El dilema protestante

El dilema protestante

El bloguero Trent Horn acaba de pulverizar el dogma protestante de sola Scriptura. Una vez que se tiene claro su argumento resulta imposible seguir siendo protestante. En el presente artículo vamos a examinar detenidamente sus razones, y vamos a demostrar por qué la cuestión tiene mayor calado todavía de lo que dice Trent.

En un video reciente, Trent respondió las preguntas del Dr. Michael Horton, teólogo reformado del seminario Westminster de California. Horton sostenía que los Padres de la Iglesia se adherían a la doctrina de sola Scriptura. Trent le respondió planteándole un dilema.

Veamos el primer cuerno de dilema. Los apologistas protestantes rara vez citan a ningún Padre de la Iglesia anterior al Concilio de Nicea del año 325. Trent puso como ejemplos los debates que había tenido con Gavin Ortlund y James White. A lo largo de los primeros trescientos años de historia de la Iglesia cuesta encontrar a alguien que pueda respaldar el pilar central del protestantismo. Eso es muy revelador.

Vamos al otro cuerno. Es cierto que hubo Padres de la Iglesia en los siglos IV y V que exaltaron las Escrituras y las utilizaron para zanjar disputas. Muchos de ellos enseñaban lo que los católicos llamamos suficiencia material de las Escrituras. Es decir, que todo lo que Dios ha revelado se puede encontrar en la Biblia, al menos de forma implícita. Pero luego la Iglesia tiene que darle una forma definitiva y apropiada para que la gente sepa qué debe creer.

Supongamos que esos cristianos de los siglos IV y V realmente creyeran en sola Scriptura. Pues peor para los protestantes. Porque esos mismos cristianos creían en:

• Sacerdotes que realizan sacrificios expiatorios.

• El Santo Sacrificio de la Misa.

• La confesión de los pecados a un sacerdote.

• La regeneración por el Bautismo y el bautismo de los recién nacidos.

• El Purgatorio.

• La intercesión de los santos.

• La virginidad perpetua de María.

• Un papa y unos obispos que dirigen la Iglesia.

«¿Debemos creer a los Padres cuando enseñan que la doctrina católica es bíblica?» –Trent Horn.

Si a Horton le parece que se equivocaron profesando todas esas doctrinas católicas, ¿cómo sabe que acertaron en lo de sola Scriptura?

¿Por qué aceptar a San Jerónimo en un solo punto?

En cuanto tengan claro este argumento se darán clara cuenta de porque lo de sola Scriptura no funciona. Vamos al lío.

Los protestantes están de acuerdo con San Jerónimo en cuanto al Canon de las Escrituras. Al menos con el primer Jerónimo (más adelante insistió en que lo que había hecho no era otra cosa que dar cuenta de lo que decían los judíos de los libros deuterocanónicos, no expresar su opinión personal. Pero sigamos.)

Están de acuerdo con San Jerónimo en el Canon. Pero discuerdan en temas como la virginidad perpetua de María, la intercesión de los santos, las oraciones por los difuntos, el sacerdocio, el papado y prácticamente todas las demás doctrinas.

El santo traductor escribió todo un tratado defendiendo la virginidad perpetua de María, Contra Helvidius. Y cuando un sacerdote llamado Vigilancio atacó la veneración de los santos, San Jerónimo le replicó con estas palabras:

«Si los apóstoles y mártires aún en el cuerpo pueden orar por los demás, cuando deben estar aún preocupados por sí mismos, ¿cuánto más después de las coronas, victorias y triunfos?» –San Jerónimo, Contra Vigilancio, 6 (año 406).

En la misma obra defiende al Obispo de Roma por ofrecer sacrificio al Señor sobre los restos de San Pedro y San Pablo.

Entonces, ¿por qué fiarse de San Jerónimo en un punto y rechazar todo lo demás que dice?

Si se fían de San Jerónimo en lo que respecta al Canon, van a tener que explicar por qué rechazan casi todo lo demás que enseñó.

Con San Agustín tienen el mismo problema

A los calvinistas les encanta citar a San Agustín al hablar de la predestinación. Vale. Supongamos que la interpretación calvinista de San Agustín es la correcta.

San Agustín también enseñó que a los difuntos les sirven de ayuda la Misa y nuestras oraciones y limosnas.

«No se puede negar que las almas de los difuntos son aliviadas por la piedad de sus parientes vivos, cuando se ofrece por ellas el sacrificio del Mediador o cuando se hacen limosnas en la Iglesia».

