En muchas mentes de gente normal, persiste la idea de que todas las religiones son iguales; que da lo mismo una que otra con tal de hacer el bien, y que la verdad no la tiene nadie, reduciendo todo a un puro humanismo intrascendente de ONGs. La religión católica, piensan, es una de tantas religiones existentes en el mundo. Cada religión tiene parte de verdad, pues ésta no es patrimonio exclusivo de ninguna. Si a esto se añade la falta de coherencia en los comportamientos morales o prácticos de católicos, a nadie debe extrañar que se caiga en el relativismo más craso en materia religiosa. Si a esto añadimos la ignorancia, la enorme influencia de los medios y el materialismo ambiental, lo normal para muchos es abandonar la práctica religiosa, y con ella la formación catequética y bíblica, dando lugar al pasotismo religioso, la adhesión a sectas o a ideologías ateas, violentas y materialistas. Triste es constatar en españoles bautizados que su fe carece de sólidos cimientos. Su vida se basa en una difusa religiosidad, en la que el sentimiento cuenta más que el convencimiento, o en una práctica cultural tradicional, que aporta poco para su fe, en una sociedad secularizada y materialista, abrumados por la crisis, el paro y la pobreza. Mientras no tengamos católicos que sepan dar razón de su fe, de su esperanza, y de su amor a Jesucristo, con el conocimiento de la Palabra de Dios en la Biblia y del Magisterio oficial eclesial, solo habrá soldados desarmados en lucha desigual en este mundo convulso de hoy.

PADRE MIGUEL RIVILLA SAN MARTÍN