El mensaje de la encíclica Pascendi de San Pío X

El 8 de septiembre, fecha en que conmemoramos el nacimiento de la Santísima Virgen María, es también el aniversario de la publicación de la encíclica Pascendi de San Pío X, que se promulgó el 8 de septiembre de 1907: documento fundamental que sintetiza el pensamiento modernista y da instrucciones para combatirlo en el seno de la Iglesia.

Lo que entendió San Pío X fue que la Iglesia tenía enemigos, unos declarados y otros ocultos.  Por esa razón, Pascendi da comienzo afirmando que «en estos últimos tiempos ha crecido, en modo extraño, el número de los enemigos de la cruz de Cristo, los cuales, con artes enteramente nuevas y llenas de perfidia, se esfuerzan por aniquilar las energías vitales de la Iglesia, y hasta por destruir totalmente, si les fuera posible, el reino de Jesucristo». El Papa dice más: «Hoy –afirma– no es menester ya ir a buscar los fabricantes de errores entre los enemigos declarados: se ocultan, y ello es objeto de grandísimo dolor y angustia, en el seno y gremio mismo de la Iglesia, siendo enemigos tanto más perjudiciales cuanto lo son menos declarados».

A esos enemigos no declarados, ocultos, San Pío X los considera los más perjudiciales enemigos de la Iglesia, precisamente porque «traman la ruina de la Iglesia, no desde fuera, sino desde dentro: en nuestros días, el peligro está casi en las entrañas mismas de la Iglesia y en sus mismas venas; y el daño producido por tales enemigos es tanto más inevitable cuanto más a fondo conocen a la Iglesia».

Si con el Syllabus Pío IX había combatido a los enemigos externos de la Iglesia, San Pío X no vaciló en plantarles cara mediante la Pascendi a los que se habían congregado al interior de ella.

El modernismo tenía por objeto transformar el catolicismo desde dentro dejando intacta dentro de lo posible la envoltura externa.

Ernesto Buonaiuti, sacerdote que sobresalió como protagonista del modernismo italiano, exponía su programa con estas palabras: «Hasta ahora se ha querido reformar a Roma prescindiendo de Roma, o incluso enfrentándose a ella; es preciso reformar a Roma con Roma: que la reforma pase por las manos de aquellos a los que hay que reformar. Ése es el verdadero e infalible método para ello; pero es difícil. «Hoc opus, hic labor»» (Il modernismo cattolico, Guanda, Módena 1944, p. 128).

El Papa no se limitó a promulgar una condena doctrinal genérica contra dichos enemigos. Pascendi prescribía siete remedios contra la gravedad de la dolencia:

1) Volver a la filosofía y la teología escolástica, que de manera particular se expresa en la obra de Santo Tomás de Aquino.

2) Ejercer una férrea vigilancia sobre los seminarios y universidades católicos, y destituir a todos los rectores y enseñantes que en algún modo estuviesen «inficionados con la mancha del modernismo».

3) Examinar los textos, pues el perjuicio causado por los libros, periódicos y revistas modernistas es más grave que el que causan las obras inmorales.

4) Nombrar censores eclesiásticos en todas las diócesis que evalúen cuanto se publica.

5) Prohibir los congresos de sacerdotes que no cuenten con autorización previa de sus obispos.

6) Establecer consejos de vigilancia de los sacerdotes, con las mismas reglas ya prescritas para los censores de libros.

7) Exigir a los prelados de todas las diócesis y los superiores generales de las órdenes religiosas que cada tres años dirijan a la Santa Sede una relación diligente y jurada sobre la situación del clero a la luz de los principios anteriormente expuestos.

Mediante el decreto de 1 de septiembre de 1910, el Santo Padre impuso además un juramento antimodernista para todos los sacerdotes, pastores, confesores, predicadores, superiores de órdenes religiosas y profesores de filosofía y teología en los seminarios.