También enseñó que María es inmaculada:

«Exceptuando a la santa Virgen María, acerca de la cual, por el honor debido a nuestro Señor, cuando se trata de pecados, no quiero mover absolutamente ninguna cuestión» –San Agustín, La naturaleza y la gracia, 42.

Sostuvo la virginidad perpetua. Pidió oraciones a los mártires. Y se refería a Roma como la Iglesia que siempre ostentó la supremacía de la sede apostólica (Carta 43, 7).

Entonces, ¿por qué afirmar que San Agustín entendió bien la predestinación y todo lo demás lo entendió mal?

¿Van cayendo en la cuenta? Los protestantes tienen que ser muy selectivos cuando leen a los Padres. No son capaces de aceptar todos sus escritos.

Los protestantes no pueden apoyarse en los Padres de la Iglesia sin podar la mayor parte de lo que éstos creían.

«Pero los Padres no eran infalibles.»

Efectivamente. No lo eran. No son la Iglesia, y a veces pueden tener pequeños fallos y entender mal algunas cosas.

Pero veámoslo globalmente. En el siglo IV, los Padres de Oriente y de Occidente rezaban por los muertos, recurrían a la intercesión de los santos, ofrecían la Misa como Sacrificio, bautizaban a niños para perdonarles los pecados y eran gobernados por obispos. No eran opiniones privadas de unos pocos. Era la fe común de la Iglesia.

¿Había quienes disentían? Unos cuantos. Helvidio negaba la perpetua virginidad de María. Aerio rechazaba las plegarias por los difuntos. Vigilancio se burlaba de la veneración de los santos. Y ya ven lo que pasó con ellos. San Jerónimo escribió contra Helvidio y contra Vigilancio. Recuerda también que Joviniano, que negaba que María había seguido siendo virgen después del parto y atacaba el celibato, fue condenado por la autoridad de la Iglesia de Roma. Los que enseñaban lo mismo que creen los protestantes respecto a esas cuestiones fueron tratado como innovadores, no los que guardaron la Fe de los Apóstoles.

Téngase presente. Cada vez que un protestante cita a San Jerónimo, San Agustín o San Juan Crisóstomo cita a sacerdotes y prelados católicos.

Así que quien quiera ser protestante se verá obligado a sostener que los Padres de la Iglesia que más le gustan se equivocaron en casi todo.

Los Padres no eran infalibles. Pero el protestante tiene que creer que se equivocaron en la mayoría de las cuestiones y sólo acertaron en lo que a él le conviene.

«Pero no eran cuestiones esenciales.»

A mí me parece francamente desalentador que los protestantes digan que ahora se entienden mejor las Escrituras o que lo que los Padres enseñaban eran cosas poco importantes.

¿Cómo?

Hablan de la regeneración por el Bautismo. Del Sacrificio de la Misa. De rezar por los fieles difuntos. De quién gobierna la Iglesia. Son cuestiones fundamentales en el cristianismo. Los Padres dedicaron la vida a dilucidar estas cosas.

Que el Bautismo realmente regenere no es una cuestión de poca monta. Que la Eucaristía sea verdaderamente la actualización del Sacrificio del Calvario no es un tema secundario.

No se puede decir que los Sacramentos y el gobierno de la Iglesia no sean fundamentales sólo porque los Padres no creyeran lo mismo que ustedes en cuanto a esas cosas.

«¿Quién les proporcionó a ustedes el Nuevo Testamento?»

Fíjense bien en esto. Fue en el siglo IV cuando quedó definido el Canon. Y la Iglesia que definió el Canon fue la Católica. Eso es innegable.

La Iglesia no convirtió a los libros en inspirados. Los examinó y discernió. Estos libros son inspirados, y estos otros no.

No era algo que estuviera claro. Hacia el año 325 a.C. el historiador Eusebio enumeró Santiago, Judas, 2ª de Pedro y 2ª y 3ª de Juan como libros cuya legitimidad no era segura. No tenía claro dónde debía poner el Apocalipsis. Puso aparte libros como la epístola de Bernabé y el Pastor de Hermas, aunque en algunas iglesias se leían en público. Dice además que la carta de San Clemente a los corintios se leía en muchas iglesias.

El libro primero de San Clemente es un magnífico libro. Pero no es inspirado. La 2ª epístola de San Pedro es un texto excelente, y es inspirado. Alguien tenía que aclararlo.

