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Dubias sobre el Concilio

Con este artículo, queremos llamar la atención de los lectores de Adelante la Fe sobre un hecho que a menudo es soslayado: La crisis en la Iglesia no ha empezado con Francisco, asienta sus cimientos fuertemente en los mismos textos del Concilio Vaticano II, y no sólo en interpretaciones exageradas del mismo -que también las hay-, con serías dudas que la propia jerarquía no es capaz de aclarar con solvencia, y mientras este “núcleo” de la crisis de la Iglesia no sea abordado, la situación por lógica no podrá sino empeorar. 

No está de más recordarlo a todos aquellos que creen que la crisis ha empezado sólo hace ya casi 4 años, cuando lleva más de 50.

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Dubia de Concilium

Como la gran mayoría de los lectores de este espacio ya saben, la actual crisis en la Iglesia por Francisco en general, y Amoris Laetitia en particular, es parte fundamental de la revolución conciliar.

Tal como escribí en mi artículo anterior, los documentos del Concilio – que voltearon la enseñanza inmutable de la Iglesia en asuntos tales como la libertad religiosa, el ecumenismo, la relación de la Iglesia con los judíos, etc. – indudablemente armaron el escenario para que Amoris Laetitia haga lo mismo con el adulterio, el matrimonio y la familia, la sagrada comunión y hasta el concepto mismo de pecado mortal.

Los autores de la dubia, con el cardenal Burke a la cabeza, no parecen tener idea de que la “confusión” que rodea a Amoris Laetitia palidece en comparación con las “dudas” que plagaron toda la Iglesia (y también al mundo) gracias al Concilio Vaticano II [Nota de Adelante la Fe: No pensamos como el autor del artículo que el cardenal Burke y algunos más no tengan “ni idea” de esto, nos inclinamos más a pensar que por motivos estratégicos piensan abordar la batalla “por pasos” antes que abrir a bocajarro todos los frentes].

Con esto en mente, e imitando el estilo de la dubia sobre Amoris Laetitia, proporciono debajo una lista de Dubia de Concilium – Dudas sobre el Concilio – compuesta por preguntas con respuestas sobre las que ningún católico debiera tener algún tipo de duda (es decir, si la sagrada jerarquía fuera al menos un poco más sana).

Me limité sólo a ocho, sabiendo muy bien que nuestros lectores agregarán más a la lista.

En beneficio de aquellos lectores que quizás estén menos familiarizados con los temas tratados, agregué vínculos a los documentos relevantes y les sugiero fuertemente que se tomen el tiempo de comparar las propuestas planteadas por el Concilio con la fe inmutable tal como fue enseñada claramente en los siglos precedentes a tan desastroso evento.

Dubia de Concilium

  1. Se pregunta si, siguiendo las afirmaciones de Dignitatis Humanae (n. 2), ¿aún deben considerarse las siguientes proposiciones como errores dignos de condenación: a) “Todo hombre es libre para abrazar y profesar la religión que juzgue verdadera guiado por la luz de su razón.,” y b) “La Iglesia debe estar separada del Estado, y el Estado debe estar separado de la Iglesia,” (papa Pío IX, Syllabus Errorum, nn. 15, 55)?
  2. Se pregunta si, siguiendo las afirmaciones de Dignitatis Humanae, ¿aún debe considerarse “impía y absurda” la proposición que establece que “la perfección de los gobiernos y el progreso civil exigen imperiosamente que la sociedad humana se constituya y se gobierne sin preocuparse para nada de  la religión, como si esta no existiera, o, por lo menos, sin hacer distinción alguna entre la verdadera religión y las falsas.” (papa Pío IX, Quanta Cura, n. 3)?
  3. Se pregunta si, siguiendo las afirmaciones de Dignitatis Humanae, ¿se considera aún válida la enseñanza del papa Pío XI que afirma que “el deber de adorar públicamente y obedecer a Jesucristo no sólo obliga a los particulares, sino también a los magistrados y gobernantes” (papa Pío XI, Quas Primas, n. 33)?
  4. Se pregunta si, siguiendo las afirmaciones de Lumen Gentium (n. 8), ¿debe considerarse aún válida la enseñanza del papa Pío XII que afirma que la “verdadera Iglesia de Cristo – es la Iglesia santa, católica, apostólica, Romana.” (cf Mystici Corporis, n. 13)?
  5. Se pregunta si, siguiendo las afirmaciones de Unitatis Redintegratio (n. 3), ¿se considera aún válida la enseñanza de que “la sociedad por Él fundada [el Redentor del género humano]… [es el] único puerto de salvación.” (cf Mystici Corporis, nn. 3, 41)?
  6. Se pregunta si, siguiendo las afirmaciones de Unitatis Redintegratio, ¿aún debemos considerar las siguientes proposiciones como “falsa opinión” a) las palabras de Cristo, “Sean todos una misma cosa… Habrá un solo rebaño, y un solo pastor,” (Juan 17: 21, 10:16) meramente “sólo significan un deseo y una aspiración de Jesucristo, deseo que todavía no se ha realizado,” y b) que “la unidad… podrá ciertamente, desearse, y tal vez algún día se consiga, mediante la concorde impulsión de las voluntades; pero entre tanto, habrá que considerarla sólo como un ideal” (papa Pío IX, Mortalium Animos, n. 7)?
  7. Se pregunta si, siguiendo las afirmaciones de Unitatis Redintegratio (n. 3), ¿aún deben considerarse las siguientes proposiciones como errores dignos de condenación a) “Los hombres pueden, dentro de cualquier culto religioso, encontrar el camino de su salvación y alcanzar la vida eterna” y b) “Por lo menos debemos esperar con fundamento la eterna salvación de todos aquellos que no se encuentran dentro de la verdadera Iglesia de Cristo.” (papa Pío IX, Syllabus Errorum, nn. 16, 17)?
  8. Se pregunta si, siguiendo las afirmaciones de Nostra Aetate (n. 4), ¿aún debe considerarse la misión de la Iglesia tal como la expresó Nuestro Señor; puntualmente, bautizar y enseñar a todas las naciones (cf Mt. 28:16-10), aplicable a los judíos de nuestros días como lo fue cuando San Pedro los llamó a la conversión en el día de Pentecostés (cf Hechos 2)?

La triste verdad es, amigos, que hasta que los errores del Concilio sean condenados abiertamente y todo el asunto sea arrojado a la pila de desechos de la historia, adonde pertenece, junto con la Novus Ordo Missae, y Rusia sea consagrada al Inmaculado Corazón de la Santísima Virgen María tal como ella  solicitó en Fátima, la actual crisis eclesiástica sólo empeorará; incluso en el improbable caso de que  Jorge Bergoglio huya de Roma avergonzado.

¡Nuestra Señora de Fátima, ora pro nobis!

(Traducido por Marilina Manteiga. Fuente)




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