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El comunismo es pecado. Historia de una conversión

Hace unas semanas cuando salía con una amiga de la Santa Misa, le comenté mi asombro porque en el altar, ayudando al Sacerdote, hubiera una persona claramente vinculada a un partido político de izquierdas. Ella se sorprendió y me preguntó si es que yo pensaba que la política y la religión estaban reñidas, su pregunta fue directa, ¿Crees que es pecado ser comunista? A menudo me pregunto si es que algunos piensan que tengo una secta propia o que me he montado una pseudo Iglesia, la respuesta es muy sencilla, NO, los que viven al margen y en otra Iglesia que no es la de Jesucristo, son los que desconocen el Magisterio y aplican todo como les conviene, en resumidas cuentas, una religión a la carta según sus gustos y tendencias del momento. No me estoy inventando nada sobre el pecado y los gustos o inclinaciones políticas y para que quede constancia, me remito a las fuentes, ya que antes que yo, ya lo dijeron otros más Santos y con más cargo, ni más ni menos que los Papas:

“El comunismo, despoja al hombre de su libertad, principio normativo de su conducta moral, y suprime en la persona humana toda dignidad y todo freno moral eficaz contra el asalto de los estímulos ciegos. Al ser la persona humana, en el comunismo, una simple ruedecilla del engranaje total, niegan al individuo, para atribuirlos a la colectividad, todos los derechos naturales propios de la personalidad humana. En las relaciones sociales de los hombres afirman el principio de la absoluta igualdad, rechazando toda autoridad jerárquica establecida por Dios, incluso la de los padres; porque, según ellos, todo lo que los hombres llaman autoridad y subordinación deriva exclusivamente de la colectividad como de su primera y única fuente.” (Pío XI, encíclica Divini Redemptoris)

¿Se puede decir que es Católico una persona que apoya a un partido político que defiende el aborto, la eutanasia, las relaciones promiscuas, las uniones entre personas del mismo sexo, la procreación en laboratorio y la planificación familiar, entre otras cosas? ¿De verdad Vds. creen que una persona que vive coherente a su Fe puede apoyar estas aberraciones? Perdonen que se lo diga con tanta contundencia, pero si lo creen así, es que Vds. no pertenecen a la Iglesia Católica. No obstante, aún están a tiempo de reflexionar y cambiar de vida como hizo mi amigo Jorge Espinosa que hace tres décadas era un comunista recalcitrante y hoy en día es acólito en la Santa Misa Tradicional, ¿Qué pasó en su vida para que reconociera su pecado, se arrepintiera ante Dios y comenzara una nueva andadura en la que su gran objetivo es conducir a más almas hacia la salvación? No separen los ojos de este artículo hoy les traigo una gran historia que no les dejará indiferentes y nos servirá para nuestra reflexión personal.

Jorge se educó a la luz de Don Bosco aunque él no era consciente de ello, más bien siempre le provocó cierto escalofrío todo lo relacionado con la religión. En la escuela Salesiana intentaron fomentar en él, los valores del Santo fundador, pero él prefería ya desde niño, mirar para otro lado y soñar con encabezar manifestaciones, quemar Iglesias y gritar “viva el Che Guevara, viva Carrillo”. Su infancia difícil le hizo imaginarse un mundo idealizado en el que él, haría justicia al pobre desde las filas de un partido político radical, sin pensar que la única justicia, es la que viene de Dios.

El Señor tiene un medio infalible para que ningún alma se resista a Su llamada, ¿Saben cual? la Santísima Virgen. Nada sucede por casualidad en nuestras vidas, todo viene motivado por la mano de Dios y si nosotros somos dóciles al Espíritu Santo, las gracias que se operan en nuestra alma son infinitas.

Normalmente Jorge, acaba su jornada a las ocho o nueve de la noche, pero aquel día de inusitado calor, terminaron a las cuatro. Sin él sospecharlo, la mano del Señor iba preparando el escenario para el gran momento, para lo que sería una gran implosión en su interior. Cuando llegó a casa, su mujer le sorprendió con una propuesta formidable para cualquier ateo, “¿Por qué no me acompañas a la casa de la vecina que van a rezar un Rosario comunitario?” y aún hoy en día, sin saber por qué y con el mal humor que lo caracterizaba en aquella época, dijo: “sí”.

Cuando llegó a la casa, se encontró lo que su cerebro debió definir como un grupo de fanáticos o chalados. Había allí, aproximadamente, unas cincuenta personas dispuestas a orar juntas en vez de salir a tomar unas copas, ¡Tremendo! Lo primero que le preguntaron fue si sabía rezar el Rosario, su respuesta no se hizo esperar, “por supuesto que no”, respondió contundente y claro, como era propio en él. Le facilitaron uno y le invitaron a sentarse, superadas las primeras reticencias, decidió tomar asiento, entre nervioso y ansioso dijo que no sabía como usar aquello, le explicaron como se pasaban las cuentas y como se rezaba el Ave María y ahí empezó un maravilloso viaje al fondo de su alma. Primer misterio y la Madre se acerca a Jorge para decirle cuánto tiempo llevaba esperando ese momento, ¡Uauh! ¿Aún tienen el corazón en el sitio? Pues todavía no han escuchado lo mejor, sujétenlo al pecho porque corren riesgo cardíaco.