A lo largo de su pontificado, San Pío X se ocupó personalmente de que se observasen las disposiciones de la encíclica y las relativas al juramento antimodernista.

Los principales exponentes del modernismo se vieron afectados por las censuras eclesiásticas y sus libros fueron incluidos en el Índice.

Estas medidas supusieron un duro golpe al movimiento modernista, que se desinfló, pero que subterráneo como el Guadiana siguió corriendo por las venas de la Iglesia para volver a aflorar en los años cincuenta, durante el pontificado de Pío XII, con el nombre de Nouvelle Théologie, y estallar en los años inmediatamente posteriores al Concilio Vaticano II.

Lo advirtió el propio Pablo VI, que en su discurso del 19 de enero de 1972 recordó la supervivencia del modernismo, expresión de una serie de errores que podrían «arruinar completamente nuestro concepto de la vida y de la historia», y el 29 de junio del mismo año afirmó en otro discurso que tenía la impresión de que el humo de Satanás se había introducido en el templo de Dios, y por las ventanas que deberían haber dejado entrar la luz.

Jacques Maritain, autor que gozaba de la estima de Pablo VI, afirmó por su parte en 1966 en el Paysan de la Garonne que el modernismo era un resfriado pasajero comparado con la fiebre neomodernista en ese momento tan difundida entre la intelectualidad cristiana.

Pero San Pío X calificó en Pascendi al modernismo de «síntesis de todas las herejías». «si alguien se hubiera propuesto reunir en uno el jugo y como la esencia de cuantos errores existieron contra la fe, nunca podría obtenerlo más perfectamente de lo que han hecho los modernistas».  

¿Qué se podría decir del neomodernismo actual si, comparado con él, el modernismo fue un resfriado pasajero?

Lo cierto es que la responsabilidad de los neomodernistas de hoy es muchísimo más grave que la que tenían hace un siglo, del mismo modo que la responsabilidad de los modernistas era mayor que la de los herejes que los habían precedido, porque proponer un error después de que éste ha sido condenado por la Iglesia es mucho más grave que proponerlo antes de la condena.

Al publicar su encíclica el 8 de septiembre de 1907, San Pío X la encomendó a la Santísima Virgen María, destructora de todas las herejías. Y a Ella imploramos hoy para defender a la Iglesia de los neomodernistas que la ocupan a todos los niveles.

(Traducido por Bruno de la Inmaculada)

Roberto de Mattei
Roberto de Matteihttp://www.robertodemattei.it/
Roberto de Mattei enseña Historia Moderna e Historia del Cristianismo en la Universidad Europea de Roma, en la que dirige el área de Ciencias Históricas. Es Presidente de la “Fondazione Lepanto” (http://www.fondazionelepanto.org/); miembro de los Consejos Directivos del “Instituto Histórico Italiano para la Edad Moderna y Contemporánea” y de la “Sociedad Geográfica Italiana”. De 2003 a 2011 ha ocupado el cargo de vice-Presidente del “Consejo Nacional de Investigaciones” italiano, con delega para las áreas de Ciencias Humanas. Entre 2002 y 2006 fue Consejero para los asuntos internacionales del Gobierno de Italia. Y, entre 2005 y 2011, fue también miembro del “Board of Guarantees della Italian Academy” de la Columbia University de Nueva York. Dirige las revistas “Radici Cristiane” (http://www.radicicristiane.it/) y “Nova Historia”, y la Agencia de Información “Corrispondenza Romana” (http://www.corrispondenzaromana.it/). Es autor de muchas obras traducidas a varios idiomas, entre las que recordamos las últimas:La dittatura del relativismo traducido al portugués, polaco y francés), La Turchia in Europa. Beneficio o catastrofe? (traducido al inglés, alemán y polaco), Il Concilio Vaticano II. Una storia mai scritta (traducido al alemán, portugués y próximamente también al español) y Apologia della tradizione.

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