Y eso fue lo que pasó. En el año 367, San Atanasio, obispo de Alejandría, presentó la primera relación de que disponemos de los 27 libros del Nuevo Testamento. Más tarde, en los concilios de Hipona (393) y Cartago (397) se formuló el Canon, y se pidió a la Iglesia del otro lado del mar (es decir, a Roma), que lo confirmara.

La Iglesia Católica no convirtió los libros en inspirados. Pero fue la que le dijo al mundo cuáles libros estaban inspirados.

Lo hicieron al mismo tiempo

Ahí está el quid de la cuestión. ¿Por qué ustedes los protestantes se fían de la autoridad de la Iglesia del siglo IV para definir el Nuevo Testamento, y rechazan esa misma autoridad para definir el Antiguo?

Lo hicieron al mismo tiempo. No se ocuparon primero del Nuevo Testamento y más tarde del Antiguo. Fíjense en el Canon de Cartago del año 397. En una misma lista figuran los libros del Antiguo Testamento, e incluye Tobías, Judit, Sabiduría, Eclesiástico, los dos de los Macabeos y los 27 del Nuevo Testamento.

Entonces, ¿por qué aceptan que la Iglesia Católica les diga cuáles son los 27 libros del Nuevo Testamento, y no aceptan que en el mismo siglo la misma Iglesia les diga:

• Que María siempre es Virgen.

• Que los santos interceden por nosotros.

• Que las almas de los fieles difuntos se benefician de nuestras oraciones y sacrificios.

• Que la Misa es un Sacrificio.

• Que existe un sacerdocio propiciatorio.

• Que el Obispo de Roma es sucesor de San Pedro.

Se podría decir que hablamos de la decisión más importante para un protestante. Si sólo se van a guiar por las Escrituras, tendrán que saber cuáles son esas Escrituras. Y el Nuevo Testamento ocupa un puesto privilegiado, incluso por encima del Antiguo.

¿Por qué nos vamos a fiar de la Iglesia Católica del siglo IV acertara en este punto y no en los demás?

No tiene ni pies ni cabeza.

Si la Iglesia del siglo IV merece suficiente confianza para aceptar los libros de la Biblia, también podemos confiar en ella en todo lo que enseña.

¿Su pastor va a conocer la Biblia mejor que San Jerónimo?

En el año 382 el papa San Dámaso pidió a San Jerónimo que revisara la traducción latina de los Evangelios. San Jerónimo tradujo a continuación la mayor parte del Antiguo Testamento a partir del hebreo. Su biblia latina, la Vulgata, pasó a ser durante más de mil años la versión oficial de la Iglesia de Roma. Se puede afirmar que el de Estridón era el mejor escriturista de su tiempo.

Me tiene sin cuidado quién sea el pastor del protestante que me lea. No conoce las Escrituras mejor que San Jerónimo.

Así que, aunque considere a San Jerónimo un doctor privado y no una voz oficial de la Iglesia, tiene mucha más autoridad para comentar la Biblia que cualquier pastor protestante.

Ahora viene lo interesante. Durante un tiempo San Jerónimo no aceptó como canónico el libro segundo de los Macabeos. De modo que no podía basarse en 2º de Macabeos 12, pasaje en el que Judas Macabeo ofrece una expiación por los difuntos. Tampoco se podía apoyar en 2º Macabeos 15, donde el profeta Jeremías aparece rezando por los muertos después de que él ya hubiera fallecido. Cuando San Jerónimo se servía de las Escrituras para argumentar tenía que hacerlo ante todo a partir de los libros que aceptan los protestantes.

Y de todos modos creía que en el Cielo los santos interceden por nosotros. Escribió además todo un tratado defendiendo la perpetua virginidad de María. Y elogió a su amigo Pamaquio por honrar a su difunta esposa, no llevando flores a su tumba, sino ofreciendo limosnas por ella, «sabiendo que está escrito […] que las limosnas ayudan a expiar los pecados» (carta 66, 5, citando Eclo. 3,30).

Veamos también lo que dice del Obispo de Roma:

«No sigo a otro jefe que a Cristo, y por eso no escribo a otro sino a vuestra santidad, que ocupa la cátedra de San Pedro. ¡Porque sé que es la piedra sobre la que se construyó la Iglesia! (Carta n.º 15 al papa San Dámaso, años 376-377.)

Tiene mucha más erudición hablando de las Sagradas Escrituras que cualquier pastor protestante.

Leyendo la Biblia, el más grande escriturista de los primeros tiempos de la Iglesia terminó creyendo lo mismo que los católicos.