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Jorge acolitando la Santa Misa tradicional en Sevilla

Como bien saben Vds., Ella, lo puede todo, por eso el Señor la escogió como Madre suya y Madre nuestra… Me he conmovido escuchando la historia de mi amigo Jorge y doy credibilidad a todas y cada una de sus palabras y si no hay más conversiones en este mundo, es porque el ser humano se cierra a la Gracia. Rezando el Santísimo Rosario, la Virgen se le presentó majestuosa para recoger su alma y llevarla a una nueva vida, a una vida que nos conduce a la felicidad total y absoluta, el camino del cielo: “era una Mujer bellísima, mis ojos se recreaban en su hermosa figura, su rostro no se mostraba, pero sus manos, abiertas ante mí, me invitaban a la conversión”. ¿Saben que hizo Jorge después de este momento tan intenso en el que su alma se abrió por fin a la llamada de Dios? Muy simple, romper con el pecado y para ello se fue al jardín de su casa e hizo trizas el retrato del Che Guevara, quemó todos sus libros subversivos, panfletos y demás, durante dos horas hizo una profunda penitencia de rodillas destruyendo toda la obra del maligno. Desde ese momento comenzó una vida nueva, se formó en la vida de los Santos, se acercó a los Sacramentos, hizo una primera confesión profunda y sincera sobre todo lo que había sido vivir en pecado mortal y se hizo el firme propósito de llevar más almas a Dios. No dudó en mostrar su arrepentimiento y públicamente dio muestras de ello, buscó a las personas a las que había odiado y ofendido y, sin dudar, uno por uno, les pidió perdón y les comentó la razón de su cambio: Jesús.

Le he pedido a Jorge Espinosa que me permitiera contar su historia con nombre y apellidos, para que Vds. vean que todo lo que contamos aquí es real y que esto es lo que quiere el Señor de nosotros, que luchemos por nuestra salvación y que conduzcamos a otras almas a los Brazos de nuestro Padre. ¿Siguen pensando que no es pecado apoyar a partidos políticos que violan todos los Mandamientos de la Ley de Dios? No lo duden ni permitan que les engañen, todos esos falsos movimientos, incluso que se suscitaron dentro de la propia Iglesia, como la “teología de la liberación”, liderada por Boff y Gutierrez, son obra del maligno y el que los apoya, no puede tener su conciencia tranquila. Hay que tenerlo claro, el que agarra la hoz y el martillo, peca, sea el Papa, sea el Obispo o sea el tendero de la esquina.

“Al negar a la vida humana todo carácter sagrado y espiritual, esta doctrina convierte naturalmente el matrimonio y la familia en una institución meramente civil y convencional, nacida de un determinado sistema económico; niega la existencia de un vínculo matrimonial de naturaleza jurídico-moral que esté por encima de la voluntad de los individuos y de la colectividad, y, consiguientemente, niega también su perpetua indisolubilidad” (Pío XI, encíclica Divini Redemptoris)

Me comentaba un amigo que, a veces, estas ideas políticas ilusionantes son sólo fruto de la juventud y que después se pasa a otra etapa más madura en la que de ser de un partido liberal, pasas a ser de un partido conservador y no te complicas con nada más. ¡Cuidado! Los pecados del pasado deben confesarse sino se hizo en su día y recuerden que perseguir a la Iglesia, quemar templos, asesinar Sacerdotes, puede llevarles directamente al infierno y no se engañen, de un lado u otro, derecha o izquierda, si pisotean los Mandamientos es que se niega el Magisterio de la Iglesia, por lo tanto, no es una opción para un Católico y si Vds. apoyaron en su juventud o apoyan en su madurez estas ideas, deben de reflexionar, arrepentirse, confesarse y cambiar de vida, como hizo Jorge Espinosa que a día de hoy, manifiesta su amor a Dios y a la patria abiertamente y sin complejos y buscando la excelencia en su vida espiritual, asiste todos los domingos a la Santa Misa Tradicional, la cual conoció a raíz de su conversión y es el ancla que lo mantiene asido a lo celestial. ¡Seamos Jorge!

“Frente a esta amenaza, la Iglesia católica no podía callar, y no calló. No calló esta Sede Apostólica, que sabe que es misión propia suya la defensa de la verdad, de la justicia y de todos aquellos bienes eternos que el comunismo rechaza y combate. Desde que algunos grupos de intelectuales pretendieron liberar la civilización humana de todo vínculo moral y religioso, nuestros predecesores llamaron abierta y explícitamente la atención del mundo sobre las consecuencias de esta descristianización de la sociedad humana.

Y por lo que toca a los errores del comunismo, ya en el año 1846 nuestro venerado predecesor Pío IX, de santa memoria, pronunció una solemne condenación contra ellos, confirmada después en el Syllabus. Dice textualmente en la encíclica Quipluribus: «[A esto tiende] la doctrina, totalmente contraria al derecho natural, del llamado comunismo; doctrina que, si se admitiera, llevaría a la radical subversión de los derechos, bienes y propiedades de todos y aun de la misma sociedad humana».

Más tarde, uno predecesor nuestro, de inmortal memoria, León XIII, en la encíclica Quod Apostolici numeris, definió el comunismo como «mortal enfermedad que se infiltra por las articulaciones más íntimas de la sociedad humana, poniéndola en peligro de muerte», y con clara visión indicaba que los movimientos ateos entre las masas populares, en plena época del tecnicismo, tenían su origen en aquella filosofía que desde hacía ya varios siglos trataba ele separar la ciencia y la vida de la fe y de la Iglesia” (Pío XI, encíclica Divini Redemptoris)

Gracias Jorge, por permitirme contar tu historia. Dios te bendiga

Sonia Vázquez

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