobre mi cabeza como una sombra. Cualquier intento de parte de quien sea [énfasis en el original] por infligir una herida similar a la Iglesia Católica amerita, como confesó el Cardenal Burke, resistencia de todas las formas que sean necesarias, y con todo el vigor que la Gracia de Dios nos provea ….

Esto plantea la pregunta definitiva sobre si Cristo es Rey, o si cada nación se arrodilla ante el ídolo de su propio Zeitgeist nacional.

Esas son palabras de un verdadero hijo de la Iglesia Militante. 

Christopher A. Ferrara

[Traducido por Marilina Manteiga. Artículo original.]