No soy ni de San Jerónimo ni de San Agustín

Ahora bien, como católico puedo situar todo esto en su debido contexto. Hubo algunos puntos en que San Jerónimo se equivocó.

Es conocido el desacuerdo entre San Jerónimo y el de Hipona sobre el capítulo 2º de la Epístola a los Gálatas, donde se habla de la reprensión a San Pedro por parte de San Pablo en Antioquía. San Jerónimo pensaba que el enfrentamiento había sido fingido. Pero Agustín aducía que de ser así las Escrituras contarían una mentira. Se pasaron años discutiendo esto por carta.

Pero, por ser católico, no tengo que decir que esté de parte de San Jerónimo o de San Agustín. San Pablo advirtió precisamente contra eso:

«Hablo así porque cada uno de vosotros dice: “Yo soy de Pablo”, “yo de Apolo”, “yo de Cefas”, “yo de Cristo”» (1ª a los Corintios 1,12).

Yo soy de la Iglesia Católica Romana. La Iglesia a la que Jesús autorizó para zanjar estas controversias.

El católico no elige al Padre de la Iglesia que más le gusta. Tiene una Iglesia que es capaz de decidir estas cuestiones.

Cómo zanjaba las disputas la Iglesia primitiva

Las propias Escrituras dicen que la Iglesia, no sólo la Biblia, es columna de la verdad:

«Si tardare, sepas cómo debes portarte en la casa de Dios, que es la Iglesia del Dios vivo, columna y cimiento de la verdad» (1ª a Timoteo 3,15).

Y eso era ni más ni menos lo que pensaban los primeros cristianos. Remontémonos al siglo II, a San Ireneo. Su maestro en la Fe fue San Policarpo, que a su vez había aprendido de los Apóstoles. Veamos cómo decía que había que solucionar las polémicas:

«Si se halla alguna divergencia aun en alguna cosa mínima, ¿no sería conveniente volver los ojos a las Iglesias más antiguas, en las cuales los apóstoles vivieron, a fin de tomar de ellas la doctrina para resolver la cuestión, lo que es más claro y seguro? Incluso si los apóstoles no nos hubiesen dejado sus escritos, ¿no hubiera sido necesario seguir el orden de la tradición que ellos legaron a aquellos a quienes confiaron las Iglesias?» (San Ireneo, Contra herejes, 3,IV,1, hacia 180 a.C.)

¿Y a qué Iglesia apunta por encima de todo? A «la más antigua y de todos conocida, la Iglesia fundada y constituida en Roma» por San Pedro y San Pablo:

«Es necesario que cualquier Iglesia esté en armonía con esta Iglesia, cuya fundación es la más garantizada».

En el siglo II. Eso no es sola Escritura.

En todo caso, sola Escritura sale perdiendo

Aquí tenemos el dilema una vez más.

Si nos fijamos en los padres más antiguos, antes de Nicea, no aparece sola Escritura por ningún lado. Más bien, San Ireneo señala a las iglesias fundadas por los Apóstoles y a Roma.

Y si algún padre posterior enseña sola Escritura, peor para los protestantes. Porque esos mismos padres enseñaron el sacerdocio, el pontificado, las oraciones por los difuntos, la intercesión de los santos, la perpetua virginidad de María y la regeneración por el Bautismo.

No podemos aceptar a los Padres de la Iglesia en los puntos en los que estamos de acuerdo con ellos y rechazar en bloque todo lo demás. Tenemos que tomarnos su fe en serio y fijarnos en lo que realmente enseñaban.

San Agustín. San Jerónimo. San Gregorio. Fueron hombres que se pasaron la vida empapándose de las Sagradas Escrituras, y San Jerónimo lo hizo en las lenguas originales. A mí me parece que sus criterios valen mucho más que los de cualquier biblista actual.

De modo que el que quiera ser protestante va a tener que aceptar que la Iglesia del siglo IV no sólo acertó en cuanto a cuáles eran los 27 libros del Nuevo Testamento, sino en casi todo lo demás.

Lo cual no encaja.

No se puede aceptar la Biblia recibida de la Iglesia del siglo IV y tirar por la borda la fe de quienes nos la transmitieron.

En Cristo,

Cameron Riecker

Fuentes

Trent Horn, Michael Horton’s Response to Me on Sola Scriptura (REBUTTED), video sobre el Concilio de Trento

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Artículos de opinión y análisis recogidos de otros medios. Adelante la Fe no concuerda necesariamente con todas las opiniones y/o expresiones de los mismos, pero los considera elementos interesantes para el debate y la reflexión.

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