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¿Crisis de vocaciones? Hagamos la prueba del «algodón»

Estamos en el mes de marzo: tiempo en el cual la Iglesia incide en su campaña por las vocaciones al sacerdocio al ser mes de san José, patrono de la Iglesia. Es mensaje común que los católicos debemos rezar por las vocaciones: para que haya respuestas generosas y se supere la evidente crisis numérica que en todo occidente es ya una realidad contundente aunque algunos se esfuercen en hacer juegos malabares para ocultar el grave problema. La cuestión debiera ser examinar las causas de la citada crisis y tener la humildad “institucional” de mirar no solo hacia fuera (de la Iglesia) sino sobre todo hacia dentro. Sin embargo las miradas institucionales se centran sobre todo “ad extra”, a saber argumentos:

1: Hay pocas vocaciones al sacerdocio porque la sociedad está en una profunda crisis de valores y el materialismo hace muy difícil provocar una entrega personal tan exigente como la que Dios pide al candidato al presbiterado

2: Las condiciones de vida actual, sobre todo en occidente y países más desarrollados, impiden que un joven se plantee en su horizonte vital la entrega a una vocación sacerdotal

Argumentos ciertos, sin duda. El problema, o más bien la tragedia, es que la Iglesia debiera también mirarse interiormente y valorar otros argumentos tan contundentes, o más, que los dedicados a la crisis del mundo, a saber:

A) La deriva modernista en general de la Iglesia, desde la finalización del concilio vaticano II, ha causado un vaciamiento del sacerdocio en su aspecto espiritual y los ha convertido, en mayor o menor medida según contexto, en un agente social, cultural, casi político, humanista del todo y mimetizado de tan manera con el mundo que, obviamente, lleva al candidato a constatar que no merece la pena dar un paso que, lejos de transformarlo en “otro Cristo” lo convierte en “otro hombre casi igual que antes”

B) La reducción, en la praxis, del concepto de celibato a norma eclesiástica, privando al mismo de su esencia de verdadero Don y regalo de Dios; la casi desaparición del sentido real, no sentimental, de entrega de corazón a Cristo y, desde Cristo, al prójimo a través de la Iglesia…supone en la práctica una imagen de vocación muy poco atrayente para ser de total entrega vital.

C) La desaparición del sentido ontológico de la vocación (como parte del SER y no como mero sentir) hace que la misma fidelidad a la llamada de Dios se convierta en una emoción variable y dependiente de la sensibilidad del momento.

E) La “conversión” de la liturgia en un desarrollo de las potencialidades del mismo cura, movido o influido por la gente a la que ha de servir como cura y no como simple funcionario, hace que la vida interior decaiga y convierta la vida del sacerdote en una puesta de escena postiza y/o en una duplicidad de vida que destroza completamente todo apostolado que se pretenda

Entonces desde aquí nos preguntamos ¿Es la crisis de vocaciones sacerdotales consecuencia de la crisis de la sociedad o más bien de la crisis interna de la misma Iglesia?; y vamos a la parte fuerte de la “prueba del algodón”: resulta que los institutos tradicionales no solo se mantienen sino que crecen en vocaciones sacerdotales y, más aún, atraen a los candidatos más jóvenes.

Visitemos los seminarios donde se preparan al sacerdocio en instituciones como: Fraternidad de San Pedro, Fraternidad de San Pío X, Instituto Cristo Rey….y otros similares (he mencionado tres muy conocidos). Nos hacemos la siguiente pregunta:

¿Viven estas instituciones en otro mundo o viven en la MISMA sociedad vaciada de valores en que viven los demás seminarios y noviciados?

Pues respuesta sencilla: viven en el mismo mundo. Y si viven en el mismo mundo que los demás, ¿porqué no acusan la misma crisis de que los demás?; parece que las razones son clarísimas:

* Formación tradicional en la doctrina: lo que significa tolerancia cero con las herejías y con las innovaciones de los iluminados que se creen reformadores de la Iglesia desde sus únicos y soberbios criterios, y por supuesto aprendizaje del depósito de la fe y las aportaciones de los santos con primacía de santo Tomás de Aquino y la escolástica

* Formación tradicional en la liturgia: Santa Misa tradicional, amor a las devociones de siempre, uso sin complejo de sotana…etc

* Formación tradicional en la vida espiritual: enseñanza del celibato como un gran Don de Dios, asunción de la vocación como parte del SER (ontología)

* Formación tradicional en la dimensión humana: forjando hombres que, sostenidos por la Gracia sacramental, sean “otros Cristos” en medio de esa sociedad degradada que no es excusa para aflojar las exigencias sino más bien al contrario

Obispos, Rectores de seminarios, Superiores de noviciados religiosos: Reflexionen!!!

Padre Ildefonso de Asís
Padre Ildefonso de Asís
Sacerdote tradicional sin complejos y con olor a pastor

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